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martes, 22 de marzo de 2016

El arte del jazz en medicina (y III): negociando agendas



“El poder real y la innovación en el jazz procede de que un grupo de gente se reúna y cree arte, arte improvisado, y pueda negociar sus agendas con los demás. Esa negociación constituye la esencia del arte”
Winton Marsalis


Entre los jóvenes talentos que Miles Davis incorporó a su legendario grupo, estaba un blanco flaco de mirada perdida detrás de sus gafas. Un tipo con una profunda formación clásica , y que tampoco eludió el viaje por el infierno de la heroína. Se llamaba Bill Evans y tuvo que soportar también el acoso racista, pero de dirección contraria a la habitual: el único músico blanco en un grupo de negros. Su principal valedor fue el propio Miles, a quien importaba un bledo el color de la piel siempre y cuando el afectado tocara bien. Evans no solo tocaba como muy pocos el piano (llegó a tocar durante semanas en el Vanguard para cumplir el contrato, solamente con la mano izquierda y ayudado por el pedal, al tener el brazo derecho inmovilizado por uno de sus excesos), sino que fue elemento clave  en la refundación del jazz de finales de los 50.
Evans estuvo en aquel mítico sexteto de Miles que grabó Kind of blue, y en el que participaron nada menos que John Coltrane al saxo tenor, Cannonball Adderley al saxo alto, Paul Chambers al contrabajo y Jimmy Cobb a la batería ( además de las contribuciones de Wynton Kelly también al piano)
Siendo ésta inmensa, la mayor contribución al arte de Evans vino, sin embargo, a través de sus tríos, una nueva forma de expresión artística, en que piano dialogaba con bajo y batería solamente. En la segunda mitad de 1959 forma el que constituye una de las mejores “negociaciones ( en el sentido que menciona Marsalis) de la historia de la música: el trío con Paul Motian a la batería y Scott Lafaro al contrabajo. Durante un par de años estuvieron tocando de forma intermitente hasta culiminar en junio de 1961 dos obras monumentales: el Waltz for Debbie y el Sunday at the  Village Vanguard, resultado de sus actuaciones en esa época en el mítico club. Por desgracia días después Lafaro moría en un accidente de coche dejando a Evans tan destrozado que durante meses apenas pudo volver a tocar. Evans y Lafaro revolucionaron los roles tradicionales de piano y bajo en el jazz. Con ellos éste último dejó de ser solamente el encargado de marcar el tiempo, para convertirse en un instrumento solista que conversaba de tu a tu al piano. Negociaban realmente sus agendas y así crearon un arte sublime
Como señala Paul Haidet la buena comunicación clínica procede de ese diálogo, de esa negociación de agendas entre médico y paciente, ya sea mediante convergencias (respuestas acordes a la pregunta planteada) o divergencias ( respuestas sin relación aparente con la pregunta planteada).En una buena entrevista clínica ambos actores van acoplando mutuamente sus monólogos hasta acomodarlos mutuamente: “ Aunque nuestra cultura habitualmente habitualmente posiciona al médico como líder de la comunicación, el encuentro clínico debería ser categorizado por voces que existen en armonía, más que por el intento de una de dominar a otra”. Este intercambio es básico para “unir el mapa al territorio” como escribía Iona Heath, es decir para permitir que el médico comprenda la perspectiva del paciente , y éste a su vez pueda comprender el fundamento biológico y psicológico que subyace a su enfermedad y las formas de combatirlo.
Esa improvisación conjunta es la que en definitiva permite que las decisiones puedan ser realmente compartidas. Es la que confirma que todas las voces  ya sea en la música o en la conversación humana) tienen algo que decir y buscan la comprensión del otro, la negociación con el otro antes de volver a aportar su punto de vista. Por tanto necesitamos que el "contrabajo" ddel paciente recupere el papel solista para dialogar con "el piano" del médico.
Los profesionales que se limiten a seguir un conjunto predeterminado de preguntas a la manera del check list del avión, posiblemente habrán cumplido los requisitos imprescindibles a la hora de acreditar o justificar sus intervenciones, pero sin embargo estarán perdiendo ocasiones únicas de construir una forma de comunicación que ( en este caso también) constituye  una forma de arte. Un arte que, como el jazz, es inaprensible, incodificable, imposible de programar. Para mejorar de verdad la atención a los pacientes necesitamos artistas que sepan improvisar, no operarios.

( Foto: Motian, Lafaro y Evans en el Village)

2 comentarios:

  1. No se que pasó con mi comentario pero intento repetirlo. Te decía Sergio que para improvisar hay que tener una muy buena base técnica sobre la que construir la improvisación. Los grandes del jazz se subían a tocar sin decirles a su propio grupo en el tono que lo iban a hacer y solo los que estaban a la altura lo podían hacer. Por otro lado no hay que olvidar aquellos de las asimetrías no es lo mismo el que toca que el que escucha y eso lamentablemente es insalvable. Me ha gustado la serie Sergio deja espacios que pueden ser llenados de silencios y de debate, del cool al bebop y viceversa, aunque probablemente estemos más inmersos, como corresponde, en el freejazz y la fusión. Solamente un pero.. el batería de "Kind of Blue" era Jimmy Cobb. Un abrazo
    Antonio Torres

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    1. Lo malo ( y lo bueno) de cualquier blog es que uno no sabe quien lo puede estar leyendo. Y es evidente que cuando se trata de jazz hay que parafrasear la expresión habitual en tribunales de " salvo mejor opinión en jazz de...Antonio Torres" ( no hay más que leer su magnífico Jazz en sevilla 1070-1995).
      De la misma forma que para ejercer adecuadamente la intuición se precisa una dilatada experiencia como han argumentado sobradamente Gary Klein y Trisha Greenhalgh, no es posible improvisar sin una depurada técnica como bien comentas.
      Resuelto el gazapo
      Muchas gracias Antonio
      Un abrazo

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