domingo, 31 de agosto de 2014

Saber quienes son... los que están pisando

 “Vi las luces avisando, me habían encontrado
Después de dos días, sin ver ningún barco
No eran amigos, la policía me estaba apuntando
Por nacer y vivir en el sitio equivocado.
Saber quienes son, los que están pisando
Decirles que no, que no van ganando”
Equivocado. Jayro Zabala. De Pedro
En La mujer del chatarrero, del director Danis Tanovic, Senada, la madre de una familia de etnia gitana que malvive del escaso dinero que consigue su marido de la chatarra acude al servicio de urgencias de un hospital por dolor y sangrado vaginal. Es atendida y diagnosticada de aborto espontáneo. Le informan adecuada y educadamente de que precisa un legrado. Pero si no abona la cantidad de casi 1000 marcos ( algo imposible para la familia) el director del hospital no autoriza su tratamiento. Son las reglas de un sistema en el que la privatización de los servicios públicos ha llegado a un adecuado grado de desarrollo. En el resto de esta fría y angustiosa película se puede apreciar como estas situaciones adquieren la condición de inevitables: la desesperación del chatarrero por conseguir dinero para comprar una batería, pagar la factura de la luz o poder sufragar el legrado; la resignación de la mujer a su suerte, negándose a acudir al hospital porque sabe que le volverán a rechazar; la impotencia de los profesionales ante normas ajenas que no permiten atender a una enferma sin tarjeta sanitaria. Todo parece obra del destino, ante el cual nadie puede hacer nada. Nadie es culpable. Si Senada empeora y muere será simplemente una fatalidad más.
Mañana hará dos años que entró en vigor en España una norma infame ( el Real Decreto 16/2012) que excluye del derecho a la asistencia sanitaria a una buena parte de las personas residentes en el país, en especial los que nacieron en el lugar equivocado que cantaba Zabala.
El gobierno español sigue manteniendo esta situación vergonzosa y humillante para un país mínimamente civilizado, incumpliendo recomendaciones de diversos organismos internacionales, desde las Naciones Unidas al Consejo de Europa. Aún así, el presidente español y sus múltiples corifeos, siguen negando la evidencia, intentando convencer y convencerse de que en España la asistencia sanitaria es universal puesto que en urgencias se atiende a cualquier persona.
La película de Tanovic es un buen ejemplo de las trampas que implica el concepto. En realidad lo que la norma española aparentemente respalda es la atención a emergencias, algo que se sigue realizando hasta en los estados más despiadados ( en todos no, puesto que como hemos visto recientemente en Gaza , en Siria o Irak no hay escrúpulos para bombardear incluso los centros sanitarios). Hay que ser muy miserable para no taponar la hemorragia de una persona que se desangra. Aquí parece que aún lo hacemos, aunque luego le facturemos el taponamiento.
Pero puesto el parche, administrado el analgésico, diagnosticado el cáncer, el problema sigue estando presente. Ese paciente convertido en invisible desde el momento en que abandona la puerta sigue necesitando un legrado, la colocación de una fijación externa , el drenaje de un derrame pleural, un antidiabético oral , un stent que le evite el infarto definitivo, un tratamiento quimioterápico para un cáncer que aún tiene un aceptable pronóstico. ¿Es eso urgente? ¿Dónde acaba la urgencia? ¿Un tratamiento imprescindible para poder continuar viviendo es o no urgente? ¿Es superfluo tal vez? ¿Lo es para los que nacieron en el lugar equivocado, pero no lo es para los que lo hicieron en el sitio correcto?
Al gobierno optimista  los brotes verdes no le dejan ver el bosque. La Ministra homeopática, el consejero charcutero y demás familia se felicitan de la buena marcha de la economía, del “salvamento” de la sanidad pública , de la aplicación de normas como la Orden SSI 1475/2014 por la que se regula el contenido y procedimiento de suscripción de procedimiento del convenio especial de prestación de asistencia sanitaria. Han tardado nada menos que dos años en elaborar una norma que permitirá  recibir asistencia sanitaria a aquellos inmigrantes en situación irregular que puedan documentar que llevan residiendo más de un año en el territorio nacional, estén empadronados y puedan pagar 60 euros al mes ( 157 si tienen más de 65 años). En definitiva, un oximoron. Porque ¿alguien cree que una persona que nació en el lugar equivocado, que atravesó un mar en patera y anda cada día con la angustia de ser detenido y deportado va a presentarse en una oficina del INSS con sus papeles en regla a pagar lo que no tiene?
La mujer del chatarrero nos acerca al bosque que tapan los brotes verdes. El que no vemos o no queremos ver. En cualquier caso no está de más recordar mañana y cada día quienes son los que están pisando.

