martes, 17 de febrero de 2026

Requiem por el MECU Antes Llamado Médico


“Vuestra misión es someter al bendito yugo de la razón todos aquellos seres desconocidos que pueblan los demás planetas y que tal vez se encuentren en el incivil estado de libertad. Y si estos seres no comprendieran por las buenas que les aportamos una dicha matemáticamente perfecta, deberemos y debemos obligarles a esta vida feliz”

Nosotros. Evgueni Zamiatin.1920.

En el Estado único regido por gran Bienhechor, han desaparecido los nombres y los apellidos de las personas, sustituidos por Números. D-503 escribe en su diario la perfecta vida que lleva, donde se trabaja con horarios fijos y se vive en manzanas de pisos de cristal para que nada quede oculto (salvo cuando se autoriza a correr la cortina por parte del Departamento de cuestiones sexuales). La individualidad ha sido sustituida por “Nosotros”. La felicidad de D-503 es truncada cuando se enamora de la rebelde I-330, pero afortunadamente todo vuelve a la normalidad cuando se le irradia el ganglio craneano de la fantasía, aunque vaya acompañado del exterminio de su antiguo amor.

“Nosotros”, la novela de Evgueni Zamiatin se escribió cerca el año 1920, fue publicada en inglés en 1924 y en ruso solo en 1988, puesto que durante todo aquel periodo estuvo prohibida en la Unión Soviética. Se desconoce si Huxley y Orwell la leyeron, lo cual es probable puesto que tanto Un mundo feliz como 1984 tienen evidentes similitudes con la novela de Zamiatin (el imperio de la vida colectiva, la ausencia de individualidad…”.

No había leído hasta ahora el “Anteproyectode Ley del Estatuto Marco del personal estatutario de los servicios de salud” elaborado por el Ministerio de Sanidad español y acordada con los “sindicatos mayoritarios”. Los Estatutos previos siempre me habían parecido documentos rancios, herederos del franquismo, con su lenguaje normativo y plúmbeo. Pero a esta versión hay que reconocerle que inaugura un nuevo estilo,el estatuto distópico.

Yo creía que el personal estatutario de los servicios de salud era diverso, todos ellos necesarios obviamente, pero dotados de capacidades y funciones muy diferentes. Pero todos ellos, a la manera de los Números de Nosotros, han quedado diluidos en un magma indefinido llamado “personal estatutario”. Uno de los perfiles de este tipo de personal son los “antes llamados médico(s)”, o si se prefiere “profesionales de la medicina”. He encontrado con el buscador del documento, sólo cinco menciones al primer término (páginas 74,75, 101,107, 108), y una al segundo (página 107). Menciones ligadas principalmente al establecimiento de su correspondencia con la nueva categoría (en las disposiciones finales), o a la realización de jornadas de guardia (respecto a las cuales si parece necesario dejar claro a quien se refiere la norma). Otro de los antiguos perfiles era “el llamado enfermero o personal de enfermería”. También aquí apenas se encuentra una mención al primero (108) y 3 al segundo (106,107 y 108sin mencionar en ninguna ocasión el término enfermera.

Estos términos arcaicos han pasado a ser sustituidos por clasificaciones mucho más modernas, describiéndose los criterios de clasificación del personal en el Capítulo I del Título I; se articulan a partir de funciones, títulos y tipos de nombramientos. Aunque no lo dice expresamente en el capítulo destinado a la clasificación , acabo deduciendo tras leer el documento entero que he pasado a ser un MECU de nivel 7 u 8 (aun no lo tengo muy claro). Siento reconocer que desconocía que es el MECU, ¿acrónimo? del Marco Español de Cualificaciones para el Aprendizaje Permanente.

Sorprende que una propuesta tan innovadora siga empleando un lenguaje tan arcaico. Por ejemplo : “la plaza es la unidad administrativa básica del empleo público en el ámbito estatutario que representa a cada uno de los efectivos de carácter estructural que, como máximo, pueden prestar servicios en los centros e instituciones del Sistema Nacional de Salud” (artículo 13.1).

