miércoles, 18 de septiembre de 2019

La mugre



“Ya no me molesto en discutir si la paciente doña Atención Primaria de Salud, soltera, de 41 años, nacida soviética pero nacionalizada español, está oficialmente sana o padece de migraña crónica clásica común intrínseca de tipo organoléptica, o está en la UCI, o yace agonizando a grito pelado, solitaria y sin paliativos, o sobrevivirá-como tantas otras veces-, o ya es tarde y está clínicamente muerta”.


Durante décadas, no ha habido ministro o ministra, consejero o consejera, que no haya resaltado la importancia de la AP, “eje, centro, puerta o núcleo del sistema sanitario”, ante la mirada embelesada de presidentes de sociedades científicas y colegios profesionales, aunque a la hora de la verdad ninguno de esas declaraciones se convertía en hechos.
Durante años nos hemos “sacado en procesión” a nosotros mismos, presumiendo de una atención primaria envidia del mundo mundial, capaz de dar lecciones a cualquier país del universo, cuyos responsables deberían pasarse por aquí unos días a conocer lo que es una Atención Primaria de “la buena”: altas posiciones en clasificaciones construidas en base a opiniones, premios cinco estrellas, supuesta eficiencia del sistema (obtenida a partir de salarios bajos), nos llevó a convencernos de la brillantez deslumbrante de nuestra atención primaria.
Aunque cuando un colega de otro país profundizaba en las características de nuestro sistema se extrañara de que estuviéramos tan satisfechos con un modelo en que apenas existe control y autonomía sobre el propio trabajo ( en manos de call-centre institucionales), donde no existe límite de pacientes a atender en un día, donde el tiempo por consulta es de apenas 5 minutos, donde la precariedad y la explotación es moneda habitual de administraciones de todo signo político, donde la longitudinalidad no es una prioridad ni para el estado ni para los profesionales, y donde no es obligatoria la recertificación profesional pudiendo recorrer toda tu carrera profesional sin un solo proceso de actualización.
Enrique Gavilán, ha desenmascarado al emperador desnudo de la AP española en un libro demoledor, Cuando ya no puedes más. Su testimonio es aún más impresionante porque lo hace no mirando lo que hay fuera, sino desde dentro, a ras de suelo, describiendo su propio proceso personal de ilusión, decepción, hundimiento y recuperación. No es nada fácil escribir un libro así: supone quedarse también desnudo, confesar las propias debilidades, errores, miserias o dudas, dejando muchas heridas al pasar bajo la alambrada. Pero a la vez supone una denuncia valiente de un sistema que se pudre, con la connivencia de políticos ignorantes, gestores mediocres, compañeros corruptos, y ciudadanos que exigen lo que no tiene sentido.
Su viaja como médico de familia de a pie, pone en evidencia la mugre que se esconde en las costuras de esa Atención primaria de las mejores del mundo. “La atención primaria está situada (o ha quedado relegada) a lo más bajo del escalafón sanitario”., escribe Gavilán, quien identifica con claridad cuáles son las cosas que de verdad deberían importar en la Atención Primaria y que no son el REGICOR, ni el Chadvasc ni la estratificación de pacientes en pirámides de crónicos: “el motivo de consulta médica más frecuente no es ni el lumbago, ni el dolor de cabeza ni la fiebre, sino el temor a la muerte, en sus mil y una versiones y manifestaciones diferentes”. Y donde el objetivo debería ser “estar vivo cuando muera” como escribía Winicott.
Frente a las ideas románticas sobre la medicina de familia que tanto hemos estimulado Enrique Gavilán emplea la sinceridad más brutal: “Amo las cosas que pregonáis, son preciosas, pero no puedo seguiros. Quiero dejar de sentir nostalgia de tiempos que no he vivido. Soy humano, no un supermédico”.
Tampoco es optimista respecto a la medicina rural, olvidada como todo lo que representa ese mundo por políticos, medios de comunicación y redes sociales. ”Aunque cada vez tengo más claro que la medicina rural está en peligro de extinción. La entera España profunda, la despoblada, la vacía, la vaciada o la expoliada, está herida de muerte. En diez, quince años a lo sumo habrá otra cosa, que se yo. Camionetas que irán de pueblo en pueblo con una unidad hospitalaria para atender a los enfermos a domicilio, mientras un sabalterno va detrás para tratar los catarros o los mocos, y hacer todo el papeleo y el trabajo sucio que los primeros dejen de hacer. O tal vez crearán médicos virtuales que diagnosticarán a distancia y mandarán las recetas directamente a un dispositivo móvil”.
Un libro difícil, descarnado, incómodo. Que se convertirá en un clásico sobre los que fue y es una Atención primaria que la única oportunidad de futuro que tiene es reconocer su mugre para empezar a limpiarla. Y a cuyo autor debemos agradececimiento eterno por haberlo escrito.

