miércoles, 30 de septiembre de 2026

Elefantes en el camarote de los sistemas sanitarios (III): los determinantes de la salud




Las condiciones sociales, económicas y comerciales en que vivimos determinan en buena medida nuestra salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) así lo resalta hasta en su  modelo de Atención Primaria de Salud (APS) , sustentado en tres pilares: servicios integrados con énfasis en atención primaria y las funciones esenciales de salud pública, personas y comunidades empoderadas y políticas y acción multisectoriales, estando los determinantes sociales omnipresentes en todos sus documentos estratégicos. Sin embargo, el “olvido” respecto a los determinantes comerciales de la salud es manifiesto y notorio , quizá para no molestar a los “stakeholders” , que aparecieron en la declaración de Astana por vez primera (“Hacemos un llamamiento a todas las partes interesadas —profesionales de la salud, instituciones académicas, pacientes, la sociedad civil, asociados locales e internacionales, organismos y fondos, el sector privado, organizaciones confesionales y otras entidades…). De hecho no había en la declaración de Astana ni una referencia a los riesgos de sobre diagnóstico, excesos de tratamiento y medicalización de la sociedad a pesar de la demanda explícita de entidades como la Overdiagnosis Conference.

Nadie discute la importancia de los determinantes sociales en la salud, aunque sea discutible el peso que se le viene dando desde hace más 50 años. Desde mis primeros días de residente  llevo escuchando la importancia del clásico esquema de Dever, profusamente utilizado en el informe Lalonde y en libro de Pineault donde se señalaba que la reducción de la mortalidad dependía del estilo de vida en un 43%, la biología humana en un 27%, el entorno en un 19%, y sólo en un 11% del sistema sanitario, mientras paradójicamente en Estados Unidos se asignaba el 90% del gasto en salud al sistema sanitario, el 7,9% a la biología humana, y únicamente 1,6% y 1,%% respectivamente al entorno y los estilos de vida. Es curioso como se construye el conocimiento, puesto que no deja de ser llamativo que un estudio sobre 13 enfermedades realizado en el estado norteamericano de Georgia, a principios de los años 70, se convirtiera en el patrón oro de la distribución de los determinantes de la salud, repetido como mantra, sin cuestionamiento alguno a lo largo de 5 décadas. 

Si ya es complejo definir que es la salud (si buscamos definiciones más serias que la clásica de OMS de máximo bienestar físico, psíquico y social, adecuada para el orgasmo, pero no tanto para la salud), aún es más identificar qué factores , en qué medida y en que proporción interactúan para determinar una mejor o peor salud. La última demostración de la complejidad con que interaccionan es el interesante trabajo del departamento de psicología de la universidad de Texas liderado por Elliot Tucker-Drob en Nature sobre las asociaciones genéticas con la personalidad, donde se demuestra el peso tan relevante que sigue teniendo los genes y su continua interacción con el entorno, algo conocido desde el origen e la epigenética.

Reconociendo su relevancia es revelador quien o quienes asumen la responsabilidad de los citados determinantes, convertidos en deber para su realización y culpa por su persistencia para el sistema de salud en su conjunto, desde los ministerio de salud con sensibilidad hacia la salud pública, hasta los profesionales de atención primaria , sumamente concienciados de su responsabilidad en esta materia. Ya he comentado muchas veces que la preocupación del cardiólogo no va más allá de las enfermedades del corazón que define el DSM de turno, incluso ni siquiera esas, puesto que quizá es subespecialista solamente en trastornos del ritmo. La medicina de familia en cambio, aspira a pre-ocuparse por TODOS los problemas de salud de sus pacientes, además atendiendo a su familia y la comunidad ( sea esto lo que sea), y atendiendo a los determinantes sociales de la salud. Algo tan utópico como inalcanzable, y que inevitablemente conduce al burnout y al abandono del ejericio profesional.

Las evidencias científicas sobre la influencia en la salud de poblaciones y personas de las condiciones del medio ambiente, del cambio climático, de la ausencia o mala educación, del desempleo o el empleo precario, de la pobreza, la ausencia de vivienda digna, las malas condiciones de saneamiento en donde viven, de la violencia que les rodea, es simplemente apabullante. Pero curiosamente la responsabilidad sobre su afrontamiento y mejora de cara a la salud nunca se escucha de labios de los ministro y ministras de educación, vivienda, trabajo, medio ambiente, infraestructuras, obras públicas o sobre todo de economía o hacienda. Implícitamente los determinantes DE LA SALUD acaban siendo asignados al ministerio DE LA SALUD exclusivamente. Prueba de ello es lo poco que aparece la salud en todas las políticas como prioridad absoluta de gobierno. De forma que los profesionales de la salud siguen sintiéndose culpables de la inmensa brecha existente y creciente en la actuación sobre los determinantes de la salud, que cargan sobre sus ya demolidas espaldas, mientras que el resto de los ministerios del gobierno eluden completamente su responsabilidad sobre ellos. Por supuesto , como señalaron desde Julian Tudor Hart a Iona Heath, el médico general es testigo y guardián de sus pacientes, y es su deber denunciar las condiciones en que se desarrolla la vida de éstos que deterioran su salud. Pero no son los encargados de resolverles sus problemas de vivienda, educación, trabajo o saneamiento. El responsable de la actuación sobre los determinantes de la salud nunca es solamente el ministro o ministra de la salud. Es el presidente del gobierno de la nación. Y es a él hay quien hay que imputar los avances y retrocesos en la salud de su país. 