En su artículo 1 (Objeto) se describe el fin último, lo que parece ser la a suprema aspiración de todo español (“las bases reguladoras de la relación FUNCIONARIAL”), lo que demuestra que lo último que desaparecerá de este país es el funcionario. Y que demás está llamado a su permanencia inalterable a lo largo del tiempo independientemente de la calidad del desempeño, como establecen sus derechos (Título II, capítulo I, artículo 24 1.a): “ el personal estatutario de los servicios de salud ostenta los siguientes derechos…  a la inamovilidad en su condición de estatutario fijo”. Hagas lo que hagas, como buen funcionario, tienes derecho de propiedad (“privada”) sobre tu plaza.

Interesante también que se considere deber de este personal estatutario indefinido “el mantener debidamente actualizados los conocimientos y aptitudes necesarios para el correcto ejercicio de la profesión o para el desarrollo de las funciones que correspondan a su nombramiento , a cuyo fin los centros de los servicios de salud proporcionarán y facilitarán el desarrollo de actividades de formación continuada” (Título II, capítulo IV, artículo 32c.). Aquí sí se introduce un deber individual y personal ( no ligado al Nosotros), donde la empresa proporcionará y facilitará actividades, pero sin ser especificarse que es ella la depositaria del deber. Es completamente cierto que es deber del médico mantener actualizados sus conocimientos, pero si lo consideramos desde el punto de vista de un individuo que ejerce una “profesión”, no desde el punto de vista de un operario más del sistema.

De la lectura del párrafo se observa una cierta confusión respecto al concepto de profesión, para lo cual siempre es recomendable la lectura de los trabajos del añorado Albert Jovell. No es lo mismo profesión que ocupación, y es evidente que no todos los profesionales estatutarios del Sistema Nacional de Salud ( antes llamados celadores, farmacéuticos, psicólogos, enfermeros, administrativos, Auxiliares de enfermería, médicos, caldereros o tapiceros) desempeñan una profesión ni precisan de similar exigencia de cualificación.

La diferencia entre profesión y ocupación viene establecida porque en la primera existe un contrato implícito (que Jovell y Navarro proponía fuera explícito, en "la profesión médica en la encrucijada,) entre la sociedad y los que ejercen la profesión, de forma que la primera otorgaba una amplia autonomía en el ejercicio de los segundos, a cambio de la correspondiente rendición de cuentas consolidada a través de la obtención y el mantenimiento de la confianza”. La sociedad entendía que otorgando dichos s privilegios a los “profesionales” éstos responderían mejor a sus expectativas., en buena parte debido a la asimetría de información que existe entre unos y otros. En ésta se incluye la responsabilidad por el ejercicio profesional , cuya protección y gravedad en caso de no ser el adecuado, no es la misma para todos los profesionales estatutarios del Sistema Nacional de Salud, sean MECU8 o MECU5.

Cuando me incorporé al sistema hace casi 40 años, pensé que al cabo de este tiempo términos como concurso oposición, plaza fija, mesa sectorial, o “falta de obediencia a órdenes e instrucciones de un superior mediato o inmediato…” (Título VIII, artículo 106.g) habrían sido superadas. El término “obediencia” me traslada de nuevo a otras épocas. De nuevo escribían Jovell y Navarro: “. La conversión de la Profesión en una ocupación asalariada ha ido a la par con la introducción de los fenómenos de empresarialización y politización de la atención sanitaria. El médico se ve en la tesitura de tener que tomar decisiones complejas, pudiendo tener que confrontar la obligación de contraponer el bien individual al bien público en la toma de decisiones clínicas. Esta tensión entre los principios de beneficencia y de justicia social, o entre la efectividad, la equidad y la eficiencia cuestionaría los valores clásicos del profesionalismo, dado que éstos no preveían procesos de toma de decisiones complejas. En caso de que se produzcan situaciones de conflictos de intereses, ¿qué criterio se debe priorizar?”

Obediencia, por tanto, ¿a quién?

