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miércoles, 31 de marzo de 2021

La extinción de la Primaria ( y III): los responsables

 


“Los partidos se han desconectado tanto del resto de la sociedad y  se dedican a una competición tan carente de significado,  que ya no parecen capaces de sostener la democracia en su forma actual”.

"Gobernando el vacio".Peter Mair, citado por Ricardo Dudda en “la privatización de la política

El responsable es el pueblo. Esa gente vil y miserable que no permite, con sus extraños comportamientos que bajen las cifras, que disminuya la incidencia acumulada, que dejen de morirse de una maldita vez y nos siga colocando en ese puesto de honor que supone estar entre los 10 países del mundo con mayor número de muertos y el cuarto en muertos por millón entre los países con mayor número de casos. La gente es responsable de estar donde estamos por no ponerse la mascarilla en cualquier lugar y circunstancia, por querer tomarse una cerveza, por salir al monte, por reunirse a comer con la abuela un año después de que la pesadilla comenzara, por hacer fiestas…Por supuesto que en España existen impresentables, irresponsables y tarados de diversa consideración, algo que en otras circunstancias no hemos querido ni asumir ni reconocer. Éramos un país casi perfecto en que casi todo funcionaba bien y la ciudadanía era sabia y responsable. Pero dudo mucho que el porcentaje de imbéciles español sea mayor al de Holanda, Turquía o Colombia. La mayor parte de la población es sensata, razonable y se comporta con una paciencia incluso excesiva. Sin embargo no es esa la imagen que (en una alianza perfecta con los diferentes gobiernos españoles) transmiten los medios de comunicación: todos los telediarios del país dedican buena parte de su duración a reproducir una y otra vez imágenes culpables ( del pueblo por supuesto): una mujer sola a la que los abnegados policías deben reducir de forma contundente ante su negativa a ponerse una mascarilla en una calle solitaria de noche, semidelincuentes bebiendo una cerveza en una terraza sin mascarilla, o adolescentes pillados in fraganti debajo de un colchón en una fiesta privada. Como semejante campaña de generalización de comportamientos punibles no está teniendo mucho efecto en el descenso de las cifras hasta la mítica incidencia de 50 la irritación de políticos y lacayos del poder crece. 

Dos medidas vienen a darle otra vuelta de tuerca al pueblo, miserable y desobediente: una es la obligatoriedad absoluta de portar mascarilla en todas las circunstancias y lugares, incluido por ejemplo en playas y piscinas, o al simple hecho de caminar al aire libre manteniendo la distancia de seguridad: el mismo argumento que se emplea para justificar la apertura de terrazas (la menor transmisión mediante aerosoles) se emplea para justificar lo contrario ( aún así puede transmitirse si se está tumbado en una playa). Por cierto, algunos de los países con mejores resultados en la gestión de la pandemia siguen sin considerarla de uso obligatorio en exterior. Pero mejor prevenir que curar, mejor reprimir que tolerar. En la misma línea va la segunda medida, mucho más grave: la vulneración de un derecho constitucional, la inviolabilidad del domicilio, con esas imágenes que debería avergonzar al gobierno y a su policía de destrozar puertas con arietes para entrar en domicilios particulares para detener a gente sin mascarilla, y que recuerda los peores momentos de la ley Corcuera de patada en la puerta, también curiosamente establecida por el partido socialista como bien señalaba Manuel Jabois. Con todo lo que hay que hacer, ¿no les parece grotesco, patético, penoso este ejercicio? ¿Como va a poder entrar la policía en un domicilio con el argumento de que el morador se niegue a que entre? Uno imaginaría ese tipo de leyes en gobiernos como el de Bolsonaro, el gobierno militar birmano o el de Orban. Pero es obra del moderno gobierno socialista español, medida que defiende con vehemencia y ante la cual la parte correspondiente a Unidas Podemos, calla.

