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domingo, 26 de diciembre de 2021

Blanquear lo negro



El domingo 19 de diciembre se celebraron elecciones presidenciales en Chile, las elecciones más importantes en el país desde el plebiscito sobre la continuidad del dictador Pinochet en 1988.

Para el diario ABC, el resultado de las elecciones chilena no mereció tan siquiera una mención en portada, algo que si hicieron con fotos a media página del ganador, El Mundo y El País. Algo que sin  duda habría sido muy distinto de ganar Kast.

El candidato perdedor,José Antonio Kast, no sólo es defensor de la dictadura pinochetista y admirador de su responsable , sino que es partidario de dejar en libertad a condenados en sentencia firme por crímenes brutales durante la dictadura, llegando a decir que, de vivir Pinochet, votaría por él. Una de sus propuestas estrella durante la campaña electoral fue la construcción de una zanja de tres metros de ancho y 3 de profundo (solo faltó añadir cocodrilos), en las fronteras con Perú y Bolivia, en una innovadora adaptación del muro de Donald Trump; partidario inicialmente de abandonar la ONU, matizó en la segunda vuelta la propuesta, proponiendo solamente abandonar la comisión de Derechos Humanos por estar en ella Venezuela y Cuba, dictaduras comunistas. Sin embargo su aversión al comunismo se diluye si se trata de China, con la que pretendía establecer acuerdos comerciales para la elaboración de vacunas . Convencido inicialmente de acabar con el Ministerio de la Mujer, uno de sus colaboradores llegó a afirmar en sus redes sociales a que los violadores de mujeres feas deberían recibir una medalla. Kast llegó a proponer “el arrestar a personas en recintos que no sean cárceles” (con sospechosas similitudes a los centros de detección y tortura de la DINA durante la dictadura) e incluso al establecimiento de una red latinoamericana de persecución y colaboración entre países para perseguir y reprimir los procesos subversivos, con sospechosas similitudes con la operación Cóndor. Para el diario ABC Kast es hijo de emigrantes alemanes llegados a Chile en los años 50. The Guardian lo identifica como hijo de un nazi puesto que su padre no fue un simple emigrante sino un miembro del partido nacionalsocialista afiliado antes de la guerra mundial.

ABC y El Mundo definen a Kast como un “conservador sin complejos” simple y llanamente. Por el contrario, para The Guardian, un político admirador de Trump y Bolsonaro, enemigo de lo que llamó “la dictadura gay” y que solo encuentra en la represión sin miramientos de los conflictos seculares con la nación mapuche la forma de solucionarlos, no es más que la encarnación chilena de la extrema derecha que crece en todo el mundo. 

Gabriel Boric por su parte, es el presidente electo más joven de la historia de Chile (35 años) y el que alcanza el cargo con mayor número de votos (más de cuatro millones seiscientos mil). Fue líder destacado en las movilizaciones de estudiantes de los años 2011 y 2012, y se enfrentó a su propio partido al firmar a título personal el acuerdo nacional para elaborar una nueva Constitución, y que fue la vía de salida del estallido social de 2019.Si bien es cierto que fue apoyado por el partido comunista, exigió a éste que se retractara de su apoyo a las elecciones nicaragüenses a las que calificó directamente de  fraudulentas:en nuestro gobierno el compromiso con la democracia y los derechos humanos será total, sin respaldos de ningún tipo a dictaduras y autocracias, moleste a quien moleste”.

A lo que aspira el nuevo presidente es a construir en Chile un estado de bienestar al estilo de los estados europeos de postguerra. Pretende alcanzar un sistema de pensiones similar al español , solidario entre generaciones y clases sociales, y construir un sistema de salud como el clásico Sistema Nacional de Salud británico, antes del desmantelamiento conservador.

