miércoles, 23 de abril de 2014

¿Protocolos?... ¿ o Expertos?

El 23 de julio de 1983 un Boing 767 de la compañía Air Canadá despegó de Montreal con destino a Edmonton con 61 pasajeros a bordo. Lo tripulaban el comandante Robert Pearson y el segundo, Maurice Quintal. Al alcanzar la altura de 41000 pies el avión se quedó sin gasolina, una emergencia tan extraña como inusual al existir múltiples barreras que deberían haber evitado que algo así sucediese.
Primero dejó de funcionar el motor izquierdo. Ante la situación Pearson optó por desviar la ruta de Edmonton a Winnipeg a solo 128 millas de distancia. Poco después la bomba de combustible del motor derecho dejó también de funcionar y Pearson y Quintal escucharon por vez primero en su vida un sonido que ningún piloto querría escuchar: el que avisaba de que los dos motores del avión habían fallado. Debido a ello las luces de cabina del avión ( alimentadas también por la energía generada por los motores) se apagaron. Otro problema aún mayor se derivaba de la pérdida de los dos motores: éstos también alimentaban el sistema hidráulico, imprescindible para el despegue y aterrizaje.
Como siempre ocurre cuando la seguridad falla, una serie de “agujeros” se habían alineado en el famoso queso de Reason, para producir la avería. El primero fue paradójicamente una medida destinada a mejorar la seguridad en vuelo: la existencia de dos sistemas de medición de combustible, que permitían disponer de un sistema adicional de medición, en caso de fallar uno de ellos. Ambos se integraban a través de un procesador que confrontaba la información procedente de cada uno. El día anterior al accidente, uno de los canales falló. Tras aterrizar, un mecánico intentó solucionar la avería pero no encontró la causa, por lo que procedió a inactivar el canal estropeado, puesto que con un solo canal funcionando el avión podía  continuar volando, según los protocolos de la aeronave.
El día 23 el avión voló de Edmonton a Montreal sin problema. Pero al llegar allí un segundo mecánico intentó solucionarlo definitivamente, para lo cual activó de nuevo el canal estropeado. Distraído por otro encargo no reparó la avería, pero tampoco volvió a bloquear el canal afectado ( segundo fallo).  Cuando Pearson se hizo cargo del avión y comprobó la incidencia revisó el manual de operaciones, encontrando que en esas condiciones no podía volar. Pero las recomendaciones del mismo habían sido cambiadas más de 55 veces en los 4 meses  que el 767 llevaba en vuelo en Air Canadá, por lo que optó por hacer lo más razonable: consultar a los mecánicos. Éstos habían autorizado el vuelo, aunque persistiera el problema con los indicadores de combustible ( tercer fallo). En esos casos los mecánicos sí consideraban imprescindible realizar un cálculo adicional del combustible disponible en los depósitos. Y lo hicieron. Pero Canadá había cambiado hacía poco las unidades de medida “imperiales” ( galones y libras) al sistema métrico decimal ( litros y kilos). Se equivocaron en el cálculo y Pearson despegó con la idea de que llevaba 22.300 kilos cuando en realidad solo cargaba 10.000 ( cuarto fallo).
Cuando Pearson y Quintal comprobaron que no funcionaban ni los motores ni el sistema hidráulico revisaron todos los manuales de procedimiento del avión. Pero no existían procedimientos establecidos para una emergencia de esas características. Afortunadamente para los 61 pasajeros, Pearson era un piloto sumamente experto que unía a su conocimiento y experiencia un saber que ( en principio) no es utilizable en el aviones comerciales: ser piloto de "veleros" ( el ejercicio deportivo de vuelo sin motor). Ningún avión comercial está diseñado para planear ( son demasiado pesados, sus alas demasiado cortas), pero aún así los dos pilotos decidieron planear hasta la pista más cercana ( algo que no se había intentado nunca antes en la aviación comercial). Quintal sugirió la pista de Gimli,  a solo 12 millas. Pero tampoco sabían que esa antigua pista del ejército había sido abandonada y reconvertida en una pista de automovilismo, y en ese preciso momento se desarrollaba una carrera de karts con motivo de la celebración del Día de la Familia. Cuando hicieron la aproximación el avión seguía demasiado alto; Pearson optó entonces por hacer una maniobra solo utilizada en vuelo sin motor ( slide and slip) consiguiendo aterrizar a unos metros de los primeros coches a pesar de que el tren delantero no pudo desplegarse.
Pearson tiempo después confesó: “solo hubo un momento en que sentí realmente miedo: cuando ví a unos 300 metros unos chavales en bicicleta”.
En 1990 un avión de Avianca con destino a Nueva York se quedó también sin combustible. Murieron 73 de las 158 personas que transportaba.
La moda de aplicar procedimientos, protocolos, procesos y check list al sistema sanitario no cesa. Convierte en sencillo lo que es muy complejo, puesto que al fin y al cabo solo se trata de seguir el manual. Pero la aviación, la medicina y la vida es mucho más complicada. Llevan predicándolo en el desierto gente enormemente prestigiosa ( desde Plsek a Greenhalgh, de Stacey a Gary Klein). Nadie les oye.
Pero cuando las cosas se ponen muy feas, un protocolo no te salva la vida. Un experto quizá sí.

