miércoles, 12 de enero de 2022

"Hacia el fin de la excepcionalidad": el editorial imprescindible de AMF para cualquier sistema sanitario del mundo



El Comité de Redacción de la revista española AMF, de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC) acaba de publicar un largo editorial sobre la situación actual de la atención a la pandemia ( Hacia el fin de la excepcionalidad).

Es un editorial imprescindible, largo, lleno de argumentos y matices, que deja un panorama con múltiples claroscuros, inevitable en fenómenos complejos como el que vivimos. Posiblemente por eso no gustó ni gustará a los fundamentalistas y ayatolas que asolan medios de comunicación y redes sociales, desde los negacionistas de enfermedad y vacunas a los amantes del autoritarismo científico ( que tan bien enunció Javier Peteiro) en que sólo su voz y la de los que refrendan sus posturas tienen validez.

Hay una gran diferencia sin embargo, en el enfoque de los autores de la editorial: practican la medicina de familia desde la trinchera en la que políticos sin escrúpulos y gestores sumisos han convertido a la Atención Primaria. Aunque todos y cada uno de sus argumentos están sustentados en trabajos y datos científicos, su visión es la de los que cada mañana o tarde, desde haca dos años acude al centro de trabajo sin instrucciones y directrices coherentes ( a menudo sin directriz alguna), sin medios de protección durante muchas fase de la pandemia, sabiendo que no sólo deberá atender a los pacientes de su cupo, sino muy probablemente a los del cupo de la puerta  de al lado de su consulta, porque su colega hoy no acudirá por estar ausente, enfermo, imposibilitado de acudir por las caprichosas cuarentenas del político de turno.

También a diferencia de otros tantos manifiestos plúmbeos e intimidatorios, la editorial es de una claridad evidente, centrada en cinco ideas clave: 

-       1.- El virus no va a desaparecer (en contra de aquellos “hooligans” del covid zero, no se si se acuerdan).

-       2.- La vacunación debe ser basada en le evidencia y la equidad: ¿dónde quedaron aquellas efectividades del 95% que tanto jalearon los expertos de relumbrón? ¿ como es posible que nuestra prioridad sea la tercera, cuarta ( Israel, Chile) y pronto quinta dosis para engordar las cuentas de resultados de empresas que ignoran sus obligaciones de legales de hacer transparentes sus datos y compartir sus patentes?

-       3. Se precisa una comunicación para una sociedad adulta, no basada en los criterios de padres autoritarios que castigan a los niños sin postre si no se portan bien y van sin mascarillas por medio del bosque. Que respete a los que discrepan e intente su convencimiento con argumentos, y no con llamadas, hoy a “joderles” (como hace el patético presidente francés, y mañana quizá a encerrarlos en guettos o granjas. La gente no es culpable. Confinar a la gente en sus domicilios, cerrar colegios, impedir a los jóvenes ver a sus amigos, impedir que se reúnan familias poniendo puertas al campo e impidiendo entrar en tu país tiene un coste desproporcionado. Los políticos y gestores de esta catástrofe ( aun no evaluada de forma independiente) sí son responsables.

-       4.- Se precisa recuperar no una nueva normalidad sino la vieja normalidad, es decir la única normalidad real. Alejada de ese “Carrusel deportivo” diario en que cada noticiero compite con el resto en quien asusta más sobre a donde vamos a llegar en la pandemia, ignorando ( como muy bien señala el editorial) las diferencias entre una prueba positiva, una prueba verdaderamente positiva, un caso, una persona enferma, un contacto estrecho  o una persona contagiosa. O las diferencias entre un enfermo con Covid 19 , por Covid 19, hallazgos casuales de Covid 19 o infecciones nosocomiales por la misma.. 

-       5.- Es imprescindible “dejar de hacer para poder hacer”, aquel brillante aforismo del gran Josep Casajuana, (uno de los grandes médicos de familia de este país), por mucho que le moleste al doctor Carballo, quizá la más clara muestra del miedo que puede llegar a generar un médico con un micrófono en las manos.