Mientras tanto, nadie habla en llos noticieros de los responsables de “las causas de las causas” que señalábamos en el último post y que han conducido al desmantelamiento de un sistema sanitario público que se desangra mientras se atiende a si el cuerpo lleva la mascarilla adecuada. Gobiernos populares y socialistas se alternaron durante la primera década de este siglo de reducir año tras año el presupuesto destinado a la Atención Primaria, a incrementar su carga de trabajo reduciendo sus profesionales y a jugar con el empleo según sus intereses convocando oposiciones de forma arbitraria e interesada.

Gobiernos de todo signo político aceptaron con sumisión el objetivo establecido por la Troika de reducción del gasto sanitario público del 6.47 en 2011 al 5,5 en 2020, casi un punto del PIB, que como bien demostró Juan Simó afectó especialmente a la Atención Primaria.

No son temas para entrar en el telediario, claro. Como tampoco lo es la falta casi absoluta y casi generalizada de reforzamiento real de los profesionales, con contrataciones efectivas, estables y dignas de nuevos refuerzos; el argumento esgrimido por los verdaderos Responsables de esa medida es que no los encuentran: lean por favor esta noticia sobre los que optan por marchar, y esta otra (sobre los que no pueden entrar) para averiguar donde están los responsables, que por cierto no se esconden en ninguna fiesta clandestina.

Una de los medidas reiteradamente señaladas como más necesarias en cualquier pandemia es realizar una adecuada trazabilidad de los casos: Testar, Trazar, Aislar y Apoyar. Hacerlo bien requiere de una gran inversión, puesto que se precisa contratar, formar y retribuir a muchos profesionales, y los fondos para el último verbo ( Apoyar) pueden ser descomunales.  Hace casi un año presentábamos en este blog las necesidades de profesionales que debería llevar una adecuada campaña de trazabilidad si España se comportase como lo estaban haciendo otros países. En ella también señalábamos que, según lo realizado en los países asiáticos que mejor habían realizado esta estrategia, llevaba al menos 12 horas realizar el seguimiento de un solo caso a un profesional. Nada de ese refuerzo, de esa dedicación de tiempo, de esa captación de contactos ( 4 en el mejor de los casos en España frente a más de 30 según el ECDC) hablan de la grave responsabilidad gubernamental en lo que está ocurriendo. Pero eso no es noticia.

No es en modo alguno que la solicitud de evaluación externa de la gestión de la pandemia en España haya sido respondida por el gobierno español con el más absoluto de los desprecios. De hacerse pondría el foco en un ámbito de responsabilidad de la que los políticos y sus asesores huyen como de la peste. Hablando de epidemias, le temen mucho más a eso que al verdadero control de la pandemia.

 

Dibujo de El Roto en El Pais

martes, 23 de marzo de 2021

La extinción de la Primaria (II). Las causas de las causas: el desierto de los tártaros

 


“Absurdo, refractario a los años, se conservaba en él, desde la época de la juventud, aquel hondo presentimiento de cosas fatales, una oscura certidumbre de que lo bueno de la vida aún tenía que empezar”.

El desierto de los tártaros. Dino Buzzati.1940.

El progresivo proceso de extinción de la Atención Primaria no comenzó con la pandemia, ni siquiera con la crisis económica de 2008, como algunos quieren hacer creer, sino bastante tiempo antes. Es cierto que la pandemia ha degradado la Primaria hasta hacerla completamente invisible ( en la reciente entrevista del mediático Évole al no menos medíático Simón, no hubo ni una sóla mención a la Atención Primaria más allá de comentarios globales sobre falta de equipamiento). La impresión creciente para parte de la población y también de los colegas hospitalarios es que la AP “cerró” en marzo de 2020 y no volvió a abrir. Ninguna autoridad sanitaria ha hecho el más mínimo esfuerzo por contradecir esta impresión con medidas destinadas a informar realmente a la población de a qué se estaba dedicando la Primaria. Ésta, por su parte se encuentra al borde del colapso absoluto, con muchos profesionales de medicina y enfermería medicados para poder continuar cada día.

