Uno de los fenómenos sociales menos analizados de las organizaciones sanitarias modernas son las inauguraciones oficiales de los congresos científicos. El proceso ha adquirido tal nivel de complejidad que bien merecería la creación de un nuevo grado universitario: por ejemplo , un DEgree on COnferences and Reception of Authorities ( DECORA).
Habitualmente el trabajo suele comenzar semanas e incluso meses antes del evento, a través de un laborioso proceso de negociación que no desmerece en nada de las conversaciones de paz o de desarme nuclear. Porque tras recibir la invitación a inaugurar un “pantano sanitario” en forma de congreso, los máximos responsables ( ministros, consejeros, gerentes) y sus innumerables asesores ,sopesan cuidadosamente múltiples elementos antes de tomar la decisión: afinidad ideológica de la sociedad, riesgo de desórdenes en el acto, visibilidad mediática, economías de escala (otros eventos a realizar en el mismo día), o balance contable ( debe y haber existente entre la sociedad correspondiente y el servicio sanitario de turno). Pasado el trámite y llegado el momento de la inauguración, comienza un día de pesadilla para los cándidos que un día propusieron a la autoridad resultar honrados con el privilegio de su presenciia. Porque las peticiones de los políticos se aproximan cada vez más a las peticiones de camerino de los grupos de rock’n roll más caprichosos: por ejemplo, ser recibidos a la puerta del palacio de congresos correspondiente por una representación de la sociedad convocante, no esperar más de 150 segundos antes de entrar en la sala, cerrar el acto sin posibilidades de réplica o preguntas, garantía de un mínimo aforo para aceptar el ofrecimiento…
Otro momento clave es el espectáculo que suelen brindar los respectivos jefes de prensa o gabinete, enfrascados en un complejo proceso matemático para establecer el número de artistas que se subirán al escenario: dicen los expertos que es imprescindible que sea impar para que el responsable político de turno ocupe el lugar de honor y tenga el mismo número de súbditos a derecha que a izquierda. Si la mesa la componen varios políticos de relumbrón (por ejemplo, un alcalde, un ministro y el presidente de un congreso de médicos) la situación adquiere tintes hilarantes, discutiendo contra reloj la mejor situación para sus señoritos (he llegado a presenciar eventos con hasta 5 jefes de prensa en juego).
El momento de la verdad llega cuando se aproxima la autoridad en su coche oficial, intensificándose las instrucciones respecto al cumplimento estricto del protocolo pactado: identificación de personas a la puerta del centro, últimas estimaciones de asistentes, llamadas de aviso para que los conferenciantes que pudieran estar interviniendo, acaben inmediatamente. Poco importa si éste fuera alguien con tanto talento como Barbara Starfield, Iona Heath, Albert Jovell o Julian Tudor Hart. Lo importante es que la autoridad no espere.
Por supuesto siempre hay excepciones honrosas: he tenido el privilegio de participar en las XIV Jornadas de la Sociedad Balear de Medicina Familiar y Comunitaria: 30 a 50 euros de inscripción ( residentes gratis), y con un solo representante de la administración, que llegó andando. Y por supuesto nunca olvidaré a Rafael Bengoa en las jornadas de OSATZEN de 2011, tomando notas de la conferencia de inauguración sin séquito alguno alrededor.
Dadas las angustias que supone contar con personas tan complejas en las inauguraciones de actos que se suponen científicos, cabría plantearse cual es el coste –efectividad de estas intervenciones, más en estos tiempos en que conviene mirar con lupa el uso que hacemos de nuestro tiempo y dinero. El beneficio parece parco, puesto que en el mejor de los casos ( autoridades elocuentes) su intervención se reduce a hacer propaganda de sus éxitos y recordar lo importante que es la sociedad o especialidad en cuestión. El coste, por otro lado, no es pequeño: al margen de los quebraderos de cabeza para la sociedad en cuestión, existe el peligro de tener que optar por convertir el acto en un ejercicio de denuncia y reivindicación ante la autoridad correspondiente, o hacerse cómplice de las políticas de ésta ( aunque perjudiquen gravemente al gremio de turno).
Los indios americanos celebran cada año , para cada tribu, en cada territorio, sus ceremonias de powwow, término de origen Narraganssett que significa reunión: durante horas o días hablan, deliberan, acuerdan, bailan y cantan, buscando cohesionar al grupo. A menudo coinciden en un powwow varias confederaciones tribales, pero a nadie se le ocurriría invitar a las autoridades americanas. De la misma forma que proliferan los actos científicos “ libres de humos industriales”, quizá debería pensarse en ir organizando congresos “libres de humos administrativos” ( a veces igual de tóxicos). Salvo que acudan a someterse al escrutinio de los profesionales , discutiendo en igualdad de condiciones sus propuestas y resultados.
(Fotografía. Pow wow Yankton Sioux. United tribes international powwow)
sábado, 30 de noviembre de 2013
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Un médico especial
“Quien retrata su vida, vive para todos los hombres;
Quien da expresión a su tiempo, vive para todos los tiempos”
El legado de Europa. Stefan Zweig
Conocí a Albert Jovell hace ya muchos años, en uno de los primeros congresos al que asistí como ponente. Él moderaba la mesa y yo cometí un gazapo; no dijo nada, pero al acabar muy amablemente, me corrigió el error. Siempre supo mucho de muchas cosas, pero no hacía ostentación de ello.