Además de eso señala uno de los grande agujeros negros que siguen sin solución, responsable al menos de la mitad de las muertes producidas en España: la falta de condiciones adecuadas de las residencias de mayores, responsabilidad indiscutible de los gobiernos de este país que eluden de la manera más miserable, empezando por la comunidad de Madrid y el propio gobierno de la nación.

Por supuesto ya han salido los Apocalípticos de turno a abominar de estas recomendaciones: desde sus púlpitos, en la comodidad de sus cuidadas bibliotecas (cuyos libros cambian cada día) desde el silencio de sus laboratorios (donde no hay pacientes airados en la puerta solicitando un certificado que nunca podrán entregar), y bien remunerados por las cadenas de televisión y radio,  es fácil seguir preconizando las medidas  y previsiones que llevan dos años proponiendo, y cuya fiabilidad deja el virus en ridículo una vez tras otra. Salieron también las otras sociedades de médicos de Primaria que se sigue sin saber bien a que juegan. 

Ninguno entiende que se proponga tratar a la pandemia con la atención e importancia que merece, pero no menos que al inmenso conjunto de otros pacientes que el único delito que han cometido es no tener Covid: los pacientes con cáncer, con múltiples condiciones crónicas, con problemas de salud mental, de pobreza, de exclusión. La gente que, día a día, atienden los médicos de familia que siguen sin recibir por parte de esta sociedad ( y en especial sus políticos y medios de comunicación) el respeto, el trato, los recursos y la admiración que merecen.