La Ministra de Hacienda María Jesús Montero (una de las personas que más ha perjudicado siempre a la Atención Primaria (AP) durante el desempeño de su cargo como consejera de Salud o Hacienda en Andalucía), garantizó reforzar los Presupuestos General del Estado en 2021 con 1.098 millones de euros para la AP, cantidad similar a la destinada a vacunas: las vacunas se empiezan a ver ( a un ritmo penoso), pero la AP sigue en situación similar al principio de la pandemia, o mejor dicho, radicalmente peor porque aún los políticos encargados de asignan fondos no se han enterado de que los profesionales que atienden a sus electores llevan un año de trabajo intensivo sobre sus espaldas.

Para algunos ingenuos la cantidad de 1089 millones podría parecer un gran refuerzo para la Atención Primaria, pero ya de antemano se señala que irán destinado en una buena parte a renovar las tecnologías sanitarias, con lo que  el presupuesto asignado a incrementar y consolidar plantillas y reducir precariedad laboral será sensiblemente menor. En cualquier caso el documento estratégico de la Organización Mundial de la Salud para la Asamblea Mundial de Naciones Unidas de septiembre de 2019 (solo unos meses antes de la pandemia) instaban a los países a dedicar un 1% adicional de su PIB a la Atención Primaria de Salud (APS), bien sea con nuevos fondos o detrayéndolos de otras partidas que solo podrían ser hospitalarias. Eso en España debería suponer un fondo de 12.447 millones de euros, más de diez veces lo prometido por la señora Montero.

Repetidas veces se ha aludido a que las causas del derrumbamiento del sistema nacional de salud español durante la pandemia se debía a los brutales recortes realizados desde la crisis de 2008, recortes a los que tanto contribuyeron (aunque con diferente intensidad) todos los gobiernos españoles de todas las comunidades autónomas. Incluso lo afirman altos cargos políticos del partido que con más saña socavó los presupuestos del sistema nacional de salud, como el actual viceconsejero de la comunidad de Madrid. Ante la ausencia de evaluaciones e información de los decisores políticos de este país como reiteradas veces se les ha pedido, hay que recurrir de nuevo a Amnistía Internacional para encontrar datos de la magnitud del socavamiento: en su informe la Década Perdida se demuestra que mientras el PIB crecía un 8,6% entre 2009 y 2018, el gasto sanitario público caía un 11,21% y el gasto en Atención Primaria un 13,1%.,disminuyendo el porcentaje que se dedica a este nivel asistencial de un 14,39% a un 13,9%, en todas las comunidades autónomas.

Pero no es tampoco la crisis del 2008 la responsable de la actual; sus orígenes se remontan mucho más atrás: en un artículo que publicamos en AMF hace casi ya un año ( Lecciones no aprendidas de la pandemia de la Covid-19 , que siguen sin aprenderse), Juan Simó demostraba cómo la apertura de la tijera del gasto entre Atención Primaria y Atención Especializada comenzó mucho antes de la crisis de 2008, aunque con ésta y (en contra de lo que era razonable) se amplió aún más: solo en los 4 primeros años desde el inicio de la reforma de la AP (1984-8) creció de forma paralela el gasto entre AP y hospitales; desde entonces el crecimiento del gasto hospitalario ha llevado a aumentar hasta un 34% más ( 35% en gasto de personal). Entre otras razones porque ninguno de los actores del poder (políticos, medios de comunicación y jueces) utilizan la AP como dice Simó, pero también porque no les ayuda a ganar elecciones de la misma forma que lo hace ubicar un hospital en cada pueblo.

Cabe preguntarse cómo es posible que los profesionales de la Atención Primaria haya permitido esa falta crónica y creciente de presupuestos durante décadas. Para mantener adecuadamente dopada a la Atención Primaria se precisaba una política de personal que a todos los partidos beneficia, ampliamente aceptada por sindicatos y los propios profesionales: el “maná” (“el pequeño paraíso” de la plaza en propiedad para toda la vida blindada incluso tras ir a la cárcel), tenía un precio: someterse al perverso juego de las administraciones ( de todo signo y color) que las emplean como instrumento de control sobre los profesionales: convocadas de forma completamente arbitraria, sin respetar ningún pacto o regularidad, guiados únicamente por su interés político de usar las oposiciones como baza electoral manteniendo profesionales dóciles. Y esa espera eterna en el desierto se ha venido manteniendo mediante interinidades al principio, sustituciones más tarde, basura y contratos abusivos al final. Mantenidos año tras año porque España carece de profesionales dispuestos a defender sus derechos con la suficiente contundencia y solvencia cuando hace falta: ningún país de Europa hubiera permitido consultas de 5 minutos durante décadas sin levantar la cabeza (a no ser cobrando por cada acto, claro). Y aquí en cambio, se ponía como ejemplo de eficiencia hasta por parte de las sociedades profesionales. El maltrato y la aceptación del mismo se hereda en España de generación en generación, con el tiempo detenido como escribía Buzzati:

