miércoles, 8 de agosto de 2018

Los Elefantes rosas de la nueva Declaración de Alma Ata


En la elaboración de la nueva declaración de Astana que vendrá a actualizar la de Alma Ata, la Organización Mundial de la Salud se encuentra ante un reto complicado: mantener los principios esenciales de aquella declaración, pulir los planteamientos faliidos de la misma y actualizarla ante un mundo sustancialmente distinto del de hace 40 años. Ese desafío implica además encontrar un tono, espíritu y contenido en la declaración capaz de ser aceptado por todos los países, puesto que son éstos los que finalmente otorgarán su apoyo o rechazo a la misma. Una tarea complicada puesto que al igual que ocurrió en Babel, lo que un día fueron términos de claro significado (Atención Primaria de Salud, Cobertura universal) han acabado por significar realidades absolutamente diferentes.
El nuevo borrador, tras las múltiples sugerencias y propuestas recibidas, emplea como era previsible un lenguaje genérico, lleno de buenos propósitos, resaltando como supuesto  logro el compromiso histórico que los responsables políticos adquirieron en 1978 de alcanzar la salud para todos en el año 2000 a través de la Atención Primaria de Salud. En modo alguno esa meta se consiguió, y sin embargo no se critica ni analiza en ningún momento las razones de semejante fracaso, volviendo a enfatizar una y otra vez los principios que debería ostentar la APS para alcanzar semejante objetivo.
Tal vez por esa razón, se ha gestado un llamamiento desde un grupo de académicos, expertos en gestión y políticas o cooperación técnica de Latinoamérica para sensibilizar a los ministros de la región americana y a los máximos dirigentes de la OMS en resaltar en la declaración el hecho de que las inequidades siguen estando bien presentes, el acceso a servicios sanitarios de calidad sigue estando restringido a unos pocos, y los servicios del primer nivel siguen siendo “ servicios pobres para pobres” más que el eje vertebrador del sistema sanitario. El apoyo a dicho escrito puede realizarse a través de este enlace.
Será difícil sin embargo que buena parte de los responsables políticos de los diferentes países del mundo firmen un planteamiento semejante. En primer lugar por el hecho de que las políticas que defienden e impulsan la mayor parte de esos países van en dirección contraria, inspiradas en principios económicos a los que traen completamente sin cuidado la existencia de determinantes de la salud y su abordaje, la existencia de inequidades que aumentan año tras año como resultado de sus propias decisiones económicas, o la exclusión de la atención sanitaria y la educación de una parte creciente de las poblaciones. Y en segundo lugar porque la propia OMS se encuentra cada vez más influida por financiadores ( Bill & Melissa Gates Foundation, industria farmacéutica y tecnológica) interesadas fundamentalmente en cumplir sus propios objetivos de venta y expansión.
En el último borrador de Declaración, tan llena de palabras huecas y autobombo, tres aspectos brillan escandalosamente por su ausencia: en primer lugar, la difuminación entre tanta palabrería del papel que deben desempeñar los estados (remplazados por el difuso término de “sociedad” tan del agrado de neoliberales de todo cuño), únicos agentes capaces de hacer real la reducción de dicha inequidad a través de sus políticas; en segundo, la necesidad de incrementar el gasto PÚBLICO ( no el gasto total) para el desarrollo de las citadas políticas de reducción de inequidad, puesto que el incremento simplemente del gasto total puede aumentar el uso de procedimientos absolutamente innecesarios del que solo se benefician ls empresas que los comercializan. Y por último, una gran ausencia, un inconcebible olvido, sobrevuela declaraciones de unos y otros: el grave peligro que se cierne sobre todos los sistemas sanitarios del mundo de medicalización de la sociedad, en la que cualquier tipo de problema ha de recibir un fármaco, un procedimiento diagnóstico, una intervención tecnológica., y que se refuerza con el mensaje de que es preciso garantizar que “los medicamentos, las tecnologías y los productos apropiados estén disponibles para todos”, sin considerar que ese “ dar prioridad a la prevención de enfermedades” a menudo significa realizar cribados innecesarios y medicar a población sana simplemente porque bajó el umbral que unos expertos decidieron que debería tener una enfermedad.
Según el Institute of Medicine cerca de un tercio del gasto sanitario global es despilfarro: fondos que se pierden en fraude, excesivos costos administrativos, y especialmente en intervenciones innecesarias, inapropiadas o duplicadas. Fondos que no mejoran la salud de nadie, que se detraen de actuar contra las causas de las causas pero que mejoran la cuenta de resultados de las empresas tecnológicas de la salud que, seguramente, suscribirían entusiastas la futura declaración de Astana.
Otro elefante rosa en la sede de la OMS que nadie quiere mirar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario