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jueves, 14 de mayo de 2026

"Ratio noticias/muerte" de la enfermedad de los camarotes con terraza




El profesor del Karolinska Institute, el siempre brillante Hans Rosling ( si no la han visto aún, no se pierdan su charla sobre la lavadora como acelerador de los cambios sociales) inventó a propósito de la gripe porcina un índice para calcular en qué medida los medios de comunicación reflejan o no un problema de salud relevante. Rosling calculó la relación entre el número de noticias sobre una enfermedad concreta y la mortalidad por dicha enfermedad. La aplicó en la gripe porcina y su “ratio noticias-muertes" alcanzó la cifra de 8176 a 1, mientras que para la Tuberculosis el ratio era de 0.1 a 1. A los medios no les preocupa realmente la gravedad real del problema sino la sorpresa, incertidumbre y miedo que puede generar.

El mismo índice es retomado por Carl Hehegan y Tom Jefferson en su Trust the evidence para aplicarlo al caso de la cepa andina del Hantavirus, considerando que sin duda el índice saldría por encima del 8176/1 de la gripe aviar. No lo calculan, pero si aplicamos los mismos criterios que aplicó Rosling para la gripe aviar, mientras el ratio noticias/muerte sería de 386.111 a 1 para la cepa andina del Hantavirus, no superaría el 0.5 a 1 para la tuberculosis. Ésta se estima, según datos de la OMS, que causa más de 1.230.000 muertes año. Hoy en Google aparecen 656000 noticias sobre ella. Es un tema aburrido, aburrido, no vende ni aumenta tu visibilidad cientifica. La cepa andina del Hantavirus causó en 2025, 28 muertes en Argentina y 8 en Chile (36 en total), y en Google da la cifra de 13.900.000 noticias referidas a él. Si extremamos el cálculo del ratio y lo aplicamos a los pasajeros del MV Hondius la cifra alcanzaría más de los 4 millones y medio a 1. Frente a 0.5 a 1 para la tuberculosis.

Cuarenta y cuatro días después de que el barco zarpara de Ushuaia ( superando el periodo de incubación máximo en un contagio normal por el virus) el número de casos confirmados es de 8 (y 2 probables), con tres fallecimientos, los mismos que se produjeron antes del desembarco final del barco. Con razón Henegan y Jefferson denomina al caso como “la enfermedad del camarote con terraza”.

Por supuesto es lamentable que hayan muerto esas tres personas. Igual de lamentable que las muertes de las 8 personas que fallecieron en Chile y las 28 en Argentina el año pasado por la misma enfermedad, sin que entonces se les diera el más mínimo eco en todos esos medios que hoy alborotan con la grave amenaza que sobre nosotros se cierne, según escriben los que tienen acceso directo (tenga o no sentido) a las revistas de alto impacto, prácticamente siempre de países ricos.

Ninguno de los contactos potenciales, ni de los profesionales sanitarios que les atendieron en Chile y Argentina fueron confinados en hospitales, recluidos en sus domicilios y atendidos con materiales de alta protección como si se tratara del Ébola, aunque conocían sobradamente la letalidad de la infección. Simplemente porque a diferencia de la siempre prepotente Europa, en Argentina y Chile se conoce el virus desde hace mucho tiempo, y se sabe sobradamente cual es el medio de transmisión habitual de la infección.  El sesgo implícito de la atención al brote del barco es descomunal: nos importa un bledo las enfermedades que afectan a los países que no son ricos ni dominan los medios  mundiales de comunicación(como la tuberculosis y el hantavirus, hasta el año pasado) pero sí llegan a afectar a un solo europeo, blanco y suficientemente rico como para pagarse un crucero así, saltan todas las alarmas.

Se reitera una y otra vez la gran evidencia disponible sobre la transmisión entre humanos que refieren hasta la saciedad todos los sabios mundiales que establecen la “evidencia científica”. Se ignoran las críticas a dicho estudio (Martinez et al en New England), en el que además de plantear hipótesis escasamente plausibles (como que se pudiera infectar una persona por cruzarse con un infectado en el camino al baño, mientras los que estaban junto al caso índice febril no lo hicieran ), no demostró que los pacientes infectados no hubieran estado expuestos también a los aerosoles de las excretas del ratón colilargo. Como desconocemos si los casos confirmados hasta la fecha en el crucero estuvieron expuestos también a los aerosoles del ratón colilargo.