jueves, 28 de agosto de 2014

Dos días, Una noche...sin escándalo




Sandra es una trabajadora escasamente cualificada que trabaja en una modesta empresa de placas solares. Sus jefes deciden un buen día despedirla ante la situación de crisis generalizada, algo tan cotidiano que apenas merece atención. Pero antes de hacerlo le proponen un juego cruel: si consigue que dieciséis de sus colegas renuncien a su paga extra anual ( 1000 euros) ella mantendrá su empleo. Sandra dispone de un fin de semana( de viernes tarde a lunes mañana) para convencer a sus compañeros de que sus necesidades de trabajo son más importantes que sus requerimientos de dinero.
Desconocemos si es un caso real, pero tampoco sería excesivamente inverosímil. La historia constituye el argumento de la última película de los hermanos Dardenne (Luc y Jean-Pierre) , reconocidos directores belgas caracterizados por la realización de un cine eminentemente social,de escasa contemporización. En este caso decidieron contar como protagonista con una verdadera estrella ( Marion Cotillard) y no solo con actores no profesionales. Cotillard, posiblemente una de las mejores actrices actuales, borda el papel de mujer angustiada ante una decisión absurda.
En poco más de 48 horas de desasosiego Sandra recorre,con la ayuda de su marido, los domicilios y ubicaciones de sus compañeros a la búsqueda de un milagro.
La película ha sido unánimemente aclamada por la crítica de medio mundo, desde el New York Times a The Guardian. The Economist en un ejercicio de hipocresía asombroso , le dedica un artículo muy elogioso de significativo título: “Dos días, una noche, sin escándalo.” Llega a decir que la película de los Dardenne “profundiza en los devastadores efectos de los actuales problemas financieros que asolan los países occidentales mejor que cualquier otra película realizada hasta la fecha”.
Describe los sentimientos encontrados de cualquier espectador de bien, que se debate entre el deseo de que Sandra consiga su objetivo por un lado, y la evidencia de que para todos sus compañeros esa prima es también imprescindible. En boca de uno de ellos: “ será un desastre para mi si la mayoría vota a tu favor. Pero espero por tu bien que lo hagan”.
Devastadores efectos, dilemas inhumanos y atroces, generados por las propias políticas económicas que fomenta The Economist, y que aplican sin rechistar todos y cada uno de los gobiernos europeos, solo diferenciados en el color de la bandera.
Como muy bien señalaba The Guardian en su crítica a la película, la paradoja está en que el comprometido cine de los Dardanne es consumido mayoritariamente por una élite burguesa de la que forma parte posiblemente buena parte de la redacción de The Economist. Gente como nosotros, capaz de sentir empatía ( adquirida en algún curso de técnicas de gestión) por las miserias de los que nos rodean desde la cómoda butaca de un cine. Tristeza y comprensión que se desvanece al encenderse las luces.
Puede pensarse que no es más que una película realizada para ganar dinero. Pero tal vez deberíamos pensar si una trampa como la planteada en ella no la estamos viviendo todos nosotros de manera implícita. De forma subrepticia, nuestro gobierno ( como el resto de los gobiernos europeos, de los que no es más que el último de la fila), ha conseguido imponer una siniestra disyuntiva: para mantener los empleos de los que “estamos dentro” es imprescindible la precariedad, inestabilidad, y extorsión de lo que “están fuera”. Los sindicatos, prácticamente abatidos ( tanto por sus propia corrupción como por la ofensiva contundente de los que detentan el poder), colaboran resignadamente en la infamia: al fin y al cabo los que aún son trabajadores están dentro; los de fuera no existen.
Como ellos, aceptamos resignadamente las decisiones de los gobiernos autonómicos de no cubrir ausencias en los centros sanitarios, de tolerar contratos indignos, de castigar con el ostracismo griego los rechazos de éstos, de ( en el mejor de los casos) sacar plazas a concurso con cuentagotas. Mientras tanto colegios, sindicatos y sociedades profesionales andamos profundamente consternados desde la butaca del cine.
Xan Brooks escribe en The Guardian: “ Dos días, Una noche nos enseña que la lucha es siempre valiosa, sea cual sea el resultado. Aunque Sandra pierda , al final habrá ganado”.
Para aplicarnos el cuento.

