miércoles, 8 de enero de 2014

Los riesgos de la méritocracia

“ La selección de uno es el rechazo de muchos”.
(Every selection of one is a rejection of many)
The rise of Meritocracy. Michael Young.

De la misma forma que los estudiantes de medicina dedican buena parte de su carrera a preparar el MIR como si fueran aspirantes a notario, los estudiantes de bachillerato se han convertido en los opositores más precoces del estado. De lo que se trata, no es de conocer la historia de Europa, ni tampoco de conseguir una panorámica general de las alternativas filosóficas que la humanidad creó, sino de preparar a los estudiantes para alcanzar la nota más alta en esa oposición llamada Selectividad. Para ello se estudia a Platón pero no a Aristóteles ( no caerá), se simulan exámenes, o se califica por debajo de lo real para estimular el rendimiento. Aparentemente todos ganan: los que reciben mejores calificaciones podrán elegir su carrera preferida, y los colegios e institutos podrán presumir de que algunos de sus alumnos son los mejores expedientes de la ciudad de turno. Se rebaja la nota de los alumnos que no optan a medicina (para qué, si no necesitan tanto ) mientras que los que aspiran a ella observan una inflación de sus calificaciones en ciertas instituciones; en definitiva , una aplicación moderna del principio de los vasos comunicantes.
Por el contrario, los que no alcancen el nivel necesario apenas importan. Demostración de que no han dado la talla. Lo importante, una vez más, es el resultado. La educación en este sentido debería pasar a tener la consideración de deporte olímpico, puesto que lo importante es alcanzar una buena marca en PISA. Un estudiante de 18 años que alcanza un 8 sobre 10 se considerará un fracasado porque no ha conseguido el 9,5 necesario para poder hacer medicina, la carrera que se ha convertido en el destino final de todos los “cerebros” de este país.
Hace unos meses tuve la suerte de compartir una mañana con estudiantes de 2º de bachillerato durante la celebración de la Semana de la ciencia. Buena parte de ellos aspiraban a estudiar medicina, pero la mayor parte no se consideraban suficientemente brillantes para poder acceder a ella. El grado de penetración de la "meritocracia" en nuestra sociedad es prácticamente absoluto; afecta incluso a los propios candidatos a poder desarrollar una carrera universitaria. El dogma de que solo los mejores tienen derechos no se discute. Muchos de los que gobiernan las instituciones de este país (y que no pasaron del aprobado cuando eran adolescentes), afirman con rotundidad que hoy en día un joven universitario debería tener un expediente de matrícula, haber realizado algún máster en una universidad americana de prestigio y hablar con fluidez un mínimo de cuatro idiomas, si quiere optar a un trabajo (precario, por supuesto, y de menos de 900 euros). Exigimos a nuestros hijos que alcancen ese nivel como si nosotros lo hubiéramos alcanzado alguna vez, imbuidos por  el sacrosanto principio del mérito.
Hace más de 50 años un sociólogo británico escribió un premonitorio ejercicio de política ficción llamado The rise of meritocracy para la Fabian Society. Rehusaron publicarlo. Se llamaba Michael Young. En ella imaginaba la situación en Inglaterra en el año 2034 tras casi un siglo de política educativa basada en la priorización de la inteligencia y el mérito sobre todo lo demás, y que acababa generando una amplia revuelta social. Young escribió en The Guardian poco antes de morir lamentándose de que muchas de sus predicciones se hubieran convertido en realidad en la era Blair.
La meritocracia, en teoría, permite que el status de un individuo sea adquirible y no determinado por la herencia que recibió al nacer. Poco se puede objetar ( como señala Young) a que se asignen los trabajos en función del mérito. Pero el planteamiento no es tan defendible cuando los que son considerados gente de mérito proceden siempre de la misma clase social. Defendiendo el mérito, los conservadores ganaron la partida a la izquierda, anticuados en su simple defensa del igualitarismo. El discurso sobre la igualdad entre las personas deja así de tener sentido. Se impuso un nuevo paradigma que avanza sin oposición: el de la necesidad de igual estatus…pero para igual inteligencia. Se trata en definitiva, de hacer aún mayores las diferencias establecidas por la naturaleza, como señala Young.
El amplio reconocimiento del mérito como árbitro omnipotente, condena a la desesperanza a las personas que carecen de él, especialmente porque su resentimiento ya no puede dirigirse contra la sociedad, sino únicamente contra sí mismas.
Frente a la idea creciente de que los jóvenes son borrachos preocupados únicamente por el próximo botellón, yo veo muchos adolescentes maravillosos dedicando buena parte de sus mejores años a estudiar lo que yo nunca estudié, para aprobar una oposición. Con la idea subliminal de que no valen nada si no consiguen 13 sobre 14 puntos. Y de que por lo tanto, como bien se empeñan en repetir los sinistros energúmenos que nos gobiernan, solo podrán aspirar a empleos precarios, sueldos de miseria y ausencia de cualquier tipo de protección social.
Young escribía: “Necesitamos por supuesto igualdad de oportunidades, pero para que todos, al margen de su inteligencia, puedan desarrollar las virtudes y talentos que tengan, todas sus capacidades para apreciar la belleza y profundidad de la vida humana, para poder, en definitiva, vivir plenamente. Cada niño es un individuo precioso, no un potencial funcionario de la sociedad. Necesitamos buenos maestros que estimulen a cada niño a trabajar a su propio ritmo. La escuela no debería ligarse a la estructura ocupacional, preparando a la gente para los trabajos importantes, sino más bien a fomentar todo el talento humano, sea o no necesario. Artes y habilidades manuales deberían ser tan importantes como las ciencias y la tecnología”.
Los deseos de Young no se han cumplido. Nuestras sociedades han aceptado sin rechistar  la dictadura del mérito.