Para el cada vez más numeroso entramado de prensa derechista española con el ABC y EL Mundo a la cabeza, Boric  no es más que un “ultraizquierdista”, "cabecilla de la izquierda más extrema” como señalaba la editorial de El Mundo. Para el ABC “por experiencia, conceder el beneficio de la duda a la extrema izquierda se ha convertido ya en un imposible”, insistiendo ambos medios en el grave perjuicio para los intereses españoles que supone un gobierno de este tipo.

Al silencio del primer día de ABC le han ido sucediendo cada día señales apocalípticas del derrumbe del peso chileno, o la caída de su bolsa. El lenguaje crea realidad y los medios de comunicación modifican ésta a partir de la tergiversación de los hechos . El presidente electo chileno no lo tiene nada fácil, es posible que las expectativas que haya despertado se vean defraudadas, pero negarle al derecho a intentarlo como se hace desde tantos medios es una forma más, nueva , sofisticada, de despreciar la democracia.

Al llegar a España un día después de la segunda vuelta de las presidenciales chilenas ,el policía nacional que revisó mi pasaporte preguntó por las elecciones chilenas y si el resultado había sido bueno; extrañado de la confianza respondí que la alternativa era un candidato a la derecha de Vox. El funcionario respondió que el problema de Vox era que “tenía mala prensa”.Cuando un policía se permite dar su opinión sobre Vox con esa ligereza a cualquier desconocido al que revisa el pasaporte, pone de manifiesto  que el trabajo de manipulación da sus frutos. Todos los medios de la derecha de este país, digitales o en papel, llevan años blanqueando el negro oscuro de Vox, haciendo creer a la opinión pública el carácter democrático de una afiliación que hace ostentación del franquismo, defiende una política xenófoba, culpa a los menores migrantes de cualquier delito que se produzca, y va de gira mundial buscando alianzas con los mas nauseabundos dirigentes, desde  Bolsonaro a Orban. Todos esos medios fomentan y estimulan la creación de una gran alianza entre los demás partidos de la derecha y Vox “para salvar a España”.Por el contrario en Alemania ningún partido, quiere siquiera sentarse en el parlamento junto a Alternativa por Alemania (AfA),la extrema derecha, ni por supuesto es posible que la derecha pacte con ellos.

El problema no es votar por Boric votar por Kast. Es la gigantesca estrategia de blanquear el negro, de banalizar el mal.

Fotografia: Santiago de Chile, el día de la victoria de Boric

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Chile, Inglaterra, España: vasos comunicantes



Tras el brutal golpe de estado dirigido por Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973, Chile sirvió de laboratorio perfecto para experimentar con los hipotéticos beneficios de la aplicación de las teorías económicas y sociales de los "Chicago boys", los economistas norteamericanos inspirados por Milton Friedman. El experimento fue un éxito, no sólo por la aplicación implacable de la ideología neoliberal  en el país, sino sobre todo por la capacidad que tuvo de cambiar profundamente la forma de pensar de buena parte la población chilena. Como resultado, casi medio siglo después, Chile presenta una de las mayores desigualdades sociales de los países de OCDE, y lo que es aún peor, la gran dificultad de modificarla: no tanto por la falta de alternativas políticas que pudieran llevarlo a cabo, sino por la extendida cultura de individualismo y competencia, y sobre todo de amplio recelo  social contra todo lo que suponga esfuerzo colectivo o solidaridad entre ciudadanos, de rechazo intrínseco al fortalecimiento del estado como forma de equilibrar tanta desigualdad.

El domingo próximo se celebra el balotaje de las elecciones presidenciales en Chile. El modelo de referencia en materia de sanidad para uno de los dos candidatos (Gabriel Boric de izquierda), es el Servicio Nacional de Salud británico (NHS), como lo era para Don Berwick, el ideólogo de la Reforma Obama ( Affordable Care Act). Una propuesta que a Berwick le costó el puesto acusado de “rojo” por el partido republicano, y  que es desacreditada por los ideólogos del otro candidato a la presidencia de Chile ( el candidato neofascista José Antonio Kast), por su elevada deuda y lista de espera.