lunes, 25 de agosto de 2014

Pollos sin cabeza


- ¿Es que estoy loco o es que solo hay dos camas aquí?
- ¿A cual de las dos preguntas quiere usted que le conteste primero?

Una noche en la ópera. Hermanos Marx. 1935

Imaginemos un lejano país en el que los servicios sanitarios funcionaran razonablemente, hasta que un día decidió vivir por encima de sus posibilidades ( o más bien hasta que alguien decidió que había estado viviendo por encima de sus posibilidades). Entre esas excentricidades a las que se había dedicado el reino, estaba la de mantener servicios de enfermedades infecciosas y unidades de enfermedades tropicales. Desatino completo habida cuenta de que el país en cuestión no estaba en el trópico: ¿ a quien se le ocurriría semejante idea? .
Los “ iluminados” que defendían el delirio argumentaban que aunque no estuviera en el trópico el país recibía un número importante de personas procedentes de esas latitudes, y sería aconsejable estar entrenados ante las enfermedades que podrían padecer, no solo por ellos,  sino también por el riesgo existente para los nativos no tropicales.
Las autoridades sonreían con suficiencia: ¿pero no veis que son indocumentados? ¿ a quien importa ese tipo de  gente?
De tal forma que, con tanto criterio como la barracuda de una piscina, decidieron desmantelar un hospital con treinta años de experiencia en la atención a este tipo de problemas. A lo largo de los años éste había atendido extrañas enfermedades producidas por “bichitos que se rompían la crisma” ( intoxicación por aceite de colza), casos de cólera o paludismo, además de ser centro de referencia nacional para la gripe aviar, el SRAS, o cualquier otro tipo de enfermedades exóticas que solo preocupan cuando aparecen por debajo de la puerta. Pero todas esas plagas ya habían pasado, y de lo que se trataba ahora era combatir con eficiencia y sin complejos a la verdadera plaga del siglo XXI: la crisis económica por el desaprensivo endeudamiento de los súbditos y la indolencia escandalosa de los profesionales sanitarios. Sin apenas información, con continuos cambios de opinión y criterio, ese antiguo hospital llamado Carlos III, se convirtió así en una especie de almoneda de la que entraban y salían enfermos y médicos, enfermeras y camas, con la idea de destinarlo a ese cajón de sastre de la media y larga estancia donde todo cabe ( según las circunstancias). Porque ese vetusto hospital había sido además acusado de “disarmónico” nada menos que por una de las virreinas de palacio. Un funesto término que ( como todo el mundo sabe) esconde  todo tipo de espantosas ineficiencias.
Pero un buen día aquel lejano país despertó con la terrible noticia de que uno de los suyos, un hombre honrado y respetable que se había dedicado a cuidar a otros, había contraído una extraña enfermedad de exótico nombre tropical,  contra la que no había tratamiento efectivo, y que amenazaba no solo a los pobres y negros sino también a los ricos y blancos.
De forma que los pollos sin cabeza se reunieron de nuevo y decidieron montar un dispositivo propio del Milagro de P Tinto para repatriar al compatriota, sin reparar en gasto alguno: como señala Bruno Abarca en su blog, cuando el drama de la enfermedad pasa de anónimo a personal nuestra sensibilidad cambia sustancialmente, y las exigencias de ahorro y recorte quedan para los invisibles sin nombre que nos molestan por la calle vendiendo cedés.
Ese país imaginario que justificaba su política de empobrecimiento progresivo y generalizado de la población en su inveterado despilfarro de base genética, tomó una económica decisión: desalojar el viejo hospital convertido en almoneda de pacientes anónimos, cerrarlo a cal y canto, y preparar las instalaciones para que el compatriota enfermo fuera atendido por los propios profesionales que habían sido trasladados del mismo al convertirse su unidad en superflua.
Por desgracia el compatriota murió, la reina de los pollos sin cabeza pronunció una de sus frases geniales inspirada en su admirado Yogi Berra( “Lo importante no es el protagonismo de un ministro por las gestiones, sino la gestión en sí ”)  y sus sirvientes salieron corriendo por la capital del reino para poner en práctica la última ocurrencia: desmantelar el tenderete de presión negativa, y volver a trasladar al viejo hospital pacientes, enfermeras, médicos y camas con una planificación similar a la de los Hermanos Marx en Una noche en la ópera.
Ese país imaginario se llamaba España.

