sábado, 9 de junio de 2018

Los riesgos del "speed" en la Atención primaria


¿Qué significa "domesticar"? dijo el Principito.
- Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro. – Significa "crear lazos..."
- ¿Crear lazos ?
- Claro – dijo el zorro. – Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo...
- Comienzo a entender - dijo el principito. – Hay una flor... creo que me ha domesticado...
- Es posible – dijo el zorro. – En la Tierra se ven todo tipo de cosas...”

El Principito. Antoine de Saint-Exupery.

Hace solamente unas semanas comentaba el informe de Rebecca Rosen para el Nuffield Trust en el que se recomendaba el rediseño de la medicina general en Inglaterra, que debería reorientarse a partir de ahora hacia la segmentación, generando múltiples oportunidades de contacto entre pacientes y profesionales en función de los intereses de éstos. El modelo fue rápidamente difundido y promovido por algunos expertos, que consideran que la atención Primaria está obsoleta ante las demandas de consumidores cada vez más exigentes.
En las últimas décadas, la irresponsable actitud de la mayor parte de los máximos responsables de las políticas sanitarias públicas ha llevado a generar un mensaje tan falaz como peligroso: que el sistema público puede (y debe) asumir como propios los señuelos y añagazas de las empresas privadas, de forma que eslóganes como el “cliente siempre tiene razón , de gran éxito en la venta de relojes, ollas de presión y bisutería fina, son perfectamente aplicables a un servicio sanitario público. En el mercado, dicho principio es de aplicación siempre y cuando el cliente pague. El argumento de que el paciente o ciudadano “paga” a través de sus impuestos es falso, porque lo que hace es contribuir mediante su dinero al mantenimiento de un servicio que presta atención a todos los ciudadanos en función de su necesidad, de manera solidaria, pero donde la “traza” del dinero concreto que él ha aportado se pierde en esa bolsa común construida entre todos.
Aún así, lemas como el “ciudadano centro del sistema”, y la “adecuación a las expectativas del cliente” aunque sean falsas, han acabado por modular la forma del sistema sanitario.
Una de sus manifestaciones más dañinas ha sido el de convertir la accesibilidad al sistema en el valor absoluto por encima de todos los demás: sea cual sea el motivo de consulta, justificado o no, urgente o perfectamente demorable, el servicio sanitario debe responder de manera inmediata, rápida y veloz. Y así fue implantada en diferentes comunidades autónomas el oxímoron llamado Demora Cero, bajo cuya premisa no se tolera el más mínimo retraso cuando el ciudadano soberano solicita algo.
Hace solo dos días se ha hecho público el último informe del Kings Fund sobre Modelos de Innovación en Medicina General, realizado con metodología mixta ( revisión de la literatura, evaluación de experiencias innovadoras en diferentes países y entrevista a informadores clave). Reitera una vez más que a pesar del paso del tiempo, las redes sociales y la existencia de una nueva sociedad, los atributos esenciales siguen siendo los mismos que formuló Barbara Starfield: accesibilidad, continuidad, coordinación, atención entrada en la persona y orientación hacia la comunidad. Ahora bien, no siempre esos cinco atributos son alcanzables en el mismo grado y en el mismo momento, y en ocasiones hay que priorizar unos frente a otros, estableciendo un “trade-off”, el equilibrio que es más adecuado para los pacientes.
En el informe señalan que el concepto de accesibilidad incluye diferentes perspectivas: proximidad (acceso rápido a un profesional de forma presencial o a través de tecnologías),puntualidad, capacidad de elección del proveedor o disponibilidad de servicios. Lo que se viene comentando en este blog desde hace años y que resulta una afirmación de Perogrullo (no es posible acceder al profesional que uno quiere cuando le da la gana) queda claramente expuesto en el informe del Kings Fund.
Y en ese sentido, la obsesión por la rapidez, la respuesta anfetamínica del sistema que busca a toda costa el contacto inmediato, puede perjudicar e impedir otros atributos tan importantes o más que el acceso, como es el establecimiento de una relación sostenida y regular con un profesional. Esta última , como se señala en el informe, es probablemente el atributo más importante de la Atención Primaria, el que es específico de ella y no compartido con similar intensidad por la atención recibida por otros especialistas y en el medio hospitalario. Porque de esa relación regular depende la generación de confianza entre un paciente concreto y un profesional determinado: sin esa confianza el paciente rara vez aceptará consejos sobre su salud o la delicada recomendación de que frente a su problema lo mejor tal vez sea “esperar y ver”.
Frente a servicios sanitarios dopados, subidos al speed de la respuesta inmediata, la respuesta sensata es, una vez más, fomentar el establecimiento de relaciones duraderas en Atención Primaria, que dispongan del tiempo suficiente para poder construirlas. En el informe del Kings Fund se sigue señalando el escándalo que supone que la duración media de la consulta británica en Atención primaria sea de 9,2 minutos por paciente frente a los 15 de Australia, 16 de Canadá, 20 de Noruega o 22 de Suecia.
Entre los peligros de la inmediatez y la velocidad está el de impedir nuestra capacidad de construir lazos. Debería de tenerse en cuenta

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