jueves, 7 de mayo de 2015

Cállate ya, BONITA

"Hace falta que todo cambie, para que todo siga igual"
El Gatopardo. Lampedusa

Sobre el papel todo el mundo parece resignado a aceptar la nueva situación, y que no es otra que el fin del viejo reinado alternante, en el que solamente dos partidos se repartían el botín, llámese diputados, senadores o concejales, pero también contratos, mordidas, o financiación ilegal de cada uno de ellos. No sabemos que traerá el futuro, si limitará tales abusos o los hará aún mayores, pero no deja de ser curioso observar como comienzan a ponerse nerviosos todos los que llevan manteniendo ese viejo mundo del que hablaba Lampedusa en el Gatopardo: los viejos partidos, los viejos periódicos, los viejos oráculos.
Leer o escuchar hoy todos los medios de comunicación, desde la más rancia derecha hasta lo que ha monopolizado arteramente el término de progresismo en las cuatro últimas décadas ( el todo poderoso grupo PRISA, fiel defensor de los intereses de la oligarquía financiera del país en minúscula), supone enfrentarse a una construcción de la realidad que apenas admite discusión: los dos partidos emergentes no son otra cosa que propuestas vacías, cuando no peligrosas, dirigidas desde Venezuela en un caso, o desde Barcelona en el otro.
Es interesante observar una vez más el silencio con el que El País cubre una noticia aparentemente banal, podríamos considerar que hasta inocente, y que sí mencionan sin embargo otros medios. Durante las intervenciones de la diputada regional Teresa Rodríguez de Podemos en el Parlamento de Andalucía, sus palabras fueron reiteradamente interrumpidas desde la bancada popular y la bancada socialista con piropos del tipo de “No tiene ni puta idea” o “ Cállate ya bonita”. Si el primero es buena imagen del nivel de argumentación de esas respetable señorías que por desgracia pueblan nuestros parlamentos y ayuntamientos, la segunda esconde toda la costra que sigue cubriendo este país. Es un insulto aparentemente menor, que se lleva empleando aquí desde la Guerra Civil y posiblemente antes, cuando se quiere no solo desacreditar sino también humillar a un interlocutor, en especial si es joven y sobre todo mujer.
Da a entender que el que aparentemente escucha no está para perder el tiempo con ignorantes advenedizas que le están entreteniendo en sus múltiples obligaciones, que posiblemente estén siendo innecesariamente retrasadas por esta "gente",  empeñada en prolongar un proceso de investidura que debería estar ya resuelto. Les urge comenzar de nuevo ese juego que unos y otros llevan disfrutando toda la vida.
“Cállate” no es un argumento, es el imperativo que se le da a un perro ( o perra), o a un niño (o una niña) excesivamente molesto.
“Ya” Implica que se ha abusado de la enorme paciencia del oyente, lo que en este caso tal vez suponga un par de minutos desde la última interrupción al discurso de Teresa Rodríguez.
Y “Bonita”, es un término cargado no de futuro, sino de toda la agresividad del macho cabrío que  llevamos dentro, exabrupto que estalla cuando se piensa que estamos llegando demasiado lejos en esto de dejar que las mujeres opinen. Si además la mujer es joven, genera una dosis de irritación e indignación aún mayor.
El Pais, tan preocupado por las vejaciones a las mujeres en otras circunstancias ( sobre todo si son lejanas y precisan de corresponsales en el terreno) , debe también considerar este tipo de comportamientos inevitables refriegas para distraer al adversario, como señalaban luego con sorna los mas experimentados "intelectuales" de los partidos mayoritarios: tienen que ir acostumbrándote, cuentan que le decían a la diputada Rodríguez con todo el cariño del mundo.
No parece que, no ya los hombres (de los que no es esperable ningún gesto, cuando están en pleno proceso de hooliganismo), sino las propias mujeres movieran una ceja. Ni por supuesto el presidente del Parlamento que no debe estar ahí para otras cosas y que, como es habitual en la cultura nacional dominante ante vejaciones, considera que la culpa es de la víctima.
Teresa Rodríguez no conocía nada semejante desde sus tiempos de instituto. Comentó que en el Parlamento europeo se es mucho más respetuoso con el adversario.
Pero esto nunca ha sido, culturalmente Europa. En el fondo el viejo mundo de este país y sus viejos medios solo aspiran a que todo, de nuevo, siga siendo igual que siempre.

