“When you’re chewing on life’s gristle
Don’t grumble, give a whistle,
And this’ll help things turn out for the best
And always look on the bright side of life”
Al final Monthy Phyton tenía razón. Aunque siempre se dijo que la gente con malas pulgas vive más ( aquello de “mal bicho nunca muere”) parece que las pruebas científicas sustentan la idea de que ser optimista se asocia a mejores resultados para la salud. La pasada semana , Sam Wong, un excelente columnista y twittero de The Guardian, se hacía eco del último trabajo publicado al respecto en Circulation, el mismo día 11 de agosto. Un grupo de
Para establecer el nivel de optimismo empleaban un test ( the Life-Orientation Test Revisted) que mide 6 items con un rango de puntuaciones de 6 ( pesimista irredento) a 30 ( Optimista compulsivo). Para hacerse una idea las preguntas eran del tipo “ en tiempos confusos ( como los actuales) siempre espero lo mejor” o “ si algo puede irme mal, seguro que sucede”.El nivel de “ Cynical Hostility” por su parte se medía mediante el Cook-Medley Questionnaire que incluye 13 afirmaciones ( verdadero/falso) del tipo de “a menudo recibo órdenes de gente que no tiene mucha idea de lo que yo hago”.
Dado el nivel de permanente irritación que tenemos en este país sería preferible no utilizar escalas de este tipo … aunque curiosamente entraría en contradicción con los magníficos indicadores de salud españoles. ¿Será en esto también España otro caso paradójico? ( mala leche-buena salud).
Tindle y compañía establecen en Circulation dos posibles mecanismos para justificar la relación pesimismo-enfermedad: por una parte, a través de la activación del sistema nervioso autónomo y el eje hipotálamo -hipofisario que podría desencadenar el procedimiento patogénico de la aterosclerosis, por ejemplo. Por otra , a través de su posible influencia en factores de conducta como el tabaquismo, la obesidad etc ( ¿desmontand tal vez el tópico de que los gordos son más felices). Wong en The Guardian no lo tiene tan claro. Tras revisar con detalle los principales estudios precedentes al respecto, sostiene que las dificultades de establecer fehacientemente una relación causa-efecto son grandes, del tipo de necesitar establecer un ensayo randomizado en el que a un grupo de pesimistas se les convirtiera en optimistas y se midiera los efectos respecto a su estado de salud. Como si fuera tan fácil dejar de ser cenizo



