En el último número de Babelia
del pasado sábado 27 de diciembre de 2025 le preguntaban a la filósofa Marina
Garcés qué consideraba que estaba socialmente sobrevalorado en el momento
actual. Para Garcés estaba claro: “ en estos momentos la salud. Es el nuevo
mercado”
No es cualquier persona quien así
opina, sino una de las voces más lúcidas de la sociedad española. Pero en el
mismo periódico, El Pais, uno de los medios más sibilinamente implicados en el
desarrollo de ese mercado del que hablaba Garcés, dos noticias venían a fomentar
esa sobrevaloración de la salud.
La primera aparecía en El País
del 26 de diciembre firmada por Jessica Mouzo y Oriol Güell y lleva por título
“la crisis de los cribados pone en jaque la estrategia contra el cáncer”. En
dicho artículo el cribado de los diferentes tipos de cáncer no se plantea como
un medio para alcanzar un fin ( que debería ser reducir la mortalidad) sino
como un fin en sí mismo, que está siendo obstaculizado en su desarrollo nada
menos que por la propia evidencia científica:
“La razón de que no haya más cribados es la dificultad de establecer con la
evidencia científica disponible que el plan realmente mejore la salud de la
población”. Pese a este pequeño detalle, según el artículo, Trujillo,
coordinador del proyecto Cassandra sobre el cribado del cáncer de pulmón (una
voz objetiva como se ve), se muestra optimista sobre el desarrollo de los
cribados a pesar de la crisis de gestión del cribado de cáncer de mama en
Andalucía: “Quizás pueda dificultar la
implementación o el arranque de otros programas. Puede que tengamos que
solucionar detalles (sic) con cribados ya consolidados, pero mejorar esos no
debería frenar el arranque de otros”. Nadie debería frenar los cribados,
por tanto, aunque la evidencia sobre su efectividad sea muy débil, aunque su
eficiencia sea más que discutible, aunque contribuye a aumentar las listas de
espera de los pacientes que sí tienen un problema grave. Y para ello nada mejor
que fomentar la demanda ciudadana. Señala también el artículo:” A principios de noviembre una mujer diagnosticada
con cáncer de mama metastásico a los 43 años empezó a recoger firmas para
ampliar la edad del cribado de este tumor a los 40-el chequeo bienal suele
empezar a los 50. La petición suma ya más de 55.000 apoyos, pero la decisión de
ampliar o no la edad de un cribado es un asunto extremadamente complejo…”.
¿Qué quieren sugerir los periodistas? ¿Tal vez que a partir de ahora las
intervenciones médicas deban ser establecidas por sufragio popular? ¿Cuántas
firmas serían suficientes para aprobar el uso de un procedimiento, aunque no
exista ninguna evidencia de su utilidad? ¿Por qué no someter a referéndum el
empleo sistemático de Resonancias Magnéticas para catarros de vías altas? ¿O un
neurocirujano en cada pueblo?
En el debate sobre la deficiente
gestión de las citas y seguimiento para cribados en Andalucía ( que no es un
problema exclusivo del cribado, sino de la gestión integral de procesos y
procedimientos en el sistema) nadie osó discutir el procedimiento en sí. Todas
las autoridades sanitarias de cualquier signo político abundaron en un tono
sensiblero con el argumento de que los cribados “salvan vidas”, frase de alto
impacto y escaso sentido, puesto que en el mejor de los casos retrasarían
muertes. Lo que no es el caso de la mayor parte de los cribados: En 2023
Bretthauer et al publicaron en el JAMA Internal Medicine una revisión sistemática con metanálisis
sobre la estimación del tiempo de vida ganado con los cribados de cáncer. Su
conclusión fue la siguiente.” Los hallazgos de este metanálisis sugieren
que la evidencia actual no respalda la afirmación de que las pruebas comunes de
detección del cáncer salvan vidas al prolongar la vida, excepto posiblemente la
detección del cáncer colorrectal con sigmoidoscopia, que podría prolongar la
vida aproximadamente tres meses”.
En la información sobre el
cribado se parte de una base: no es discutible la bondad de los mismos,
independientemente de la evidencia científica al respecto. Hace ya muchos años Jorgensen publicó en BMJuna revisión sobre la información que se daba en diferentes países europeos en
los folletos sobre cribado del cáncer de mama. En ninguno se mencionaba efectos
adversos alguno; las cosas se han mantenido así desde entonces.