El paciente inglés


Las elecciones de hoy en Reino Unido no son un  problema local cuyo resultado afectará exclusivamente  a sus ciudadanos. Allí se decide hoy el resultado de una de las batallas más importantes de una guerra que nos quieren hacer creer que no existe: la que se viene librando desde hace décadas entre los que siguen creyendo en la obligación del estado de proteger la salud de los más débiles, y los que quieren acabar con esa idea. El problema es que mientras éstos últimos tiene perfectamente definida su estrategia, no tiene prisa y avanzan sin pausa, los primeros seguimos pensando que no es para tanto, mientras nos ocupamos distraídamente de nuestras aficiones.
Margaret Thatcher comenzó hace cerca de 40 años el proceso de desmantelamiento de su National Health Service ( NHS), la joya de la corona hasta entonces de cualquier gobierno británico, como demuestran sencillamente los papeles confidenciales de su gabinete. Ese proceso lo continuaron ( eso sí, de una forma más “ moderna” y “progresista” ) los gobiernos laboristas de gente tan siniestra como Tony Blair, antes de que David Cameron comenzara en 2010 su ataque final. En este sentido, la aprobación en 2012 ( el año de todas las promulgaciones infames) del Health and Social Care Act, la ley que pone fin a esa obligación del estado de proteger la salud de los ciudadanos, significó el mayor avance de las tropas partidarias de considerar el sistema sanitario como un mercado y la salud como una mercancía.
Tuvieron en contra a toda la profesión sanitaria británica, pero no movieron un ápice sus estrategias de desmantelamiento de lo público y de privatización del sistema.
Es impresionante seguir la lucha feroz que están manteniendo nuestros colegas británicos en defensa de su sistema nacional de salud. La indignación ha llevado a crear un partido formado por profesionales y pacientes, cuyo único objetivo es mantener el sistema nacional de salud público, el National Health Action Party, cuya cabeza visible es Clive Peedell. Cuesta mucho imaginar en España a un oncólogo de un hospital público dispuesto a coger el coche después de una jornada laboral de 12 horas para acudir a hacer campaña por el sistema nacional de salud sabiendo de antemano que va a perder las elecciones. Nosotros somos mucho más de otro tipo de "pádel" cuando acabamos el trabajo, porque al fin y al cabo no es nuestro “negocio” defender nuestro sistema. Eso lo dejamos para otros, que eso de meterse en líos es cosa de otros tiempos.
Para los británicos no. Porque esa defensa no es solo cosa del Dr Padell, sino de gente como Clara Gerada, presidenta del Royal Collegue of Gneral Practitioner, y una de las más beligerantes agitadoras de esta lucha, para quien “el NHS nos define como nación”. O de Martin Mckee o Alison Pollock cuyas publicaciones de el BMJ o el Lancet aparecen casi semanalmente. O de los miles de tuiteros que han convertido a BringBacktheNHS o ToriesOutNow en trending topics reiteradamente en Reino Unido.
Esperanza Aguirre, que ha inyectado “sabia nueva” en las desanimadas huestes  de la derecha española declaraba con el orgullo que le caracteriza que sus referentes políticos eran Winston Churchill, Margaret Thatcher y David Cameron. El “provisionalmente” interrumpido proceso de destrucción del sistema sanitario público en Madrid que llevó a cabo su heredero Ignacio González no fue por lo tanto ningún error, que con toda probabilidad volverá a reiniciarse en cuantos tengan la capacidad de volver a formar gobierno.
Sentencias como la del Tribunal Constitucional de esta semana desestimando el recurso del Partido Socialista de Madrid contra la privatización de parte del servicio madrileño de salud demuestran que desde todos los frentes se están dando los pasos necesarios para la definitiva ofensiva.
Sin embargo aquí no se presentan partidos liderados por clínicos cuyo único fin es proteger lo público,  ni campañas generalizadas desde las profesiones sanitarias contra los partidos que quieren acabar con el mayor avance social del siglo XX; la protección de la salud de los que más lo necesitan.
El paciente inglés está en la UVI pero lo sabe. Su compañero de habitación, el español, también lo está, pero no quiere enterarse.
Posiblemente no nos demos cuenta de lo que nos estamos jugando en estos días en toda Europa, bien narcotizados por los  medios de comunicación mayoritarios y las marionetas de sus partidos políticos afines. O quizá si lo sepamos pero no da una infinita pereza salir de casa.

