lunes, 23 de marzo de 2020

¿Desmantelar la Atención Primaria para frenar al covid 19?

"Qué poco heroico es llamar a cientos de pacientes a su domicilio para contener, tranquilizar, evaluar y actuar en consecuencia, pero qué útil amigas"
Tan contagiosa como la pandemia de covid-19 es la estupidez. Desconocemos su R0 pero muy probablemente esté muy por encima de 10. La Comunidad de Madrid tiene el dudoso honor de gestionar de manera especialmente penosa la avalancha. Comenzando por poner al frente del equipo coordinador a una persona  (Burgueño) , que no sólo NO es experto en este tipo de situaciones sino que , además, generó un sorprendente grado de rechazo profesional por su activo papel en el proceso de privatización de hospitales. Y siguiendo por la última ocurrencia del equipo de Díaz Ayuso, inmediatamente “contagiada” a otros servicios de salud, y que no es otra que el cierre total o parcial de la Atención Primaria para concentrarla en los nuevos hangares hospitalarios.
Los responsables políticos que han gobernado la Comunidad de Madrid en estos últimos 20 años centraron su política en dos estrategias claras: reducir el presupuesto público (aumentando las formas de transferencia de fondos al sector privado), y ahogar progresivamente a la Atención Primaria. En esto último es cierto que no están solos: prácticamente todas las comunidades autónomas, de uno u otro color político, lo llevan haciendo desde hace más de dos décadas, deslumbrados por los brillos del oropel hospitalario, sus ruedas de prensa vistosas para celebrar cualquier hito quirúrgico y sus promesas sistemáticas de acercar un nuevo hospital a cada pueblo, en la cual hay que reconocer que la actual Ministra de Hacienda es consumada maestra.
La forma de entender el sistema sanitario que tienen los políticos españoles queda perfectamente reflejada en su modelo organizativo frente a la pandemia: ante la avalancha de casos, nada mejor que cerrar los centros de Atención Primaria y utilizar a sus profesionales de carne de cañón en los macrohospitales tipo IFEMA, a donde están desviando a médicas y enfermeras sin información oficial alguna, más allá de la comunicación que realizan los propios profesionales por sus grupos de whatsapp. Ignoran tanto lo que es y por qué es imprescindible la AP, que sólo le encuentran utilidad para ordenar el tráfico de pacientes; podrían sustituirlos perfectamente por policías locales.
Una de las razones del confinamiento social es precisamente la de evitar la de aglomeraciones masivas que faciliten la difusión del virus. Para ello nada menos adecuado que hacinar a pacientes leves en grandes naves industriales, como ya vienen haciendo con las residencias de mayores.
Cerrar centros de salud supone acabar con la accesibilidad y la longitudinalidad de la atención: palabras sin sentido ni importancia para políticos modernos, pero que nunca como ahora han sido tan esenciales para la población. Una población que se ha adaptado sin apenas problemas a las instrucciones de permanecer en casa y no acudir al centro sanitario, que se ha dado perfecta cuenta que no es tiempo de acercarse por “naderías”, pero que hoy más que nunca necesita consejo ante tanta información sesgada y dañina, tranquilización ante sus angustias por lo que pueda ocurrirles a ellos y a los suyos, y por supuesto atención ante sus sospechas respecto a un posible contagio y asistencia para todos esos problemas ( de la insuficiencia cardiaca al trastorno del ánimo)que, aparentemente, han dejado de tener importancia, en un contexto en el que sólo parecen merecer atención las personas con covid-19;.
Es ilimitada la actividad que puede realizar un centro de Atención Primaria en esta era de cuarentenas. En primer lugar como puerta de entrada una vez más para identificar precozmente y aislar adecuadamente a nuevos casos de la pandemia. Sin necesidad de confinarlos y acumularlos en naves industriales, sino manteniéndolos en el lugar donde pueden estar mejor, recuperarse más pronto y:  apenas contagiar a nadie; su propio domicilio. Ayudándoles a soportar y superar su enfermedad mediante un apoyo diario y continuado, a distancia  o en el domicilio si fuera preciso, recuperando además su lugar preferente de trabajo, el hábitat natural del paciente: su casa. Pero sin olvidar que su territorio no sólo comprende la residencia de los que están contagiados, sino de todo el resto de su “lista”, su comunidad, y que más aún en estas circunstancias, precisa del cuidado de sus profesionales de cabecera.
Una vez más se impuso la metáfora de la máquina en la organización de los servicios de salud, convirtiendo a las personas en tornillos que precisan de corrección: se precisa reducir el imput para mejorar el outcome, ,manteniendo en su capacidad productiva óptima a la unidad de cuidados intensivos, convertida circunstancialmente en el centro del sistema.
Olvidando que cada una de las personas que estamos bajo esta amenaza, la padezcamos o no, necesitamos apoyo, atención ante los problemas y acompañamiento. Lo que hace mejor que nadie la Atención Primaria pero nunca tendrá el más mínimo interés para periodistas y políticos, que nunca apreciaron ni apreciarán el precioso cometido( en el doble sentido del término) de la Atención Primaria.
No podemos permitir que ocurra. Sería tanto como reconocer que La Atención Primaria es superflua.