domingo, 9 de enero de 2022

Estampas navideñas en tiempos de pandemia





Como ciudadano obediente que soy, y siguiendo una vez más las indicaciones de mi presidente del gobierno (uno de los más atractivos del mundo), y de mi ministra de sanidad (una de las más expertas en el contenido de su cartera) salgo a la calle dispuesto a dar un paseo. Recorro las calles vacías de mi pueblo en un sorprendente día primaveral en pleno diciembre, cuando veo a más de cien metros a una adorable señora que me hace señas ostentosas: pienso que es para felicitarme el año , pero inmediatamente compruebo que es otra ciudadana proba, que me conmina a que me ponga la mascarilla visiblemente enfadada. Rápidamente me la coloco, excusándome por el olvido imperdonable de no recordar la obligación taxativa implantada recientemente por el gobierno español de usar la mascarilla en exteriores. Aunque la evidencia científica (basada en ensayos clínicos aleatorizados y metanálisis) sobre la efectividad de la mascarilla en prevenir la infección por Covid-19 sigua siendo cuando menos débil (como bien han argumentado Prasad y compañía), hasta el punto de ser considerada  su obligatoriedad algo próximo al “pensamiento mágico” (ante la sorprendente ausencia de evidencias sólidas, ya dos años después del comienzo de la pandemia) ,  se sigue obligando al personal a su uso según el capricho de la autoridad de  turno, a la manera más de amuleto que de efectiva medida no farmacológica: se admite unánimemente que “cualquier máscara, usada cualquier número de veces, usada de cualquier forma, por cualquier cantidad de tiempo, en cualquier lugar, reduce la transmisión en una cantidad considerable”, cuando de ser realmente una intervención preventiva debería definirse con claridad  qué tipo de materiales, forma de colocación, o caducidad de uso debería tener (puesto que la antigüedad de algunos cubrebocas es cercana al inicio de la pandemia). Al margen de que si aceptamos (como parece aceptar la amplia mayoría de la comunidad científica) la hipótesis de que el SARS Cov 2 se transite esencialmente a través de aerosoles, poca protección darán mascarillas sueltas que no protejan férreamente mucosas. Pero  ¿quienes somos nosotros para dudar de las infalibles decisiones de nuestros abnegados políticos y sus no menos comprometidos asesores?.
Ya bien pertrechado de mascarilla me dirijo a la farmacia donde una cola impresionante me confirma la tremenda alarma social generada por  omicron. Observo las explicaciones pormenorizadas de la farmacéutica a un amplio abanico de personas de mi pueblo de todas edades para hacerse el test de antígeno, y no puedo evitar dudar de la fiabilidad de tales pruebas dejadas al buen criterio del ciudadano. Por fin llego bien enmascarado a un bar donde todo tipo de carteles me indican la prohibición de no poder entrar si no es bien embozado, pero esa exigencia es de nuevo otro amuleto contra el yuyu, pues una vez alcanzada la mesa más cercana, puedo quitarme la mascarilla inmediatamente, como si en ese minúsculo tránsito de la puerta a la silla hubiera adquirido todas las inviolabilidades de  R’has al Ghul. Todas las autoridades mundiales respaldan este extraño fenómeno de inmunidad tipo “estoy en casa” del parchís, donde ninguna malévola confluencia viral me puede dañar. Ya en la mesa, el amable camarero me pide el certificado vacunal. Acudo a mi teléfono móvil, y me  alegro de que mi madre no hay venido porque la habrían echado a patadas. Busco en el teléfono, pero a pesar de llevar el certificado a mano para los viajes internacionales, no lo encuentro. Me conecto a la app de la Junta de Andalucía para descargarlo pero no dan por válidos mis números. Me conecto entonces a la web del Ministerio de Sanidad de su excelencia la señora Darias pero me piden el certificado digital que no tengo instalado en el teléfono. A todo esto mis compañeros de farra han consumido dos cervezas y sus correspondientes tapas mientras sigo buscando el certificado. El camarero,amable, se apiada de mi y da por buena la intención: “nosotros no somos ni policías ni sanitarios , pero tenemos que comprobarlo , no sea que el paisano que viene al bar sea un policía camuflado”.
A mi sobrino , covid positivo , le confinaron 10 días en su dormitorio unos días antes de Nochebuena. Pero los extraordinarios gobiernos autonómicos (quizá como muestra de su magnanimidad navideña) redujeron los encierros cuarentenales a siete días. ¿Por qué no 8? ¿o 5? Pues no está claro: algunos gobiernos lo justifican por la sobrecarga de la Atención Primaria ( excusa ahora para todo), otros aducen el riesgo de quedarnos sin servicios esenciales, otros alegan el exceso de bajas… todos argumentos de amplia solidez científica y de gran coherencia con medidas previas, como se ve.
Escucho en el telediario que en Cataluña incluyan los autotest en los listados de positivos pero Madrid, gran entusiasta de los test masivos (de nula utilidad como bien argumenta Allyson Pollock,pero de gran utilidad mediática para la demagoga Presidenta madrileña), promueve su uso pero no piensan declararlo como casos.  De forma que ante el gran número de contagios y que los criterios de notificación cambian en tiempo y espacio de forma vertiginosa, más lógico sería decir que la incidencia acumulada a 14 días en España es simplemente…mucha.

domingo, 26 de diciembre de 2021

Blanquear lo negro



El domingo 19 de diciembre se celebraron elecciones presidenciales en Chile, las elecciones más importantes en el país desde el plebiscito sobre la continuidad del dictador Pinochet en 1988.

Para el diario ABC, el resultado de las elecciones chilena no mereció tan siquiera una mención en portada, algo que si hicieron con fotos a media página del ganador, El Mundo y El País. Algo que sin  duda habría sido muy distinto de ganar Kast.

