lunes, 21 de marzo de 2016

El arte del jazz en medicina ( II): de Davis a Coltrane



“Después de que un jazzman haya aprendido los fundamentos de su instrumento, las técnicas tradicionales del jazz, deberá entonces encontrarse a sí mismo, deberá volver a naces, hallando su propia alma. En definitiva, deberá encontrar su propia identidad”
Ralph Ellison.

Miles Davis además de ser posiblemente el mejor músico de jazz de la historia (con permiso de Charlie Parker ) era un excelente constructor de grupos. No en vano por sus diferentes formaciones pasaron algunos de los mejores músicos de la historia. John Coltrane en cambio centró su carrera en el desarrollo y perfección de su propio sonido, llevando a menudo a sus acompañantes con la lengua fuera detrás de él. Miles  y Coltrane publicaron ocho discos juntos en el quinteto de Miles Davis en los años 50. Sin embargo el material existente de su colaboración alcanza los 20 CDs ( The complete Columbia Recordings 1955-1961). Miles había contratado a Coltrane en sustitución de otro grande , Sonny Rollins. En aquel entonces era un buen saxofonista pero aún estaba muy lejos del lugar que acabaría ocupando. Había pasado por las formaciones de Dizzie Gillespie y  Johnny Hodges, y mantenido una relación habitual con el alcohol y la heroína. Precisamente sus desbarres con ésta le llevaron a Davis a despedirle. Consciente de hacia donde iba deslizándose, Trane se limpió a pelo ( no tenía dinero para complejas y largas terapias de desintoxicación)  y cambió de rumbo. A través de las colaboraciones con Thelonious Monk fue descubriendo un sonido nuevo ( lo que se vino en llamar multiphonics, que consistía fundamentalmente en hacer sonar varias notas a la vez). De nuevo Miles volvió a por él, y en esa segunda fase de su colaboración grabaron, entre otros,  uno de los mejores discos de la historia de la música de todos los tiempos: Kind of blue. Aún así Coltrane seguía buscando su propia voz. En la última gira del quinteto con él, allá por 1960, sus solos duplicaban o triplicaban el tiempo de los solos del jefe, y lo que aún era peor, hacían casi imposible seguir al resto de la formación, hasta el punto que durante la gira europea de aquellos años por Suiza, Alemania y Suecia recibieron unos cuantos abucheos del público por una forma tan incomprensible de tocar. Al acabar la gira Trane y Davis se despidieron y no volvieron a tocar juntos. Años después a  Miles le preguntaron por  aquella última etapa:
-          - No te parece que Coltrane va demasiado lejos?
-          - No, soy yo quien no es capaz de llegar tan lejos como él.
Trane voló solo, publicó otro de los discos más importantes de la historia del jazz en el que dio toda la libertad posible a su propia voz ( A love supreme) y siguió evolucionando en su empeño en convertir la música en una forma de conexión única con la trascendencia ( Stellar región). Un cáncer de hígado a los 40 años impidió saber a donde hubiera podido llegar.
Al igual que un músico de jazz, un médico de atención primaria debe dominar los fundamentos de la técnica, las habilidades de comunicación, el manejo de la agenda ( y no la sumisión a agendas externas), las técnicas de entrevista centrada en el paciente. Representan las escalas y las habilidades que un médico debe conocer y dominar. También debe controlar los diferentes escenarios donde deberá actuar, la capacidad de dar malas noticias, los consejos para cambiar de conducta, las decisiones al final de la vida, el manejo prudente del tiempo y la distancia.
Pero a la vez debe desarrollar su propio estilo de práctica, justo lo contrario de lo que se recomienda en esa tendencia creciente y dominante a convertir a profesionales altamente capacitados en robots mecánicos. Porque debe adaptar a cada contexto , a cada paciente diferente, esas habilidades genéricas.
Cualquier estilo musical tiene normas y encuadres que determinan lo que se puede componer e interpretar; sin embargo lo que diferencia al músico excepcional del intérprete rutinario es el dominio de la técnica y la capacidad de encontrar la propia voz. Los pacientes merecen tener intérpretes excepcionales de sus partituras, no aburridos comparsas.

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