“Le pareció que la fuga del tiempo se había detenido, como un encanto roto. El torbellino se había hecho en los últimos tiempos cada vez más intenso, y después repentinamente nada, el mundo se estancaba en horizontal apatía y los relojes corrían inútilmente”.

viernes, 12 de marzo de 2021

La extinción: I. Los hechos

 

 


“Mi madre cumplió 90 años en febrero y estaba bien. Un día empezó a temblar y se cayó. Ahí empezó todo. Avisé al médico de cabecera y la visitó. Nos dijo que estaba bien. Mi madre le dijo que tenía dolor en zona lumbar y el médico le dijo que tenía que andar, pero mi madre no podía andar. Mi madre no mejoraba y en marzo nos dijeron que ya no podíamos ir a consulta. Llamábamos por teléfono y nos decían que le pusiéramos parches para el dolor y pastillas. Pero cada vez iba a peor y como el médico no venía a casa, la derivó al hospital. El médico nos dijo que iban a procurar que no tuviera dolor el tiempo que le quedara y pensamos: “¿Pero ya la dan por muerta?”. Solo venía la enfermera a hacerle las curas una vez a la semana, que nos atendía muy bien, y el resto de los días lo hacíamos mi hermana y yo. Hemos sido sus enfermeras, 24 horas al día. En abril, cuando estaba mucho peor, venían tres veces a la semana, pero el resto del tiempo éramos nosotras quienes la cuidábamos. Seguía sin poder hablar con el médico por teléfono y el enfermero me decía que ya no sabía qué mandarle. Nos mandaban parches para el dolor sin hacer exploraciones ni pruebas. En abril, cuando se acostaba, mi madre lloraba y tenía un dolor y un sufrimiento… En mayo volvió de su baja el médico de mi madre y le pedimos que la visitara, vino dos o tres días después. Repasó lo que tomaba, le quitó mucha de la medicación y le mandó otra. El 22 de mayo la llevamos a urgencias porque estaba como en coma, no se movía. Pasamos allí toda la noche y a las nueve de la noche le dieron el alta. Al día siguiente la volvimos a llevar y estuvo tres semanas ingresada. A la primera semana le quisieron dar el alta, pero yo pregunté: “¿Cómo le vais a dar el alta?”. Tenía una sonda, los riñones no le funcionaban, el corazón infartado, y me dijeron que para lo que había ido ya estaba bien. Vino otra doctora y dijo que tenía que seguir ingresada. El 13 de junio falleció. Fue un sufrimiento contante desde febrero. Desde entonces hasta junio solo tuvo dos visitas del médico en casa. ¿Por qué ahora en la pandemia, cuando más se necesita la atención, estamos así? Un poco más de humanidad es lo único que pido. La gente mayor ha estado sosteniendo a la familia, solo pido que se les haga más caso".

María, Castilla La Mancha.

 

"La queja que yo tengo es que no nos ven. No me siento bien con esa forma de atender, un médico tiene que ver al paciente, ahora no te ven la cara, los brazos, las manos. En esta situación yo querría ver a mi médico para poder explicarle lo que me pasa, porque por teléfono a veces se te olvidan las cosas. Quiero que mi médico me cuide"

Luisa, Castilla la Mancha

"Llega un momento que si no tienes ayuda no puedes, ellos te obligan a dar un móvil pero mi madre no tiene un móvil. El sistema se tiene que adaptar a la persona, no a lo que se quiere que las personas hagan. Sientes impotencia. En plena crisis de la pandemia, mi hermana y yo decíamos: “Si mamá se pone mala ¿qué hacemos? No vendrá nadie, ni la atenderán”

Dolors, Cataluña

"Cuando mis pacientes me cuentan sus no despedidas de su gente es terrible, el no poder hacer despedirse de un ser querido, el que te entreguen unas cenizas sin despedida ni duelo... esto es una obligación social para los dolientes, pero no hay psicólogos que los atiendan. Vamos a pagar esto por mucho tiempo. Necesitamos más psicólogos que acompañen el duelo”.