domingo, 22 de marzo de 2020

Lationoamérica quizá aún está a tiempo.



El Ministro de Salud de Chile, Mañalich, declaró ayer sobre la pandemia de covid-19: “estamos hablando de una partícula que se ve solo al microscopio electrónico, que no podemos predecir su comportamiento, quué pasa si este virus muta de una forma más benigna; que pasa si el virus muta y se pone “buena persona”.
El problema no es sólo que un individuo con semejantes argumentos sea el Ministro de salud de un país como Chile, sino que de sus decisiones puede depender la vida de miles de personas. En Estados Unidos el presidente Trump anda entretenido tachando en las conferencias de prensa el nombre de covid-19 para poner en su lugar el adjetivo de “virus chino” creyendo que quizá así contendrá la pandemia, cuyo crecimiento en su país es exponencial. En Brasil el presidente Bolsonaro celebró el resultado negativo de la prueba que le fue realizada abrazando y estrechando manos, como hace sistemáticamente el presidente de Mexico. Mientras tanto Italia mantiene una tendencia creciente de más de 6000 casos y cerca de 700 muertes al día, y España alcanza hoy la cifra de casi 30.000 infectados con un aumento en el último día de más de 3000 y más de 300 muertos. 1785 personas se encuentran en Unidades de Cuidados Intensivos en España cuando la capacidad total del país en estos servicios supera escasamente las 5000. Un 10% de los contagiados son sanitarios, y ha sido preciso movilizar a futuros residentes, estudiantes y médicos retirados. Madrid se encuentra ampliamente sobrepasada en su capacidad sanitaria.
Latinoamérica se enfrenta a un escenario enormemente amenazante, puesto que a la propia pandemia se añade niveles de inequidad y de pobreza aún mayores que en Europa, sistemas sanitarios mucho más frágiles ( aunque sólo sea por el porcentaje de su PIB dedicado al sistema sanitario, especialmente al público) y mecanismos de protección social claramente insuficientes. Sin embargo, quizá aún están a tiempo de evitar que la catástrofe sea todavía mayor.
Asia y Europa, que han soportado hasta la fecha de forma secuencial el mayor peso de la pandemia, han establecido medidas que , en algunos países, parecen haber contribuido a reducir el impacto de la pandemia, pero también han cometido importantes errores de los que sería beneficioso aprender para no repetir. Algunos de ellos son los siguientes:
-      Considerar que esta epidemia es una epidemia más, derivado del hecho cierto de que sólo el 5% de los más de 200.000 casos son graves. Ésta NO es la pandemia del virus influenza H1N1 de 2009, un proceso sobrevalorado e ineficientemente gestionado por las autoridades internacionales, en especial la OMS. Aquella pandemia no paralizó a la mayor parte del mundo, no colapsó los sistemas sanitarios ni alteró sustancialmente la vida de la gente. Europa minusvaloró la importancia de lo que se venía encima cuando estaba afectando a Asia, considerando exageradas las medidas que allí se tomaban. América no debería caer en el mismo error.
-     Buena parte de los gobiernos de tendencia neoliberal ( Estados Unidos, Reino Unido, Chile, Brasil, Uruguay,…) y algunos supuestamente socialdemócratas han considerado completamente innecesarias medidas de aislamiento social inicialmente , quizá porque el mantenimiento de la actividad económica es el valor más importante; algunos de ellos han tenido que comenzar a implantarlas posteriormente de forma apresurada, cuando el crecimiento exponencial de la pandemia ponía en evidencia sus excesos de optimismo. 
-      Es cierto que la comunidad científica no tiene una respuesta unánime respecto a qué estrategia obtendrá mejores resultados. John Ioannidis por ejemplo, considera que no existen evidencias suficientes para implantar medidas de aislamiento social radical. Richard Horton el director de Lancet, hace llamadas continuas  al aislamiento social severo. Lo que es cierto es que no tomar medidas es una medida en sí misma, como respondía Marc Lipsich a Ioannidis recomendando que el confinamiento social es un buen punto de partida. Aunque la mayor parte de los casos sean leves algo hay que hacer para evitar que los sistemas sanitarios colapsen por su incapacidad de atender a pacientes graves. En ese sentido los efectos derivados de tomar medidas contemporizadoras parecen devastadores, como han argumentado desde el Imperial College a Tomas Pueyo. Se puede dudar de sus datos, pero día a día la realidad les da la razón. En ese sentido llaman la atención pronunciamientos irresponsables como el  del representante de la OPS en Chile, Leanes, considerando que las medidas de aislamiento social no se pueden recomendar porque “ no se pueden sostener porque la gente las incumple”, cuando al mismo tiempo señala que "estas medidas se tienen que tomar cuando el número de casos es muy alto”, momento en que probablemente sea tarde, como argumentaba Pueyo ayer.
-      Sin información no es posible actuar adecuadamente. Eso afecta tanto a la disponibilidad de medios para saber quien está infectado mediante una detección temprana de casos  (imprescindible para su aislamiento), como a la necesidad de contar con información completa , adecuada y transparente de lo que está ocurriendo. Ninguna de las dos condiciones se cumplió en España, que arrastra una penosa historia de opacidad informativa desde hace décadas y donde aún ayer era imposible saber la distribución por edades de los casos y muertes.
-     Sin duda urgencias, hospitales y unidades de vigilancia intensiva son puntos críticos de la capacidad de un país de afrontar la pandemia. Pero ignorar el papel absolutamente clave de la Atención Primaria para contener la propagación de la infección y garantizar el cuidado próximo a las personas es un error garrafal, como ya comentaremos en detalle.