Las consecuencias de esa pérdida de valores en cuanto al ejercicio de una profesión no son menores. De nuevo Jovell y Navarro escribían: “la proletarización de la Profesión médica ha promovido un profesionalismo confuso en el que, a un ejercicio profesional acorde con las expectativas de la sociedad, se añaden situaciones en las que se producen conflictos de múltiples lealtades: al paciente, al empleador, a los compañeros de profesión y a uno mismo. También se producen situaciones de dimisión en el puesto de trabajo, precariedad profesional, pérdida de la confianza en uno mismo, inseguridades, errores médicos y baja autoestima".

Todas estas características están vinculadas a la grave crisis del ejercicio de la medicina que lleva a muchos de los médicos, en diferentes partes del mundo a claudicar, a dimitir de su “profesión”.

Afortunadamente me queda muy poco tiempo para ser regulado por este nuevo Estatuto. y convertirme en un MECU7, quizá un MECU 8. No me gustaría ser Un MECU antes llamado médico.

 


sábado, 31 de enero de 2026

El malestar de los médicos (II)

 


Mi médico de familia se jubila. Quien me estuvo atendiendo y cuidando durante décadas deja su consulta porque no aguanta más. Podría seguir trabajando perfectamente, incluso con la mejora salarial tan significativa que le permitiría compaginar jubilación y asistencia, una prerrogativa exclusiva de los médicos de familia ante la imposibilidad de encontrarlo para cubrir las numerosas vacantes asistenciales que existen. No lo hará. Está harto. Harto de atender sin parar a una lista interminable de pacientes, organizado desde un “Gran Hermano” en el que él no tiene capacidad alguna de organizar su agenda. Donde en ocasiones se doblan las citas en la misma hora, se envían pacientes sin cita para que también los atienda, se atiende a pacientes de los compañeros que están de baja o de vacaciones. Harto de dedicar el domingo a preparar la agenda del lunes para saber que se va a encontrar para así ganar algo de tiempo, harto de dedicar la noche del lunes a preparar la consulta del martes…Harto de realizar un trabajo que está años luz de lo que hacía no hace mucho, y por supuesto que no tiene nada que ver con lo que pensó que sería cuando eligió estudiar medicina. No es un caso aislado.

Muy recientemente se publicó la revisión sistemática con metaanálisis de Beltrán et al donde se señala que las prevalencias de burnout en España son del 24% en médicos, el 17% en enfermeras, el 11% en administrativos y el 5% en otros profesionales. No es sólo un problema de los médicos, pero afecta de forma muy significativa a ellos.

Y no es sólo un problema español. Apenas hay país en que no exista crisis de su profesión médica, como ya señalaba el estudio de 2024 de la Commonwealth Fund (que ya comentamos en este blog) en donde los países más ricos y con mejores condiciones para los médicos (Alemania, Australia, Canadá, Estados Unidos, Francia, Nueva Zelanda, Países Bajos, Reino Unido, Suecia, Suiza, al menos un tercio de los médicos mayores de 55 años en Atención Primaria estaban planeando abandonar la profesión en los  próximos tres años, porcentaje que llegaba al 67% en Reino Unido. En el último informe de OMS Europa realizado en 9ª países incluyendo la Unión Europea, Islandia y Noruega , el 14% de los médicos encuestados había tenido ideas suicidas. Uno de cada cuatro médicos trabajaba más de 50 horas semanales

La semana pasada, en la sección la Elección del Director (Editor’s choice) del BMJ, donde su Director ,Kamran Abassi, señala cada semana los trabajos más relevantes de la revista británica, se anunciaba la creación de una Comisión de la revista sobre el futuro de la medicina y su ejercicio profesional.El punto de partida de la argumentación era la situación existente en Inglaterra con huelgas periódicas de los residentes que han llevado al gobierno a promulgar una norma proteccionista, dando prioridad para la formación a los graduados en Reino Unido. Pero como señala el director, , el problema de la insatisfacción y la crisis de los médicos es mucho más profunda que la crisis de los residentes, tomando también como referencia el artículo que en la misma revista publicamos hace un mes Iona Heath y yo. Porque como también él señala , la crisis afecta a la esencia del lo que debe ser un médico, su rol y sus valores.

