jueves, 8 de junio de 2017

El fósil



En el I Congreso de la Cabecera celebrado en Granada hace un par de meses, la primera de las mesas abordaba el tema de la Atención primaria en la Universidad. En el debate posterior la Señora Decana de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada defendió que la Atención Primaria no mejoraría su situación en la universidad mientras no aumentara significativamente el número de doctores en Atención Primaria, requisito indispensable para poder realizar buena investigación en su opinión. Curioso argumento por dos razones: el primero es que ya hay un importante número de médicos de familia que han realizado tesis doctorales y siguen sin tener oportunidad alguna de participar como profesores universitarios en igualdad de condiciones con el resto de colegas; el segundo, aún más importante, tiene que ver con la necesidad de tener la tesis para poder realizar buena investigación. Barbara Starfield, la persona más influyente en el mundo en el estudio académico de la influencia de la atención primaria en los sistemas sanitarios, no era doctora.Eso no le impidió ser la Directora durante muchos años en Johns Hopkins del departamento de Health Policy and Management de la Escuela de Salud Pública, una de las más prestigiosas del mundo. Sí le impidió, en cambio, participar en la lectura de una tesis doctoral en España, al no cumplir el sagrado requisito de ser doctora, algo que llevó como una especial afrenta. Donald Henderson fue decano de  la universidad de Starfield, Johns Hopkins, sin ser doctor, algo que habría escandalizado a la comunidad universitaria española. La diferencia es que el Dr. Henderson fue en buena parte responsable de la erradicación de la viruela, un pequeño mérito que no computa en los baremos universitarios españoles.
La mínima presencia y representatividad de la atención primaria en la universidad española (que sigue sin considerarla como un ámbito válido de conocimiento ni una prioridad desde el punto de vista educativo) demuestra sin duda el estrepitoso fracaso de nuestra profesión para conseguir cambios relevantes en este país. Pero también pone de manifiesto otro hecho aún más grave: la universidad española sigue siendo el último territorio salvaje, que sigue rigiéndose mediante procedimientos y normas de conducta previos a la democracia, anclados en una cultura de hace siglos. Por supuesto que no es posible generalizar y que existen profesores universitarios brillantes y comprometidos. Pero sigue sin ser posible cuestionar, modificar o erradicar los comportamientos obsoletos, retrógrados o abusivos cuando éstos aparecen.
La conferencia de Decanos de Medicina celebró como una victoria en la Champions que en España la carrera de medicina siguiera teniendo una duración de 6 años cuando se estableció el Espacio Europeo de Educación Superior que fijaba en 180 o 240 ECTS ( 3 o 4 años lectivos) la duración de los grados.
Estados Unidos, el país donde se puede ser decano sin ser doctor, el grado de medicina dura 4 años. Hace casi una década  Keneth Flegel et al se preguntaban en el CMAJ si no habría llegado el tiempo de una nueva revolución en los curriculum médicos, puesto que estudios comparativos entre universidades clásicas con 4 años de duración del grado en medicina y otros en que era de solo 3 ( McMaster, Calgiari) demostraba que éstas últimas,con un método educativo sustancialmente diferente, obtenían similares resultados  a menor coste y duración.
El plan de estudios de Northern Ontario School of Medicine, una escuela de medicina del norte de Canadá, incluye una inmersión inmediata y profunda en la comunidad, trabajando  ( a la vez que estudiando) en entornos rurales en periodos progresivos de 1 mes, dos meses y 8 meses, transitando desde la realidad del ejercicio clínico en pequeñas localidades rurales hasta el trabajo en hospitales al cual se dedica el cuarto año, remedando el tránsito que habitualmente realizan los pacientes en el sistema. Hay muchas experiencias semejantes en otros centros en Canadá, Estados Unidos o Brasil.
Por el contrario, cuando miro el plan de estudios de mi sobrina en la Faculta de Medicina en Madrid, compruebo que apenas ha cambiado algo de cuando yo estudiaba hace 30 años, cuando el mundo entero (y en especial el ejercicio de la medicina) ha cambiado tan radicalmente. No solo los contenidos son los mismos, sino que las fórmulas de enseñanza y aprendizaje son en buena parte las mismas. Como lo es también el mantenimiento de las mismas prácticas abusivas por parte de catedráticos y profesores, sin derecho a réplica ni a revisión, y con el resto de la comunidad educativa mirando para otro lado cuando se incurre en comportamientos impresentables. Haces solamente cinco años era posible encontrar un profesor en alguna facultad que ordenaban a los alumnos en clase por categorías: primero los hombres, después las mujeres y al final los “maricones”. Los escasos alumnos que denunciaron la situación tuvieron que examinarse en un tribunal especial. 
La conversión de las universidades en centros de producción de futuros trabajadores, olvidando su condición de centros imprescindibles para el desarrollo de la reflexión, el pensamiento crítico y los valores éticos está entre las causas de la degradación social. Como lo es también el sistema que regula la producción univrsitaria en manos de agencias que tan bien refleja Juan Irigoyen.
Ninguna universidad española figura entre las 10  mejores del mundo. Estando entre las 15 mayores economías del mundo, algo tiene que significar este hecho.

(Viñeta de El Roto)

1 comentario:

  1. Si te sirve como ejemplo. Hace ya 13 años, en 6º de medicina, tuve la fortuna de participar en un proyecto docente financiado por Europa para tratar de evaluar otros modos docentes la medicina (se llamaba proyecto Leonardo). Consitió en que las asignaturas médicas y quirurjicas de ese año ya no nos las iban a impartir en clase, sino en rotatorios por los diferentes servicios. La evalación la harían directamente los tutores. Las otras asignaturas que no eran clínica, medicina legal y salud pública, las hicimos en seminarios de un día cada 2 semanas.
    Fue una esperiencia maravillosa: aprendí en 2 semanas y media que duraba cada rotatorio lo que estudiando habría necesitado 4 meses. De medicina legal y salud pública también (Juan de Dios es un profesor excelente). Lo que aprendí e hice en esos meses en endocrino, nefro, hematología, dermatología, otorrino, c. vascular, torácica, cardiaca,... fue genial. Y no creo que en conocimientos tuviesemos menos que el resto de compañeros que hicieron el grado normal. En cambio aprendimos a tratar con los pacientes, a hacer entrevistas clínicas, ha hacer diagnósticos, a tener en cuenta la seguridad del paciente,... Aquello fue una muestra de que se puede hacer algo diferente. Y muchos de aquellos que estuvismo en el proyecto, al final nos decidimos, por vocación, a hacer atención primaria.
    Un saludo, y como siempre gracias por este excelente blog.

    ResponderEliminar