Maria Luisa, médica. Castilla La Mancha

 “La violencia de género se ha escondido detrás de la pandemia, ha habido mucha más de la localizada, estoy convencido. La única manera de detectarla es el cara a cara con las personas, es cuando eres capaz de detectar pequeños matices, y eso lo estamos perdiendo con la consulta telefónica”.

 Raúl Calvo, médico de Castilla-La Mancha.

Estos son los hechos. Solo cinco muestras de las múltiples que incluye el informe de Amnistía Internacional La Otra pandemia, entre el abandono y el desmantelamiento: el derecho a la salud y la Atención Primaria en España, que ruego encarecidamente que la lean entera ( entre otras cosas porque pocas evaluaciones independientes más van a poder leer). Las conclusiones de este informe comienzan así:

“El sistema de atención primaria en España ha sufrido dos pandemias. La primera, la de la COVID-19. La segunda, la gestión llevada a cabo por las autoridades centrales y autonómicas, que ha adolecido de falta de planificación, inversión y transparencia para afrontar la primera”.

Mañana se cumple un año de la declaración del estado de alarma en España como consecuencia de la pandemia Covid-19. Hace más de siete meses solicitamos una evaluación independiente de la gestión de la misma a la que las autoridades del gobierno central y todas las comunidades autónomas respondieron con el más absoluto desprecio. El “gran Illa” debe aún estar riendo de aquella tremenda muestra de atrevida ingenuidad. Afortunadamente Amnistía Internacional (AI) sí la ha realizado:. AI es una Organización que trabaja por “el derecho a la verdad, justicia y reparación de las víctimas de graves abusos”, defendiendo a las personas migrantes y la dignidad de las personas pobres, así como a las víctimas de la violencia a manos de los Estados. No estamos hablando de un lejano país africano en este informe; estamos hablando de España.

La contundencia del informe es demoledora: describe con fiabilidad y precisión la terrible demostración de abandono, maltrato y desprecio de todas y cada uno de los gobiernos regionales dde este país hacia la Atención Primaria.

Se atribuye al físico y matemático británico William Thompson Kelvin el aforismo reiteradamente utilizado de que “Lo que no se define no se puede medir, lo que no se mide, no se puede mejorar, lo que no se mejora, se degrada siempre”. Aunque buena parte de lo que realizan los servicios sanitarios es intangible, el informe de AI describe bien lo ocurrido en la AP en este año miserable: nunca se definió que debía hacer ( y lo que era competencia de otros), por supuesto jamás se midió nada, y la imposibilidad de mejora alguna condujo irremediablemente hacia la completa degradación.

Nada mejor que la declaración de Clara Benedicto para resumirlo:

“Los profesionales de atención primaria, cada uno a su manera y en su contexto, estamos rotos. La atención primaria ya estaba forzando, pero sostenía el trabajo porque tenía algunos alicientes, principalmente la esperanza de mejorar y el vínculo con las personas a las que atendemos. Todo eso se ha roto. Nos hemos sentido muy maltratados y desoídos. El ambiente ahora es de desolación y de enfado y de desesperanza. Los días que descanso tengo pesadillas con el trabajo. Antes de ir a trabajar tengo ansiedad anticipatoria. Esto les pasa a casi todas mis compañeras.

Tengo la sensación horrible de que en los momentos de mayor estrés dejo de ver personas, de que es trabajo que hay que sacar adelante...Me estoy convirtiendo en un tipo de profesional que no quiero ser. He pedido una excedencia. Hasta ese punto he llegado. Muchos lo están pensando”