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lunes, 8 de octubre de 2012

La eficiencia en lo público

“Los argumentos de eficacia que se suelen invocar para justificar las empresas privadas  de servicios públicos no se pueden aplicar en el caso de los transportes públicos. La paradoja de éste es simplemente que cuanto mejor haga su trabajo, menos eficiente puede que sea”.
Los ferrocarriles: estudio de un caso. Tony Judt

Siempre que se sube a un avión uno tiene la sensación de estar asistiendo a algún tipo de milagro, en especial si lo que va a recorrer más de 10.000 kilómetros atravesando un océano y dos continentes. Afortunadamente casi siempre sale bien la peripecia, por lo que es lógico considerar que a veces es  inevitable que surjan contratiempos: la maleta que se pierde, el retraso en llegar a destino, la pérdida de la conexión…
Sufrí uno de esos contratiempos al regresar de Chile, nada importante, solamente regresar un día más tarde de lo previsto. Incluso, si se toma con resignación y paciencia, este tipo de percances sirve para observar el comportamiento social de esa especie llamada humana: la incapacidad creciente que todos tenemos de afrontar contrariedades (aunque solo sea llegar un poco más tarde), lo valientes que nos sentimos ante los chivos expiatorios de turno, como son los empleados de la compañía parapetados detrás de los mostradores de atención al cliente  o la inevitable aparición de  “salvadores”, que rápidamente se constituyen en portavoces de los demás …
El influyente profesor de IESE Pedro Nueno hablaba ayer en La Vanguardia de ir "concretando" propuestas ante la situación actual; propuestas que siempre pasan, en su reputada opinión, por facilitar visados a los chinos ricos y contratar más seguros privados porque  “todos sabemos que va a ser imposible pagar la sanidad que consumiremos durante los años que viviremos”. De nuevo, la única alternativa es dejar hacer a la bendita mano invisible del mercado, que todo lo cura.
El sector del transporte de pasajeros es uno de los que más completamente avanzó por esa senda de privatización y competencia . Ya no hay compañías públicas, y se sigue llamando compañías de bandera a empresas que hace tiempo dejaron de tener una orientación que fuera más allá del simple interés económico. Una de ellas fue Iberia,, que hasta hace relativamente poco trasladaba pasajeros no solamente a destinos “golosos” sino también a modestas capitales de provincia. Algo importante porque la facilidad de conexión aérea representa un factor crucial para la generación de ese empleo que tanto se deteriora.
Iberia ya no existe como compañía propia. Fue devorada hace casi dos años por una compañía británica, IAG ( pseudónimo de British Airways), cuya política empresarial parece clara: quedarse con los tránsitos más rentables y abandonar conexiones “poco productivas”. Para ello nada mejor que aplicar escrupulosamente los mandamientos de la sacrosanta ley del mercado:
-primer mandamiento, precarizar el trabajo (no sabemos a qué coste). La vetusta Iberia se sustituye por una eficiente línea de bajo coste (Iberia Exprés), siguiendo el flamante ejemplo de  Ryanair: contratos precarios, reducción de retribuciones de las tripulaciones, menor cualificación.  El efecto sobre la seguridad lo dirá el tiempo.
- Segundo mandamiento, ahorrar costes. De forma que si se estropea una rueda en  Santiago de Chile, la solución pasa por traerla de algún otro lugar cercano, como Buenos Aires, porque no es rentable tener una rueda de repuesto en cada aeropuerto ( y comprar una a otra compañía un gasto desorbitante).  El pequeño inconveniente es que hay que esperar a que el avión que la transporte de otro destino  no vaya lleno, porque si no la rueda no cabe. Nadie espera que se tarde en cambiar la rueda de un avión los 2.5 segundos que tarda Ferrari en cambiar la rueda del coche de Fernando Alonso, pero de ahí a las 18 horas que tardaron en Santiago hay cierto margen para la mejora.
- Tercer mandamiento, eliminar todo aquel servicio que no tenga una gran rentabilidad. Durante años Granada, por ejemplo, disponía de cinco frecuencias diarias para unirse con Madrid a través de Iberia. Posiblemente líneas poco importantes para Iberia, pero mucho para Granada, puesto que es la única compañía que la conecta con Madrid, (indispensable para alcanzar otros destinos). Pese al excelente trabajo de su sección de propaganda para distorsionar la realidad, lo cierto es que ayer solo disponía de dos.
Precarizar el trabajo, ahorrar costes, eliminar lo que no sea altamente rentable. A esto se quiere llamar eficiencia. Pero, como decía Tony Judt , ¿Qué constituye la eficiencia o la ineficiencia  en la provisión de un servicio público?

2 comentarios:

  1. Un familiar mío sufrió un traumatismo que le ocasionó un esguince en un pie y una fisura de rótula en la otra pierna. Le pautaron reposo absoluto con heparina y todo y lo citaron para revisión. Tiene una pensión muy baja y tuvo que costearse la ambulancia (140 euros). Esa es la eficiencia. Claro que es una medida eficiente para el seguro médico. Es normal que nuestros políticos copien esas medidas para la hasta ahora sanidad pública en trance de pasar a beneficencia. ¿No te puedes dializar porque no te puedes pagar el transporte (la dispersión rural en Galicia es manifiesta)? Pues... qué le vamos a hacer; haberte cuidado de joven. Caminamos hacia un mundo de fieras; mejor dicho, gobernado por fieras corrupias. El ejemplo de los aviones que narras es perfectamente trasladable a la atención médica: todo tipo de pruebas complementarias se podrá externalizar a China o a la India (¿no es ahí dónde hacen ya muchos de nuestros genéricos?)Así se optimizarán las cosas. Llama la atención en el pobre discurso político-patético la insistencia en el término ahorro. ¿De quién para quién? La Sra.Cospedal decía el otro día que o todos salíamos de esta crisis o todos nos hundíamos. ¿Estará convencida de tal falacia? Ya quisiera yo ser hundido como pueda serlo ella.
    Desde las cimas del poder hasta el pequeño poder de nuestros hospitales, los órganos de decisión están aislados, en una especie de fanal, contemplando sólo... NÚMEROS, estadísticas, indicadores, gastos. ¿Qué más da lo que le pase a la gente? Siempre podrá el partido A decir que el B lo hace peor y viceversa y que para eso tenemos la posibilidad de cambiar lo malo por lo peor o al revés cada cuatro años.
    Cada uno puede hablar de su propia experiencia de este aprovechamiento de la crisis. La imagen de mi hospital es cada día más triste. Hay una desolación que sólo augura su futuro rescate, palabra tristemente de moda, por algún benefactor privado eficiente.

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  2. Muchas gracias dr nuevo Javier. Sí, es trsite observar como siguen tirándose los trastos a la cabeza nuestros polítioos ( y tu más) mientras la situación general es cada vez más grave y la percepción de desastre cada vez más intensa.
    Ya comenté en su momento un estupendo trabajo de Reidpath en el que describia prefectamente por qué la eficiencia no puede ser una meta de un sistema sanitario.
    la obsesión por los números es muy preocupante. No digo yo que no sea importante reducir el grado de despilfarro y cumplir compromisos, pero de ahi a que el único objetivo de este país sea cuadrar una cifra de deficit va un abismo. El abismo de tanta gente en situación cada vez peor
    Un saludo afectuoso

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