viernes, 22 de agosto de 2014

Agentes Inductores de violación

El post que ayer escribió Vicky López en Médico Crítico ( De la propiedad de los cuerpos) debería ser de obligada lectura en los colegios  e institutos españoles, en los que la educación sobre sexualidad sigue siendo un incómodo contenido a tratar superficialmente; también debería ser difundido en el Congreso , el Senado y tantas otras instituciones en las que proliferan ese tipo de políticos miserables que suelen hacer bromas y chascarrillos cuando se habla distendidamente en el bar sobre la (siempre presunta) última violación aparecida en los medios. El último botarate en exponer sin rubor sus repugnantes ideas sobre el tema es nada menos que el alcalde de Valladolid, jaleado siempre con entusiasmo por otros especímenes de su partido ( mujeres incluídas). Con total impunidad expresa sus reparos  a meterse en el ascensor con una mujer, puesto que  “a veces el fenómeno puede ser al revés. Imagina que hay una chica con ganas de buscarte las vueltas, se arranca el sujetador o la falda y sale gritando que le han intentado agredir”. Algo que solo ocurre en las fantasías  calenturientas de gente como él.
La violación es un delito que sigue siendo ignorado en España. De sufrirse, en muchas ocasiones no llega nunca a ser denunciado por miedo, vergüenza o coacción (hasta en un 50% según algunos estudios). Las que llegan a ser conocidas ( incluidas en el inefable epígrafe de “agresiones sexuales con penetración”) alcanzaron el número de 1298 en 2013, una cada ocho horas. El gobierno de España se muestra orgulloso del descenso generalizado de la criminalidad en 2013, pero no parece preocuparse demasiado ante el repunte evidente de los delitos contra las mujeres, ya sean contra su libertad sexual o derivados de la violencia ejercida en “el ámbito doméstico” ( que diría el tándem Botella-Mato). Sus recomendaciones , difundidas por el Ministerio del Interior ,abogan por evitar “la exposición” es decir no andar por ahí de noche, no esperar el autobús sola, no pasear por calles solitarias, no subir en ascensor con nadie ( sobre todo con el alcalde de Valladolid, que ya se sabe que piensa de la situación) …En definitiva, no salir de casa, que así están más guapas.
El Gobierno de España llega a proponer la delirante recomendación de que las mujeres se compren un silbato para ahuyentar a tipos licenciosos. Arma probada de enorme efectividad en circunstancias semejantes en estudios de casos y controles.
La violación sigue saliendo barata: el agresor sabe que resulta emocionalmente muy costosa la denuncia para la mujer; que a menudo es difícil encontrar pruebas evidentes; que siempre existirán atenuantes ( una falda muy corta, un ambiente de fiesta, ciertos comportamientos que permiten sospechar un cierto consentimiento…) . Y si al final se confirma, las condenas son cortas , con frecuencia atenuadas por el buen comportamiento del agresor que , al fin y al cabo, “sólo se le fue un poco la mano”,a lgo que entiende cualquiera que de verdad es "un hombre".
Las raíces del problema son perfectamente descritas por Vicky López en su escrito. Se extienden por una sociedad que tradicionalmente encuentra disculpable los tocamientos “inocentes” cuando las niñas son pequeñas, los “piropos” insultantes que pasan por ser graciosos, por no hablar por la extendida idea de que ir vestida de determinada manera ( shorts, minifaldas, tops, tangas…) es en definitiva una provocación: como decía el repugnante Segura en Airbag “ la culpa es de los padres que las visten como putas”. Cuando cualquier mujerdebería tener derecho a vestirse como le parezca sin ser tildada de “guarra” como llegó a decir el oficial de policía canadiense Sanguinetti, lo que generó la creación del movimento Slutwalk ( marcha de las zorras).
Un día creímos que este país iba a cambiar también en esto. Pero la realidad es tozuda, y demuestra que no hemos cambiado apenas nada desde hace 50 años. El machismo sociológico vuelve por donde solía, jaleado y alentado por todo tipo de alcaldes, políticos y mamarrachos diversos. Y minusvalorado o tolerado por ciertos sectores de la policía y la judicatura, que siempre encuentran el argumento apropiado para minusvalorar el daño. Opiniones y decisiones que, en definitiva, no son más que magníficos inductores para la violación.
Cuando una mujer dice que no, sea cuando sea, es no.