domingo, 20 de abril de 2014

El nuevo Kit de profesional sanitario

Nigel Crisp , miembro de la Cámara de los Lores británica, y Lincoln Chen,de una institución llamada China Medical Board, publicaron hace aproximadamente un mes un artículo en New England que ha sido ampliamente difundido por algunas instituciones internacionales. En él revisaban la oferta global de profesionales sanitarios, pero además presentan su particular propuesta para solucionar el gravísimo problema de la escasez de sanitarios en todo el mundo. La dimensión del problema es descomunal: según los autores cerca de 1000 millones de personas no tienen acceso a un profesional sanitario, y el déficit de médicos y enfermeras alcanza la cifra de  4.3 millones, según la OMS. En esta situación, como siempre son los más desfavorecidos los que llevan la peor parte: mientras Estados Unidos acumula el 8% de los médicos y el 17% de las enfermeras con solo el 4% de la población, la África subsahariana acumula la mayor carga de enfermedad  con la tasa más baja de profesionales sanitarios. En los países ricos la situación se repite con similar patrón: exceso de profesionales en ciudades y zonas ricas, y escasez o ausencia en zonas rurales o pobres.
La solución a este problema que proponen Crisp y Chen, es sin duda tentadora: habida cuenta de lo que cuesta en tiempo y dinero formar a un médico, la alternativa es ser  imaginativo y buscar un nuevo tipo de profesional sanitario: alguien a quien llamaremos agente de salud, trabajador comunitario o auxiliar sanitario, según el país o la cultura. Para ello resulta imprescindible el trabajo en equipo ( axioma sin evidencia científica que lo sustente) y serán de enorme utilidad las nuevas modalidades de formación masiva (MOOCS y similares) a que tan aficionados son todos los que creen que se puede ser un buen clínico a través de formatos estandarizados y uniformes, que lo mismo sirven en Corea que en Bolivia.
Da que pensar (mal), que pueda publicarse en una revista como el NEJM un artículo con tantas contradicciones: como por ejemplo señalar que en el futuro se intensificarán los modelos de “coproducción de la salud” con una creciente participación de los pacientes en la toma de decisiones, pero para lo cual se propone invertir en profesionales sanitarios de baja cualificación. O señalar que la salud es fundamentalmente un negocio financiero ( que mueve cerca de  6.6 billones, un 10% del PIB mundial), y que a la vez la misión social de los gobiernos y sociedades es mejorar la salud de todas las personas. O proponer el fomento del trabajo en equipo pero reconociendo que no se sabe como hacerlo.
En el caso de la Atención Primaria las consecuencias de este tipo de estrategias son muy evidentes, y pasan por abandonar la idea de tener médicos de familia bien formados y especializados, devaluando a la larga la propia Atención Primaria. En el fondo comparten la tesis de que para trabajar en este nivel sirve cualquiera: en principio cualquier recién egresado de una facultad y, si no se dispone de ellos, cualquier agente de la comunidad con un curso de capacitación básico.
La mayor parte de los coches modernos, desde los más exclusivos a los más utilitarios, no traen ya rueda de repuesto de las mismas características que el resto. Lo han sustituido por un artilugio capaz de de impregnar la cubierta con un gel que tapona cualquier grieta o pinchazo mientras infla la rueda. Según los vendedores una vez reparada de esta forma, un coche puede llegar sin dificultad al taller o gasolinera más cercano, incluso recorrer 100 kilómetros. Pero a nadie se le ocurriría continuar circulando indefinidamente sin sustituir la rueda averiada por una nueva. Los médicos en general, y los médicos de familia en especial, son las ruedas del sistema sanitario. Sin ellos el sistema no circula. Hasta la fecha tener sistemas sanitarios con médicos bien formados sigue siendo la mejor forma de prestar asistencia sanitaria, y la prueba es que no hay ningún país rico que no disponga de formación especializada en medicina de familia. Pero desde esos mismos países ricos, se ha estado incentivando la inversión en profesionales sanitarios poco cualificados, quizá bajo la premisa de que , para ellos, es más que suficiente. El argumento que subyace debajo de todo ello es una vez más económico: enfermeras con entrenamiento quirúrgico en Mozambique son capaces de realizar cesáreas a un coste mucho menor ( el de su salario, claro). De ahí a caer en la tentación de proponer que se incorporen al sistema sanitario americano trabajadores comunitarios ( como proponen Crisp y Chen) solo hay un paso.
En la reciente V Cumbre Iberoamericana de Medicina Familiar celebrada en Quito, la reflexión sobre este tema ha sido uno de los puntos clave de la misma. Afortunadamente la Declaración de Quito, firmada entre otros por el Presidente de WONCA ( la asociación mudial de médicos de fmailia), la Presidenta de WONCA Iberoamericana, y la Ministra de Salud Pública de Ecuador, hace explícita la necesidad de avanzar hacia la cobertura universal en los sistemas sanitarios, y fortalecer la atención primaria a través del fomento de la especialización en medicina familiar, contrarrestando las políticas dominantes hasta la fecha que siempre priorizaron la medicina superespecializada.
Es un primer paso, pequeño, pero fundamental, para dar a las poblaciones la atención que realmente merecen. No solo en la “desarrollada” Europa