viernes, 13 de septiembre de 2019

L' Histeria


La primera circunstancia ha producido en 2019, tres muertos y siete abortos y ha afectado a 214 personas. La segunda circunstancia ha producido en el mismo año la muerte de 684 (204 en nuestra zona geográfica), y un número no determinado de abortos, heridos y enfermos.
La primera circunstancia ha generado una amplia alarma social desde mitad del verano cuando fueron identificados los primeros casos, siendo portada de periódico y titular de noticiero a diario. La segunda solo aparece en ellos solo por ser la causa de declaraciones delirantes de políticos de diferente estirpe.
La primera nos preocupa mucho, especialmente porque puede afectarnos a cualquiera de nosotros, los de dentro, los buenos; además sin “merecerlo”, por tomar inocentemente una tapa o un plato en cualquier restaurante al que acudimos para disfrutar de nuestro merecido descanso vacacional. Y pone de manifiesto que nuestro sistema de vigilancia falla, que los controles que deberán realizarse no se realizan como debieran, que las autoridades y administraciones no se coordinan, más preocupados por eludir la responsabilidad que por solucionar el problema.
La segunda circunstancia nos importa un bledo. A nosotros, los de dentro no nos va afectar nunca, no nos va a generar daño alguno, más allá de la imagen molesta que produce, si da la casualidad que aparecen afectados en alguna playa en que descansemos en nuestro merecido descanso vacacional. Afecta a los de fuera, los extraños, sospechosamente pobres.
La primera se produce en nuestro territorio, en nuestra casa. La segunda ocurre en nuestra puerta, fuera de los tranquilizadores muros que delimitan nuestro espacio. Un eficiente servicio de limpieza evita la desagradable visión.
La primera de las circunstancias se llama listeria. La segunda migración a través del Mediterráneo. Sólo la primera es motivo de preocupación para la Salud Pública, sea eso lo que ésta sea. Capaz de movilizar recursos, dictar informes y declaraciones y publicar artículos científicos de mucha “p” en revistas de prestigio, donde publican los científicos eminentes.
Según los informes de la Organización Internacional para las Migraciones desde el año 1994 han fallecido en el Mediterráneo más de 35.000 personas, aunque la cifra real es inevitablemente mucho mayor: no todas se conocen, no todas se registran. En la estación de metro del passaig de Graçia de Barcelona se exhibió la lista de los muertos en el Mediterráneo: nada que envidiar a las listas de soldados americanos de las múltiples guerras del siglo XX en que participaron y se exhiben en el mall de Washington.
Las causas de las causas de esta segunda circunstancia a nadie importan. La forma de tratamiento es evitar que lleguen. Vox, el partido que sustenta buena parte de los gobiernos de este país, acaba de presentar una Proposición No de Ley para la construcción de un muro de “un grosor, resistencia y altura que lo haga impenetrable e infranqueable”. Su argumento es muestra de una inteligencia deslumbrante: como la mayor parte de los migrantes hacen agujeros en las alambradas, un muro de hormigón sería un obstáculo insalvable.
Aunque los responsables de esta agrupación xenófoba reconozcan que se haya reducido la entrada de migrantes en un 42% respecto al año anterior, su objetivo sigue siendo el mismo: “no se tiene que admitir ni a uno solo”.
En el fondo la segunda circunstancia, esa que produce cerca de mil muertos al año no deja de ser una forma natural de contribuir a ese objetivo: no admitir a ni a uno solo de los que pretenden entrar.
Aunque una institución tan poco sospechosa de bolchevique oomo el Fondo Monetario Internacional haya llegado a reconocer que lo salvó al sistema español de pensiones fue precisamente la llegada de migrantes en la década pasada, para trabajar en aquello que lo que nosotros no queremos.
Quien salva una vida salva al mundo entero dice el talmud. Toda vida es valiosa; toda muerte es una pérdida. La de los afectados por los brotes de listeriosis sin duda. Como la de los miles de muertos que yacen en el fondo del Mediterráneo para tranquilidad, alivio y alegría de algunos.

