domingo, 28 de diciembre de 2014

Camellos, sanadores y ladrones de corazones

Además de explicar dónde va la grasa cuando uno adelgaza, y de demostrar que los protagonistas de películas de dibujos animados infantiles mueren mucho más que los protagonistas de las películas para adultos ( poniendo en solfa esas calificaciones de tolerada para todos los públicos) el número de Navidad del BMJ da la importancia que merece a la estrecha relación entre medicina y música.
Primero revisando el papel crucial que juega el escuchar música mientras se opera, una tradición que viene de muy lejos, recogida ya en el Código Haburami hace 6000 años, y que entre sus aportaciones incluye el descubrimiento de la percusión como técnica exploratoria, de la mano de una especie de raperos del siglo XVIII llamado Auenbrugger y Laennec. Escuchar música mientras se opera no sólo mejora la comunicación entre los miembros del equipo , reduce la ansiedad y mejora la eficiencia, sino que incluso es superior al midazolam como ansiolítico pre-anéstésico según un ensayo clínico aleatorizado realizado con  372 pacientes. Los más críticos con esto son siempre los anestesistas que alegan un excesivo consumo de “banda ancha cognitiva”, que se traduce en reducción de la vigilancia, aumento de la distracción y generación de irritación general. Quizá esto se deba al uso mayoritario de la música clásica en estas circunstancias, lo que según el artículo de Bosanquet y compañía no se sabe bien si se elige por su capacidad de inducir relajación o por preferencias musicales de los jefes de quirófano, empeñados en demostrar todo lo que saben sobre Vivaldi. Ya animados por el entusiasmo hacia el uso de la música en los quirófanos , Nichols y Mahoney aportan un bonito sistema para poder escuchar música en estos lugares sin necesidad de preocuparse de solucionar los problemas de asepsia que genera meter unos bafles allí: basta con introducir el ipod o el teléfono móvil cargado de melodías en un vaso de plástico para que todo dios disfrute de la pachanga.
Aún más interesante es el concienzudo análisis que Stepney ( periodista) y Stepney ( estudiante de 3º año de medicina) hacen sobre la visión que se tiene de los médicos en las canciones de rock y pop. Puestos a mirar tonterías encuentran 8.4 millones de resultados buscando en Google doctor & lyrics ( la asociación layers& lyrics apenas llega a los 1.3 millones). Y siguiendo su peculiar olfato musical clasifican las canciones en tres grupos: la que hablan del papel de “camello” del médico, distribuyendo todo tipo de sustancia tóxica, las que se centran en su afición al  ejercicio de conducta impropias ( generalmente entretenidos en mantener relaciones sexuales con pacientes) y las que analizan su papel de sanadores , generalmente dedicados a la atención de corazones rotos.
Ejemplo de la primera de ellas sería el Down at the doctors de Dr. Feelgood (Down to the doctors, make you feel good all night, everybody needs a shot of r’n’b,so come on down to my surgery, Down to the Doctors, make you fell good all night ), de la segunda la maravillosa I’m your man de Leonard Cohen con esas insinuaciones tan poco profesionales ( If you want a doctor, I ‘ll examine every inch of you), y para recordar el papel de los médicos como sanadores especializados en asuntos del corazón ( un especial tipo de cardiólogos) nada mejor que volver a escuchar el Medicine Man de John Mayall and the Bluebreakers (Lovin’ is a gamble, never knowing who to choose, I’m out of circulation, got a little trouble, take me to your medicine man).
Pues bien, contra lo que pudiera suponerse solo un 5% de las canciones revisadas inciden en la faceta del trapicheo, porcentaje que alcanza el 30% cuando de lo que hablamos es en cambio de la afición sexual hacia los/las  pacientes, dejando un 33% para la categoría de otras conductas tan poco edificantes como la avaricia, como señalaba el temazo del padre de Rufus, London Weinwraight III (“I went to the
doctor and the doctor said. . . Shucks. . . you owe me 300 bucks. And you can call me in the morning, that is if you’re not dead.”).
En general como se puede apreciar la opinión del rock’n roll Business sobre el ejercicio de la medicina no es que sea muy edificante. Algo debemos estar haciendo mal para que un sector tan influyente nos valore como camellos de poca monta, obsesos sexuales o especialistas en enfermedades del corazón que no se solucionan  con stents.
Tal vez nuestra regeneración puede venir de mano del amor. Como señalan los dos Stepney, si el amor se considera una enfermedad ( como están ya insinuando desde el DSM V) urge una implicación mucho más decidida de la medicina y los médicos en estos temas, dada su amplia experiencia. Enfermedad de la que no estamos exentos obviamente, nosotros mismos. Como cantaba el inmenso Conor Oberst en el Bowl of oranges de Bright Eyes :
And I came upon a doctor who appeared in quite poor health
I said, "There is nothing that I can do for you, you can do for yourself"
He said "Oh yes you can, just hold my hand, I think that would help"

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