domingo, 17 de agosto de 2014

Tribulaciones de un hobbit en la Tierra Tronca


“Los atajos cortos traen retrasos largos”.
Pippin. El Señor de los anillos. JRR Tolkien

En la Tierra Media de la Especialización médica , cada una de las razas disponía de su propio territorio de formación, determinado por su historia e idiosincrasia. Así , el pueblo de los hermosos Elfos, dedicados a la cirugía de creciente complejidad,  seguía su propio camino en los bosques de quirófanos verdes. Es cierto que las orejas se les habían vuelto puntiagudas, pero era un efecto secundario a tantas horas bajo las lámparas del teatro de operaciones.
El mundo de los Hombres de las Especialidades Médicas era un mundo serio, obligado siempre a buscar causa y remedio a enfermedades severas: cardiólogos, gastroenterólogos, neumólogos o neurólogos, nacían, crecían y se desarrollaban en el territorio de la Medicina Interna, de cuyas raíces iban ascendiendo a ramas cada vez más especializadas ( incluida la ciénaga de las Arritmias)
En zonas mucho más lejanas aprendían los Magos Psiquiatras, expertos en territorios extraños para Elfos y Hombres.
Al margen de estos centros de poder , existía en la Tierra Media una pequeña  Comarca donde vivía la comunidad de los Medianos de la Medicina de Familia, emparentados lejanamente con los Enanos de la Medicina Preventiva y Salud Pública. Los Medianos amaban por encima de todo su comunidad, entrenados como estaban en identificar , valorar y apreciar las peculiaridades únicas e  irrepetibles de cada uno de sus paisanos.
A lo largo de generaciones , los Hobbit de la medicina de familia habían llegado a aprender algunas  artes arcanas de Magos, Elfos y Hombres, incluso de sus parientes Enanos. Pero de la misma forma que sabían que nunca alcanzarían el porte majestuoso de los Elfos, estaban orgullosos de sí mismos, puesto que eran  conscientes de que sin su papel ( humilde, pero imprescindible) nada funcionaría bien en la Tierra Media. Un Hobbit siempre sería bajo, peludo, aficionado a la pipa, la cerveza y las seis comidas diarias, pero sin ellos el mundo sería infinitamente más complicado. Y de hecho cuando la sombra de Mordor se extendía por la Tierra Media todos sabían que el futuro de la región dependería  siempre de su astucia y sabiduría.
Pero un buen día Saruman, instalado circunstancialmente en el Ministerio de Sanidad, decidió convertir a la Región en algo mucho más afín a sus intereses. Y comenzó la 4ª edad del Sol de la Tierra Media; lo que años más tarde fue llamada la  Tierra Tronca.
Lo que antes fuera el  amplio territorio de la Tierra Media con zonas propias para Elfos, Hombres, Orcos, Magos, Enanos y Medianos  se transformó (por acción de la poderosa Magia de Mordor) en un único árbol gigantesco, fuera del cual no existía nada ( salvo unos cuantos seres a los que se dejó ir por libre, patólogos, pediatras, otorrinos, oftalmólogos y demás pueblos imposibles). 