Medios de comunicación europeos y las principales revistas siguen dar voz a los que más saben de la infección por ANDV. : los profesionales de Argentina y Chile. Anteayer, tres investigadores chilenos dan su opinión sobre la mejor forma de prevenir la infección: de producirse la transmisión entre personas ésta sería extremadamente rara, y necesitaría un contacto muy estrecho, como parece indicar la evidencia disponible realmente. Y recomiendan fundamentalmente que “cuando se alquila una cabaña o una casa que ha estado mucho tiempo abandonada en zonas rurales al sur de Chile se debe ventilar abrir las ventanas, por lo menos dos horas antes de ingresar, ventanas y puertas; limpiar los pisos y las superficies con agua con soluciones cloradas; mantener la basura y la comida en recipientes herméticos para que no lleguen ratones. Esas son las principales formas de prevenir".

Para atender la enfermedad de los camarotes con terraza no hay límite de gasto. Pero mejorar la Atención primaria española es otra cosa. Como la tuberculosis. A pocos importan.

martes, 12 de mayo de 2026

Hantavirus: ciencia y desmesura




El Hantavirus es bien conocido en Chile y Argentina, especialmente en las zonas cercanas a la cordillera de los Andes. En Chile el número de casos osciló entre 2015 y 2024 entre 29 (2024) y 91 (2017), con una tasa de incidencia entre 0,1 y 0,5 por cien mil habitantes. Poco prevalente, por tanto, pero con una letalidad media del 24%; este año se han producido ya 28 casos, habiendo aumentado la letalidad al 36% con diez fallecimientos. En la Región donde vivo (los Lagos) en lo que llevamos de año se han notificado 6 casos de los cuales han fallecido 3. El síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH) (una de las dos enfermedades que produce el virus) es por tanto una enfermedad muy severa. Sin embargo, cada vez que se produce un caso no se ven escafandras y trajes de protección, ni los responsables ministeriales dan ruedas de prensa ante la gravedad de la situación, ni los  políticos de una región prohíben la entrada a los conciudadanos de aquella donde apareció el caso.

A pesar de que la ANDV del virus (Hantavirus strain Andes virus), solo aparece en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Panamá o Uruguay, ningún medio de comunicación consulta a los expertos de éstos países, que son los que tienen más experiencia en el tema, prefiriendo los “expertos de cabecera habituales” que aparecen en dichos medios cada vez que hay un brote.

Tampoco la OMS (en sus solemnes ruedas de prensa) recurre a expertos latinoamericanos, prefiriendo a los “sabios habituales” europeos o norteamericanos, una demostración más del sesgo implícito de desprecio a los países que no son los que “verdaderamente saben”.

Desde la primera vez que llegué a Chile hace ya muchos años me advirtieron de que era importante tener cuidado con el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus), reservorio del ANDV. Especialmente con una actividad aparentemente tan inocua como dar un paseo por el campo, aún más a primera hora de la mañana. Uno no imagina que haciendo algo tan inocente, pueda ocurrirle algo. Sin embargo, las excretas nocturnas del ratón colilargo (un animal simpático que se mueve dando saltitos como un cangurito) generan aerosoles que, en el amanecer especialmente, asciende en los caminos, especialmente si son muy tupidos, siendo inhalados por el paseante que se aventura por esos territorios. Junto a ello, el ratón colilargo vive y excreta especialmente en todo tipo de lugar cerrado en dichas zonas, como bodegas, graneros o cabañas. Como ejemplo, los factores de exposición relacionados con adquirir la infección por hantavirus en el 2026, corresponden en Chile a ser residente de sector rural, trabajador agrícola y/o forestal y realizar excursiones al aire libre. Una vez contagiado por el ANDV la situación es de extrema urgencia, puesto que requerirá muy a menudo ventilación mecánica e incluso ECMO.

Medios de comunicación y la propia OMS han insistido en que ésta es la única cepa capaz de transmitirse entre personas, de donde viene toda la parafernalia de los últimos días. Se remiten con frecuencia al trabajo de Martinez et al publicado en New England en 2020 sobre la posible transmisión a través de tres personas que participaron en eventos multitudinarios ocurrido en Argentina en 2018-9. El artículo llega incluso a ser reproducido ayer por El Mundo con vistosa infografía, y uno de sus autores (eso sí, investigador del Monte Sinaí) fue entrevistado a toda página en el diario El País. El argumento de la transmisión persona a persona ha llevado a interpretar todos los posibles contagios  del crucero MV Hondius como causados por el caso 0, el hombre sudafricano que fue el primero en fallecer, sin tener en cuenta que dadas las características de la expedición y el elevado periodo de incubación de la enfermedad (hasta 8 semanas), los escasos casos confirmados ( 7 hasta la fecha en un barco con 147 personas a bordo) podrían haberse producido por contagio de los aerosoles del ratón en alguna de sus excursiones, para cuya confirmación se precisaría una detallada revisión epidemiológica de los recorridos de todos y cada uno de ellos. Porque no sólo podrían haberse contagiado en las zonas cordilleranas, sino incluso en cualquier lugar de Argentina, puesto que el aumento de los casos en la zona del gran Buenos Aires de los últimos años ha podido ser consecuencia de la migración de esta fauna derivada de los brutales incendios forestales ocurridos en los últimos años en Argentina y Chile.