miércoles, 16 de abril de 2014

Malos tiempos para el buen clínico

(Publicado hoy en Diario Médico)
“Hoy en día, se incita a los médicos a meterlo todo en un ordenador, con fines epidemiológicos, estadísticos, contables. Pero nadie parece querer grabar en su memoria el nombre ni la cara de la gente, recordar el primer encuentro, las primeras emociones, las sorpresas, los detalles cómicos, las historias trágicas, las incomprensiones, los silencios”

Las confesiones del Doctor Sachs. Martin Winckler.

Hubo un tiempo en que la meta de cualquier medico era convertirse en un buen clínico, alguien capaz de afrontar cualquier problema por vago o intrincado que fuera y encontrarle el diagnostico adecuado. Hoy las cosas han cambiado. Ahora la preocupación dominante es publicar en revistas de impacto o participar en proyectos de investigación, a ser posible europeos. Algo imprescindible  para progresar en la carrera profesional.
Tuve la inmensa suerte de formarme con alguien que era , esencialmente, un  clínico excepcional. Alguien no excesivamente conocido profesionalmente, que no ocupó cargos de gestión relevante, ni dirigió la política sanitaria de ningún partido, ni fue líder de opinión de nada. Si uno busca su nombre en Pubmed encuentra 10 referencias en treinta años,  todas ellas en revista españolas. Pero en aquel tiempo en que muchos de sus compañeros hacían curriculum publicando las cosas más diversas (  a menudo superfluas), él se dedicaba simplemente a ver pacientes. Si en aquel hospital alguien tenia un caso especialmente peliagudo, buscaba el asesoramiento del Dr. Aréchaga. Si alguien tenia un familiar enfermo, recurría a Santi Aréchaga.
La poca medicina que sé, la aprendí de él. La importancia de escuchar al paciente ( y no a sus acompañantes) con toda la atención puesta en ello. Mirando a los ojos, dejándole hablar. Lo minuciosa que puede llegar a ser una buena exploración física, no tanto por lo enrevesado de las maniobras, sino por lo atento y cuidadoso que se debe ser al tocar, a la búsqueda de información, en un cuerpo enfermo, alterado ,dolorido. La diferencia existente entre un verdadero diagnostico diferencial y una mera lista de diagnósticos posibles, para lo que se precisa de un conocimiento exhaustivo e inmediato. La importancia de ese momento único en que el paciente aguarda el juicio  diagnostico como el que espera un veredicto. Y lo difícil que resulta siempre encontrar el equilibrio entre no mentir y no angustiar.
En aquella época, cada vez mas lejana, los residentes andábamos entretenidos en la carrera armamentística intervencionista: a ver quien realizaba antes un procedimiento más complejo, en cuya cima estaba colocar vías centrales en sitios inauditos. El buen diagnostico se dejaba a gente como el Dr. Aréchaga, porque requería un dosis de lectura , análisis, reflexión y memorización a la que no todos estábamos dispuestos.
A raíz de un problema familiar vuelvo a contemplar la diferencia entre los buenos clínicos y los clínicos rutinarios. Y tengo la suerte de encontrar médicos de esos anónimos, a los que solo recuerdan sus pacientes, los que no salen en ruedas de prensa con consejeras y ministras tras realizar un transplante prodigioso, ni aparecen en la radio o el telediario de las 9 dando consejos y pautas de correcto comportamiento para pacientes obedientes.
