domingo, 4 de junio de 2017

Medicina, no es país para pobres





“The soil grows castes; the machines makes classes”
The rise of meritocracy. Michael Young. 1958

A la hora de buscar razones por las que buena parte de los estudiantes de medicina no eligen la maravillosa especialidad de medicina familiar y de comunidad, surge siempre la letanía del escaso conocimiento que tienen aquellos de la especialidad  puesto que el papel que se otorga por parte de los decanatos de medicina a la atención primaria es, en el mejor de los casos, residual. No cabe duda de que nuestro “excelente” modelo universitario requiere un análisis detenido, pero quizá no estaría de más reflexionar un poco sobre el tipo del estudiante endémico en las facultades de medicina del país.
Mi generación (que tuvo que enfrentarse a la oferta de plazas de formación de residentes más exigua de la historia) preparaba el examen MIR con mucho café, reuniones en casa de alguna compañera para hacer test, y empolle más o menos brutal de apuntes, Farreras o Harrison (según gustos). Hoy en día es excepcional que el aspirante a residente no se desplaza un año a Oviedo (la Meca del aspirante al MIR) en busca de los arcanos salvoconductos que le darán acceso a su especialidad soñada, con Trivial Mir incluido. Academias semejantes existen incluso en diferentes países de América Latina, que preparan también para la prueba española. No es difícil imaginar que mantenerse un año en una ciudad lejana y pagar además una matrícula de más de 3000 euros no está precisamente al alcance de cualquiera (aunque ya se sabe que por los hijos cualquier sacrificio es poco).
Pero, ¿Qué hay de los que ingresan en las facultades de medicina, enfermería o fisioterapia?. El acceso a medicina está replicando en buena medida el modelo MIR, solo que con estudiantes de bachillerato que aún no tienen claro que quieren hacer, pero que si van entendiendo el valor de mercado de una nota muy alta de selectividad. El acceso a medicina en España está restringido a aquellos afortunados/as que superan los 12,5 sobre 14, una nota cercana al 9 sobre 10 de media. No tardará mucho en aparecer las academias que preparan para acceder a medicina, ampliando el rango de este lucrativo negocio.
Nadie parece preocupado por las implicaciones que tiene en una formación de estas características tal acúmulo de cerebros, cuando esto iba esencialmente de atender a la gente, en especial cuando se pone enferma.
Tampoco a nadie parece preocupar que algo tan importante como elegir aquello a lo que te dedicarás en el futuro cumple de verdad unos requisitos mínimos de igualdad en las oportunidades. El hijo de una buena amiga es un estudiante brillante desde los primeros años de Primaria; participaba con buenos resultados en las olimpiada matemáticas y había ido acumulando un expediente de sobresaliente hasta llegar al 2º año de bachillerato. Sin embargo su nota final bajó en el último momento del sobresaliente al notable. ¿Razón? Como le indicó el jefe de estudios del colegio privado en que estudiaba,  para la carrera que quería hacer (una ingeniería) no se necesita una nota tan alta, que si precisan los compañeros que quieren estudiar medicina.
Otro ejemplo: en la clase del instituto público donde estudió mi hija, 15 de sus compañeros quería hacer medicina. No entró ninguno puesto que sus expedientes andaban muy alejados de esas notas imposibles. Algunas de ellas emprendieron un peligroso viaje a través de módulos para acceder por la puerta falsa. Hoy estudian medicina y (ahora sí) alcanzan el sobresaliente en algunas asignaturas.
Estos ejemplos no son representativos por supuesto. Pero tampoco tenemos estudios que nos permitan conocer qué tipo de estudiantes están nutriendo las facultades de medicina o enfermería y cómo influye la clase social a la que pertenecen en su acceso.
En Reino Unido sí los tienen. Steven, Dowell, Jackson y Guthrie analizaron recientemente la clase social de 32964 aspirantes a las plazas de medicina en Reino Unido en los cursos 2009-2012 a través de tres instrumentos de medida: el código postal donde residían, la ocupación de sus padres, y si habían asistido a una escuela pública o privada.En las cuatro naciones de Reino Unido existía un marcado gradiente de elección a favor de las clases ricas y en contra de las clases con mayor grado de deprivación: entre el 22.9 y el 37.7 % de los alumnos aceptados se incluían en el decil más rico y solo entre el 1.2 y el 3.5 % en el más pobre. Respecto al tipo de centro, se admitían 3 veces alumnos procedentes de instituciones privadas que las previstas si la distribución fuera homogénea, mientras que en las públicas no se alcanzaba el 75% de lo previso. Más del 80%  de los aspirantes admitidos tenían a sus padres ubicados en la clase social más alta (NS-SEC 1).
Steven et al consideran que la forma en que se establece el ingreso en las facultades de medicina determina la composición de la profesión médica en el futuro. Pensar que nuestro sistema de acceso es inocente, equitativo y neutro es una muestra más de nuestra cultura de avestruces, que mete la cabeza en el agujero antes que abordar en profundidad los problemas.
El que la enseñanza de la medicina esté realmente abierta a cualquier persona, independientemente de la clase social a la que pertenece y a la riqueza de sus padres, no solo es importante porque los estudiantes procedentes de clases más desfavorecidas sean más sensibles a los problemas de este tipo de personas, sino porque su mera presencia en clase puede facilitar una mayor sensibilización de los hijos de los más ricos hacia los problemas sociales.
Si por el contrario medicina, enfermería y fisioterapia se convierten en carreras de una sola casta, ya podemos suponer que tipo de profesionales tendremos en el futuro y que clase de valores promoverán.
En un mundo donde prima la competencia, y se considera como modelo de éxito el que más dinero tiene, no es difícil entender por qué una especialidad como medicina de familia o medicina preventiva no interese a nadie.
Si como decía Young las máquinas establecen las castas, especialidades cuya tecnología ha sido tradicionalmente la de escuchar, atender, o esperar puede imaginarse qué futuro tendrá

( Imagen tomada del articulo de Steven et al donde se observa la distribución de solicitudes y admitidos en función del  IMD)

2 comentarios:

  1. Hay dos erratas una frase del segundo párrafo:

    Hoy en día es excepcional el aspirante a residente *** no se desplaza un año a Oviedo (la Mecca del aspirante al MIR)

    1) donde he puesto *** falta un "que".
    2) donde pone "la Mecca" lo correcto es "la meca", como se indica en la siguiente página del DPD de la RAE:
    http://lema.rae.es/dpd/srv/search?key=Meca

    Saludos,
    Oscar

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