Es un mantra recurrente utilizado por políticos, periodistas, y expertos mundiales recurrir a la expresión de que sus decisiones se basan en la evidencia científica. Pero, ¿qué evidencia?

En 2022, un grupo de investigadores liderados por Joao Toledo, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), publicó una revisión sistemática de la literatura  en el Journal of Infectious Disease sobre la transmisión persona-persona de la cepa andina del hantavirus. Sus resultados fueron los siguientes: “ 22 estudios cumplieron los criterios de inclusión. No fue posible realizar un metaanálisis debido a la heterogeneidad. Con la excepción de un estudio de cohorte prospectivo sobre el virus de la androstenediona (VHAN) en Chile, que presentaba un riesgo de sesgo grave, la evidencia de los estudios comparativos (el nivel de evidencia más sólido disponible) no respalda la transmisión de la infección por hantavirus de persona a persona. Los estudios no comparativos, con un riesgo de sesgo considerado como crítico, sugieren que la transmisión de VHAN podría ser posible”. La conclusión fue la siguiente:” El conjunto de la evidencia no respalda la afirmación de la transmisión de VHAN de persona a persona. Se necesitan estudios de cohorte y de casos y controles bien diseñados que controlen la co-exposición a roedores para fundamentar las recomendaciones de salud pública”. Entre los artículos incluidos en la revisión se encontraba el famoso trabajo de Martinez et al de New England. Ésta fue la valoración del mismo por parte de Toledo et al: “a pesar de las limitaciones conocidas en las investigaciones de casos (sin un grupo de control adecuado), algunos autores han formulado afirmaciones bastante alarmantes, como la existencia de "superpropagadores", término que actualmente está de moda debido a la pandemia Covid 2019, pero que también se utilizó para brotes causados ​​por el virus del Ébola, el coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio y el del síndrome respiratorio agudo grave; todos virus cuya transmisión de persona a persona está comprobada y que presentan modos de transmisión combinados. Este no es el caso del hantavirus, según el conocimiento actual y los datos disponibles. Los autores del artículo sobre "superpropagadores" investigaron un grupo de 34 casos y afirman que los 33 casos derivados del caso índice se debieron a la transmisión de persona a persona, pero no consideran explicaciones alternativas para los casos. No parece haberse realizado ninguna investigación sobre la posible co-exposición a las excretas/secreciones de roedores infectados en el ambiente, y la posibilidad de exposición ambiental ni siquiera se considera como una posible limitación del estudio. Además, a pesar del hallazgo de Ferres et al. en Chile de que la infección por contacto interpersonal es rara y solo se encontró entre parientes cercanos en su estudio (9 de los cuales eran parejas casadas o que convivían), Martínez y colegas incluso sugieren que cruzarse de camino al baño en una fiesta sin contacto físico fue suficiente para provocar la transmisión. Sin embargo, no se explica por qué la persona sentada junto al caso índice febril no se infectó, ni las otras más de 6 personas sentadas a menos de un metro de distancia en la fiesta”.

Por lo tanto, la transmisión entre personas es al menos, discutida, fundamentalmente por la escasa calidad de los estudios realizados hasta la fecha.

¿Por qué esta referencia que cuestiona la hipótesis de que esté demostrada la transmisión entre personas no se menciona? Incluso en el artículo  del BMJ (Hantavirus: what you need to know), al que ya hemos respondido, no se hace referencia al mismo. 

¿Quién establece qué evidencias sirven y cuales no? Para impulsar la loable intención de OMS de mejorar la confianza en la ciencia y luchar contra la desinformación, primero habrá que saber cómo vamos a determinar cuál es la evidencia. Y en este caso no parece que esté sobre la mesa toda la evidencia disponible. 

