domingo, 8 de junio de 2014

El otro lado

Siendo residente de primer año apareció un buen día por la guardia un adjunto largo y delgado que tenía dos costumbres insólitas. La primera era bajar por la urgencia, algo a lo que la mayor parte de sus colegas no nos tenían acostumbrados. La segunda era aún más pintoresca: presentarse a los pacientes personalmente: con gesto serio y voz cálida les estrechaba la mano, mientras les decía su nombre y su cargo. No recuerdo quien se asombraba más, si el resto del equipo de guardia o los pacientes, acostumbrados a que casi nadie les mirase a la cara.  Pronto descubrimos que venía de estar una larga temporada en Estados Unidos, lo que en cierta forma nos tranquilizó: al fin y al cabo debía ser un nuevo invento gringo (como los gorritos de quirófano), que pronto pasaría de moda. Desconozco donde está ahora aquel médico tan respetuoso, y si sigue realizando la misma rutina educada con cada paciente. Ojalá sea así.
Lo he recordado ahora al leer la iniciativa promovida por la Dra. Kate Granger, principal impulsora de la campaña “Hello my name is ( Hola, mi nombre es…”) dirigida a recordar a todos los profesionales ( médicos, enfermeras, administrativos,…) la importancia de presentarse ante los pacientes. Granger considera que esas “pequeñas cosas” ( que cantaba Serrat) son de importancia capital en la práctica clínica. Entre ellas está el que alguien se siente junto a ti en vez de informarte de pie, que te coja la mano cuando te note disgustado o preocupado, que sea capaz de dedicarte un tiempo extra para escuchar tus temores, que sea cuidadoso y respetuoso cuando te explora. En definitiva que ejerza otra de las viejas virtudes no incentivadas por ningún servicio sanitario: la compasión.
Para ser consciente de todo ello, Kate Granger, geriatra del hospital de Leeds, tuvo que vivir en carne propia lo que es ver el mundo a través de los ojos de un paciente. Sus experiencias como paciente terminal las recogió en un libro ( The other side) y en un blog impresionante ( drkategranger).
Sobre las experiencias de profesionales sanitarios “desde el otro lado” lleva tiempo escribiendo Jonathon Tomlinson en su imprescindible blog en el BMJ, la última hace solo unos días. En ella reflexiona sobre la sorpresa que conlleva comprobar que muchas de las prácticas, rutinas y costumbres que aplicaban a sus pacientes muchos profesionales cuando estaban sanos, sean tan frustrantes y decepcionantes cuando el que las recibe es uno mismo. Sobre lo poco que se utiliza esa fuente de conocimiento tan valiosa como es la experiencia de enfermedad en las facultades de medicina, en las escuelas de enfermería, en los servicios sanitarios de todo el mundo. Una preciosa vía de aprendizaje, las narrativas de las relaciones entre clínicos y pacientes, que sigue siendo invisible para muchos. A través de las que descubrimos que buena parte de los errores de los médicos no son revelados por los pacientes. Que expertos en medicina basada en pruebas acaban recurriendo (cuando son ellos los pacientes) a medicinas alternativas de escaso fundamento científico. Que ignoramos el hecho de que la prevalencia de las enfermedades mentales no solo no es menor entre clínicos que en la población general, sino que pensamientos sobre el suicidio son mucho más frecuentes entre nosotros ( 1 de cada 5 estudiantes de medicina, 1 de cada 10 médicos frente a 1 de 45 en la población general).
Tomlinson señala la experiencia de una estudiante de medicina, autora de otro blog estremecedor (The patient patient) en el que Anya de Long describe el cambio de percepción que se produce de ser rotante en una consulta de reumatología a pasar a ser ella la enferma. Como los pacientes son solo simples nombres en una lista,  administrados cada quince minutos, cuando uno es el que pasa consulta. Y como se viven esas mismas consultas cuando es uno mismo el que está al otro lado: como se preparan durante semanas las preguntas, las dudas, los resquicios de esperanza, para recibir en muchas ocasiones respuestas de trámite, vagas y genéricas, sin dejar de mirar el ordenador.
Por desgracia hay que pasar a estar en el otro lado para comprobar, como Kate Granger, cuanto se aprende de los pacientes si uno está atento y receptivo a todo ello. De sus vidas, del impacto de la enfermedad en sus vidas, de la repercusión que causa en sus familias.
Otro médico general, Liam Farrell, escribió: "cuando te enfrentas tan descarnadamente a tu propia vulnerabilidad, entiendes a los pacientes mucho mejor…somos frágiles, somos humanos, las cosas malas también nos suceden a nosotros, como a cualquier otro. Creo que somos conscientes de nuestra propia mortalidad, de la fragilidad de la vida, aprendemos a no sentirnos culpables por buscar ayuda, y también a estar atentos a los demás, a preocuparnos por la salud de los demás”.
Lástima que haya que pasar al otro lado para darnos cuenta.