Gente anónima capaz de hacer una historia clínica completa aunque fuera de la consulta los pacientes refunfuñen por el retraso que lleva, y sus indicadores de espera no sean los adecuados. Médicos de los que siguen tomando notas en papel mientras escuchan al paciente y miran a los ojos ( y no a la esclavizante pantalla del ordenador). Gente que sigue sabiendo hacer una exploración neurológica completa, solo con las manos, un martillo y una linterna. Capaces de demostrar todo lo que saben, que solo solicitan las pruebas estrictamente imprescindibles, que demuestran  que se han estudiado el caso entre visita y visita, que relativizan el resultado de las pruebas en función de la evolución, que no recurren al sagrado TAC o a la divina Resonancia Magnética hasta que no resulta estrictamente imprescindible. Personas que se apoyan en la ayuda del tiempo (esperan y ven) para desenmascarar al trastorno culpable.
Mientras tanto enseñamos a los residentes, a los futuros médicos  otro tipo de comportamientos: el de la atención rutinaria, estandarizada y sistemática , estudiando a los pacientes como si fuesen piezas defectuosas de una fábrica de tornillos. En donde se trata principalmente de aplicar el protocolo establecido (glucemia, presión  arterial electrocardiograma), y si todo es normal “acicalar y largar” ( como decía el Gordo de la Casa de Dios) . Cubriéndonos las espaldas con etiquetas  como “ se descarta patología urgente, o “trastorno funcional”, simplemente porque el tornillo humano no cuadra con lo que hay escrito en nuestro protocolo.
El medico que progresa adecuadamente, el que es acreditado por las agencias del ramo, el que recibe reconocimientos y premios, es el que es capaz de documentar que tiene publicaciones en revistas de impacto del primer cuartil, aunque la haya hecho con un primo coreano y vaya de vigésimo autor sobre un modelo de determinación enzimática en ratas asiáticas. El buen clínico, el que atiende a pacientes en consultas atestadas y sigue aplicando rigurosamente su saber, carece de la valoración, el apoyo y la consideración de políticos, gestores e instituciones, salvo cuando alguien cercano se pone enfermo.  Solo tienen el reconocimiento silencioso de todos aquellos que aprecian su trabajo y conocimiento. Cuando se vuelve a leer algún capitulo del Harrison ( además de comprobar una vez mas lo excepcional del texto) se comprueba lo difícil que resulta y el esfuerzo que precisa adquirir ese saber. Y lo poco que, por desgracia, lo apreciamos.
(Imagen tomada de la película Le maladie de Sachs de Michele Deville)

jueves, 10 de abril de 2014

Los intereses creados: del Valido a la CIA pasando por Pilar Farjas

“TOTALITARIO no es solamente una coordinación políticamente terrorista de la sociedad, sino también una coordinación técnico-económica que opera a través de la manipulación de necesidades por intereses creados
Herbert Marcuse.