Desde el famoso artículo del New England de Martinez (de 2020 sobre un brote de 2018) no han aparecido nuevas evidencias determinantes de la transmisión entre personas. En el caso de producirse, los estudios que hasta ahora apoyan esta vía de transmisión sostienen que la transmisión sería consecuencia de contactos muy cercanos, generalmente de convivientes con relaciones muy estrechas, puesto que la vía de transmisión sería en este caso la saliva. En todo caso, el riesgo de transmisión humana sería muy bajo: si realmente  fuera más alta, la incidencia de casos en países como Chile no sería de 0,5 por 100.000. 

En cualquier caso, y aceptando la hipótesis de la transmisión humana difícilmente se justifica el inmenso gasto que ha supuesto en todo el mundo la gestión de la crisis del MV Hondius, la alarme generada a la población, y por supuesto las respuestas histéricas de presidentes como el de Canarias y sus teorías de “ratones nadadores”. El problema de no responder de forma adecuada a la verdadera magnitud de un  riesgo es que, cuando aparezca un riesgo real, quizá no se valore adecuadamente. En definitiva, el viejo cuento del mentiroso y el lobo.

martes, 14 de julio de 2020

La nueva normalidad (III): a problemas complejos soluciones simples ( y lerdas)

“Every complex problem has a solution which is simple, direct, plausible — and wrong.”

H.L.Mencken.

 Hace unos meses, cuando se iniciaba la salida del confinamiento, comentaba aquí la urgente necesidad de planificar adecuadamente en todo el estado español el proceso de identificación precoz de casos y seguimiento de contactos: testar, localizar, aislar , seguir, apoyar e integrar son las funciones esenciales, cuyo buen desempeño comparten los países con mejores resultados en el control y gestión de la pandemia. También señalábamos que España no parecía estar realizando adecuadamente las tareas, y lo que aún es peor, ocultando como de costumbre la información a los ciudadanos. 

En aquel comentario se incluían los ratios de profesionales que los principales países de nuestro entorno habían establecido para esa función, todo menos sencilla. Alemania, por ejemplo, que desde el primer momento llevó a cabo una digna respuesta a la pandemia, establece el ratio de un profesional por cada 4000 personas; de aplicar ese número en España se precisaría haber contratado al menos 11.725 profesionales, más de 38.000 de haberse comportado como Wuhan. Según datos del propio Ministerio de Sanidad de esta semana el personal contratado en todo el territorio asciende a 723, que añadidos a los 844 previamente existentes, suponen 1.567 profesionales para dar respuesta a las necesidades de vigilancia. La mediana de contactos por caso es de 4 según la misma fuente, mientras el ECDC establece que por cada caso identificado existiría una media de 90 contactos de los cuales 36 son de alto riesgo. Una de dos: o en España la gente vive aislada, en vastas superficies de terreno, sin posibilidad de contacto más allá de la familia( es decir, como en la estepa siberiana o en Laponia), o la estrategia de identificación de contagios española es simplemente una chapuza. La trayectoria tradicional de nuestro país, nuestra tendencia a decir que se hace lo que nunca se lleva a cabo, inclina a pensar que la segunda opción es la más probable.

El seguimiento de un caso implica  la necesidad de identificarlo  mediante PCR en cuanto aparecen los síntomas, buscar a conciencia todos los contactos desde al menos 48 horas antes de que comenzaran aquellos, aislarles en sus casas o buscar y acondicionar lugares donde puedan seguir el confinamiento durante 14 días, apoyarles económica y socialmente, al menos en ese tiempo ( es decir dándoles cobijo, alimento, hidratación y cuidado) y realizarles la PCR en el momento de comenzar con síntomas. En una muestra completa de incompetencia en un número no despreciable de brotes en este país se ha realizado masivamente a los contactos la determinación de PCR, lo que no sólo puede generar un alto número de falsos negativos al estar aún en el periodo de incubación en caso de exposición, sino que representan un despilfarro inusitado de recursos públicos ( mientras paralelamente se restringe la contratación de refuerzos profesionales). 

Por desgracia, la realidad es que el seguimiento del caso no pasa ( en la mayor parte de las ocasiones) de la llamada al domicilio y la instrucción de no salir de casa a los que allí vivan. La realidad es que ante los miles de trabajadores temporales que trabajan recogiendo frutas ( en una gran mayoría migrantes), no vamos a malgastar nuestro dinero en dotarles de cobijo, aseo, o alimentación digna de un ser humano, sino que preferimos confinarles a los cortijos en ruina, los corrales, los parques o los barrancos: ojos que no ven corazón que no siente.

