“ La mejor medicina preventiva no llega vía administración de pastillas para bajar el colesterol; se consigue prestando atención a los hallazgos epidemiológicos relativos a que las inequidades en salud empeoran la salud de cada uno de nosotros…. Un político hace años decidió que el NHS debería dejar de ser un “Servicio Nacional de la Enfermedad”, pero eso precisamente es lo que necesitamos ser. Paremos ya de discriminar a la gente enferma”
The patient paradox. Margaret McCartney.2012
Siguiendo con el fomento por parte del diario El Pais del mercadeo de la salud, sólo un día después del artículo sobre cribados, publicaban como noticia un anuncio publicitario con el título de “Se buscan miles de voluntarios para un experimento que pretende salvar millones de vidas”. No informaban de ningún descubrimiento, ni el resultado de ningún estudio, sino simplemente de“la búsqueda activa de ciudadanos” para un ensayo clínico. Ensayos como éste se proponen cada año por cientos, y sin embargo no merecen ser publicados como noticia por un medio de la repercusión de El País. Eso sí, éste está dirigido por el Sr. Valentín Fuster, gurú de las enfermedades cardiovasculares y su tratamiento farmacológico, y por el laboratorio Novo Nordisk, fabricante del fármaco Ozempic.
El artículo es una perfecta muestra del sesgo publicitario en el rentable mercado de la salud. En primer lugar, por el estilo melodramático: “La ecografista Virginia Mass suelta una frase lapidaria mientras desliza su sonda por el cuello del volunarios: Lo importante es la carótida interna que va directa al cerebro” (¡¡¡). “El participante recibe una dosis pulverizada de nitroglicerina debajo de la lengua, para dilatar esos vasos sanguíneos. Tranquilo te va a explotar , bromea el cardiólogo Carlos Pérez en la boca del túnel de la máquina en que se introduce al voluntario. La enfermera Pilar Hernández le inyecta 60 mililitros de un tinte inocuo a base de yodo en las venas” (salvo que sea alérgico al yodo, claro).
En segundo lugar, a la manera de Indiana Jones en el Templo Maldito, el artículo se inicia con la búsqueda de un tesoro perdido: “Los cardiólogos Borja Ibañez y Valentín Fuster, del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) buscan 8.000 personas voluntarias para intentar encontrar la cura de la arterioesclerosis…el resultado de su experimento puede salvar millones de vidas”. Propósitos loables, como tantos buenas intenciones y propósitos de tantos buenos investigadores que no tienen la influencia del Sr Fuster, que no sólo no reciben la publicidad de El Pais , sino tampoco de ninguna agencia de financiación de la investigación. Las condiciones para participar en el ensayo son claras: se buscan sanos (“tener entre 18 y 69 años y no ser consciente de padecer ninguna enfermedad cardiovascular”). Lo que se pretende es que a un grupo de voluntarios se le administre “une intervención precoz y agresiva” basada en el deporte , alimentación sana y la administración diaria de rosuvastatina, y al otro grupo de voluntarios la atención habitual por sus “médicos de atención primaria”. En su extraordinario libro Tha Patient paradox, la médico general británica Margaret McCartney describía muy bien cómo la gente sana constituye el “gran sueño del marketing sanitario”. A través de él las personas son convertidas en pacientes, lo que siempre supone un coste (para el sistema y los pacientes). Como ella escribía “sobretratamos a los sanos e infratratamos a los enfermos. Todo el mundo pierde”. Porque además del coste económico, ninguna intervención médica es inocua, y las estatinas tienen también efectos adversos, algunos graves que el artículo evidentemente obvia.
En 2010 en su documento estratégico hacia la cobertura universal en salud, la Organización Mundial de la Salud dibujó un cubo en que representaba los ejes de acción para alcanzar servicios sanitarios de calidad para una población. Esos tres ejes son el porcentaje de la población existente en un país que queremos que reciba ese servicio, la contribución del gasto de bolsillo que cada individuo deberá aportar y el renago de servicios que el sistema ofrecerá. Algunos países , de la mano de sus dirigentes, eligen todos los servicios pero sólo para aquellos que puedan permitírselo ( ejemplo, Estados Unidos). Los que pretendan tener un sistema de salud capaz de dar servicios equitativos para toda su población con el menor copago posible inevitablemente deberán restringir el rango de sus servicios. En un sistema universal NO TODO CABE. Ya lo escribió con su brillantez habitual Julian Tudor Hart: “No hay modo de asumir todas las demandas de atención concebidas en un mercado de consumidores. La competencia está degradando a la población a la que sirve el NHS , al hacer que pasen a ser consumidores preocupados por lo que les apetece, en lugar de ciudadanos que tendían a asumir su situación de coproductores de su salud”.
Ahí es donde la contradicción de El Pais es manifiesta. Los que consideramos que un sistema nacional de salud es la mejor alternativa existente para abordar los problemas de salud de una población podemos compartir sus denuncias de la mercantilización de la misma en el hospital de Torrejón. Pero es escasamente creíble cuando, a la vez, fomenta descaradamente en cada noticia de salud, una mercantilización tan evidente de la misma, que lleva a engatusar a la sociedad con remedios tan discutibles como inviables. Ningún país del mundo podrá garantizar a sus ciudadanos todos los servicios que la industria tecnológica de la salud es capaz de diseñar. Como el mismo diario reconocía en su noticia sobre los cribados, fomentar éstos en población sana inevitablemente generará listas de espera de años para los verdaderamente enfermos. Que impedirán que las mujeres con un nódulo palpable en la mama sean atendidas a tiempo, que a un paciente con rectorragia le sea practicada una colonoscopia mañana.
Todo no cabe. Y habida cuenta de ello comenzar por atender bien y a tiempo a los verdaderamente enfermos debería ser la primera prioridad de un verdadero sistema integral de salud. Lo contrario es engañar a la gente.