(Fotografía: Th List. El Perodico de Catalunya)

viernes, 23 de agosto de 2019

El reparto


La vicepresidenta del gobierno de España, Carmen Calvo, se dispone a iniciar “el reparto”. Al ser preguntada respecto al objeto del viaje del buque de la Armada española Audaz hacia las costas de Lampedusa  respondió que éste “ es un buque que está deprácticas y que está en disposición para estar cerca o ir en caso de que seponga en marcha el reparto”.
La Real Academia Española de la Lengua recoge diversas acepciones del término reparto: desde la relación de personajes de una obra artística al barrio residencial en Cuba o República Dominicana, incluyendo, claro está, la acción de repartir una cantidad; las personas pueden ser beneficiarias de dicho reparto, pero no son los  elementos objeto del mismo: se reparten panes, derechos de riego, beneficios y dividendos, tortillas de patata y tartas de cumpleaños, pero no seres humanos por pobres, negros y desgraciados que sean. Los migrantes del Open Arms, y por extensión los migrantes en cualquier lugar del Mediterráneo se han ido convirtiendo paulatinamente en cosas, objetos inanimados que aparecen en las pantallas de televisión a la hora del almuerzo. Los medios de comunicación, los políticos de turno, no hablan de las historias que definen a cada una de estas personas, simplemente mencionan las patera, el número de ocupantes de las mismas, su distribución por edad y sexo. Son sólo objetos.
Ejemplo de este proceso de “reificación”, de cosificación progresiva del extraño que quiere contaminar nuestra inmaculada Europa son las declaraciones de Pablo Casado, el líder la derecha, en que asemeja la situación actual con un juego de estrategia entre gobiernos y mafias, en que el objeto de intercambio es una cosa (la patera) rellena de otras “cosas” ( “desdichados inmigrantes”) que carecen de voz propia y deseos personales.
Es políticamente muy incorrecto censurar a los que ocupan los botes que atraviesan el Mediterráneo; es inhumano hablar mal de las muchedumbres que cada año se juegan su triste suerte a la ruleta rusa de comprar boleto buscando que el tambor del revólver no les deposite en el fondo del Mediterráneo, ese lindo mar que cantaba Serrat. Resulta embarazoso acusarles de poner en juego nuestra tranquilidad, nuestro admirado estado del bienestar, nuestra envidiable cultura cristiana. Por ello el procedimiento más idóneo es despojarles de su entidad de seres humanos, dotados de opinión y voluntad propia y convertirlos en simples objetos que se reparten, como reparte la herencia la gente de bien.
Solo considerándoles objeto y no personas  puede entenderse que la “progresista” vicepresidenta del “progresista” gobierno de España pueda amenazar a la organización que less salvó de morir, Open Arms, con multas de cerca del millón de euros, el mismo día que las personas por ellos rescatadas duermen por vez primera en tierra tras 20 días de angustia en el mar: “nuestro país es un estado de derecho y las instituciones , poderes públicos y ciudadanos estamos todos sometidos a las leyes, nadie está a salvo de esto, incluido un barco". Calvo otorga así  a un barco la capacidad por sí mismo de vulnerar la ley. Pero además apostilla refiriéndose al Open Arms: “ Tiene una autorización para ayuda humanitaria y esas son las condiciones en que puede salir y puede operar; se lo recordó el ministro y en nuestro país todos sabemos lo que se puede hacer y lo que no”. Es decir, que si alguna vez ve usted en la playa a alguien pidiendo auxilio y ahogándose, absténgase de intervenir puesto que probablemente usted carezca de autorización adecuada para ello.
Sólo desde la consideración de los migrantes como objetos inertes es posible entender “el reparto”. En ese aspecto los políticos europeos no se equivocan, no emplearon inadecuadamente el término: ningún político europeo, ningún miembro del gobierno español, desde el mudo presidente bronceado a la inefable Calvo ha sido capaz de mostrar la más mínima sensibilidad a las trayectorias humanas, a los dramas personales o los proyectos de vida de cada una de las personas que fueron rescatados por el Open Arms.
Ninguna vida, biografía o expectativa puede ser repartida como si se tratara de atunes de Barbate. Una vez más, se observa el abismo que separa a los que ayudan de verdad a las personas que escapan de muerte, hambre, persecución o violencia , de las que las convierten en números, mercancías, simples amenazas a nuestra agradable vida occidental..
Escribía Zygmunt Bauman en Mortalidad, inmortalidad y otras estrategias de vida: “Mi responsabilidad por el Otro es mi significación-toda la significación que tengo, que puedo tener y puedo soñar con tener. Mi responsabilidad significa que la suerte del otro depende lo que yo haga. Mi existencia importa , tiene consecuencias , es más que un simple episodio en la monotonía de la reproducción de la especie…Agnes Heller plantea que el yo debería actuar como si el alivio del sufrimiento de cada ser dependiera de su acción. Solo actuando de esta forma mi vida cuenta; su finalización, su dejar de ser, mi muerte deja de ser un sin sentido, un absurdo…”.
Considerar que nuestros congéneres, los seres humanos que tuvieron la desgracia de nacer en el lugar equivocado, no tienen derecho a buscar una vida mejor es privarnos de la posibilidad de encontrar sentido a nuestra vida; esto sí es convertirnos en objetos, autómatas preocupados por leyes, reglas, acuerdos y cifras. Son estos burócratas, políticos autómatas, ( y no los migrantes) lo que deberían entrar en el reparto de enseres inservibles.