El que todas las ciudades de Europa estén hoy completamente vacías debería hacer pensar a los políticos de América que esto no es un juego que puede ser resuelto esperando que el virus se vuelva una buena persona. Quizá aún están a tiempo.
Gráfico: Financial Times

miércoles, 18 de marzo de 2020

Hindsight

“Yo ya lo vi, ya lo viví, en eso fui el primero”
Sabio Tonto. Semen Up.1988.

Nuestra capacidad de “ignorar nuestra ignorancia es casi ilimitada”. Lo escribió Daniel Kahneman, el premio Nobel de Economía hace más de diez años, y tiene en estos días su mejor confirmación. De un día para otro han aparecido tantos expertos como número de contagiados por el Covid 19 que opinan sin descanso sobre el virus, la epidemia, sus causas y consecuencias. Y que por supuesto tienen la solución sobre cómo resolver el problema.
Escribía Kahneman: “Una limitación general de la mente humana es su insuficiente capacidad para reconocer estados pasados del conocimiento o creencias que han cambiado. Una vez que adoptamos una nueva visión del mundo (o de una parte de él), inmediatamente perdemos buena parte de nuestra capacidad para recordar lo que solíamos creer antes de que nuestro pensamiento cambiara”. Se llama Hindsight bias, sesgo retrospectivo, o como día mi amigo Oleaga, “Visto los cojones, macho”. Fue descrito por Fischoff y Beyth en 1972 cuando ambos eran estudiantes, en un curioso experimento realizado en la primera visita de un presidente americano ( Nixon) a China: antes del viaje se les preguntó a los participantes la probabilidad de que ocurrieran determinados hechos ( por ejemplo,¿Cuál es la probabilidad de que China reconociera diplomáticamente a Estados Unidos?); meses después de la visita se les solicitó que recordaran la probabilidad que previamente habían asignado a cada pregunta; si el hecho se había producido realmente exageraron su respuesta previa, mientras que sobre los sucesos no ocurridos insistieron en que siempre habían dicho que era improbable.
A través de este sesgo evaluamos las decisiones por su resultado, no por lo adecuada que pudiera ser la decisión cuando se tomó, olvidando que las decisiones suponen actuar sobre la incertidumbre, sin conocer con anterioridad las consecuencias de las mismas. Como cuenta Kahneman en sus trabajos, la intervención quirúrgica de un cirujano ante un proceso de poco riesgo acabará siendo juzgada probablemente como negligencia si el resultado es la muerte, lo que no ocurriría nunca de acabar satisfactoriamente. “Cuanto peores son las consecuencias tanto mayor el riesgo de hindsight”. Esto conduce inevitablemente a que muchos de los decisores eviten tomar riesgos por el miedo a equivocarse. Y quizá esto sí haya podido producirse en algunas de las decisiones tomadas por las diferentes instituciones (de la OMS a cualquier pequeño ayuntamiento) en la gestión de la pandemia.