En la convocatoria de la BMJ Commission sobre el futuro del trabajo médico de Abassi se señala: “El desafío actual radica en el rol y los valores en una época de agitación económica y tecnológica. Las definiciones de profesionalismo,  valores fundamentales, son temas recurrentes en la evolución de la práctica médica. La crisis actual de la fuerza laboral médica y de la profesión médica es tan profunda que es hora de reexaminar estas cuestiones”.

En España el Ministerio de Sanidad acaba de comunicar el acuerdo alcanzado con determinados sindicatos (SATSE, CCOO, UGT y CSIF) para la aprobación del nuevo Estatuto Marco del Sistema Nacional de Salud (SNS). La información del propio Ministerio es engañosa: la titula “El Ministerio de Sanidad y los sindicatos alcanzan un acuerdo para un nuevo Estatuto Marco del Sistema Nacional de Salud”. Sin embargo, no ha sido ratificado por los Sindicatos Médicos del país. Se podrá discutir la representatividad de unos y otros pero, al margen de que los sindicatos firmantes no son todos, los sindicatos médicos no firmantes representan a una buena parte de la opinión, sensibilidad y estado de ánimo de los médicos españoles. No hace falta más que ver las opiniones de muchos de años nada sospechosos de planteamientos retrógrados.

Vicente Baos, uno de los referentes de la historia de la medicina de familia en España escribía en X: “Si en el ministerio no son capaces de ver el caldo de cultivo de fondo de las reivindicaciones médicas y se atienen al formalismo, auguro un futuro muy negro al SNS. O se abordan reformas y se reconocen fallos de estructura en el actual SNS o el deterioro va a ser enorme. Las propuestas del ministerio son insuficientes para los médicos, para el resto no, pero para los médicos, si”.

Es muy difícil que pueda consolidarse a largo plazo la que se considera por el Ministerio “la reforma sanitaria más importante de lo que llevamos de siglo”, con semejante inicio.

viernes, 2 de enero de 2026

"Se buscan miles de voluntarios para un experimento que pretende salvar millones de vidas": ¿noticia o ejemplo publicitario de la mercantilización de la salud?


 “ La mejor medicina preventiva no llega vía administración de pastillas para bajar el colesterol; se consigue prestando atención a los hallazgos epidemiológicos relativos a que las inequidades en salud empeoran la salud de cada uno de nosotros…. Un político hace años decidió que el NHS debería dejar de ser un “Servicio Nacional de la Enfermedad”, pero eso precisamente es lo que necesitamos ser. Paremos ya de discriminar a la gente enferma”

The patient paradox. Margaret McCartney.2012

 Siguiendo con el fomento por parte del diario El Pais del mercadeo de la salud, sólo un día después del artículo sobre cribados, publicaban como noticia un anuncio publicitario con el título de “Se buscan miles de voluntarios para un experimento que pretende salvar millones de vidas”. No informaban de ningún descubrimiento, ni el resultado de ningún estudio, sino simplemente de“la búsqueda activa de ciudadanos” para un ensayo clínico. Ensayos como éste se proponen cada año por cientos, y sin embargo no merecen ser publicados como noticia por un medio de la repercusión de El País. Eso sí, éste está dirigido por el Sr. Valentín Fuster, gurú de las enfermedades cardiovasculares y su tratamiento farmacológico, y por el laboratorio Novo Nordisk, fabricante del fármaco Ozempic.

El artículo es una perfecta muestra del sesgo publicitario en el rentable mercado de la salud. En primer lugar, por el estilo melodramático: “La ecografista Virginia Mass suelta una frase lapidaria mientras desliza su sonda por el cuello del volunarios: Lo importante es la carótida interna que va directa al cerebro” (¡¡¡). “El participante recibe una dosis pulverizada de nitroglicerina debajo de la lengua, para dilatar esos vasos sanguíneos. Tranquilo te va a explotar , bromea el cardiólogo Carlos Pérez en la boca del túnel de la máquina en que se introduce al voluntario. La enfermera Pilar Hernández le inyecta 60 mililitros de un tinte inocuo a base de yodo en las venas” (salvo que sea alérgico al yodo, claro).