14 comentarios:

  1. Muy buen post. Desde luego, es un golpe a esa ideología dominante del mérito, que nos infunde gente que, como bien dices, no ha pasado del aprobado en sus carreras e institutos.

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    1. Muchas gracias. Creo que señalas un aspecto especialmente relevante. Mi generación no fue ( salvo honrosas excpeciones) estudiantes de matrícula de honor. Si nos hubieran eigido estas ridiculas notas de corte, y si hubieramos tenido que pagar las matriculas de hoy no estariamos desepemeñando los trabajos que actualmente desempeñamos
      Un saludo

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  2. De nuevo estamos ante lo cuantitativo como perversión. Stephen J Gould ya había denunciado en uno de sus libros (“La falsa medida del hombre”) los excesos a los que puede conducir la obsesión biométrica.
    ¿Cómo saber si una persona será un buen médico o no? Es imposible por parte de un observador externo a partir de una “nota de corte”. Sin embargo se hace. No se espera a que uno se encuentre en la facultad con lo que puede significar la Medicina y valorar si sirve o no para practicarla. Atrás quedaron la vocación, el afán del conocimiento por el conocimiento y esas cosas. Una nota, tomada como algo sagrado, marca una vida. Así nos irá como pacientes.
    Solemos criticar y con razón lo que creemos que afecta negativamente a la Medicina, sea desde el punto de vista de organización o de influencias comerciales. Pero creo que el problema mayor para nuestro país aquí y ahora reside en el ámbito de la educación.
    Ya estamos habituados a pensar que el médico ha de entrar en la dinámica del “publish or perish” y de una “formación continuada” en la que obtiene puntos por estar horas sentado oyendo a alguien.
    Ahora ocurre que esa dinámica curricular se inicia en el parvulario. Como se refleja en el post, ya no se trata de aprender, de fomentar la curiosidad, la creatividad, sino de superar una carrera de obstáculos, en la que lo que realmente se aprende es que todo vale con tal de estar entre los primeros. Sabemos que esta nueva meritocracia no es propiamente una valoración de méritos sino de una forma perversa de medirlos y que incluye el olvido de los reales, que no son cuantificables. En ese contexto, alcanzará cotas más altas quien se vea beneficiado por una educación elitista en la que no habrá igualdad de oportunidades.
    Se fomenta así una segregación de los sectores menos favorecidos socialmente y un individualismo atroz, a la vez que se ISOfica al alumno. Dadas las dimensiones que cobra el neoliberalismo salvaje, no es extraño el empeño del PP, con su reforma educativa, en tratar de sustituir, a la hora de examinar, al profesor que conoce a sus alumnos (y que ha hecho sus oposiciones) por agencias de evaluación externa, que tanto pueden valorar los conocimientos de aritmética de un chico de trece años como la producción mensual de leche de una vaca.