Paradojas de la vida: mientras el modelo de un sistema integrado de salud como el NHS sigue siendo para muchos países del mundo el mejor camino para conseguir un sistema sanitario barato, equitativo, y humano, en la propia Inglaterra se desintegra, socavado en sus cimientos por treinta años de políticas neoliberales, iniciadas por su principal representante( Thatcher) y profundizadas por todos los gobiernos británicos desde entonces, no sólo conservadores sino también laboristas. Los referentes ideológicos (mínimo estado, fomento de la competencia, salud como mercancía) son los que han inspirado desde el golpe el modelo económico, social y político chileno. Y que pretenden seguir imponiendo pero corregido y aumentado con todos los aderezos del populismo de la extrema derecha que avanza a buen ritmo en todo el mundo.

En 2012 ya dedicamos tiempo en este blog a analizar las consecuencias del Health and Social Care Act, la ley que modificaba radicalmente la esencia del NHS de la mano del gobierno de David Cameron: en ella se abdicaba de la responsabilidad del estado británico de proteger la salud de sus ciudadanos, limitando su papel al de la simple promoción. Ahora, diez años después, y una pandemia devastadora por medio, el gobierno de Boris Johnson no sólo no pretende revertir aquella ley, sino que se apresta a darle una nueva vuelta de tuerca que probablemente lleve a la definitiva demolición del NHS: registrada en la Cámara de los Comunes en julio de este año, ya en su tramitación por la Cámara de los Lores, the Health and Care Bill tiene como objetivo final mutar de un sistema nacional integrado de salud, (referencia durante todo el siglo XX para cualquier modelo de estado de bienestar), a un sistema similar al modelo norteamericano, donde la salud es un bien de mercado, cuya “mano invisible” permita que el acceso a la salud depende siempre de tu nivel de riqueza…eso sí con una pequeña ayuda para los pobres. 

En el punto de mira de la nueva ley están los principios básicos del NHS desde su fundación: su obligación de dar servicios sanitarios a cualquier habitante del país, la gratuidad en el momento de la prestación, la provisión del servicio en función de la necesidad (y no de la capacidad de pago), o la gobernación del mismo en delegación de los ciudadanos (que son sus principales financiadores a través de sus impuestos). En lugar de ello tendrán derecho sólo aquellos inscritos en alguna de las entidades más o menos difusas de nueva creación, los Integrated Care System (ICS NHS bodies), algo que ya hizo el gobierno Rajoy en España al sustituir el ciudadano por el asegurado como sujeto de derecho en 2012.

Las nueva ley da enorme poder al gobierno pero sin establecer los correspondientes sistemas de rendición de cuentas, haciendo cada vez más opacos los procedimientos y presupuestos de contratación con los proveedores ( crecientemente privados), como ya se puso de manifiesto en la adjudicación a dedo de la mayor parte de los contratos en los dos primeros años  de pandemia. El control sobre los proveedores se diluye cada vez más. Y el viejo rol de los médicos generales como profesionales independientes es cada vez mas vampirizado por las grandes compañías norteamericanas.

La profesora Allyson Pollock lleva meses describiendo este proceso. Las resistencias de la sociedad británica, desde personajes anónimos hasta artistas, intelectuales o profesionales reconocidos es cada vez mayor, al ver como se destruye una de las señas de identidad de la sociedad y la cultura británica.

La avaricia de las grandes multinacionales de la salud no tiene límite: una vez agotado el mercado norteamericano primero y latinoamericano después, su objetivo prioritario es destruir los modelos de bienestar europeo como también describieron Reynolds y McKee: la apertura definitiva de la ostra..