En segundo lugar, a la manera de Indiana Jones en el Templo Maldito, el artículo se inicia con la búsqueda de un tesoro perdido: “Los cardiólogos Borja Ibañez y Valentín Fuster, del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) buscan 8.000 personas voluntarias para intentar encontrar la cura de la arterioesclerosis…el resultado de su experimento puede salvar millones de vidas”. Propósitos loables, como tantos buenas intenciones y propósitos de tantos buenos investigadores que no tienen la influencia del Sr Fuster, que no sólo no reciben la publicidad de El Pais , sino tampoco de ninguna agencia de financiación de la investigación. Las condiciones para participar en el ensayo son claras: se buscan sanos (“tener entre 18 y 69 años y no ser consciente de padecer ninguna enfermedad cardiovascular”). Lo que se pretende es que a un grupo de voluntarios se le administre “une intervención precoz y agresiva” basada en el deporte , alimentación sana y la administración diaria de rosuvastatina, y al otro grupo de voluntarios la atención habitual por sus “médicos de atención primaria”. En su extraordinario libro Tha Patient paradox, la médico general británica Margaret McCartney describía muy bien cómo la gente sana constituye el “gran sueño del marketing sanitario”. A través de él las personas son convertidas en pacientes, lo que siempre supone un coste (para el sistema y los pacientes). Como ella escribía “sobretratamos a los sanos e infratratamos a los enfermos. Todo el mundo pierde”. Porque además del coste económico, ninguna intervención médica es inocua, y las estatinas tienen también efectos adversos, algunos graves que el artículo evidentemente obvia.

En 2010 en su documento estratégico hacia la cobertura universal en salud, la Organización Mundial de la Salud dibujó un cubo en que representaba los ejes de acción para alcanzar servicios sanitarios de calidad para una población. Esos tres ejes son el porcentaje de la población existente en un país que queremos que reciba ese servicio, la contribución del gasto de bolsillo que cada individuo deberá aportar y el renago de servicios que el sistema ofrecerá. Algunos países , de la mano de sus dirigentes, eligen todos los servicios pero sólo para aquellos que puedan permitírselo ( ejemplo, Estados Unidos). Los que pretendan tener un sistema de salud capaz de dar servicios equitativos para toda su población con el menor copago posible inevitablemente deberán restringir el rango de sus servicios. En un sistema universal NO TODO CABE. Ya lo escribió con su brillantez habitual Julian Tudor Hart: “No hay modo de asumir todas las demandas de atención concebidas en un mercado de consumidores. La competencia está degradando a la población a la que sirve el NHS , al hacer que pasen a ser consumidores preocupados por lo que les apetece, en lugar de ciudadanos que tendían a asumir su situación de coproductores de su salud”.

Ahí es donde la contradicción de El Pais es manifiesta. Los que consideramos que un sistema nacional de salud es la mejor alternativa existente para abordar los problemas de salud de una población podemos compartir sus denuncias de la mercantilización de la misma en el hospital de Torrejón. Pero es escasamente creíble cuando, a la vez, fomenta descaradamente en cada noticia de salud, una mercantilización tan evidente de la misma, que lleva a engatusar a la sociedad con remedios tan discutibles como inviables. Ningún país del mundo podrá garantizar a sus ciudadanos todos los servicios que la industria tecnológica de la salud es capaz de diseñar. Como el mismo diario reconocía en su noticia sobre los cribados, fomentar éstos en población sana inevitablemente generará listas de espera de años para los verdaderamente enfermos. Que impedirán que las mujeres con un nódulo palpable en la mama sean atendidas a tiempo, que a un paciente con rectorragia le sea practicada una colonoscopia mañana.

Todo no cabe. Y habida cuenta de ello comenzar por atender bien y a tiempo a los verdaderamente enfermos debería ser la primera prioridad de un verdadero sistema integral de salud. Lo contrario es engañar a la gente.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

El mercado de la sobrevaloración de la salud

En el último número de Babelia del pasado sábado 27 de diciembre de 2025 le preguntaban a la filósofa Marina Garcés qué consideraba que estaba socialmente sobrevalorado en el momento actual. Para Garcés estaba claro: “ en estos momentos la salud. Es el nuevo mercado”

No es cualquier persona quien así opina, sino una de las voces más lúcidas de la sociedad española. Pero en el mismo periódico, El Pais, uno de los medios más sibilinamente implicados en el desarrollo de ese mercado del que hablaba Garcés, dos noticias venían a fomentar esa sobrevaloración de la salud.

