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martes, 10 de mayo de 2011

El hermano pescadero

“By declaring a pandemic and linking the response to Tamiflu stockpiling, the WHO could not have done a better job of promoting Roche’s interests”.
Helen Epstein. The New York Review of Books.

The New York Review of Books posiblemente sea una de las mejores revistas del mundo. Una de esas revistas en que  cabe tanto un artículo sobre poesía rusa del XIX como el análisis sobre las letras de las canciones de Bob Dylan o los riesgos de los medicamentos.
En el número que publicarán pasado mañana en papel (pero que está disponible  desde hace días en la red), Helen Epstein realiza una impresionante revisión de la pasada pandemia de gripe H1N1 y del oscuro papel jugado de las instituciones internacionales.
Los economistas del Banco Mundial habían estimado que el coste global de la pandemia podría llegar a alcanzar el 4.8% del PIB global. La OMS de Margaret Chan alertaba de que un tercio de la población mundial podría ser afectada y el número de muertos contarse por millones. Nada de eso ocurrió  afortunadamente. Lo que si ocurrió es que algunos ganaron mucho dinero con  la falsa alarma: JP Morgan calcula en cerca de 10 billones ( americanos) de dólares el gasto global en preparados contra la gripe, desde vacunas (no testadas en el momento de su aplicación) a  fármacos con efectos secundarios serios para el tratamiento de una infección benigna y autolimitada.
Sin embargo, según el Consejo de Europa, ya se sabía que la epidemia sería benigna. antes de dictarse las recomendaciones  por parte de la OMS y los diferentes gobiernos También se conocía que el Tamiflu producía en ocasiones efectos adversos severos, ya que se había estado utilizando en Japón a principios de la década pasada, reportándose casos de efecto neurológicos graves diferentes a los causados por la gripe.
Epstein  describe espléndidamente, con todo lujo de detalles, el enrevesado proceso de medias verdades, manipulación de datos y estudios de escasa solidez metodológica que llevaron a crear la opinión mayoritaria ( defendida durante los meses de la epidemia por la mayoría de los responsables políticos) de que Ralenza y Tamiflu eran fármacos seguros.
La misma persona que alarmó a la población británica en la BBC en septiembre de 2009 asegurando que la única alternativa efectiva  para evitar un aluvión de muertes era el Tamiflu, ( el epidemiólogo Roy Anderson) recibía 116.000 libras al año de GSK, productor de Ralenza,. Pese a eso  siguió siendo consultor de la OMS y del gobierno británico
Como señala Epstein los conflictos de intereses son materia común en la mayor parte de las agencias supuestamente independientes a un lado y otro del Atlántico. El prestigioso  CDC recibe en la persona de Nancy Cox (Directora de la División de Gripe ) fondos de la International Federation of Pharmaceuitical Manufactures Association ( de la que GSK y Roche son miembros). La FDA recibe también sumas considerables de las empresas farmacéuticas cuyos productos aparentemente regulan ( paradójicamente el gobierno americano gastó en fármacos antigripales bastante más del presupuesto destinado a financiar la FDA)
Como concluye Epstein en su trabajo, crear leyes que aseguren la independencia de la industria farmacéutica podría aliviar mucho los problemas de escasez de recursos del sistema ,y además de ello salvar vidas.
En una época en la que “fichan “ científicos como si fuesen futbolistas , y a los que los medios de comunicación invitan con arrobo para hablar de sus “descubrimientos”  no estaría de más que la gente supiera que más de la mitad de los artículos científicos incluyen hallazgos que son falsos y que no pueden reproducirse por otros investigadores, como publicaba John Ioannidis en PLoS . Y que buena parte de esos científicos tienen conflictos de intereses evidentes que rara vez son tenidos en cuenta. Ya lo decía mi abuela: “la vigilia la inventó un papa que tenía un hermano pescadero”.
 
(Fotografía:  fachada principal del Colegio de Médicos de Madrid dando coonsejos a la población en los días de la alarma por la epidemia de 2009)

5 comentarios:

  1. ¿Por qué a lo seres humanos les gusta tanto el drama?¿por qué está tan mal visto ser alegre?¿por qué nadie ha puesto el grito en el cielo ante ese cartel, nada más y nada menos que en el Colegio de médicos? ....
    ¿Por qué cuando digo que los seres humanos carecemos de objetividad todo el mundo me lo discute? .... es tan evidente ....