En Chile la razonable y admirable propuesta del candidato Boric de construir un sistema como el británico se enfrenta décadas de mercantilización de la salud en la que una intervención quirúrgica sencilla puede suponer esperar años de espera o pagar 20000 euros. En España la locura colectiva de “fervor ayusiano” ignora de manera suicida lo que está ocurriendo en esa comunidad autónoma: la aplicación sistemática de una de las medidas esenciales para desmantelar los sistemas sanitarios públicos: reducir y reducir y reducir su financiamiento, depauperar las condiciones laborales hasta que llegue un momento que no haya más remedio que contratar un seguro privado porque el sistema público simplemente se desmoronó. Y lo que es aún más preocupante es que la alternativa política a ese modelo en España sigue ciega ante la necesidad acuciante de apuntalar , reforzar y proteger el sistema sanitario público. La urgencia se convirtió  en emergencia.  Y una vez destruido un sistema público ( como ocurrió en Chile en los 70) recuperarlo se convierte en una tarea casi imposible.

Chile se juega su futuro el domingo. España lleva ya tiempo jugándoselo. E Inglaterra ve cómo se viene abajo uno de sus pilares esenciales.


Imagen: Rikki Blanco en El Pais

viernes, 10 de diciembre de 2021

El razonable , imprescindible e improbable futuro de Fernando Fabiani

 


Fernando Fabiani lleva años realizando una tarea impagable en la lucha contra la medicalización completa de la vida a la que tan aficionados son muchos colegas, supuestos expertos en ciencia y medicina, políticos de pocos escrúpulos y la práctica totalidad de los medios de comunicación. Sea cual sea la empresa, canal o programa , todos esos llamados “grandes comunicadores” de este país, los que cada septiembre se hacen fotos molonas sonriendo a la cámara y dando supuesta imagen de credibilidad preocupados por el espejito mágico del estudio General de Medios, incorporan a sus programas a prepotentes “especialistas”, encargados de bombardear sistemáticamente los oídos y los cerebros de sus oyentes con mensajes sobre el infinito poder de la medicina, los increíbles beneficios de los nuevos fármacos y vacunas y la imperiosa necesidad de acudir al médico ante cualquier contratiempo de la vida cotidiana. Fabiani por el contrario aplica un sentido común cada vez menos común a desmontar buena parte de esos mitos. Tanto en sus múltiples intervenciones en televisión como en sus tres magníficos libros de divulgación, evita el camino fácil y completamente irresponsable de la mayor parte de divulgadores, multiplicados exponencialmente por la pandemia, auténticos generadores no sólo de miedo y daño (la iatrogenia que generan sus propuestas generan mucho más mal que bien) , sino de imposibilidad de sostener el sistema sanitario en su conjunto.

Fernando Fabiani acaba de publicar en Atención Primaria un editorial ( la buena normalidad: cuando salimos mejores). Es una carta escrita desde el futuro, un futuro cercano, el año 2026.  Me recuerda otro escrito similar escrito hace por Juan Gervas y Juan Simó (2015, el día a día de un médico de cabecera), pero en eseta caso escrito diez años antes.

Los dos son referencias llenas de futuros tan razonables como factibles, acompañadas de la esperanza de que tal vez acaben convirtiéndose en realidad. A la utopía de “los Juanes” ni siquiera nos aproximamos, encantados en esa década (2005-2015) de habernos conocido, de disfrutar de “la mejor Atención Primaria del mundo” , como se empeñaban en repetir una y otra vez ministras, consejeros, presidentes de sociedades científicas y buena parte de los profesionales de la AP. Diez años después de plantearlo la situación no solo había mejorado sino que el desmantelamiento de la Atención primaria avanzaba vertiginosamente en todas las comunidades autónomas ante la apatía, el silencio cómplice de muchos y la intencionalidad evidente de otros.

Todo lo que imagina Fabiani es de una necesidad más que evidente: poder disponer de autonomía para organizar el trabajo, , para montar la propia agenda, para dedicar a cada paciente el tiempo que necesita, para atender a las personas que viven en residencias de forma digna, o mejor aún , para desinstitucionalizarla en la medida de lo posible, como se realizó en la reforma psiquiátrica. Algo esencial, puesto que la mayor parte de los muertos por la pandemia ocurrieron en esos centros (cuya gestión sigue sin ser evaluada de forma independiente).Como es imprescindible que el mensaje tan manido y políticamente correcto de que la Atención Primaria es el centro del sistema sea alguna vez, de verdad, tenido en consideración por medios de comunicación, políticos y la sociedad en su conjunto.