La primera aparecía en El País del 26 de diciembre firmada por Jessica Mouzo y Oriol Güell y lleva por título “la crisis de los cribados pone en jaque la estrategia contra el cáncer”. En dicho artículo el cribado de los diferentes tipos de cáncer no se plantea como un medio para alcanzar un fin ( que debería ser reducir la mortalidad) sino como un fin en sí mismo, que está siendo obstaculizado en su desarrollo nada menos que por la propia evidencia científica: “La razón de que no haya más cribados es la dificultad de establecer con la evidencia científica disponible que el plan realmente mejore la salud de la población”. Pese a este pequeño detalle, según el artículo, Trujillo, coordinador del proyecto Cassandra sobre el cribado del cáncer de pulmón (una voz objetiva como se ve), se muestra optimista sobre el desarrollo de los cribados a pesar de la crisis de gestión del cribado de cáncer de mama en Andalucía: “Quizás pueda dificultar la implementación o el arranque de otros programas. Puede que tengamos que solucionar detalles (sic) con cribados ya consolidados, pero mejorar esos no debería frenar el arranque de otros”. Nadie debería frenar los cribados, por tanto, aunque la evidencia sobre su efectividad sea muy débil, aunque su eficiencia sea más que discutible, aunque contribuye a aumentar las listas de espera de los pacientes que sí tienen un problema grave. Y para ello nada mejor que fomentar la demanda ciudadana. Señala también el artículo:” A principios de noviembre una mujer diagnosticada con cáncer de mama metastásico a los 43 años empezó a recoger firmas para ampliar la edad del cribado de este tumor a los 40-el chequeo bienal suele empezar a los 50. La petición suma ya más de 55.000 apoyos, pero la decisión de ampliar o no la edad de un cribado es un asunto extremadamente complejo…”. ¿Qué quieren sugerir los periodistas? ¿Tal vez que a partir de ahora las intervenciones médicas deban ser establecidas por sufragio popular? ¿Cuántas firmas serían suficientes para aprobar el uso de un procedimiento, aunque no exista ninguna evidencia de su utilidad? ¿Por qué no someter a referéndum el empleo sistemático de Resonancias Magnéticas para catarros de vías altas? ¿O un neurocirujano en cada pueblo?

En el debate sobre la deficiente gestión de las citas y seguimiento para cribados en Andalucía ( que no es un problema exclusivo del cribado, sino de la gestión integral de procesos y procedimientos en el sistema) nadie osó discutir el procedimiento en sí. Todas las autoridades sanitarias de cualquier signo político abundaron en un tono sensiblero con el argumento de que los cribados “salvan vidas”, frase de alto impacto y escaso sentido, puesto que en el mejor de los casos retrasarían muertes. Lo que no es el caso de la mayor parte de los cribados: En 2023 Bretthauer et al publicaron en el JAMA Internal Medicine una revisión sistemática con metanálisis sobre la estimación del tiempo de vida ganado con los cribados de cáncer. Su conclusión fue la siguiente.”  Los hallazgos de este metanálisis sugieren que la evidencia actual no respalda la afirmación de que las pruebas comunes de detección del cáncer salvan vidas al prolongar la vida, excepto posiblemente la detección del cáncer colorrectal con sigmoidoscopia, que podría prolongar la vida aproximadamente tres meses”.

En la información sobre el cribado se parte de una base: no es discutible la bondad de los mismos, independientemente de la evidencia científica al respecto.  Hace ya muchos años Jorgensen publicó en BMJuna revisión sobre la información que se daba en diferentes países europeos en los folletos sobre cribado del cáncer de mama. En ninguno se mencionaba efectos adversos alguno; las cosas se han mantenido así desde entonces.