lunes, 7 de septiembre de 2026

Elefantes en el camarote de los sistemas sanitarios (II): el cubo mágico de OMS




No hay modo de asumir todas las demandas de atención concebidas en un mercado de consumidores. La competencia está degradando a la población a la que sirve el NHS , al hacer que pasen a ser consumidores preocupados por lo que les apetece, en lugar de ciudadanos que tendían a asumir su situación de coproductores de su salud”

Julian Tudor Hart. The political economy of healthcare.2006


La Organización Mundial de la Salud (OMS) dibujó su cubo mágico en 2010, como representación de su estrategia de cobertura universal en salud. Es un cubo como el de Rubick, vistoso externamente, y que encierra en su interior un difícil de dilema que, sin embargo, nunca se hace explícito. El cubo, como se ve en la imagen tiene tres dimensiones: el ancho refleja el porcentaje de la población que tiene acceso a servicios sanitarios de calidad; el alto el porcentaje de gasto sufragado por el estado, cuyo complementario sería el gasto de bolsillo que pagan los ciudadanos, total o parcialmente ( copago). Y el profundo es el rango de servicios que se prestan a la población del eje horizontal con el financiamiento estatal establecido en el eje vertical.

Posiblemente nadie discutirá en el plano teórico que un sistema sanitario ofrezca todos los servicios sanitarios a toda la población y al menor coste de bolsillo para el usuario. De hecho eso es lo que propone la OMS. Pero eso es una falacia. Porque no hay sistema sanitario en el mundo que pudiera ofrecer un servicio de todo para todos sin coste para éstos. Pero ahí seguimos, haciéndonos trampas al solitario.

Analicemos el eje horizontal: aquí está el primer problema trampa: ¿Qué población incluimos? Porque probablemente un individuo como Milei no consideraría a la población migrante irregular ni siquiera como población, a quienes definiría como “ mierdas humanas mal cagadas”. Pero coloquémonos en otro país con un presidente igual de tarado pero que lleva años deslizándose por la cuerda de este eje horizontal: Estados Unidos. Tradicionalmente este país tenía una parte importante de su población sin cobertura sanitaria, y por lo tanto que en dicho eje horizontal no llega ni de lejos a cubrirla en su totalidad. Cuando se aprobó el Affordable Care Act (Obamacare) en 2010 la aplicación de dicha ley, fuertemente cuestionada por los republicanos, estimaba la reducción del numero de personas sin seguro ( no cubiertas por tanto) de 66 millones a 22 millones…¡en 2022¡( hasta entonces seguiría por tanto habiendo entre 22 y 66 millones sin cobertura). Como era de prever Trump intentó derogar inmediatamente la ley, lo que afortunadamente no consiguió en su totalidad, pero en cualquier caso Estados Unidos no cumple en modo alguno la cobertura integral de su población. España se ha movido también en esa cuerda floja durante los últimos 20 años: antes del “rescate” oculto impuesto por la Troika al gobierno de Rodríguez Zapatero podría considerarse que España alcanzaba al 100% de su población en cobertura sanitaria. Pero la aplicación de los directrices europeas supuso la exclusión del derecho a la asistencia de 873.000 personas, en su mayor parte extranjeros sin regularización administrativa. El gobierno de Sánchez volvió a transitar por ese eje para cubrir de nuevo al 100% de la población. 

El segundo eje, el vertical, es altamente cuestionado por los partidarios de un sistema sanitario público porque alegan ( y con razón) que penaliza a los que menos ingreso tienen y tal vez más lo necesiten. Hay países con gastos de bolsillo que suponen el 35% del total (Chile), pero cuidado que España está ya por encima del 20%. 

Po último el tercer eje, indica el rango de servicios que se van a cubrir por un sistema. Y este eje, de los tres, es el más dinámico, puesto que aunque el eje de población cubierta pueda ir aumentando año tras año, nunca lo hará a la misma velocidad que el eje de profundidad de los servicios: no sólo es que cada año se introducen nuevos servicios la potentísima y corrupta industria tecnológica de la salud , sino que el crecimiento será exponencial en los próximos años con el desembarco masivo de la Inteligencia artificial.

Ya sabemos cual es la forma de resolver el dilema del cubo OMS por parte de Trump, Milei y demás monstruos: cubrir todos los servicios, (mejoren o no la salud) que quieran y exijan los que se lo pueden pagar. Y el resto serán considerados "residuos humanos" que describía Bauman con su clarividencia habitual.

¿Y los partidarios de la cobertura universal?  Pues que inevitablemente tendrán que elegir que dimensión priorizan. Y si la prioridad es ( o debería ser) que ningún habitante de un país quede fuera de la asistencia sanitaria, con el menor coste posible de su bolsillo, eso obliga inevitablemente a limitar los servicios a los que se tiene acceso. ¿Con que criterio? Pues aquellos de evidencia demostrada, sólida, incuestionable.

Pero sin embargo, los partidos que sobre el papel defienden sistemas de cobertura universal siguen demagógicamente prometiendo todo y a todos, de lo cual es buen ejemplo la forma en que todas las administraciones casi sin excepción aceptan, introducen y fomentan programas de cribado de cáncer ( como el caso de la ampliación de las edades de cribado del cáncer de mama ante la presión social sin evidencia contrastada del Ministerio de Sanidad español), prevención primaria de eventos vasculares, reducción de umbrales de enfermedad o prestaciones “modernas” publicadas en los medios basados en un estudio remoto en ratas.

La mejor forma de acabar en sistemas a lo Trump es seguir en la demagogia barata de defender un modelo que pueda abarcarlo todo. Porque como escribía Tudor Hart, no hay modo de asumir todas las demandas de atención concebidas en un mercado de consumidores


Imagen: OMS 2010