martes, 5 de mayo de 2015

La especialidad sin glamour

Casi todos los que hemos trabajado como médicos generales hemos sentido alguna vez esa sensación de cierta decepción que aparece en cara de tu interlocutor cuando le dices cual es tu especialidad. Ya sea tu madre, tu prima, o el pesado que te da la brasa en la barra del bar, todos ellos no suelen ocultar su indiferencia ante algo que está muy lejos del glamour que suele generar el ser especialista en cirugía máxilofacial, el cirujano cardiaco o el admirado trasplantador de cabezas. De eso hablaba estos días Zoe Norris, una médico general del NHS en el Huffington Post, con el título de “soy solamente una médico general”. Como ella dice, la prensa nos odia (cuando no nos desprecia) y los políticos simplemente nos ignoran, deslumbrados en su profunda ignorancia por los especialistas de relumbrón. Para la Dra. Harris el ejercicio de la medicina general no es glamourosa, es sencillamente el reto de enfrentarse con todo en un escaso espacio de tiempo.
Y después de leerlo uno piensa que algo funciona profundamente mal cuando el trabajo de un profesional sanitario ha pasado a medirse en términos de glamour, como si el trabajo de un cirujano sea equivalente al último vestido de Rihanna (en forma de tortillas de patatas, por cierto).
Hace unos años uno de los médicos generales británicos más sugerentes Jonathon Tomlinson , autor del imprescindible Abetternhs, se preguntaba sobre cual es el papel de un médico general hoy. Y empezaba diciendo que el problema es que éste es definido a menudo por instituciones metomentodo como el Kings Fund y demás centros de “ pensamiento divino”, en lugar de ser simplemente formulado por parte de los pacientes. Porque esa idea tan arraigada en los botarates que pueblan las agencias de “expertos “ , según la cual la atención primaria debería funcionar como si fuera un supermercado abierto las 24 horas, tendría en algún momento que preguntarse si un supermercado podría mantenerse abierto durante todo el día si cualquiera de sus operaciones necesitara  10 años de formación.
A un “proveedor de servicios” (ese bonito término que  tanto gusta a los calidólogos), no se le puede pedir compromiso. Porque éste, como señalaba Tomlinson, implica estar presente en la salud y en la enfermedad (como en los antiguos matrimonios), ser congruente y honesto durante todo el tiempo ( algo bastante lejos de las atribuciones del “ proveedor”), y soportar el sufrimiento y las tragedias personales ajenas sin decir nada a nadie. Ser, en definitiva “justos y compasivos, profesionales y competentes independientemente de cómo uno se siente”.
Es tan completamente ridículo pensar que el trabajo de un médico general pueda ser comparado al de un tour-operador, un jefe de línea de montaje o un cajero de supermercado, que lo que más asombra es que hayamos sido capaces de aceptar las premisas de los gurús de la calidad sin el más mínimo cuestionamiento.
Porque la principal razón por la que las personas acuden a su médico de cabecera no es otra que el miedo, miedo que no aparece en los estándares del EFQM: miedo a que el bulto sea cáncer, a que el dolor sea un infarto, , a que la cefalea sea un ictus. “De que muera antes de ver crecer a mis hijos, de que pierda la cabeza, de que me encuentre extraño dentro de mi mismo” . Porque “ el mundo y nuestras relaciones se alteran radicalmente cuando somos pacientes”.
El trabajo que hace un médico general sencillamente extraordinario: “Enraizado en una relación terapéutica, se basa en la confianza”, escribe Tomlinson. Una extraordinaria responsabilidad la de cargar con la atención de las personas más vulnerables y castigadas de la sociedad.
Todas estas disquisiciones pueden considerarse simplemente un bonito ejercicio de salón de blogueros estupendos. Pero Tomlinson ve todos días pacientes de desde su consulta. Y tengo la certeza de que , tal día como hoy , médicos de familia anónimos, de los que nunca salen en los telediarios de las 9 de la noche , ayudan a soportar sus sufrimientos  a un buen número de pacientes sin ser noticia en ningún medio. Médicos ( y médicas) que hoy mismo han ayudado a morir a sus pacientes y confortado a sus familias, mientras especialistas altamente cualificados seguían ensayando el último veneno, indiferentes a lo que era el sufrimiento de sus pacientes. Sin embargo son éstos los que suscitan la admiración de los grandes comunicadores radiofónicos, los presentadores millonarios, los políticos imbéciles y los idiotas de la barra del bar que siguen mirando por encima del hombro al que solo es un modesto médico general.