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    1. Tienes razón Javier. El problema mayor para nuestros país es la educación. Y como en otras muchas de las iniciativas del gobierno al respecto el desprecio hacia el resto es absoluto. Se ha considerado que los problemas complejos tienen soluciones simples, tan simples como la reforma educativa que elimina asignaturas y materias en una orientación exclusiva hacia el cumplimiento de las necesidades de mercado. Es terrible. Pero lo es aún más comprobar que hay gente que lo veía venir hace décadas

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  3. Sergio muy buen post para inagurar el año. No sé si es mi configuración o un nuevo diseño de la web pero me gusta mucho. ¿recuperaremos las interesantísimas lecturas recomendadas?
    un abrazo.
    Antoni Agustí

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    1. Muchas gracias, Antoni. Me alegro que te guste . No es fácilencontrar una plantilla para todas las cosas que te gustaria poner.
      No lo había pensado , pero podría ser una buena idea retomar las lecturas recomendadas. Me pondré a ello,Gracias de nuevo. Un abrazo

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  4. Buen Post, como bien dices "La meritocracia, en teoría, permite que el status de un individuo sea adquirible y no determinado por la herencia que recibió al nacer. Poco se puede objetar" . Tal vez haya que observarla como una estrategia que nació por oposición (nunca mejor dicho), una burguesía con recursos pero sin poder que lo quiere alcanzar y choca contra la barrera de la herencia aristocrática que dicta una sociedad estamental (y a la que volvemos). En cuanto llegó al control político esa misma burguesía va a pervertir ese principio por la vía de fortalecerlo pero controlando las vías de acceso a los méritos creando sistemas educativos segregadores desde la mas tierna infancia (y a eso nos quieren volver a llevar). Pero no olvidemos que supuso una brecha por la que entraron (entramos) algunos de los que no teníamos herencia que esgrimir y para los que ha funcionado el raquítico ascensor social. De acuerdo con tu artículo sólo quisiera recordar las palabras de Foucault respecto a la Universidad, cito de memoria: la universidad tal como hoy la conocemos surge en la encrucijada en la que se encuentran el poder y la generación de conocimiento. Por lo tanto, mira la poder y deducirás qué conocimiento imparte y cómo lo hace y recordemos que es una gran falacia eso de que la ciencia y la tecnología son moral y éticamente neutras.
    Luis

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    1. Muchas gracias Luis. Interesantísimo comentario. La lsustitución de la herencia por el mérito como forma de acceso al poder es muy bien analizada también por Young en su libro. El problema aparece cuando un criterio en principio positivo en si mismo ( el reconocimento del mérito) se pervierte cuando son los que detentan el poder los que determinan que es merecedor de reconocimento y que no, y cuando se convierte en una herramienta para mantener en el poder a los que siempre lo detentaron.
      Son muy reveladoras las palabras de Foucault : el tipo de conocimento que nos imponen no es en modo alguno neutro.
      Un saludo