Para todo ello se precisan dos requisitos fundamentales: una financiación extraordinaria, espectacular, desmesurada, y un rediseño completo de la Atención Primaria.¿Factible? Sí.

¿Probable? No. En el fondo no hay verdadero interés por parte de nadie en que el razonable y necesario futuro que imagina Fabiani sea realmente posible en 2026. A las pruebas y avances me remito.

martes, 7 de diciembre de 2021

Y WONCA despreció a Latinoamérica



Pues sí, como era de prever WONCA despreció una vez más a Latinoamérica en el momento de elegir quien la preside. Afortunadamente entró Pilar Astier, brillante médica de familia española en su Comité Ejecutivo, pero dados sus méritos no haberlo hecho habría tenido muy difícil explicación. Como no la tiene en modo alguno la elección de Karen Flegg como presidenta en lugar de Viviana Martínez Bianchi. Nadie discute los posibles méritos de la futura presidenta, mujer con años de dedicación a las tareas burocráticas de la organización. Pero cuesta imaginar cuales son las razones por las que un candidato nacido en Lationoamérica sigue sin presidir la Organización Mundial de Médicos de Familia 50 años después de su constitución, y aún más cuesta encontrar  los extraordinarios méritos de Australia para que 4 de los presidentes en toda la historia de la Asociación Mundial de Medicina de Familia procedan de ese país (un 20%): un país de apenas 25 millones de habitantes (algo más de la mitad de España), cuando los dos continentes sistemáticamente ignorados engloban una población de 667 millones (Latinoamérica) o de 1216 millones ( África).

Todo ello lleva inevitablemente a una interesante conclusión, y es la de que este tipo de lobbies no aspiran en modo alguno una participación equilibrada de las diferentes regiones del mundo, sino simplemente mantener el equilibrio de poder entre los de siempre, los padres fundadores del tinglado. Hoy en día ( y posiblemente por muchos años) no deja de ser un club reservado a los países más ricos del mundo, que mira con una mezcla de suficiencia y menosprecio a lo que se realiza en el resto; un resto (el Asia no china, el este de Europa, África y Latinoamérica) que es precisamente la parte del mundo más necesitada de visibilidad sobre su realidad, pero que a la vez podría también enseñar mucho en cuanto a innovación, creatividad, ilusión y sobre todo, capacidad para trabajar en las circunstancias más adversas.

En modo alguno puede ignorarse o despreciarse el aporte que supone la experiencia de tantos cualificados colegas que llevan dedicando toda su vida al ejercicio de la medicina familiar desde cualquier lugar del mundo. Buena parte de nuestros referentes principales ( desde Tudor Hart a Starfield, de Iona Heath a McWinney o Julio Ceitlin) lo fueron no siendo precisamente jóvenes. Pero llama mucho la atención la gerontocracia que domina las organizaciones profesionales en el mundo con honrosas excepciones. 

Bien es cieerto que mientras los sistemas de elección permitan que el voto de unos países tenga mucho más peso que el de otros, WONCA seguirá en manos de los de siempre, que seguirán determinando el modelo de referencia para el futuro, muy parecido al del pasado.

Algo similar a los que se puede esperar de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, en la que tienen derecho a voto a la hora de elegir presidente únicamente los compromisarios y los miembros de su propia Junta Directiva, modelo de elección que hay que reconocer que está solo al alcance de las organizaciones que se mantienen imperturbables ante el paso del tiempo, sea la Iglesia Católica o el Real Madrid.

Una lástima, porque el futuro es tan atroz que probablemente precise de miradas diferentes, en espacio y tiempo, y en especial liderado por aquellos que vivirán ese futuro, del que muchos de nosotros nunca disfrutaremos.