Ante la incompetencia indescriptible de Ana Mato ( alguien que ningún país mínimamente decente hubiera nombrado y mantenido como al frente de un Ministerio tan importante como el de Sanidad), su número dos , Pilar Farjas ejerce de valido. Como en la época de los Austrias, la “monarca” sanitaria se desentiende de sus obligaciones políticas , siendo el valido ( ¿ o será valida?) la que toma las decisiones. Entre éstas se incluye la de no participar en ningún congreso en que puedan cuestionarse sus “políticas”, pero a la vez no perderse ningún sarao que organicen sus habituales compañeros de viaje.
Para ello, mézclese según arte una empresa con intereses más que explícitos en la venta de sus productos ( Siemens), una consultora líder en el apoyo a los procesos de desmantelamiento de lo público (PWC) y un alto cargo de un ministerio dedicado a excluir personas del sistema público y fomentar el uso de todo tipo de tecnologías costosas. Envuélvase con un informe vistoso lleno de fotos de gente sonriente, y con un lenguaje supuestamente científico, en el que se alternan en la bibliografía manidos artículos de Michael Porter en New England,, citas de la Voz de Tenerife y, prepárense, informes de la CIA ( sí, la Agencia Central de Inteligencia Americana). Por último, búsquese a un periodista entusiasta con los avances de la ciencia capaz de decir lo que el cliente quiere oír (“Cuando la Tecnología se pone al servicio de la Salud, es capaz de alargar la esperanza de vida y de agrandarla también porque mejora su calidad”).
Así se construyen los informes que serán después distribuidos por las agencias de noticias, difundidos en los informativos estrellas de la Televisión y comentados con excitación por los grandes comunicadores de este país.
En este caso hablamos del informe llamado “Aportación de valor de las tecnologías en el sector sanitario. Debe ser que hartos de que siempre se considere a la tecnología como el principal factor de crecimiento del gasto sanitario en casi todos los informes de  investigadores de servicios sanitarios, la industria del ramo ha decidido pasar a la acción, para la que cuenta con la inestimable ayuda del propio Ministerio, responsable de implantar la política de austeridad.
Es una lectura obligada si uno quiere aumentar su estupor hasta límites no conocidos: desde el increíble cinismo introductorio de la Sra Farjas  (“entre todos, hemos sido capaces de disipar las preocupaciones del presente desde la calidad y la excelencia”) a los argumentos tan científicos que esgrimen los defensores de que  “la tecnología nos permite vivir más tiempo y mejor”, y que se basan en que “los beneficios obtenidos por el desarrollo de las tecnologías son incalculables y así lo demuestran los pacientes que quisieron compartir con nosotros su historia”.
En este informe se analiza especialmente la contribución de las tecnologías a las patologías más relevantes de tres especialidades, Cardiología, Oncología y Neurología, por el hecho de ser las enfermedades que más defunciones provocan, un mal output de la cadena de montaje en que se ha convertido la atención sanitaria y en el que el ser humano es secundario siempre a su adecuada “catalogación” . Lo que importa es que son enfermedades costosas, entes en sí mismos al margen de los cuerpos en los que se insertan.
Por supuesto la Presidenta de SIEMENS ignora completamente a la tecnología como factor determinante del crecimiento del gasto sanitario, solo debido a la mayor esperanza de vida, las enfermedades crónicas, la inflación o los  hábitos de vida poco saludables (esa indolencia hispana tan mala).
No es que sea curioso, sino más bien escandaloso que los profetas de la insostenibilidad del sistema sean los mismos que llevan a cabo una política sumamente agresiva de fomento del diagnóstico precoz, el uso de tecnologías de la información  de resultados aún no demostrados, o la llamada medicina individualizada, que debería acompañarse siempre de la coletilla SPPR (Solo Para Pacientes Ricos).
No hay ni una sola prueba de  lo que afirman con total desparpajo en este tipo de informes ( “está demostrado que las innovaciones en tecnología sanitaria ahorran tiempo a paciente y clínico, lo que redunda en un ahorro de costes; mejoran el acceso al sistema sanitario, la efectividad del diagnóstico, el control de la enfermedad o el tratamiento”) . Como tampoco lo es ( como sostiene Farjas) que la longevidad de los ciudadanos provenga de Rayos X o transplantes de órganos. O como es información torticera decir que el cribado mamográfico de cáncer de mama reduce un 29% la mortalidad en mujeres de 50 años o más, o que la colonoscopia reduce el número de casos de cáncer colorrectal en un 40%
Son exclusivamente una forma actualizada de propaganda y publicidad, en la que (paradójicamente) colaboran de manera entusiasta los que deberían velar por los intereses de los ciudadanos. Lo decía Marcuse: es otra forma ( más amable) de totalitarismo.

sábado, 5 de abril de 2014

El último cribado llegado a nuestra redacción

“All screening programmes do harm; some do good as well, and, of these, some do more good than harm at reasonable cost”
(Todos los programas de cribado hacen daño; algunos producen beneficio también, y de ellos producen más daño que beneficio a un coste razonable).

