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martes, 18 de septiembre de 2012

La sabiduría del Dr. John

Hi John,
I have a friend in his 60′s with no health insurance experiencing symptoms like great pressure on his chest and can’t get to a doctor because he can’t afford it. Is there a service in Louisville (a public health clinic or something like that) that you know of where he can get looked at by a doctor?
 

My e-response:
I don’t know. I think. Maybe.  He could go to the ER. I could see him for free, but of course, there would be tests–that are not free.
I’ll get back to you.

What can we learn about health car froem Europe?. Kevin MD

El Dr. John que responde a este correo electrónico no es  “Mac” John Rebeneck Jr, el mítico Dr. John de Nueva Orleans, leyenda viva del blues y el rock psicodélico. Se llama John Mandrola , es cardiólogo en Louisville ( Kentucky)  y mantiene un interesante blog llamado precisamente Dr. John M.
El Dr. John (M) acaba de participar en el congreso de la European Society of Cardiology, donde le llama poderosamente la atención, la escasez de mesas y paneles dedicados en los congresos europeos a la política y gestión sanitaria. Tal vez porque (hasta ahora) eran asuntos que estaban lo suficientemente resueltos como para poder dedicar la atención a otros temas.
Al Dr. John le maravilla que en Europa (hasta ahora) no sean imaginables correos como el indicado. Que cualquier persona (no solo los ciudadanos) puedan recibir asistencia sanitaria digna, con sus procedimientos diagnósticos incluidos, sin necesidad de recurrir a la caridad ajena o a tener  algún conocido que sea médico y se apiade de uno.
Al Dr. John (M) le sorprende que los pacientes británicos salgan del hospital con un informe y recomendaciones al alta pero sin pagar factura, de esas que están implantándose ya en nuestro (antes) sistema sanitario “universal”.
El Dr. John vuelva a su país con algunas enseñanzas preciosas en su morral:
-    en un país de la riqueza y sabiduría del nuestro (se refiere, claro está, al americano) no debemos aceptar un sistema sanitario que no cubra a todas las persona. Y digo personas, no solamente ciudadanos. Hacer esto no es hacer política; es más que eso: es hacer lo correcto.
-    Todos deben empezar a ver lo obvio (si no lo están viendo ya): que los recursos sanitarios no son infinitos. Y que nosotros, como personas y como comunidad médica, debemos aceptar límites. Esto no va a ser fácil: va a requerir un giro de 180º en nuestra manera de pensar.
-    Sea cual sea la reforma emprendida, la relación médico-paciente debería ser protegida por encima de todo. La decisión médica no debería venir procedente de ningún panel de expertos ni aseguradora del tipo que sea.
-    La idea de que son humanos y no máquinas los que practican la medicina debería ser recordada. Y los seres humanos cometen errores.

Cuatro principios de una sensatez deslumbrante. Aunque aquí se discutan.
The Lancet dedicó su número del 7 de septiembre a concienciar a la población pública de la necesidad de potenciar la cobertura universal como "el más poderoso concepto que la salud pública puede ofrecer", en palabras de Margaret Chan.
En el editorial de esta semana, de título suficientemente elocuente (Europe-the great divide), la revista se pregunta sobre qué es lo que están haciendo los líderes europeos reunidos sin descanso en los tres últimos años para alcanzar resultados “miserables”. Reuniones en las que se habla de rescates, deuda y reformas pero nunca de salud, y lo que es aún peor de humanidad. Como buen botón de muestra señalan a España y su valiente decisión de dejar sin asistencia pública a 150.000 emigrantes. O a Gran Bretaña y sus excelentes cifras en niños bajo el umbral de pobreza (3.5 millones ) , según el informe de Save the children de vergonzoso título, It shouldn’t happen here ( parece que en sitios más inmundos podría estar justificado).
Al Dr. John le avergüenza que 101.00 residentes del condado donde reside no tiene cobertura sanitaria ( el 16%). En España ya son 150.000 los que están fuera, salvo previo pago.
El orgullo de la troika, la vergüenza de Europa.

(Fotografía: Dr John en su salsa)

2 comentarios:

  1. En tu post reflejas cuatro principios que, como bien dices, son de “una sensatez deslumbrante”. Y si deslumbran es porque estamos en un mundo insensato, en el que la decisión política parece insensible al drama personal, optando sólo por un discurso estadístico. ¿Le importa algo el PIB a quien no tiene con qué sacar a su familia adelante? ¿O la prima de riesgo? Los indicadores macroeconómicos están suplantando a lo real, a las personas de carne y hueso que tienen necesidad de ser atendidas en la enfermedad, con hijos que merecen una igualdad de oportunidades y ante la ley y que, si “gozan” de un trabajo, viven en situación permanente de vasallaje ante empresarios implacables capaces de condenarlos arbitrariamente a la miseria.
    Cuando se habla de medicina personalizada se está hablando ya, en el contexto actual, de una medicina para los ricos que se puedan costear determinados análisis genéticos y protocolos oncológicos, por ejemplo. Es el momento de hacer la medicina personalizada de verdad, la que mira a cada persona sin tener en cuenta nada más que su situación de paciente, al margen de situaciones, guías, protocolos, expertos y supuestas evidencias, al margen de estadísticas que no valen para nada. Eso supone lo que supone, una cierta rebeldía.

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  2. Si, hace falta rebeldia, ahora más que nunca.Curioso el nombre de medicina personalizada a un modelo de medicina tan estandarizado como el de los análisis geneticos
    Un saludo

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