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  5. Si confrontamos capacidad (talento) y mérito (aprovechamiento), o facultades y esfuerzo, no tendremos nada que objetar a quien alcanza un objetivo por su entrega –y oportunidad–, aun sin disponer de una facilidad innata para el aprendizaje. Tradicionalmente, siempre se le había dado más valor al voluntarioso esfuerzo que a la ventajosa inteligencia, reconociéndose al alumno entregado al estudio que al indolente e intelectualmente dotado. Pero esta visión distorsionada de la “meritocracia”, del acúmulo de méritos en forma de títulos, diplomas y acreditaciones varias ya es otra cosa: una deformación, un desenfoque de la verdadera valía del individuo. En este caso se pondera la “titulitis” en el mayor grado (no al alcance de todos, por razones económicas) y no en cambio las cualidades humanas. De otro modo, prima lo técnico sobre lo humano. Se me ocurre una comparación musical: es como darle más valor al pianista que toca las notas mecánicamente, sin cometer un error, pero sin sentimiento, que a aquel otro que, con algunos fallos de digitación, consigue embelesar al auditorio y elevar el espíritu. El primero es un meritorio robot; el segundo, un maravilloso -y beneficioso- artista.
    En fin, no sé si me he explicado con la capacidad y el mérito necesarios para que se me entienda con claridad. Si no es así, pido disculpas por carecer de tales virtudes.
    Un saludo.

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    1. De eso nada Jose Manuel. No creo que sea fácil expresarlo mejor que tue en tu comentario. Aunque creo que en la dicotomia que estableces en el ejemplo del pianista, raro es el "maestro" que no aúna a su capacidad su mérito. o con otras palabras que deja deslizarse su genio bajo el soporte de muchas horas de esfuerzo
      un saludo muy cordial

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  6. Excelente post, Sergio.
    Surgen entre los comentarios algunos ecos de la vieja polémica y del debate surgido entre "las dos culturas" (ciencia vs. humanidades), de C.P. Snow http://es.wikipedia.org/wiki/Las_dos_culturas
    Recientemente se ha publicado un delicioso librito del profesor Nuccio Ordine que resulta imprescindible para estos tiempos oscuros y utilitaristas a ultranza: "La utilidad de lo inútil" http://www.acantilado.es/catalogo/la-utilidad-de-lo-intil-666.htm
    Gracias.

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    1. Mil gracias Rodrigo
      Precisamente pensaba hablar del libro de Ordine en un próximo post.Maravilloso. Un abrazo

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  7. Si se me permite, vuelvo al tema para un pequeño recordatorio que el interesante post y los no menos interesantes comentarios aún no han sacado a colación, se trata de lo que en sociología se llaman mecanismos de cierre de clase social, es decir, los mecanismos con los que una clase social con un determinado ámbito de poder, evita competencias, intrusismos e invasiones por parte de otras clases y/o grupos sociales. Los títulos académicos han sido utilizados como un mecanismo de cierre por una clase determinada, la inflación de méritos, la devaluación cíclica de algunos méritos y el surgimiento de otros nuevos, pertenecen a esa lógica de cierre y protección. Se ponen unos méritos a lograr si se quiere conseguir un estatus, cuando "demasiada" población los consigue (ya que no sería vivido como democrático el hecho de impedir el acceso a los mismos de una forma demasiado explícita), se devalúan y son sustituidos del todo o en parte por otros nuevos. Los que llevamos varias décadas en el ejercicio profesional lo hemos vivido y sufrido en carne propia, en mi caso creo recordar que me han cambiado "las reglas" del juego en 3 ocasiones y ahora pretenden una cuarta...y ya vamos mayores para tanto derroche de energías. Luis

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    1. De nuevo gracias por tus brillantes comentarios. Desconocia el concepto de mecanismo de cierre de clase social, pero explica muy bien el mecanismo interno del funcionamiento de la Meritocracia que denunciaba Young.
      Ejemplos de ello pro desgracia son visibles cada dia en nuestra sociedad
      un saludo

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