Sir Muir Gray. J Patrick, RG Blanks.
Hace unos días se celebró en Madrid una nueva jornada sobre “Los Logros y retos futuros” del cribado de cáncer de colon, organizado por la llamada Alianza para la Prevención del cáncer de colon”  , batiburrillo de entidades entre las que se incluyen diez sociedades científicas, dos asociaciones de pacientes, la cooperativa líder en España en distribución de medicamentos ( COFARES), la inefable Asociación Española contra el Cáncer ( esa que dice en su web que “ la dosis de radiación empleada en la mamografía es mínima por lo que resulta inofensiva”), y una Fundación ( Tejerina) de muy ambiciosos objetivos , puesto que  tiene como objetivos nada menos que “la promoción, desarrollo, protección, divulgación y fomento de toda clase de estudios, así como procedimientos e investigaciones relacionadas con las ciencias de la salud y la vida, el cáncer en general, el cáncer de mama especialmente, el desarrollo de la medicina, el derecho y las humanidades, la docencia, la investigación e innovación de las tecnologías sanitarias”. Ahí es nada.
El objetivo de la citada Alianza ( quizá la más importante de los últimos años, tras la de Civilizaciones) , no es otro que el de de “ concienciar a la población en general, a los profesionales de la medicina y a las Autoridades Sanitarias de las distintas Comunidades Autónomas, de la necesidad de tomar medidas para su prevención”, ante el hecho de que “las campañas de cribado poblacional para detectar el cáncer de colon en los grupos de riesgo no se realizan todavía de forma rutinaria en los programas de salud de muchas Comunidades Autónomas”.
La Alianza recomienda acudir al médico si se tiene más de 50 años “ para que valore si debe realizarte alguna prueba, a fin de comprobar la existencia o no de pólipos y prevenir que se conviertan en tumores” Reconoce en su web que solamente entre el 5 y el 10% de los pólipos se malignizan, pero aún así  “es conveniente detectar cuanto antes y extirpar todo tipo de pólipo, para evitar su riesgo potencial de convertirse en un cáncer”. No solamente deberían seguir tales consejos los mayores de 50 , sino todos los que denominan “grupos de riesgo”, es decir personas con antecedentes personales y familiares, personas con enfermedades inflamatorias intestinales, y ya puestos, personas con inactividad física, consumo de tabaco y alcohol ( no especifican cuanto) o personas con mala alimentación. En definitiva, casi todo el mundo. De la intervención sobre las causas ( por ejemplo, de esa mala alimentación, quizá ligada a la situación de pobreza creciente que hemos comentado reiteradamente) la Alianza no se pronuncia.
Tampoco se pronuncia , lo que es mucho más grave, sobre los posibles efectos adversos de las diferentes pruebas diagnósticas, sobre la existencia de resultados falsamente positivos, o sobre la realización de pruebas e intervenciones innecesarias a las que éstas podrían conducir.
Welch, Schwartz y Woloshin señalan en su Overdiagnosed ( un libro sobre el que resulta sospechoso el nulo interés en traducirlo), que tras dos décadas de cribado en Estados Unidos el número de cánceres de colon diagnosticado no ha aumentado  sino disminuido, lo que sin duda es una buena noticia. Pero ello no es atribuible a la detección y extirpación de pólipos, técnica que comenzó a realizarse de forma más habitual bastantes años después del inicio de la tendencia descendente del número de cánceres colorrectales. Las causas probablemente sean atribuibles a otro tipo de factores, posiblemente ambientales y ligadas a la modificación de la dieta ( en España además, afortunadamente aún mantenemos una dieta algo más saludable que la americana).
Lo que sí es cierto, como señalan, es que existe un evidente sobrediagnóstico de pólipos colorrectales, que afectan nada menos que a una de cada tres personas , y de los cuales más del 90% no producirán nunca un cáncer. La intervención sobre esos pólipos no es inocua: además de producir molestias al paciente , citas y visitas innecesarias, existe el riesgo cierto para los pacientes, de que si se acaba realizando una colonoscopia en 1 de cada 150 exploraciones se produce una hemorragia copiosa, en 1 de cada 1.500 una perforación y en 1 de cada 10.000 una muerte, como señalaba Andreu Segura en Gaceta Sanitaria tomando datos del programa británico.
El mismo Segura en su imprescindible Prevención, yatrogenia y salud pública recién publicado en Gaceta, señala la necesidad de prudencia,  “puesto que las medidas preventivas no están exentas de efectos adversos y, además, porque aunque «pueden conllevar grandes beneficios para la comunidad, ofrecen pocos a cada participante individual”.
Uno entiende que las sociedades de especialidades del ramo anden en esta interesante Alianza , pero no deja de sorprenderse que la Sociedad Española de Medicina  de Familia y Comunitaria participe en este tipo de iniciativas, en lugar de abanderar de una vez la defensa de los pacientes del intervencionismo sanitario, tan costoso y tan dañino.