La respuesta política española al problema en la mayor parte de las comunidades autónomas en la fase post-confinamiento, es la más sencilla: identificar infractores. Con la rapidez y voracidad de los incendios forestales en verano, se extiende por todas las comunidades autónomas la nueva orden del tridente COVID ( políticos-expertos-policías): la obligación de llevar la mascarilla, aun cuando se mantenga la distancia de seguridad, bajo pena de multa: aunque uno pasee por calles desiertas, aunque trabaje en salas vacías, aunque no pueda contagiar ni al perro que no tiene. 

Paul Glasziou alertaba de la necesidad de realizar investigación rigurosa sobre las intervenciones no farmacológicas ante la COVID-19, de efectos enormes sobre la vida de las personas: no hay investigación suficientemente fiable hasta el momento sobre muchos aspectos relacionados con el uso de mascarillas: sobre su efectividad real( que no eficacia), puesto que los estudios disponibles son en su inmensa mayoría son experimentos en laboratorio y no en condiciones reales de uso; sobre sus efectos adversos ( incluso en relación con al replicación viral); sobre su comparación con otros medios como pantallas; sobre la dosis adecuada y la forma de administración ( qué modalidad de mascarillas, con qué forma colocación); o sobre la necesidad de complementarla con otras medidas como la higiene de manos y el distanciamiento social. 

Pero la mascarilla tiene la ventaja que el represor de turno, sea policía o dron, puede fácilmente identificar al culpable, al insolidario, al rufián. Inmovilizarlo, multarlo y regañarlo.

Mascarillas hoy, nuevo confinamiento mañana. Ante la impotencia de la propia incompetencia, la solución más fácil. Las  medidas verdaderamente útiles requieren reflexión, trabajo, perseverancia y recursos. Demasiado complejo. Las soluciones rápidas y sencillas consiguen además el doble objetivo: desviar la atención del verdadero problema ( el hacinamiento de personas tratadas como animales) y el refuerzo en la dosis de miedo que nos vienen administrando desde hace 6 meses. Nadie protesta. Cuando nos demos cuenta será demasiado tarde.

lunes, 24 de septiembre de 2018

El cártel

“Ellos establecen , seria y sentimentalmente, las tareas destinadas a remediar los males que ven en la pobreza pero sus remedios no la solucionan; más bien al contrario, la prolongan”
Oscar Wilde.
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Si hay una publicación en español imprescindible para conocer las grandezas y miserias de la investigación médica hoy en día , ésa es No Gracias. Mientras las revistas “serias” pelean por sus ranking JCR haciendo oído sordos a los grandes debates de la investigación, No Gracias no sólo traduce los artículos clave de la contienda sino que además toma partido de forma sólidamente argumentada.
Porque lo que está en juego ahora mismo es la credibilidad de las fuentes de información que durante dos décadas han sido tomadas como referencia a la hora de tomar decisiones que afectan a la salud ( y la dolencia) de los pacientes.
Como es sabido, en las últimas semanas la Colaboración Cochrane expulsó de su Consejo de administración al investigador Peter Gotzsche. Para conocer el proceso en detalle nada mejor que leer con detenimiento las dos excelentes traducciones publicadas en No Gracias, tanto el comentario de Gotzsche en su blog, como  el comentario de Hilda Bastian en el suyo.