(Imagen tomada del blog Nomadic GP)

viernes, 1 de mayo de 2015

Se nos ha ido de las manos

"Los eventuales son la perfiferia de la profesión. Los nadies"
Comentario de un joven médico de familia en Google Drive

"Se nos ha ido de las manos". El que comenzó así su charla en la Jornada organizada por la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid ( AFEM) fue el propio Presidente de la Organización Médica Colegial, Juan José Rodríguez Sendín. Y evidentemente es cierto.
Hace algo más de seis meses se celebraron en Madrid unos exámenes para la cobertura de plazas de médicos y enfermeras que fueron una de las mayores muestras de incompetencia que se han producido en la función pública: vulneración flagrante de los principios de igualdad, mérito y capacidad, y modificación sustancial de las condiciones de la convocatoria ante la ausencia de un número suficiente de aprobados ( lo que colocaba a la propia Consejería ante la difícil tesitura de  elegir entre “susto” ( los candidatos son lerdos) o “ muerte” ( su examen está hecho por lerdos). No pasó nada. Siempre es preferible un mal acuerdo que un buen juicio, y con el noble objetivo de no perjudicar a los aprobados se aceptó víbora como animal de compañía.
En un ejercicio de desvergüenza insólito, a dicha comunidad y su ingente colección de responsables incompetentes le entró una prisa delirante por resolver en semanas un proceso que lleva más de un lustro de evolución. De forma que pusieron a todos sus serviles funcionarios a acelerar el procedimiento, para que antes de las elecciones a la Asamblea de la Comunidad de Madrid del 24 de mayo, estuvieran todos los obedientes profesionales sanitarios madrileños en sus nuevos pupitres.
Si en cualquier empresa medianamente seria del mundo se notifican las ceses y despidos, así como las renuncias al puesto de trabajo con al menos 15 días de antelación, en este país hemos perdido las formas hasta para echar a la gente a la calle: como hay prisa, para arañar un voto más , se comunica por mail en medio de la guardia que mañana ya no hace falta que vengas; como pasado mañana toma posesión el propietario, pero quiere apurar el límite legal antes e incorporarse a este tormento , te hacemos un contrato por unas horas hasta que llegue el momento del definitivo adiós. Como eres miserable y no vas a protestar nunca ya te diremos como va lo de la bolsa, porque con tanto lío aún no lo hemos pensado, además de que hay que negociarlo con los sindicatos, que no ponen más que pegas. Permanece atento a tu correo, tu whatsapp , tu Facebook ( te seguimos desde lo oscuro) y ya te diremos si volveremos a contar contigo…algún día. En otra comunidad autónoma lo que se puntúa es tener algún tipo de carguillo o el cumplimiento de unos objetivos que marcan los responsables del servicio correspondiente, pero al que no pueden acceder la “escoria” más eventual.