Sería deseable que los
periodistas de El País en teoría especializados en noticias de salud, los
expertos en cribados y los políticos sanitarios leyeran el magnífico libro de Margaret
O’Sullivan de La era del diagnóstico ( incluso está traducido al español). En
él señala que los programas de cribado se introducen en los sistemas sanitarios
sin ninguno de los rígidos requerimientos al que cualquier fármaco ha de
enfrentarse, dando por hecho que los cribados son buenos por definición. Por
ignorancia o deliberado desprecio, todos ellos pasan por alto que el cáncer ni
es homogéneo, ni todas las células cancerosas se comportan igual: en un estudio realizado en Detroit sobre autopsias de hombres que murieron de causas
diferentes al cáncer de próstata se observó que en un 45% de dichas autopsias
existían hallazgos de cáncer de próstata temprano en hombres mayores de 50
años, y de un 70% en mayores de 60 años. Dado que el riesgo de cáncer de
próstata en Estados Unidos es de un 13%, ello significa que la mayor parte de
los cánceres de próstata encontrados en las autopsias eran hallazgos causales
(incidentalomas) que nunca causarían problemas de salud a las personas en que
se existían. Existe, por tanto, como señala O’Sullivan una gran diferencia
entre los cánceres encontrados en un programa de cribado y aquellos detectados
en una auto-exploración o que causen síntomas. Éstos últimos, señala, son los
que manifiestan signos de crecimiento. Al no diferenciar estas dos formas de
cáncer los programas de cribado actúan ante todos los tipos de cáncer
detectados de la misma forma: como si todos fueran a progresar, interviniendo
ante ellos agresivamente. Los efectos adversos, inevitables en la terapia oncológica,
son especialmente graves si el cáncer no hubiera progresado nunca. Por ejemplo,
la cirugía prostática ante la sospecha de un cáncer produce disfunción eréctil
en uno de cada tres hombres sometidos a ellos. Por ejemplo, por cada 2000
mujeres sometidas a un programa de cribado por cáncer de mama se evitará una
muerte prematura, pero 10 de ellas serán sometidas innecesariamente a
tratamientos oncológicos que nunca hubieran necesitado, es decir mastectomías,
radioterapia o quimioterapia, según la revisión Cochrane. Y más del 50% de las
mujeres sometidas a cirugía de la mama sufren experiencias negativas en su
autoimagen y sexualidad. Se considera que un 30% de los cánceres detectados en
un programa de cribado son sobrediagnóstico, uno de cada 6 en el cáncer de
próstata.
Interesantes también las
opiniones del artículo de El Pais sobre la detección. Castells, director médico del Clinic
en Barcelona, señala que es más beneficios ampliar el cribado de los 70 a los
75 años porque allí la incidencia de colon es mayor… Por supuesto, la incidencia
de cáncer es mayor con la edad como hemos visto antes, y por supuesto cuanto
más cribado hagamos más será la incidencia. Pero esto iba en teoría no de
detectar más sino de evitar muertes prematuras. Y como señala O’Sullivan tratar
a personas que nunca necesitarían tratamiento sin duda aumentaría las cifras de
supervivencia y por supuesto la satisfacción del paciente, al sentirse muy
afortunados por tratarse de un cáncer aunque nunca les hubiera producido problema
alguno (hablaremos de ello en el próximo post).
Sin embargo, lo que necesitamos
saber es cuales el el impacto en la mortalidad global de las personas sometidas
a cribado de este tipo de problemas. Y a este respecto ya hemos comentado el metanálisis de Bretthauer en que evaluaba el impacto global de los programas de cribado de cáncer que
incluía próstata, mama y colon, en un total de 2 millones de personas no
demostró evidencia de aumento de supervivencia salvo en el de colon en que
aumentó 110 días.
No se trata de deslegitimar los
cribados de manera radical. Simplemente de reconocer que, como cualquier otra
intervención médica, tiene beneficios y daños. Un programa de cribado , para O’Sullivan,
debería prevenir los cánceres en estadios avanzados de la enfermedad, evitar
muertes por cáncer y por supuesto reducir la mortalidad global. Y esta
información debería ser conocida por medios de comunicación, políticos y la
sociedad en su conjunto.
Salvo que de la mano del buenismo
de querer salvar vidas lo que estemos haciendo es fomentar el mercado. En este
caso de la prevención, que también existe.
En el próximo post hablaremos de
la segunda muestra de promoción mercantilista de El país de los últimos días y
las contradicciones que supone para la defensa de un sistema público.