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  2. Que sencilla es la verdad, en otro tiempo cuando alguien necesitaba más de un minuto para explicarme algún proyecto, siempre decía que no, lo verdadero es simple, lo complejo suele tener algún error de diseño. Estamos en manos de la industria y por desgracia en términos generales nos sentimos bien.

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  3. De nuevo, un estupendo post. Condensa perfectamente lo que ha supuesto la pandemia de gripe A. Sería redundante insistir por mi parte en ello. Me limito a subrayar dos cosas; una es el comentario del post sobre el fichaje de científicos. Esta llamada de atención me parece muy importante. Apunta al relieve social que está cobrando el científico entendido como investigador competitivo, productor de artículos en Nature o de patentes, un científico mercantilizado, empresario, que vende un producto bibliográfico o comercial y que, en cierto modo, a veces de modo literal, se vende a sí mismo. Atrás quedaron tiempos de mero afán epistémico.
    También me parece impactante la foto que recoge el post y que en su día vimos en los telediarios. Muestra no sólo hasta qué grado de estupidez se puede llegar nada menos que por parte de un colegio médico; apunta además hacia la salud obligatoria, a la coerción en aras de un pretendido bien común. En un mundo de soledades compartidas es lógico que, ante el mínimo riesgo, aparezca un lema como ese, no besar, no dar la mano. No es sólo la gripe A. Esa pancarta surge en un contexto que la favorece, en un tiempo en que el contacto médico – enfermo está siendo progresivamente desplazado por la técnica. Y si uno no puede besar ni dar la mano… ¿por qué habría de decir hola? En boca cerrada no entran moscas… ni virus.

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  4. Llevo teniendo problemas con Blogger en estos días. Ni se subieron mis comentarios a Juana y Jose Manuel, ni tampoco tengo forma de subir un comentario, también muy interesante de Javier.
    Por eso lo transcribo literalmente a continuación:
    JAVIER:
    De nuevo, un estupendo post. Condensa perfectamente lo que ha supuesto la pandemia de gripe A. Sería redundante insistir por mi parte en ello. Me limito a subrayar dos cosas; una es el comentario del post sobre el fichaje de científicos. Esta llamada de atención me parece muy importante. Apunta al relieve social que está cobrando el científico entendido como investigador competitivo, productor de artículos en Nature o de patentes, un científico mercantilizado, empresario, que vende un producto bibliográfico o comercial y que, en cierto modo, a veces de modo literal, se vende a sí mismo. Atrás quedaron tiempos de mero afán epistémico.
    También me parece impactante la foto que recoge el post y que en su día vimos en los telediarios. Muestra no sólo hasta qué grado de estupidez se puede llegar nada menos que por parte de un colegio médico; apunta además hacia la salud obligatoria, a la coerción en aras de un pretendido bien común. En un mundo de soledades compartidas es lógico que, ante el mínimo riesgo, aparezca un lema como ese, no besar, no dar la mano. No es sólo la gripe A. Esa pancarta surge en un contexto que la favorece, en un tiempo en que el contacto médico – enfermo está siendo progresivamente desplazado por la técnica. Y si uno no puede besar ni dar la mano… ¿por qué habría de decir hola? En boca cerrada no entran moscas… ni virus.

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  5. Muchas gracias a los tres ( Juana, Juan Manuely Javier).
    El cartel del Colegio de Médicos, tanto en la forma ( pancarta de manifestación ) como en el contenido es bastante sonrojante. Que se hiciera eso y que , no solo no avergüence a su responsable, sino que no haya generado en ningun momento algun tipo de rectificación.Una manifestación más de "Biopoder", de como dice muy bien Javier, se puede imponer un determinado concepto de "salud", al que se añade el miedo a tocar, algo hasta ahora consustancial al acto médico.
    Mañana es sñabado y volveré a tener que soportar en cadenas de radio diversas el ejercicio de adoración que suelen realizar algunos periodistas ante el "saber" del científico. Científicos que, como buena parte de los tertulianos, saben tanto de física cuántica como de transplantes cardiacos.
    Muchas gracias de nuevo. saludos muy cordiales

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