No pasa nada.Y ellos lo saben. Por acción o por omisión, todas las comunidades autónomas de este país están colaborando en la destrucción del servicio público. La estrategia es muy simple: en Atención primaria ( con los especialistas de hospital es otro cantar) cada plaza que queda vacante es una plaza que se amortiza; si la situación es insostenible se le coloca temporalmente un suplente, siempre en condiciones precarias, para que sepa siempre que su vida depende de las decisiones del servicio regional correspondiente. No se sustituye a ningún profesional, ya sea por docencia, enfermedad o cualquier tipo de motivo. Y un buen día se sacan a concurso una exigua cantidad de las plazas que inicialmente existían en ese servicio de salud, coartada que sirve de justificación de que en fondo sí se está por el sistema público. Y así, poco a poco éste va reduciéndose progresivamente: los “propietarios” no tienen qué temer, porque están a tiro de piedra de la ansiada jubilación ( y de la “vegetación” consiguiente): Y para el resto solo queda un desierto de precariedad, explotación y, lo que es aún peor , humillación.
A los que estamos en el lado seguro, este problema no nos preocupa. No hay más leer el Decálogo del día de la Atención primaria y comprobar que valor damos al problema de la precariedad. Entendemos que es “su problema”, el de los “nuevos”, lo que demuestra que la Atención Primaria nos importa un bledo.
Para los que están pendientes del mail, o el whatsApp lo que supone es simplemente la inexistencia del futuro.Como escribe Juan Irigoyen siguiendo a Sennett en su impresionante post ,” esta precarización salvaje determina la conversión de la generación de Clara en piezas intercambiables para una asistencia mecanizada. Así, el encadenamiento de contratos los fragiliza y les niega la autoría de su propia biografía. Los convierte en seres que fluctúan en un medio que se sobrepone a ellos mismos. Su identidad es inevitablemente flotante, y el pasado, el presente y el futuro se encuentran desconectados. En estas condiciones es imposible hablar de vida profesional regida por la continuidad y el progreso. Son profesionales que han interiorizado que su vida profesional es transitar por caminos inacabados. Ningún proyecto orientado al futuro tiene garantías de poder realizarse”.
Si no es ahora, ¿entonces cuando?