De la complejidad que supone analizar, planificar y ejecutar decisiones en este momento es buen ejemplo el trabajo que acaba de escribir Ioannidis. La incertidumbre es máxima, y las consecuencias desproporcionadas en todos los ámbitos: económico, político, sanitario, personal. Afortunadamente hay muchas personas con criterio capaces de ir reduciendo incertidumbre con sus estudios, análisis y reflexiones. Pero son pocos. Los demás, contribuiríamos mucho al bienestar global limitándonos a hablar sobre lo que realmente sabemos, y evitando criticar de forma rastrera cuando antes nunca alertamos de lo que iba a ocurrir.
Dos ejemplos contrapuestos tal vez lo expliquen mejor: en la entrevista concedida a El País por Santiago Moreno, Jefe de servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, una persona altamente cualificada en el estudio y manejo de este tipo de enfermedades, respondió: “ Hemos pecado de exceso de confianza, nadie pensaba en esto…si volviéramos atrás, tendríamos que hacer muchas cosas de forma diferente. Pero eso lo sabemos ahora, no antes; lo hemos aprendido”.
Por su parte Oriol Mitjà, experto en enfermedades tropicales del hospital Germans Trias i Pujol ha escrito en Twitter: "El Comité de emergencia español debería dimitirr.El país está en la UCI y el médico que lo ha tratado ha cometido demasiados errores. Mejor cambiar de médico mientras todavía estamos a tiempo”. Al margen de que es cuestionable que la mejor forma de reducir errores para mejorar la seguridad del paciente sea cambiar de médico, conviene recordar lo que él mismo decía en la Vanguardia hace apenas un mes a raíz de la suspensión del Mobile World Congress (MWC): "No creo que haya una decisión correcta o incorrecta sobre aplazar o no el MWC. Se basará en el nivel de riesgo que quieres alcanzar. Si quieres riesgo cero, las medidas de salud pública deben ser muy drásticas, pero las medidas se deben tomar en función de los riesgos, no del miedo…la infección por el nuevo coronavirus es muy leve. La tasa de letalidad fuera de China es del 0,2 %. Es muy parecida a la gripe epidémica que sufrimos todos los inviernos…Creo que no hay riesgo para toda la población. Los modelos matemáticos explican que el hecho de que el virus llegue o no aquí depende del número de casos de China y del número total de viajes que se hagan".
De la frivolidad e incompetencia del actual gobierno español a la hora de elegir su equipo de gestión en un Ministerio tan importante y despreciado por todos los partidos políticos como el de Sanidad ya he hablado varias veces y seguiremos hablando. Sin embargo nunca la humanidad se ha encontrado en una situación como ésta. Cualquier decisión que se tome tiene unas consecuencias descomunales para la vida de las personas, y que pueden suponer salvar su vida o arruinársela definitivamente. Es exigible que las decisiones que se tomen sean cuidadosamente valoradas y sustentadas en los mejores argumentos disponibles (y que no son sólo científicos). Pero conviene reducir el ruido y no hablar si no tenemos algo realmente valioso que decir. Y sobre todo no hacernos los listos. Que de eso también hay pandemia.

Imagen: viñeta de El Roto en El Pais