El candidato perdedor,José Antonio Kast, no sólo es defensor de la dictadura pinochetista y admirador de su responsable , sino que es partidario de dejar en libertad a condenados en sentencia firme por crímenes brutales durante la dictadura, llegando a decir que, de vivir Pinochet, votaría por él. Una de sus propuestas estrella durante la campaña electoral fue la construcción de una zanja de tres metros de ancho y 3 de profundo (solo faltó añadir cocodrilos), en las fronteras con Perú y Bolivia, en una innovadora adaptación del muro de Donald Trump; partidario inicialmente de abandonar la ONU, matizó en la segunda vuelta la propuesta, proponiendo solamente abandonar la comisión de Derechos Humanos por estar en ella Venezuela y Cuba, dictaduras comunistas. Sin embargo su aversión al comunismo se diluye si se trata de China, con la que pretendía establecer acuerdos comerciales para la elaboración de vacunas . Convencido inicialmente de acabar con el Ministerio de la Mujer, uno de sus colaboradores llegó a afirmar en sus redes sociales a que los violadores de mujeres feas deberían recibir una medalla. Kast llegó a proponer “el arrestar a personas en recintos que no sean cárceles” (con sospechosas similitudes a los centros de detección y tortura de la DINA durante la dictadura) e incluso al establecimiento de una red latinoamericana de persecución y colaboración entre países para perseguir y reprimir los procesos subversivos, con sospechosas similitudes con la operación Cóndor. Para el diario ABC Kast es hijo de emigrantes alemanes llegados a Chile en los años 50. The Guardian lo identifica como hijo de un nazi puesto que su padre no fue un simple emigrante sino un miembro del partido nacionalsocialista afiliado antes de la guerra mundial.

ABC y El Mundo definen a Kast como un “conservador sin complejos” simple y llanamente. Por el contrario, para The Guardian, un político admirador de Trump y Bolsonaro, enemigo de lo que llamó “la dictadura gay” y que solo encuentra en la represión sin miramientos de los conflictos seculares con la nación mapuche la forma de solucionarlos, no es más que la encarnación chilena de la extrema derecha que crece en todo el mundo. 

Gabriel Boric por su parte, es el presidente electo más joven de la historia de Chile (35 años) y el que alcanza el cargo con mayor número de votos (más de cuatro millones seiscientos mil). Fue líder destacado en las movilizaciones de estudiantes de los años 2011 y 2012, y se enfrentó a su propio partido al firmar a título personal el acuerdo nacional para elaborar una nueva Constitución, y que fue la vía de salida del estallido social de 2019.Si bien es cierto que fue apoyado por el partido comunista, exigió a éste que se retractara de su apoyo a las elecciones nicaragüenses a las que calificó directamente de  fraudulentas:en nuestro gobierno el compromiso con la democracia y los derechos humanos será total, sin respaldos de ningún tipo a dictaduras y autocracias, moleste a quien moleste”.

A lo que aspira el nuevo presidente es a construir en Chile un estado de bienestar al estilo de los estados europeos de postguerra. Pretende alcanzar un sistema de pensiones similar al español , solidario entre generaciones y clases sociales, y construir un sistema de salud como el clásico Sistema Nacional de Salud británico, antes del desmantelamiento conservador.

Para el cada vez más numeroso entramado de prensa derechista española con el ABC y EL Mundo a la cabeza, Boric  no es más que un “ultraizquierdista”, "cabecilla de la izquierda más extrema” como señalaba la editorial de El Mundo. Para el ABC “por experiencia, conceder el beneficio de la duda a la extrema izquierda se ha convertido ya en un imposible”, insistiendo ambos medios en el grave perjuicio para los intereses españoles que supone un gobierno de este tipo.

Al silencio del primer día de ABC le han ido sucediendo cada día señales apocalípticas del derrumbe del peso chileno, o la caída de su bolsa. El lenguaje crea realidad y los medios de comunicación modifican ésta a partir de la tergiversación de los hechos . El presidente electo chileno no lo tiene nada fácil, es posible que las expectativas que haya despertado se vean defraudadas, pero negarle al derecho a intentarlo como se hace desde tantos medios es una forma más, nueva , sofisticada, de despreciar la democracia.