(Imagen: fotograma de la película The Doctor, dirigida por Randa haines, de 1991)

16 comentarios:

  1. He tratado con un médico de esos que llamáis "alternativos" y ha sido la mejor experiencia de mi vida, en la "medicina convencional" hemos olvidado al ser humano y, lo digo yo que me ocupo de las "máquinas" de un hospital ... ahí lo dejo para la reflexión ...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Juana
      Creo que una cosa es las pruebas sobre la efectividad de las medicinas alternativas y otra bien distinta el respeto que merecen siempre los pacientes, utilicen lo que utilicen

      Eliminar
  2. A veces me sorprenden los comentarios que escucho de colegas. En Medicina de familia, el hecho que el paciente conozca quienes somos y que rol tenemos en su cuidado de salud es una parte integral de nuestra formación y la de nuestros residentes. La continuidad y el cuidado centrados en la persona son algunos de los valores mas importantes y claves de nuestra especialidad. Si estamos centrados en el paciente, entonces como no vamos a presentarnos, a conectar con ellos? A ejercer un vínculo humano perdurable que conecta, motiva y logra mejores resultados? Se que es diferente en el ámbito intrahospitalario, sobre todo aquí en Estados Unidos en donde los equipos son tan grandes, y tan complejos que hacen muy difícil que el paciente sepa a quién corresponde cada cara. Pero tener un medico o un líder de equipo, el de cabecera que ademas de tratar aboga, ayuda, trasmite y coordina es tremendamente importante.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es cierto que posiblemente sea dificil mantener la relacion univoca medico.paciente en un gran hospital. Pero es algo a lo que nunca deberiamos renunciar nosotros, para lo cual es indispoensable mantener esa conexión a lo largo del tiempo, algo que hoy aqui en España esta en peligro

      Eliminar
  3. Respuestas
    1. Muchas gracias por tu impresionante blog. Saludos

      Eliminar
  4. Ahora que desde hace 3 meses "estreno" mi trabajo en un nuevo lugar con un nuevo grupo de pacientes, me doy cuenta que entran dispuestos a disparar de inmediato sus malestares y necesidades. Se quedan sorprendidos cuando les paro, les tiendo la mano, les digo mi nombre y el de la R1 que me acompaña. Y después miramos juntos su historia de salud y enfermedad para iniciar el juego del conocimiento mutuo.
    Como lo hago todos los días con todos los pacientes empezaba ha hacerlo de forma un poco rutinaria. A partir de mañana retomaré la conciencia de la importancia del momento... que nunca olvidé pero, quizás mecanicé.
    Gracias, Sergio. Siempre lúcido y oportuno!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Las gracias a ti . Lo importante no es deirlo, sino hacerlo. Que lujo ser paciente tuyo

      Eliminar
  5. Buena reflexión. Si el médico en general ya es el peor paciente, el médico sin empatía no digamos. Cuesta aceptar el miedo que está del otro lado, cuando ya el propio nos atenaza.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es cierto Jose Manuel. Cuesta aceptar el mido ajeno como reconocer el propio. Muchas gracias

