domingo, 19 de febrero de 2017

En el mismo bando



El pasado miércoles 15 fue aprobado en el Parlamento Europeo el Acuerdo de Libre Comercio con Canadá (CETA) con el apoyo del Partido Popular europeo, los liberales y conservadores y buena parte del Partido Socialista: votaron en contra los socialistas belgas y franceses, pero no los españoles que hicieron causa común con los partidos conservadores. El nuevo valor de la izquierda, Ramón Jáuregui (portavoz socialista en el Europarlamento y viva demostración de la renovación que experimenta este partido), declaraba a la cadena SER el día de la aprobación del CETA: “Creo que hay una izquierda que se equivoca reivindicando un cierre al comercio al igual que lo hace Trump y Marie Le Pen en Francia, es decir no quiero caer en una ridiculización pero la ciudadanía tiene que percibir  que si hay una izquierda que defiende el proteccionismo y el cierre de fronteras al comercio están siendo superados por la izquierda por la ultraderecha”. La SER en el mismo programa vende el acuerdo con el argumento de que esto supondrá un incremento del PIB europeo de 12.000 millones de euros. En parecida línea argumental se manifiesta uno de los oráculos del grupo PRISA, la periodista Soledad Gallego-Díaz quien, mientras resalta la coincidencia de voto entre Podemos y el Frente Nacional de Le Pen (señalando que no significa nada), resta relevancia a la sintonía de voto entre populares y socialistas españoles.
Buscar coincidencias entre los Verdes o Podemos y los euroescépticos de Le Pen o Trump es tan clarividente como pensar que tienen un proyecto común porque a la Le Pen y a Iglesias les guste Lady Gaga. La clave debería ser saber cuáles son las razones por las que unos y otros se oponen al tratado. Y éstas son radicalmente diferentes.
Sin embargo el grado de sintonía existente entre los dos principales partidos españoles dista de ser casual, desde la reforma exprés de la Constitución para primar los intereses de la deuda por delante de las necesidades de los ciudadanos, hasta la abstención de los socialistas imprescindible para posibilitar otros cuatro años de gobierno conservador, pasando por la plena concordancia cuando de se trata de los acuerdos de libre comercio.
En el proceso de moldeado de la opinión pública a la que contribuyen ambos partidos y los medios de comunicación de las grandes corporaciones (las primeras interesadas en la aprobación de los acuerdos) se construye el mensaje de que aquellos partidos, instituciones o personas que se oponen a los tratados son bolcheviques peligrosos o fascistas irredentos.
Entre éstos últimos se encuentra la revista The Lancet y el economista David Stuckler profesor de la Universidad de Oxford al que tanto ensalzaron su libro La Austeridad Mata muchos de los que ahora aplauden con fervor el acuerdo.
Hace solo unos meses el grupo de Stuckler publicó en The Lancet (revista que ya había advertido de los peligros del tratado) un artículo de titulo inequívoco: Political origins of health inequities: trade and investment agreements ( “Los orígenes políticos de las inequidades: acuerdos de comercio e inversión”). En él se revisan los elementos en común de los diferentes Acuerdos de libre comercio, desde el Transpacífico ( TPP) al Transatlántico ( TTIP) , señalando que todos ellos “ están reescribiendo las reglas que gobiernan la economía mundial, promoviendo los intereses de las corporaciones a expensas de las prioridades en salud pública…Todos ellos proveen la infraestructura legal para una reordenación global de la producción”.
Las consecuencias que tiene la aprobación de este tipo de acuerdos van más allá de esos “aspectos dudosos” o de la discriminación de los inversores nacionales frente a los extranjeros a la hora de dirimir litigios, que señala con candidez insólita Soledad Gallego-Díaz.Como escribe McNeill y colaboradores influirá en las condiciones de trabajo y en el empleo, en la polución ambiental y en la propia sostenibilidad del sistema, por no hablar de las amenazas que implica de cara al mantenimiento de los propios servicios públicos en beneficio de las multinacionales de provisión de servicios.
Los principales perjudicados, para Stuckler y compañía, son los países menos ricos, y dentro de los países las poblaciones más desfavorecidas. Ahora que los socialistas al parecer andan en profundos procesos de reflexión, no estaría mal que aclararan de que lado van a estar, del de las cosporaciones, o de los ciudadanos. Aunque por los hechos parece que ya han encontrado la respuesta.

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