Páginas

viernes, 2 de marzo de 2018

El peso de la Primaria (II)




Sin un presupuesto que lo respalde ninguna prioridad sanitaria es real: es solo una entelequia, una carta a los Reyes Magos, una declaración de meras intenciones…
Cuando se formula esa manida y ya muy cansina afirmación de que un sistema sanitario basado en Atención Primaria alcanza mejores resultados en salud y equidad a un menor coste se suele “olvidar” la segunda parte de la sentencia que tan lúcidamente formuló Barbara Starfield: la Atención Primaria que consigue esos resultados no es cualquier Atención primaria, no basta el nombre, sino que es aquella que es accesible, que atiende todos los problemas de salud de los pacientes, que coordina toda la asistencia que se presta en el sistema sanitario, y que da atención centrada en personas y no en enfermedades cónicas “interesantes” desde la cuna a la tumba ( o mejor dicho a la cuña, porque cada vez se acompaña menos en los últimos momentos).
Si no se cumplen esos cuatro atributos la Atención Primaria falla, no funciona, es indiferente que exista.
Por eso a la pregunta de cuál es el porcentaje de gasto sanitario que debe asignarse a la AP es ridículo entrar en el debate de si debe ser el 10, el 20, o el 50%.
El primer indicador claro que nos aproxima a la cuestión es si al menos ese porcentaje se mantiene estable o crece cada año (algo que debería ser una exigencia puesto que todos los sistemas priman el gasto hospitalario, con las consecuencias que comentábamos en el último post)
Pero el indicador más importante de si el gasto en AP es el adecuado o no es analizar si cumple o no con sus atributos. Y siempre que no lo cumpla el porcentaje será insuficiente.
Cuando los pacientes son atendidos cada 4 minutos (como en Andalucía y otras comunidades autónomas) y se atienden 75 pacientes en un día, nadie en su sano juicio puede pensar, y menos decir, que se está prestando una Atención Primaria de calidad; cuando no se sustituye a un médico de baja, o de curso o de vacaciones, y se derivan sus pacientes al médico de la puerta de al lado, como si fueran batidos que hay que envasar, no puede defenderse que el gasto en AP es el adecuado; cuando se fomenta el cambio continuado de médico de referencia (con contratos de horas que concluyen el viernes para volver a comenzar el lunes), con continuados procesos de acoplamiento, movilidad interna , traslado y vuela a empezar, no puede afirmarse que le preocupa a un servicio de salud la continuidad.
De nuevo los datos de Juan Simó son muy ilustrativos: cuando se observa que el crecimiento de médicos de familia pasó de un índice de 100 en 2004 a 113,16 en 2013, mientras que el de médicos hospitalarios pasó de 100 a 163,7 ¿Puede justificarse esa diferencia y seguir diciendo que la Atención Primaria es el centro del sistema?
Eso tan despreciado por los políticos de todo signo y color, por los “comunicadores” de todo medio y formato, eso que sucede cuando una persona escucha y otra comunica su preocupación, su dolor, su tristeza, es el instrumento esencial en Atención Primaria, el más valioso, rentable y necesario en un sistema sanitario; es el equivalente al ecocardiógrafo para el cardiólogo, el endoscopio para el digestivo, la Resonancia Magnética del neurocirujano
Ninguno de ellos toleraría que le presionaran para aumentar su productividad, obligándoles a realizar su trabajo sin contar con los instrumentos que consideran esenciales; los profesionales de la AP españoles, sin embargo, sí. En Reino Unido el Royal College of General Practitioner exigió en 2015 8.000 nuevas plazas solo de médicos generales. Aquí aún estamos esperando la exigencia al respecto de sociedades científicas y colegios profesionales.
Cualquier político se sonrojaría al comprobar que sus especialistas carecen del instrumental que en cambio tiene la comunidad autónoma de al lado: si no es sí, ¿por qué compiten todos por tener su propia unidad de cirugía cardiaca o de trasplante hepático? Y sin embargo les trae sin cuidado que la atención más determinante (la que podría suponer que personas que necesitan atención altamente especializada no la reciban y que otros sin trastornos de ningún tipo acaben enfermos por intervenciones sanitarias innecesarias y dañinas) sea realizada de cualquier forma, como si en vez de a personas se estuviera atendiendo a corderos.
El algodón no engaña a la hora de comprobar si el azulejo está sucio: para comprobar si la inversión en AP es suficiente basta por pasarse por un centro de salud y ver lo que ocurre.

2 comentarios:

  1. HOla SERGIO, primero felicitarte por la entrada. Soy médico de familia con unos 20 años de ejercicio, cuando veo esas gráficas que apuntas, me asalta la duda. Es posible que lleven razón nuestros gestores, es posible que aumentando la inversión en hospital y disminuyendo la de AP , se disminuya la mortalidad y morbilidad . Sería interesante leer informes sobre cómo han variado estos parámetros desde 2008 hasta la fecha, seguramente ambos habrán disminuido ( modo irónico activado ) con lo que invitaría a que suprimieran la atención primaria por completo y solo financiaran el segundo nivel. Un saludo

    ResponderEliminar
  2. Estimado Sergio, hace unos dias daba una sesion en mi centro de salud y comenzaba con una reflexion sobre este asunto. Es indigno el tiempo que nos dan en las agendas (pongamos que hablo de Madrid)para cada consulta. El veterinario de mis perros les dedica mucho mas tiempo que yo a mis pacientes. La herrameinta principal del medico de familia son las palabras y el tiempo para utilizarlas. Esa infrafinanciacion cronica que muestra el grafico se manifiesta en las consultas con deterioro en la atencion igual que un cuarteto de cuerda interpretado por un trio no suena igual... (Baumol). Recuerdo un antiguo post tuyo sobre como cocer ranas. Un abrazo.

    ResponderEliminar