Al llegar a España un día después de la segunda vuelta de las presidenciales chilenas ,el policía nacional que revisó mi pasaporte preguntó por las elecciones chilenas y si el resultado había sido bueno; extrañado de la confianza respondí que la alternativa era un candidato a la derecha de Vox. El funcionario respondió que el problema de Vox era que “tenía mala prensa”.Cuando un policía se permite dar su opinión sobre Vox con esa ligereza a cualquier desconocido al que revisa el pasaporte, pone de manifiesto  que el trabajo de manipulación da sus frutos. Todos los medios de la derecha de este país, digitales o en papel, llevan años blanqueando el negro oscuro de Vox, haciendo creer a la opinión pública el carácter democrático de una afiliación que hace ostentación del franquismo, defiende una política xenófoba, culpa a los menores migrantes de cualquier delito que se produzca, y va de gira mundial buscando alianzas con los mas nauseabundos dirigentes, desde  Bolsonaro a Orban. Todos esos medios fomentan y estimulan la creación de una gran alianza entre los demás partidos de la derecha y Vox “para salvar a España”.Por el contrario en Alemania ningún partido, quiere siquiera sentarse en el parlamento junto a Alternativa por Alemania (AfA),la extrema derecha, ni por supuesto es posible que la derecha pacte con ellos.

El problema no es votar por Boric votar por Kast. Es la gigantesca estrategia de blanquear el negro, de banalizar el mal.

Fotografia: Santiago de Chile, el día de la victoria de Boric

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Chile, Inglaterra, España: vasos comunicantes



Tras el brutal golpe de estado dirigido por Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973, Chile sirvió de laboratorio perfecto para experimentar con los hipotéticos beneficios de la aplicación de las teorías económicas y sociales de los "Chicago boys", los economistas norteamericanos inspirados por Milton Friedman. El experimento fue un éxito, no sólo por la aplicación implacable de la ideología neoliberal  en el país, sino sobre todo por la capacidad que tuvo de cambiar profundamente la forma de pensar de buena parte la población chilena. Como resultado, casi medio siglo después, Chile presenta una de las mayores desigualdades sociales de los países de OCDE, y lo que es aún peor, la gran dificultad de modificarla: no tanto por la falta de alternativas políticas que pudieran llevarlo a cabo, sino por la extendida cultura de individualismo y competencia, y sobre todo de amplio recelo  social contra todo lo que suponga esfuerzo colectivo o solidaridad entre ciudadanos, de rechazo intrínseco al fortalecimiento del estado como forma de equilibrar tanta desigualdad.

El domingo próximo se celebra el balotaje de las elecciones presidenciales en Chile. El modelo de referencia en materia de sanidad para uno de los dos candidatos (Gabriel Boric de izquierda), es el Servicio Nacional de Salud británico (NHS), como lo era para Don Berwick, el ideólogo de la Reforma Obama ( Affordable Care Act). Una propuesta que a Berwick le costó el puesto acusado de “rojo” por el partido republicano, y  que es desacreditada por los ideólogos del otro candidato a la presidencia de Chile ( el candidato neofascista José Antonio Kast), por su elevada deuda y lista de espera.

Paradojas de la vida: mientras el modelo de un sistema integrado de salud como el NHS sigue siendo para muchos países del mundo el mejor camino para conseguir un sistema sanitario barato, equitativo, y humano, en la propia Inglaterra se desintegra, socavado en sus cimientos por treinta años de políticas neoliberales, iniciadas por su principal representante( Thatcher) y profundizadas por todos los gobiernos británicos desde entonces, no sólo conservadores sino también laboristas. Los referentes ideológicos (mínimo estado, fomento de la competencia, salud como mercancía) son los que han inspirado desde el golpe el modelo económico, social y político chileno. Y que pretenden seguir imponiendo pero corregido y aumentado con todos los aderezos del populismo de la extrema derecha que avanza a buen ritmo en todo el mundo.

