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martes, 3 de noviembre de 2015

De cómo el alma descarga sus pasiones en objetos falsos cuando los verdaderos vienen a faltar

“Un gentilhombre de los nuestros que sufría atrozmente de gota, forzado por los médicos a dejar totalmente de comer carnes saladas , acostumbraba a responder con humor que en los sufrimientos y tormentos de su mal , quería tener algo a lo que culpar y que lamentándose y maldiciendo ya a la salchicha , ya a la lengua de buey, ya al jamón , sentíase mucho más aliviado”.
De cómo el alma descarga sus pasiones en objetos falsos cuando los verdaderos vienen a faltar. Ensayos. Montaigne.1533-1592

Leyendo a Montaigne uno no sabe que pensar: si el inmenso genio del francés le hizo predecir cual sería el tema de preocupación  cinco siglos después , o si el género humano tiene siempre las mismas angustias que resuelve siempre de similar forma. Posiblemente ambas cosas sean ciertas.
Se preguntaba en el mismo ensayo: ¿Cuántas causas no inventamos para las desgracias que nos ocurren? ¿A cuantas cosas no nos agarramos, con razón o sin ella, por tener algo que esgrimir?”.
Es regocijante ver como autoridades sanitarias, preventivistas del ideal y científicos de medio pelo se afanan para alertar de los graves peligros de la carne ( a la manera de nuevos asesores espirituales) , para acto seguido modular sus admoniciones matizando que la carne también tiene sus cosas buenas.
La desgracia debe tener causa. No hay situación que genere más incertidumbre  a la profesión médica que no encontrar el culpable de una enfermedad incurable. No hay mayor satisfacción, por el contrario, que la que produce comprobar que el tipo con cáncer de pulmón fumaba como un bellaco, sin atender a las advertencias de los sacerdotes de la salud: “se lo ha buscado”, sentencian con un brillo en los ojuelos.
Entre mis viejos compañeros de residencia se ha  puesto de moda hacerse una colonoscopia periódica: es un signo de distinción, como el que es socio del club de campo. Se las hacen unos a otros ( yo también me la hago la semana que viene, dice con convicción el anestesista al cardiólogo que es cribado por el gastroenterólogo) y salen tan pletóricos como el que acaba de terminar un partido de pádel ( el squash , otrora sumamente cool, queda tan lejano como el levantamiento de piedra).
El mismo día en que se publicó el informe sobre la carne en la web de la OMS, (y a cuyo panal acudieron un montón de moscas sanitarias a explicar su amplio conocimiento de la pirámide alimenticia) , un prestigioso experto advertía de los graves males que acechaban a los que osan traspasar la delgada línea roja de los 50 gramos de carne por ración ( ¡ay de ti satanás, si osas cepillarte la ristra del chorizo del pueblo de tu madre en una semana¡). El cáncer en general, y el de colon en particular, suponía la mayor amenaza para la salud de las poblaciones modernas. Aún con el temor salubrista metido en el cuerpo , la incauta periodista pasaba entrevistar al director de una innovadora unidad de ictus , que le advertía con similar severidad de la terrible amenaza que supone el ictus para las poblaciones modernas.
Nadie cuestiona que el cáncer es una de las principales causas de muerte en todo el mundo. Y lo es el ictus. Y la malaria. Y la guerra, la deportación, o la huida. Y sobre todo el hambre.
Y aunque haya veces que uno se empeñe en comprar todas las papeletas del sorteo que da billete a cambiar de barrio, a menudo la muerte es ciega, e injusta, y tremendamente cruel. Porque al  fin y al cabo “La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido” como escribía Shakespeare en Macbeth.
Hacer creer a la gente que su suerte está en su mano si siguen estrictamente las órdenes del doctor es tomarles el pelo. Las enfermedades son muticausales, por desgracia no dependen solo de una loncha de bacon. Y a menudo aparecen sin haber hecho ningún mérito para contraerlas. Y si lo hemos hecho, lo que menos necesita el paciente es escuchar lo que yo escuchaba de mi madre: “ ya te lo decía yo”.

Como acababa Montaigne  en aquel ensayo “ jamás proferiremos bastantes injurias contra el desorden de nuestro juicio”

2 comentarios:

  1. Sergio, magnífica la observación del "club de distinción" de los mirados por dentro. Claro que parece más elegante quizá un TAC de cuerpo entero. Todo se andará.
    La enfermedad como pecado renace con vigor y la televisión se ceba en advertirnos en todos los telediarios de tantas tentaciones que nos llevan a la perdición.
    Quién nos iba a decir que los enemigos del alma lo serían también del cuerpo. El mundo, como globalización, nos trae enfermedades tropicales y avispas extrañas, el demonio nos insta a vivir la vida despreocupados de la salud e incluso fumando y bebiendo, y por último la OMS nos recuerda el peligro de la carne, esta vez en su aspecto alimentario, porque en el sexual ya llevamos advertidos mucho tiempo de los riesgos de excesos y defectos, con sexoadictos por un lado y "disfuncionales" por el otro.
    Mencionas el ictus. Además de un santoral de enfermedades, se da también, como con las canciones, una especie de las 40 principales y creo que a día de hoy el ictus está desplazando seriamente en cuestión de miedos populares al mismísimo infarto.
    Los factores de riesgo ya hipermedicados se van a quedar ridículos en cuanto se popularicen los tests genéticos que nos den la batería de enfermedades y sus probabilidades asociadas en esa nueva vertiente de lo que llaman medicina personalizada
    Con razón decía alguien (creo que era Bauman) que ahora ya nadie muere de mortalidad.

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    1. Sobre el TAC de cuerpo entero ya publicó un artículo en JAMA Welch en donde se señalaba que cerca del 60% de la población americana elegía hacerse un TAC de cuerpo entero antes que recibir 1000 $ en efectivo
      Aqui no se como saldría la elección ( vivimos en un sistema donde se considera que este tipo de prestaciones es cosa del estado) pro en cualquier caso nadie rechazaría hacerse una colonoscopia, TAC, RMN o PET con tal de quedarse más tranquilo sobre el posible crecimiento de sus presuntos tumores.
      Interesante la conversión de los enemigos del alma en enemigos del cuerpo, posiblemente porque ya a nadie preocupe mucho el alma

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