Saltó
la sorpresa.Según cuentan los eruditos de la elección de plazas MIR, la
medicina de familia se ha dado un “batacazo”en la edición de este año, la peor
desde hace tiempo. No interesa a casi ningún recién licenciado en medicina esta
especialidad romántica de “médico de las personas”, que lo mismo atienden un
catarro que pide el colesterol a la abuela de 90 años, ilusos que aspiran a dar
una charla en los colegios sobre preservativos, pero que nunca lo harán, porque
antes tendrán que ver a 50 pacientes, ir a tres domicilios y rellenar todo tipo
de ventanas y ventanas de la historia clínica. En síntesis, lo que refleja la magnífica viñeta de Mónica Lalanda.
Entre
los médicos de familia hay gente que se sigue extrañando: ¿pero cómo es posible
con todo lo que hacemos y contamos en nuestros congresos?.Y rápidamente se pasa
a enunciar las consabidas razones que justifican ese monumental desprecio: “los
estudiantes no conocen la Primaria, pero cuando la conocen les encanta”, “las
condiciones de trabajo son desastrosas”, “ el médico de familia no ocupa
grandes titulares”.
Con ese
panorama lo que habría que hacer es preguntar cómo han tenido una idea tan
estrafalaria los 11 insensatos que tuvieron
la delirante idea de elegir medicina de familia entre los mil primeros aspirantes,
pudiendo elegir especialidades de tronío, consulta privada y tal vez trasplante
de núcleo caudado vía retronasal ( con entrevista de Ana Blanco garantizada).
Las asociaciones profesionales españolas, tan radicales, reclaman medidas contundentes:
algo tan concreto como “discriminación positiva” hacia la Atención primaria en
materia presupuestaria, o incluso “incrementar paulatinamente la parte del
presupuesto sanitario dedicado al primer nivel asistencial hasta llegar al 25
por ciento del total” como pide el Foro de la Médicos de Atención primaria.
Paulatino, por Dios, no se vaya a molestar alguien.
Ya sabemos
que no es deber de ellas pelear con uñas y dientes por recuperar la dignidad de
la Atención primaria. Los sindicatos están para reivindicar mejoras de sueldo (a
ser posible “más por menos”).Las sociedades científicas son científicas, y por
ello no deben alejarse mucho de talleres para aprender cómo hacer ecografías o
cálculos de riesgo vascular con tablas cada vez más modernas que no sirven
para nada. Y los colegios ya sabemos que están para velar por el cumplimiento estricto
de los principios deontológicos.
Organizaciones
que nadie discute que cumplan un papel imprescindible, ya sea la garanttía de condiciones laborales dignas, la mejora del conocimiento científico o la salvaguarda del buen ejercicio
profesional, pero que , por desgracia, cada vez parecen más interesadas en
mantener el status quo, que en abordar los gravísimos problemas que tiene la
Atención primaria en España:
organizaciones en que se desincentiva la confrontación de ideas y proyectos,
donde las candidaturas son únicas ( y se miran con recelo las alternativas),y
generalmente endogámicas. Instituciones en que el sistema de elección sigue
siendo por “compromisarios” ( como el Madrid de Florentino), o en las que se
ponen todo tipo de trabas para que la gente pueda simplemente votar. Raúl Calvo
comentaba hace unos días en Twitter que en las elecciones al Colegio de Médicos
de Toledo solo hay una urna en el colegio de Toledo y otra en Talavera, no
existiendo ninguna en ningún hospital o centro
de salud. Situación similar se ha tolerado en Madrid también, y en otras
provincias durante décadas, sin que pasara absolutamente nada.
Raúl
forma parte de una candidatura alternativa a la “clásica”. Solo hace falta leer
lo que escribe en su indispensable Médico en la cabecera para entender qué tipo
de persona es: de esas que generarían interés por la profesión a casi cualquier
estudiante que pasara por su consulta. Que
es capaz de dar un paso al frente para poder cambiar las cosa.
Se
podrían cambiar. Pero para ello necesitaríamos tener colegios y organizaciones
como el Royal College of General Practitioners, un colegio profesional que,
cuando las cosas se pusieron turbias en Reino Unido en la misma fecha que en España
( 2012), salieron a la calle con un Manifiesto en que solicitaban cosas tan
razonables y concretas como la contratación de 8000 nuevos médicos generales al
acabar la legislatura ( más un número similar de enfermeras de distrito,
matronas y otros profesionales de la salud), incentivos monetarios a los estudiantes
para especializarse como médico general (incluso el pago de
las deudas por estudios, si se comprometían a trabajar en áreas deprimidas), incremento
del presupuesto de un 3% en un año y dedicado expresamente a atender a los pacientes
(y no a la gestión y sus derivas), no imponer objetivos artificiales de
actividad y replantear radicalmente el sistema de incentivos. Y lo consiguieron
en muchos casos.
Mientras
sigamos con las actitudes contemporizadoras y “razonables” de estas dos últimas
décadas, sin luchar por lo que haría a la medicina de familia atractiva,
continuará decreciendo el número de estudiantes que se deciden temerariamente a
hacer la especialidad. Hasta que no quede ninguno
Imagen. obtenida del blog casi médicos