Sería deseable que los periodistas de El País en teoría especializados en noticias de salud, los expertos en cribados y los políticos sanitarios leyeran el magnífico libro de Margaret O’Sullivan de La era del diagnóstico ( incluso está traducido al español). En él señala que los programas de cribado se introducen en los sistemas sanitarios sin ninguno de los rígidos requerimientos al que cualquier fármaco ha de enfrentarse, dando por hecho que los cribados son buenos por definición. Por ignorancia o deliberado desprecio, todos ellos pasan por alto que el cáncer ni es homogéneo, ni todas las células cancerosas se comportan igual: en un estudio realizado en Detroit sobre autopsias de hombres que murieron de causas diferentes al cáncer de próstata se observó que en un 45% de dichas autopsias existían hallazgos de cáncer de próstata temprano en hombres mayores de 50 años, y de un 70% en mayores de 60 años. Dado que el riesgo de cáncer de próstata en Estados Unidos es de un 13%, ello significa que la mayor parte de los cánceres de próstata encontrados en las autopsias eran hallazgos causales (incidentalomas) que nunca causarían problemas de salud a las personas en que se existían. Existe, por tanto, como señala O’Sullivan una gran diferencia entre los cánceres encontrados en un programa de cribado y aquellos detectados en una auto-exploración o que causen síntomas. Éstos últimos, señala, son los que manifiestan signos de crecimiento. Al no diferenciar estas dos formas de cáncer los programas de cribado actúan ante todos los tipos de cáncer detectados de la misma forma: como si todos fueran a progresar, interviniendo ante ellos agresivamente. Los efectos adversos, inevitables en la terapia oncológica, son especialmente graves si el cáncer no hubiera progresado nunca. Por ejemplo, la cirugía prostática ante la sospecha de un cáncer produce disfunción eréctil en uno de cada tres hombres sometidos a ellos. Por ejemplo, por cada 2000 mujeres sometidas a un programa de cribado por cáncer de mama se evitará una muerte prematura, pero 10 de ellas serán sometidas innecesariamente a tratamientos oncológicos que nunca hubieran necesitado, es decir mastectomías, radioterapia o quimioterapia, según la revisión Cochrane. Y más del 50% de las mujeres sometidas a cirugía de la mama sufren experiencias negativas en su autoimagen y sexualidad. Se considera que un 30% de los cánceres detectados en un programa de cribado son sobrediagnóstico, uno de cada 6 en el cáncer de próstata.

Interesantes también las opiniones del artículo de El Pais sobre la detección. Castells, director médico del Clinic en Barcelona, señala que es más beneficios ampliar el cribado de los 70 a los 75 años porque allí la incidencia de colon es mayor… Por supuesto, la incidencia de cáncer es mayor con la edad como hemos visto antes, y por supuesto cuanto más cribado hagamos más será la incidencia. Pero esto iba en teoría no de detectar más sino de evitar muertes prematuras. Y como señala O’Sullivan tratar a personas que nunca necesitarían tratamiento sin duda aumentaría las cifras de supervivencia y por supuesto la satisfacción del paciente, al sentirse muy afortunados por tratarse de un cáncer aunque nunca les hubiera producido problema alguno (hablaremos de ello en el próximo post).

Sin embargo, lo que necesitamos saber es cuales el el impacto en la mortalidad global de las personas sometidas a cribado de este tipo de problemas. Y a este respecto ya hemos comentado el metanálisis de Bretthauer en que evaluaba el impacto global de los programas de cribado de cáncer que incluía próstata, mama y colon, en un total de 2 millones de personas no demostró evidencia de aumento de supervivencia salvo en el de colon en que aumentó 110 días.

No se trata de deslegitimar los cribados de manera radical. Simplemente de reconocer que, como cualquier otra intervención médica, tiene beneficios y daños. Un programa de cribado , para O’Sullivan, debería prevenir los cánceres en estadios avanzados de la enfermedad, evitar muertes por cáncer y por supuesto reducir la mortalidad global. Y esta información debería ser conocida por medios de comunicación, políticos y la sociedad en su conjunto.

Salvo que de la mano del buenismo de querer salvar vidas lo que estemos haciendo es fomentar el mercado. En este caso de la prevención, que también existe.

En el próximo post hablaremos de la segunda muestra de promoción mercantilista de El país de los últimos días y las contradicciones que supone para la defensa de un sistema público.