lunes, 27 de abril de 2026

Deseo de ser ...apátrida

 

“…El caballo de hierro cruza ahora sin miedo

Desiertos abrasados de silencio.

Deseo de ser piel roja….”

Leopoldo Maria Panero

 

Durante la crisis financiera iniciada en 2008 y que condujo a un rescate encubierto de España, donde Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y Comisión Europea doblegaron la soberanía española, una de las brillantes medidas establecidas por el gobierno de entonces, presidido por Rajoy, fue la de privar del derecho a la asistencia sanitaria a 873.000 personas, muestra de “nuestra eficiencia” como estado a la hora de reducir gastos. La mayor parte de ellos fueron los llamados entonces “inmigrantes en situación irregular”, buena parte de los cuales se encargaban y se siguen encargando de los trabajos que los españolitos no quieren hacer.

La evidencia demuestra que convertir en invisibles a una parte de la población de un país no suele ser buena idea. Como Wilkinson y Pickett demostraron hace muchos años cuanto más inequitativa es una sociedad (y privar a parte de ella del derecho a ser atendido ante un problema de salud lo es), no solo menor es su esperanza de vida y peor es su salud, sino que además sus problemas globales son más complejos.

Afortunadamente algunas sociedades profesionales (en Atención Primaria solo la semFYC) pusieron por delante su compromiso deontológico y ético de atender a personas enfermas independientemente de su situación administrativa, a “la obediencia debida” al gobierno de turno. Algo que honró a esta sociedad científica en la misma proporción que deshonró a todas las organizaciones profesionales y sindicales que se callaron en aquel momento.

Catorce años después volvemos a las andadas como país aprovechando el viento de cola que asola el mundo, no solo en el principal generador de esta concepción miserable de la humanidad (Estados Unidos), y de sus serviles seguidores, sino incluso en la timorata Europa y sus contradictorias políticas migratorias. Sabemos cuáles son sus consecuencias cuando se elige ese camino. En el país donde vivo ( Chile) su presidente lo ha dejado bien claro apenas un mes después de tomar posesión del cargo: su Ministerio de Hacienda propone recortar en atención primaria y apoyo comunitario, salud mental, prevención del suicidio, personas migrantes y población vulnerable, demencias y cuidados paliativos… En definitiva, lo que “no es importante”: los residuos humanos que definía con su habitual clarividencia Zigmunt Bauman.

 

Que en España, Vox exija “la prioridad nacional” en la prestación de servicios públicos no es sorpresa alguna. Forma parte de una corriente política que conoció el mundo hace un siglo y que se extiende por el mundo como una nueva peste. La que con furia insta a expulsar al diferente, maltratar al que menos tiene porque seguro que está así por culpa suya.

Lo que resulta aún más abominable es que siga esa estela un partido que se define como moderado e inspirado por los valores cristianos y que aspira a ser alternativa al gobierno actual, pero para el que parece que el fin de alcanzar el poder justifica cualquier medio.

Si la propuesta es abyecta, resulta aún más ridícula la argumentación del concepto de  “arraigo” para diferenciarse de los inventores de semejante idea, considerando que es el número de años de empadronamiento en una localidad la que derecho a recibir servicios y prestaciones de la misma: es cierto que algo semejante se ha venido aplicando desde hace décadas al baremar méritos para los procesos de selección de personal sanitario en los diferentes servicios de salud españoles , donde se valora más el tiempo trabajado en cada comunidad autónoma que el realizado en la región de al lado, Pero este nuevo concepto del arraigo supone otra vuelta de tuerca en la innovación sobre desigualdad de méritos y capacidad,  además de la ingente burocracia que generaría un país donde todo trámite es una pesadilla.

Los promotores y seguidores de esta propuesta no sólo desconocen la evidencia científica sobre salud pública (lo que era de suponer) sino que su demagogia les impide ver las consecuencias de políticas semejantes. Por ejemplo, puesto que la “prioridad nacional” colocaría siempre por delante al empadronado de tres generaciones, ¿debería esperar el migrante nigeriano que trabaja en la recogida de la fruta a que acabara la lista de espera de “españoles puros y viejos” para ser atendido de su tuberculosis que difunde bacilos a esos mismos españolitos puros y viejos?

Ignorantes y malintencionados abundan en la cúpula de las organizaciones políticas. Pero lo más triste es la tendencia creciente de compatriotas dispuestos a respaldar semejantes dislates.

 Deseo de ser apátrida en este desierto abrasado de silencios.