Desde cualquier punto de vista el  árbol era amorfo, desproporcionado y feo, del que salían cinco troncos de desigual tamaño y extensión.
En la primera rama, raquítica, se ubicaba la singular raza de la Imagen , dotada del Ojo que todo lo Ve ( Medicina Nuclear y Radiodiagnóstico). No era mucho mayor el diámetro del Tronco de las Pócimas en el que residían Analistas y Bioquímicos Clínicos, Genetistas, Inmunólogos y Microbiólogos.
El reino de las Sombras conocía en cualquier caso el poder que atesoraban Magos y Elfos. Quizá por eso les dio Tronco propio: asignó uno mullido  a los Magos de la Salud Mental, entendiendo que su conocimiento requería de espacio y soledad. También en  Tronco aparte ubicó Saruman a los Elfos Quirúrgicos, gente poderosa con saberes  ocultos. Todos ellos con sus picudas orejas y sus trajes verdes, transitaban por allí: Elfos Generales, Vasculares, Torácicos ,Maxiolofaciales, y hasta Plásticos. Pero en el viaje al Árbol de los 5 Troncos, los Elfos perdieron Rivendel para siempre.
Pero donde el árbol amenazaba ruina era en el  Tronco número 1, sobrecargado de todo tipo de seres de muy variada condición: Hombres, Enanos, Orcos, Medianos. Tipos tan poco similares como el anestesista y el médico de familia, el cardiólogo y el farmacólogo clínico, el neurofisiólogo y el geriatra.
Mordor pretendía que los habitantes del Tronco Médico siguieran un mismo proceso de alimentación, crecimiento y educación. Gracias a él un Enano podría convertirse en Hombre, e incluso un Hombre en Mediano, solo con una par de cursillos y pruebas “objetivas”. Saruman engatusaba a los hobbits  con el argumento de que mediante su sistema hasta los Hombres ( e incluso los Elfos)  acabarían deseando convertirse en Hobbits, ocultando que Aquellas  Razas Ilustres siempre gozaron de mucho mayor prestigio que  los humildes Medianos, gente modesta y silenciosa, con cierta tendencia a la resignación y  la indolencia.
De esta forma el siniestro Mago de la túnica blanca dispondría  de gente dócil y maleable, dispuesta siempre a cumplir las órdenes del Ministerio de Mordor. Si a resultas del proceso el pequeño Hobbit no daba la talla suficiente para subir al caballo, si las destrezas en la escucha, la negociación y la perseverancia dejaban de ser practicadas , a nadie parecía importar. En la nueva Tierra Tronca habían dejado de ser necesarias.
Cuando Gandalf volvió se quedó estupefacto: en lugar del bosque de los árboles andantes solo quedaba un extraño y amorfo árbol en que habían convertido la Tierra Media, con troncos vacíos y otros sobrecargados de todo tipo de seres. 
Mientras, afuera, la Comunidad del Anillo parecía haber desaparecido.

(Imagen: multiformes residentes  camino de su tronco)