En 2012 ya dedicamos tiempo en este blog a analizar las consecuencias del Health and Social Care Act, la ley que modificaba radicalmente la esencia del NHS de la mano del gobierno de David Cameron: en ella se abdicaba de la responsabilidad del estado británico de proteger la salud de sus ciudadanos, limitando su papel al de la simple promoción. Ahora, diez años después, y una pandemia devastadora por medio, el gobierno de Boris Johnson no sólo no pretende revertir aquella ley, sino que se apresta a darle una nueva vuelta de tuerca que probablemente lleve a la definitiva demolición del NHS: registrada en la Cámara de los Comunes en julio de este año, ya en su tramitación por la Cámara de los Lores, the Health and Care Bill tiene como objetivo final mutar de un sistema nacional integrado de salud, (referencia durante todo el siglo XX para cualquier modelo de estado de bienestar), a un sistema similar al modelo norteamericano, donde la salud es un bien de mercado, cuya “mano invisible” permita que el acceso a la salud depende siempre de tu nivel de riqueza…eso sí con una pequeña ayuda para los pobres. 

En el punto de mira de la nueva ley están los principios básicos del NHS desde su fundación: su obligación de dar servicios sanitarios a cualquier habitante del país, la gratuidad en el momento de la prestación, la provisión del servicio en función de la necesidad (y no de la capacidad de pago), o la gobernación del mismo en delegación de los ciudadanos (que son sus principales financiadores a través de sus impuestos). En lugar de ello tendrán derecho sólo aquellos inscritos en alguna de las entidades más o menos difusas de nueva creación, los Integrated Care System (ICS NHS bodies), algo que ya hizo el gobierno Rajoy en España al sustituir el ciudadano por el asegurado como sujeto de derecho en 2012.

Las nueva ley da enorme poder al gobierno pero sin establecer los correspondientes sistemas de rendición de cuentas, haciendo cada vez más opacos los procedimientos y presupuestos de contratación con los proveedores ( crecientemente privados), como ya se puso de manifiesto en la adjudicación a dedo de la mayor parte de los contratos en los dos primeros años  de pandemia. El control sobre los proveedores se diluye cada vez más. Y el viejo rol de los médicos generales como profesionales independientes es cada vez mas vampirizado por las grandes compañías norteamericanas.

La profesora Allyson Pollock lleva meses describiendo este proceso. Las resistencias de la sociedad británica, desde personajes anónimos hasta artistas, intelectuales o profesionales reconocidos es cada vez mayor, al ver como se destruye una de las señas de identidad de la sociedad y la cultura británica.

La avaricia de las grandes multinacionales de la salud no tiene límite: una vez agotado el mercado norteamericano primero y latinoamericano después, su objetivo prioritario es destruir los modelos de bienestar europeo como también describieron Reynolds y McKee: la apertura definitiva de la ostra..

En Chile la razonable y admirable propuesta del candidato Boric de construir un sistema como el británico se enfrenta décadas de mercantilización de la salud en la que una intervención quirúrgica sencilla puede suponer esperar años de espera o pagar 20000 euros. En España la locura colectiva de “fervor ayusiano” ignora de manera suicida lo que está ocurriendo en esa comunidad autónoma: la aplicación sistemática de una de las medidas esenciales para desmantelar los sistemas sanitarios públicos: reducir y reducir y reducir su financiamiento, depauperar las condiciones laborales hasta que llegue un momento que no haya más remedio que contratar un seguro privado porque el sistema público simplemente se desmoronó. Y lo que es aún más preocupante es que la alternativa política a ese modelo en España sigue ciega ante la necesidad acuciante de apuntalar , reforzar y proteger el sistema sanitario público. La urgencia se convirtió  en emergencia.  Y una vez destruido un sistema público ( como ocurrió en Chile en los 70) recuperarlo se convierte en una tarea casi imposible.