      Eliminar
  6. Aunque parezca una letania, pero no podemos dejar de olvidar, la gran realidad de la sanidad en España, y mas en concreto en la atencion primaria:
    "Menos de seis minutos para atender a cada paciente , y haciendo ademas labores extramedicas durante ese escaso tiempo".
    ¿Alguien sabe como se puede realizar una perfecta labor clinica, humana y minimamente digna, sin contar con el factor tiempo?.
    Y es que, como dice el médico ingles J. Tudor Hart:
    “Consultas de cinco minutos son mas propias de la atención veterinaria que de
    la atención medica. Supone tratar a las personas como si fueran ganado”

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, Tudor Hart una vez más puso el dedo en la llaga. Elproblema es que seguimos aceptando una situación ganadera. Muchas gracias

      Eliminar
  7. Muchas gracias por el post. Aún recuerdo cuando, en la facultad, uno de nuestros profesores decidió ponernos la película "el doctor" como parte de las prácticas.
    En atención primaria conocer el nombre de tu médico es la norma, si. Pero solo cuando está el titular. Solo hay que darse una vuelta por cualquier centro de salud, para comprobar cómo la inmensa mayoría de los sustitutos no se presentan al paciente. También es frecuente esto en cualquier servicio de urgencias. Por supuesto hay excepciones, claro que si, afortunadamente las hay. Pero hablamos de lo habitual. Creo que, en lugar de tanto ciclo de krebbs, y tanta memorización de defectos genéticos que no verán jamás en su carrera profesional, los alumnos de medicina ganarían dedicando 90 minutos a misionar "el doctor".

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchs gracias Sergio. El tema de los contenido y la reflexión sobre valores sigue siendo tema aparte en las facultades de medicina. Ello siguen creyendo que su modelo es magnífico como recientemente señalaba el decano de Granada. Cuando la realidad de los problemas está a años luz de sus aulas

      Eliminar
  8. Gracias Sergio, por esta reflexión, que nos "afecta" a todos los profesionales sanitarios (en mi caso soy farmacéutica pero trabajando en el sistema sanitario público). En el otro lado puedes vivir la experiencia a distintos niveles: como paciente, como familiar... Sin duda la primera es la que más te enseña. En mi caso, tendría que decir que también lo entiendo...como dice la Dra Herraiz, aunque como madre de paciente más que como experiencia propia (todo llegará). En ambos casos, compruebas como el ejercicio de la compasión, como tan bien lo describís, genera beneficios no solo en el paciente, sino en la relación entre ambos, que son importantes siempre, mucho más en los pacientes crónicos, y estos beneficios duran. Ser testigo de una relación con el paciente del tipo "Hello my name is..." emociona, es mágico; ver la reacción que ello genera no te deja indiferente, y te hace sentir que todas las horas de más que dedicas al trabajo en este mundo de la salud merecen la pena. Ocurre muchas veces, porque por suerte contamos con muchos buenos profesionales, pero no siempre es así. Y entonces vuelven las preguntas, como si de cualquier procedimiento clínico o uso de tecnología se tratara ¿es esta variabilidad inevitable? ¿la causa es el desconocimiento? ¿Porqué no se enseña en el pre-grado? ¿se enseña igual en todos las unidades en el post-grado? Albert Jovell hablaba de esto en el 2008, http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1575-18132008000400001, y se preguntaba si los pacientes no tendrían que opinar sobre nuestros planes de estudios... Gracias de nuevo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias a ti Teresa. Sergio hablaba antes de lo mismo. Es algo que si no se recalca su importancia desde el primer curso de carrera no se interioriza. Y aún asi siempre existe el riesgo que comentaba Maxi de rutinizarse.En mi humilde opinión la clave está en volver a recuperar los valores del artesano: hacer las cosas bien porque es nuestro deber con la sociedad que nos da autonomia para ejercer nuestro trabajo

      Eliminar