Para el que no le conozca aún, Gotzsche es un “enfant terrible” de la investigación científica, la bestia negra de los que entusiastas de la prevención a través de sus cribados.  Durante años puso de manifiesto las debilidades de los cribados masivos mediante mamografías, con el riesgo evidente de sobrediagnóstico que supone y su nulo efecto en materia de mortalidad global; más tarde denunció ( al igual que Allen Frances) los excesos de la psiquiatría, considerando que es preferible no tratar a asumir os efectos adversos de los psicofármacos; su última crítica , publicada en BMJ Evidence Based Medicine, pone de manifiesto las deficiencias de una revisión Cochrane sobre la vacuna del papiloma humano, el gran tabú de la última década que ningún gobierno está interesado en cuestionar.
Para hacerse una opinión propia lean las diferentes posturas al respecto del debate de gente tan respetable como Greenhalgh, Moynihan o la propia Bastian. Pero la clave de la discusión ( como señala Abel Novoa ) es si se acepta o no el principio GIGO ( Garbage In= Garbage out, o si entre basura saldrá basura).
No abundaré en la discusión porque ya lo ha hecho Abel mucho mejor de lo que podría hacerlo yo. Pero otro aspecto merece también atención.
Curiosamente coincidiendo con la expulsión de Gotzsche un generoso mecenas inyectó una considerable cantidad de dinero en la Cochrane Collaboration. Se llama Bill & Melinda Gates Foundation. La sombra de la sospecha que existe cuando de inversión farmacéutica se trata, desaparece cuando los hombres más ricos del mundo regalan cantidades ingentes de dinero, aparentemente sólo por amor al arte, tal y como manifiesta la candidez de ciertos políticos y directivos.
En datos de hace ya unos años, las 27 entidades filantrópicas de los más ricos ( Gates, Rockefeller, Slim, Zuckerberg,Bazos y demás hierbas) donaban más de 15.000 millones anuales. Su gasto ( ¿ o mejor llamarlo inversión?) pasó de 3000 millones de libras en 2000 a 16000 millones en 2016. Entre ellos Gates arrasaba y sigue arrasando: en 2012 sonó 2600 millones mientras los 7 que más invirtieron después de él aportaron “solo” 1.200 millones. Su inversión global, estimada hasta 2010 era de más de 26.000 millones, la mayor parte en proyectos de salud: para dar idea de su magnitud la Rockefeller ( el otro gran financiador) no ha llegado a 14.000 millones de dólares desde 1914, y la OMS gestiona apenas 2.000 millones por año. 
La Gates Foundation es actualmente el segundo mayor financiador de la Organización Mundial de la Salud tras el gobierno de los Estados Unidos. Curiosamente el modelo de evaluación de la Atención primaria que propone la OMS es el modelo de evaluación de la Gates ( Primary Care Performance Initiative). Un modelo no validado ni pilotado ni publicada su fiabilidad en revistas científicas. A diferencia de otros instrumentos ( PCAT, MONITOR) que sí lo han hecho. En el que incluye indicadores tan interesantes para evaluar la Atención primaria como el de Exactitud diagnóstica ( Diagnosis accuracy), que mide el número de casos atendidos en AP que son correcta y adecuadamente diagnosticados a través de un código, ignorando que (como señalaba en su revisión Kroenke) más de un tercio de los síntomas en una consulta de Atención Primaria quedan sin diagnóstico.
A pesar de su más que discutible validez , esta misma propuesta se incluye en los borradores de la próxima declaración de Astana de OMS, en cuya elaboración la sombra alargada de la Gates Foundation es bien notoria.
El ya clásico informe de Martens y Seitz para la GPF ( Philanthropic Power and Development: who shapes the agenda?) describe con claridad cómo condicionan las corporaciones (la Gates especialmente) la agenda en materia de alimentación, desarrollo tecnológico y salud global. Como señalaba The Guardian uno de los medios empleados para ello era la infiltración en las élites del conocimiento y la investigación. Como la Cochrane. 
Una de las prioridades de la Gates ha sido precisamente la investigación en nuevos fármacos y vacunas ( más de un tercio de los fondos según The New Internationalist). Como lo es el fomento a lo largo de toda su existencia de programs verticales centrados en enfermedades y no en los que las padecen, aquellas enfermedades que Gates decide que son prioritarias. Según un trabajo de Lancet de 2009 solo un 1,4% de los fondos de la Gates entre 1998 y 2007 se dirigieron a instituciones públicas, y solo 37 de las 659 organizaciones no gubernamentales que recibieron fondos pertenecían a países de bajos o medianos ingresos. La financiación que Gates otorga a OMS es fundamentalmente finalista y no esta destinada a decisiones acordada por la propia OMS en su Asamblea Mundial anual.
Low filántropos como Gates marcan la agenda, las prioridades, ahora también la ciencia, lo que es cierto y lo que falso. Se reúnen con ministros y presidentes de gobierno que babean por sus contribuciones.La puerta giratoria que conecta a la Gates Foundation y la industria farmacéutica o empresas tan limpias como Montsanto no deja de girar.
El Dr Arata Kochi , antiguo director de la investigación sobre malaria de OMS, definió a la Gates Foundation como un cártel que suprime la diversidad de opiniones científicas sin rendir cuentas a nadie que no sea ella misma”.

Quizá la motivación de estos generosos filántropos sea mejorar la salud y la alimentación de la humanidad. Pero dejar en sus manos el control de la investigación, el conocimiento o la orientación de los servicios sanitarios es un acto suicida para los que aspiran a sistemas destinados a reducir iniquidades y no a cebar la cuenta de resultados de la industria de la salud.