domingo, 25 de octubre de 2015

Profesionalizar la gestión sanitaria…¿Y la política?

La Asamblea de la Comunidad de Madrid  a propuesta del grupo socialista ( y de forma muy especial de José Manuel Freire) ha aceptado por unanimidad  de todos los grupos políticos (Partido Popular, Partido Socialista, Podemos y Ciudadanos) avanzar en la profesionalización de la gestión sanitaria. El texto de la moción defendida por Freire incluye cinco puntos básicos: establecer órganos colegiados de gobierno en los centros del Servicio Madrileño de Salud (SERMAS), desarrollo de un régimen profesional en la gestión directiva, fomentar  mecanismos de asesoramiento profesional , e introducción de instrumentos de buen gobierno que además permitan aumentar el margen de autonomía de los centros. Algo que Freire llevaba años reivindicando y que, según parece, ha suscitado el interés de otros parlamentos autonómicos. Si al final fuera cierto, comenzaríamos a comportarnos como un país desarrollado treinta años después de la aprobación de la Ley General de Sanidad.
Ya que a los partidos políticos parece haberles entrado por fin la formalidad, habría que pedirles que, ya puestos, ampliemos esa “ profesionalidad” a lo que son los cargos políticos, es decir al ejercicio de la máxima responsabilidad, en materia sanitaria, tanto dentro del Ministerio de Sanidad como de las Consejerías de Salud o Sanidad de las diferentes comunidades autónomas.
Nuestro historial de personajes al frente de la máxima autoridad sanitaria del país ofrece una rica variedad de caracteres , algunos de los cuales podrían haber sido sin problemas personajes protagonistas de series tan deleznables como La que se avecina: desde el tipo al que se le caían los bichitos de la mesa matándose, a la señora que se lió entre huesos de vaca y de cerdo, pasando por la impetuosa aficionada a las pulseras Power Balance , por no mencionar a la más brillante hasta la fecha, la que “aprobaba medidas yaadoptadas para parados sin prestación parlamentaria”.
A esta última vino a sustituir por fin un tipo serio, de esos que inspiran confianza a los mercados. El problema es que su conocimiento de algo tan “sencillo” como la política sanitaria, la atención cotidiana a personas enfermas por parte de profesionales con un alto grado de cualificación, era similar al que yo tengo del Bolsón de Hicks. Según algunos medios Alfonso Alonso se “ganó” el cargo por haber sido de los “que más ha dadola cara por el presidente”, que como es bien sabido es un requisito imprescindible en cualquier cargo de alto contenido técnico.
Como no hay encargo al que no se pueda dar respuesta con una sólida confianza en uno mismo, Alonso ha debido considerar que el cargo es suficientemente relajado como para buscarse alguna actividad extraescolar. Pero en vez de elegir pádel o zumba como hace el populacho, ha decidido ponerse al frente del Partido conservador en el País Vasco, que andaba algo desnortado ( nunca mejor dicho) desde que decidió dejar a sus niños sin su protectora sombra.
La Vicepresidenta del gobierno español a preguntas de los periodistas contestó que ambos cargos son perfectamente compatibles: “ letendrá que echar más horas, pero nada más”. De lo cual se deduce que para ser ministro sin tener ni flores de la cartera basta con un horario de funcionario probo, o bien que Alonso consume algún extraño producto psicoestimulante capaz de permitirle reducir las horas de sueño a la cabezada en el coche oficial camino del aeropuerto
En estas menudencias es donde uno se da cuenta de su insignificancia: en mi modesto trabajo he tenido que dejar dos obligaciones muy queridas porque no doy abasto con un nuevo proyecto, sin tener un rato libre para poder escuchar como se merece el último disco de Richard Hawley. Y mientras  yo naufrago en mis discretas ocupaciones, un hombre cabal compagina sin complejos ser presidente de un partido y a la vez ministro de Sanidad sin formación previa.

Algo como si a mi me hicieran mañana Director de operaciones de British Petroleum e inquieto por mi aburrida vida me dedico los fines de semana a dirigir el ruinoso equipo Mclaren de Fernando Alonso.

(Foto: Alonso y Mato…haciendo cosas)

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