sábado, 7 de julio de 2018

La costosa aversión a la muerte


Beyond all this, the wish to be alone:
However the sky grows dark with invitation-cards
However we follow the printed directions of sex
However the family is photographed under the flag-staff -
Beyond all this, the wish to be alone.
Beneath it all, the desire for oblivion runs:
Despite the artful tensions of the calendar,
The life insurance, the tabled fertility rites,
The costly aversion of the eyes away from death
Beneath it all, the desire for oblivion runs.
Wants.- Philip Larkin

Apartar la vista de la muerte es consustancial a las sociedades modernas. La muerte se esconde, se hace invisible. Y esa aversión es costosa. Escribía Zygmunt Bauman (Mortalidad, inmortalidad y otras estrategias de vida) que la muerte “es una más de esas cosas que hemos desalojado de nuestras vidas”, algo que nos paraliza al enfrentarnos a ella; que lleva, como decía Norbert Elias, a “ el peculiar sentimiento de embarazo por parte de los vivos en presencia de un moribundo, ante el cual con frecuencia no saben qué decir”.
Hay razones poderosas que pueden justificarlo: la principal el hecho inevitable de que la muerte representa un problema sin solución, la derrota definitiva de la razón, en la única especie que “sabe que sabe” como escribía Bauman, que es consciente de que va a morir en cualquier caso. Sin embargo la reacción ante la muerte no ha sido la misma a lo largo de la historia: según Ariès mientras las sociedades pre-modernas optaron por intentar domesticar la muerte , las modernas eligieron la evitación de la muerte. Los nativoamericanos la domesticaron convirtiéndola en parte de la vida cotidiana de las tribus: no sólo porque formaba parte del día a día (incursiones, caza, guerra) , sino porque no poder vivir adecuadamente era inconcebible para el lakota y ponía en riesgo la supervivencia de la tribu entera; así, el anciano que consideraba que un día determinado era ya un buen día para morir se alejaba del grupo en busca de la muerte.
Las sociedades modernas, por el contrario, optaron por evitarla. Como escribe Bauman la muerte se “deconstruye” ( un poco a lo Ferrán Adriá), desestructurando el hecho de morir en una lista ilimitada de luchas puntuales contra enfermedades y problemas de salud concretos: “mantenerse en forma, hacer ejercicio, llevar una dieta equilibrada, alejarse de los fumadores o de la contaminación del agua son tareas factibles, acometibles que redefinen el irresoluble problema de la muerte (ante la que nada cabe hacer) en una serie de problemas abordables (ante los que cabe hacer algo)”. En un mundo "en el que la valía de los seres humano se establece por su saber hacer, no poder hacer nada produce vergüenza”. 
Así para Bauman la muerte se convierte en un desecho en la producción de la vida. La muerte forma parte de los residuos del sistema sanitario, al que se oculta de igual forma que a la basura diaria o a los productos contaminantes.Todas las estrategias de salud, todos los modelos de organización se centran en la enfermedad y su abordaje, estratificación y gestión. La deconstrucción de la muerte lo permite. Pero ninguna de ellas incorpora la muerte en sus intervenciones; de nuevo Bauman escribe: “ el prolongado silencio acabó dando como resultado una incapacidad colectiva de hablar con sentido de la muerte y de comportarse con sensatez con aquellos a quienes afecta de forma evidente: los enfermos terminales, los  familiares del difunto, los que están de luto".
A la manera de seres invisibles y apestados, todos ellos deambulan por un circuito vergonzante que los servicios sanitarios no quieren hacer aflorar: de la casa a la residencia, de ésta a la urgencia del hospital, de donde saldrá empaquetado con destino a la planta, tal vez al moridero del hospital de cuidados crónicos, quizá de nuevo a la residencia o a la casa que se cae encima ante la falta de ayuda.
En estos tiempos en que se replantea una y otra vez el concepto de salud no estaría mal por aceptar que quizá el primer requisito saludable es reconocer que la muerte existe, hacerla visible y ayudar a la gente a enfrentarse a ella.
El último ( e inevitable) escalón en cualquier pirámide.

( Imagen: catafalco lakota)

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