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jueves, 24 de septiembre de 2015

El intuitivo arte de cortejar a la naturaleza

"La mayor parte de los pacientes creen
que la muerte solo les ocurre a ellos,
nunca a sus médicos,

esos sabios de bata blanca
que nunca son imaginados desnudos o casados.

Engendrado por uno
al que debería conocer mejor,
“ La curación (me dijo mi padre),
no es una ciencia,
sino el intuitivo arte
de cortejar a la naturaleza”

Plantas  y bestias pueden reaccionar
de acuerdo al común
antojo de sus especies,
pero los humanos tienen
sus propios prejuicios
que no es posible preveer

Para algunos la mala salud
es una forma de ser importante,
otros son estoicos,
unos pocos fanáticos
que no se sentirán felices
hasta ser abiertos por el cuchillo.

Advertido por él de que rehuyera
al sádico, al engreído sabio,
o al obsesionado por el coste,
supe cuando nos conocimos 
que había encontrado un consejero
que pensaba como él.

Tu mismo fuiste, una víctima
de la ingeniería médica
y su arrogancia,
cuando bombardearon
tu enferma pituitaria
arrasándola.

“Cada enfermedad
es un problema musical,”
decía Novalis,
“y cada cura
una solución musical”.
Sabías eso también.

No es que, en mi caso,
escucharas cualquier
devastadora discordancia
para resolverla;
hasta la fecha mis órganos
están bastante seguros
de su propia identidad.

Para mis nimios achaques
tú, mortalmente enfermo,
prescribiste con éxito.
Mis mayores vicios,
mis adicciones dementes
las dejaste
a mi propia conciencia

El conocer tu propio atolladero
me convenció de que podía
confiar en ti,
el saber que
si me estuviera muriendo,
me dirías: no me insultes
con historias de consuelo

¿Deben los diabéticos
enfrentarse a su impulso
hacia la autodestrucción?
Un día me dijiste:
“ es solo el mal genio
el que me mantiene vivo”.

Pero ni la ira ni la lujuria
son omnipotentes
ni deberíamos querer
que nuestros amigos
fueran sobrehumanos

Querido David
Descansa en paz, habiendo sido
lo que todos los médicos
deberían ser
pero pocos son.
Incluso en las condiciones más difíciles
merecedor de nuestro
sesgado afecto
e imparcial alabanza

The art of healing. W H Auden


En Musicofilia, el neurólogo Oliver Sacks, cuenta el asombro que produjo en su amigo Auden asistir a una de las sesiones que realizaba la terapeuta musical  de Sacks, Kitty Styles, capaz de identificar siempre lo que podía estimular a sus pacientes, por incapacitados que estuvieran. Sacks le recordó aquellos versos de Novalis ( “toda enfermedad es un problema musical, toda cura una solución musical”), reconociendo que su capacidad de diagnóstico iba estrechamente ligado a la percepción de disarmonía que descubría en un paciente.

Auden incluyó aquellos versos en el poema que compuso en memoria de David Protetch, su médico de cabecera, muerto de un tumor hipofisario, y que apareció e la edición de The New Yorker del 27 de septiembre de 1969, hace casi 46 años ( en la imagen). Aquel poema, “The art of Healing” no es solamente un prodigio de composición rítmica ( para poder apreciarlo nada mejor que leerlo en su versión original, que pueden leerse aquí), sino sobre todo una declaración de principios de lo que supone el ejercicio de la medicina.
Para empezar, reconocer que aunque no lo parezca, los médicos también enferman, se angustian ante el pronóstico, sufren y mueren. Que entre ellos los hay de todo tipo de pelajes, sádicos, sobrados, histriónicos y obsesionados por la pasta ( propia o ajena), al igual que la naturaleza humana emplea la enfermedad de mil formas posibles: entregándose a ella, aceptándola con resignación, e incluso utilizándola para manipular a los demás .
También los médicos pueden acabar sufriendo las despiadada acción de la maquinaria sanitaria, juramentada para  eliminar cualquier tumor aunque sea a costa de acabar con la vida.
Auden percibe lo que es un buen médico, algo que debería estar al alcance de cualquiera, pero que muy pocos logran. Algo que implica reconocer la independencia del sujeto que se atiende, asumir que sus vicios y adicciones son asunto suyo, a cuyo abordaje no estamos invitados.
Trabajar en definitiva en las antípodas de las cadenas de montaje y estandarización de  nuestros sistemas sanitarios, reconociendo que cada ser humano es un caso único, por mucho que sus parámetros lo condenen a ser deportado al limbo impersonal de “ los diabéticos”.

El intuitivo arte de cortejar a la naturaleza. No puede definirse mejor el complicado ejercicio de la (buena) medicina. 


PD. Mi mayor agradecimiento a mi amigo José Francisco García, buen conocedor de Auden, quien fue dejando este poema por buena parte de sus destinos 

2 comentarios:

  1. Preciosos, tanto el poema, el recuerdo de Novalis o del recientemente fallecido Sacks, como tu propio post.
    Nunca sobrará la insistencia en la singularidad del paciente, en la del médico (también a su vez paciente actual o futuro) y en la de la relación única, tantas veces ausente, que puede darse entre ambos.
    La “cadena de montaje”, esa medicina industrializada que, por serlo, ya no es medicina sino técnica aplicada, facilita que en vez de hablar de alguien se diga de él que “es” una neo de pulmón, una hipertensión no complicada, una EPOC etc. La enfermedad pasa a ontologizarse, a tomar el ser paradójicamente en su propia falta. Y tal vez eso explique la locura de instar a “luchar” contra el cáncer que le haya caído en desgracia a uno. El propio poema sugiere, por contraste con el médico al que le es dedicado, cómo se tiende a culpabilizar al paciente precisamente por serlo. O fuma, o bebe, o no se hace chequeos, o no guardó cama, o lo que sea. (Gervás lo denunciaba muy bien en uno de los videos que recogiste en otro post).
    Tenemos una medicina que aspira a la certificación, como “maquinaria sanitaria”. El gran modelo inicial, la industria automovilística, acaba de mostrar que no hay garantías desde sellos certificadores. Nunca hay garantías. Podría decirse que los muertos en la tragedia aérea de los Alpes lo fueron por una medida de seguridad (la puerta cerrada evitó al potencial terrorista externo, pero no al loco protegido por ella). La obsesión estúpida por la ISO ya lleva haciendo cosas en nuestra sanidad similares, aunque de menor grado de inteligencia, a lo que dicen que hizo Volkswagen. Que un enfermo sea bien o mal atendido ya parece tema menor; lo importante es que lo sea en según un protocolo y que, si le toca morirse, al menos se muera ISOficado.

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  2. Muchas gracias Javier
    El ejemplo de Volkswagen es magnifico. Tantos años presumiendo de fiabilidad, garantía absoluta de calidad en materia de fabricación de automóvil y ninguno de los sistemas de garantía de calidad supo detectar el fraude.
    vengo de una reunión donde el pacientes es , como bien dices, una enfermedad cuando no un código. El sistema debe organizarse a la manera de una empresa de muebles.
    Ikea es el paradigma moderno de lo que debe ser el sistema sanitario ahora que ha fallado la industria del automóvil como modelo

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