jueves, 30 de abril de 2015

Baltimore

La segunda industria de Baltimore es el negocio que genera la universidad Johns Hopkins. La primera obviamente, es el crimen. Ambos mundos nunca, o casi nunca, se mezclan, pero conviven de forma tan estrecha , que recuerdan a esos matrimonios que siguen durmiendo junto,s pero parecen haber renunciado a entenderse. Del poder económico de la universidad es buena muestra la existencia de dos líneas de autobús que circulan permanentemente por toda la ciudad de Baltimore para llevar y traer a los alumnos a los dos grandes campus que tiene  la ciudad (Homewood y East Baltimore). Cuando uno toma ese bus (gratuito para todos los estudiantes y trabajadores de la universidad) llama la atención que los viajeros son mayoritariamente asiáticos., signo de la pujanza de aquel continente en los asuntos relacionados con el aprendizaje y la innovación. El campus “médico” de la universidad (que incluye la facultad de medicina y enfermería, el hospital y la Escuela de salud Pública, posiblemente la más grande y prestigiosa del mundo), se encuentra ubicada en el Middle East, una de las zonas más degradadas de la ciudad. En cada esquina del campus  (que no está delimitado sino que se extiende a lo largo de varias cuadras) , un policía con fusil vigila desde una garita que no se ponga en peligro la seguridad de los habitantes de este mundo, situado en la lado soleado de la vida. Dos manzanas más allá , se extienden hileras de casas degradadas, con algún que otro grupo de adolescentes ociosos, y que en el reparto los tocó vivir en el lado oscuro.
Una buena muestra de la impermeabilidad de los dos mundos aparece en una escena de The Wire, en la que D’Angelo Barksdale, uno de los mandos intermedios del Holding de Stringer Bell, el capo del negocio de la droga local, le dice a uno de los jóvenes camellos de la red que es demasiado inteligente para ese mundo de trapicheo , y que debería acabar en Hopkins, cuyos edificios se ven a lo lejos. Ambos sin embargo, mueren acribillados algunos episodios después.
.Yo compartía apartamento con un estudiante del Máster de Salud Pública, un australiano delgado de casi dos metros, sumamente amable. El primer día que le invité a tomar una cerveza en el bar de al lado me miró con cara de pánico y me preguntó si estaba loco. Tenía razones para tener miedo. Había cambiado de apartamento a uno frente a la estación de tren porque en el anterior, situado a solo tres manzanas de distancia, le habían agredido en la puerta de su casa porque le identificaron como un miembro de una banda rival.
Nada de lo que describe The Wire es una exageración en Baltimore. El centro sigue siendo una zona relativamente segura de día ( de noche es otra historia) , pero en cuanto uno abandona la ciudad rumbo a Nueva York ve desde la ventana del autobús como se suceden hileras de casas bajas con tablones cruzados en las ventanas y solo alguna débil luz en una manzana de casas abandonadas donde aún vive alguna anciana. Kilómetros de degradación frente a los que cualquier intento de cambio parece insuficiente, aunque la alcaldesa de turno sea negra.
En la época que estuve allí , Peter Beilenson , que daba clase en Hopkins, presentaba un libro que acababa de escribir entonces  (Tapping into The Wire. The real urban crisis), en el que utilizaba la serie para describir los problemas de educación y salud pública de la ciudad. Para que el taburete de la ciudad pudiera sostenerse en su opinión se necesitaban cuatro patas sólidas: buena educación, casas decentes, salarios dignos y un buen sistema de salud.
El libro es un excelente texto de salud pública, basado en una serie que es un magnífico análisis de los que son los determinantes de la salud en el mundo en que vivimos.
Determinantes que solo preocupan cuando la gente ya no aguanta más. Los incidentes de estos días en Baltimore son más un problema social que un problema racial. Al margen de que pongan en evidencia el eterno problema racial norteamericano, lo que demuestran es que sigue aumentando la fractura social entre ricos y pobres , como bien argumentaba el domingo alguien que conoce muy bien Hopkins y Baltimore, como es Vicens Navarro.
Lo que más sorprende no es que se produzcan disturbios, sino lo poco frecuentes que son dada la situación desesperada en que vive tanta gente. Apenas hay avances en esas cuatro patas ue mencionaba Beilenson. Pro lo peor es que no hay tampoco esperanzas de que el panorama cambie.
Como escribían en The Onion se recomienda a los habitantes de la ciudad que permanezcan en sus hogares mientras el progreso social sigue su: cursodado lo que está pasando en la ciudad , pedimos a los ciudadanos que permanezcan  en sus domicilios durante las diez o doce próximas décadas , mientras van erosionándose poco a poco las barreras para la igualdad y oportunidad para todas las personas . Como continuaremos progresando adecuadamente hacia una sociedad más justa y libre en los próximos 100 años , por favor no se aventuren en el exterior a menos de ser estrictamente necesario“.

Agradecimientos: a M. López del Pueyo por su retuiteo de la noticia de The Onion