Chile se juega su futuro el domingo. España lleva ya tiempo jugándoselo. E Inglaterra ve cómo se viene abajo uno de sus pilares esenciales.


Imagen: Rikki Blanco en El Pais

viernes, 10 de diciembre de 2021

El razonable , imprescindible e improbable futuro de Fernando Fabiani

 


Fernando Fabiani lleva años realizando una tarea impagable en la lucha contra la medicalización completa de la vida a la que tan aficionados son muchos colegas, supuestos expertos en ciencia y medicina, políticos de pocos escrúpulos y la práctica totalidad de los medios de comunicación. Sea cual sea la empresa, canal o programa , todos esos llamados “grandes comunicadores” de este país, los que cada septiembre se hacen fotos molonas sonriendo a la cámara y dando supuesta imagen de credibilidad preocupados por el espejito mágico del estudio General de Medios, incorporan a sus programas a prepotentes “especialistas”, encargados de bombardear sistemáticamente los oídos y los cerebros de sus oyentes con mensajes sobre el infinito poder de la medicina, los increíbles beneficios de los nuevos fármacos y vacunas y la imperiosa necesidad de acudir al médico ante cualquier contratiempo de la vida cotidiana. Fabiani por el contrario aplica un sentido común cada vez menos común a desmontar buena parte de esos mitos. Tanto en sus múltiples intervenciones en televisión como en sus tres magníficos libros de divulgación, evita el camino fácil y completamente irresponsable de la mayor parte de divulgadores, multiplicados exponencialmente por la pandemia, auténticos generadores no sólo de miedo y daño (la iatrogenia que generan sus propuestas generan mucho más mal que bien) , sino de imposibilidad de sostener el sistema sanitario en su conjunto.

Fernando Fabiani acaba de publicar en Atención Primaria un editorial ( la buena normalidad: cuando salimos mejores). Es una carta escrita desde el futuro, un futuro cercano, el año 2026.  Me recuerda otro escrito similar escrito hace por Juan Gervas y Juan Simó (2015, el día a día de un médico de cabecera), pero en eseta caso escrito diez años antes.

Los dos son referencias llenas de futuros tan razonables como factibles, acompañadas de la esperanza de que tal vez acaben convirtiéndose en realidad. A la utopía de “los Juanes” ni siquiera nos aproximamos, encantados en esa década (2005-2015) de habernos conocido, de disfrutar de “la mejor Atención Primaria del mundo” , como se empeñaban en repetir una y otra vez ministras, consejeros, presidentes de sociedades científicas y buena parte de los profesionales de la AP. Diez años después de plantearlo la situación no solo había mejorado sino que el desmantelamiento de la Atención primaria avanzaba vertiginosamente en todas las comunidades autónomas ante la apatía, el silencio cómplice de muchos y la intencionalidad evidente de otros.

Todo lo que imagina Fabiani es de una necesidad más que evidente: poder disponer de autonomía para organizar el trabajo, , para montar la propia agenda, para dedicar a cada paciente el tiempo que necesita, para atender a las personas que viven en residencias de forma digna, o mejor aún , para desinstitucionalizarla en la medida de lo posible, como se realizó en la reforma psiquiátrica. Algo esencial, puesto que la mayor parte de los muertos por la pandemia ocurrieron en esos centros (cuya gestión sigue sin ser evaluada de forma independiente).Como es imprescindible que el mensaje tan manido y políticamente correcto de que la Atención Primaria es el centro del sistema sea alguna vez, de verdad, tenido en consideración por medios de comunicación, políticos y la sociedad en su conjunto.

Para todo ello se precisan dos requisitos fundamentales: una financiación extraordinaria, espectacular, desmesurada, y un rediseño completo de la Atención Primaria.¿Factible? Sí.

¿Probable? No. En el fondo no hay verdadero interés por parte de nadie en que el razonable y necesario futuro que imagina Fabiani sea realmente posible en 2026. A las pruebas y avances me remito.