Ayer murió. En cierta forma la suya era la crónica de una muerte anunciada: No solo no negó su enfermedad, sino que casi la mostraba con orgullo, como una forma de apoyo a tantas personas enfermas, anónimas, que llevan su sufrimiento casi de forma clandestina. En 2.008 escribió un libro estremecedor, Cáncer , biografía de una supervivencia, cuyo primer capítulo se titulaba “ tengo cáncer y necesito contarlo”. En él se preguntaba: "¿Por qué el destino me ha deparado esta cruel condición sin sentido? Quizá la única manera de encontrarle sentido sea intentar recordar la supervivencia y contarla”.
Era hijo de un medico de cabecera, un “médico especial”. Pocos artículos reflejan con más sensibilidad lo que es el trabajo de un buen médico de cabecera como ¿Existirían la medicina sin los médicos especiales?, en el que describe con clarividencia la diferencia que existe entre ocupación y profesión, algo que por desgracia muchos no entienden; mientras la primera está sujeta a un horario, la segunda es un estilo de vida. En él cuenta sus experiencias como hijo de médico, haciendo novillos para quedarse sentado observando a los pacientes en la sala de espera. Hoy ese comportamiento sería fuertemente penalizado por los vigilantes de los estándares educativos.
Stefan Zweig , el autor de uno de los libros más maravillosos de la historia de la literatura ( Momentos estelares de la humanidad) era uno de sus escritores preferidos. Decía en la Impaciencia del corazón, que “ la compasión es el segundo latido del corazón”. Y Jovell se preguntaba: ¿Estamos viviendo en un mundo de corazones sin segundos latidos? ¿ Nos estamos acercando los médicos tanto al objeto-la enfermedad-que nos olvidamos del sujeto –la persona enferma-?
A propósito de ello escribió otro artículo esencial en Medicina Clínica , Medicina basada en la Afectividad, en la que defendía un modelo formativo en medicina que diera menos énfasis a la biología molecular y más al fomento de valores humanitarios. Utilizaba de ejemplo la contestación de Leftie Ruggiero ( Al Pacino) a Donnie ( Johnny Depp) en Donnie Brasco: “tienen 40 diplomas en la pared y no saben decirte ni una palabra”.
Jovell tenía un conocimiento enciclopédico de cine, literatura y música. Gracias a él conocí a grupos tan exquisitos como Trembling Blus Stars, Don Peris o The Innocence Mission. No solo enseñaba medicina basada en la evidencia, liderazgo o profesionalismo, sino casi cualquier cosa que tuviera que ver con la vida, y la mejor forma de vivirla y disfrutarla.
En un país civilizado la muerte de alguien como él hubiera recibido la atención de todos los medios. No era una estrella de cine, ni un político famoso por sus turbios manejos, ni un prestigioso médico de los que atienden al rey. Pero era un referente moral de lo que significa utilizar su propia enfermedad para ayudar a los enfermos, dando vida a su manera a su aspiración de ser un médico especial. Sin embargo, los medios españoles apenas recogen la noticia, demostrando una vez más las cosas que en esta sociedad importan, y las que se silencian.
Jovell consideraba que “la enfermedad no debería ser ajena a nuestras vidas porque siempre acaba afectándonos”. Pensaba que la supervivencia de los enfermos de cáncer debería medirse en unidades de felicidad. En “número de momentos en que somos felices”. No solo la de ellos, quizá también la de cualquier ser humano.
Gracias Albert.
Etiquetas:
cultura profesional,
ética,
Medicina de Familia
domingo, 24 de noviembre de 2013
Una mañana con Muir Gray
“No heredamos el mundo de nuestros antepasados, lo tomamos prestada de nuestros hijos. Es nuestro deber devolvérselo en su totalidad”
(Proverbio de tribu india desconocida)
La primera vez que escuché hablar de “stewardship” fue a través de Richard Saltman, en una conferencia en mi escuela hace trece años. Recuerdo las dificultades de los traductores para encontrar un equivalente preciso en castellano. Me he tropezado desde entonces en reiteradas ocasiones con el término, siempre a través de autores de fuera de España, y siempre con la misma dificultad de entendimiento del concepto. El término original procede de la unión de “stig”( casa, vestíbulo) y "weard" ( guardia, custodia). Y casi siempre se acaba saliendo del paso, traduciéndolo simplemente por administración, o gobernanza en el mejor de los casos. Incluso “mayordomía”, aunque sin precisar claramente al “señorito” para el que se ejerce la funciones de mayordomo.
Tuve la suerte de participar en una mesa redonda esta semana con Alexander Kentikelenis, investigador de la Universidad de Cambridge y con Muir Gray en el Congreso anual de la SIMM ( Società Italiana de Medici Manager).
Sir Muir Gray , caballero del Imperio Británico, y actualmente Chief Knowledge Officer del Department of Health británico, ha sido durante las dos últimas décadas una de las personas más relevantes en la generación de conocimiento serio en torno a esa entelequia llamada gestión. Su "Asistencia Sanitaria basada en la evidencia" fue uno de los más interesantes intentos de construir organizaciones sanitarias “que hicieran correctamente las cosas correctas”, huyendo de las continuas improvisaciones y ocurrencias a las que suelen estar tan acostumbradas ( muy recomendable su último libro también, How to get better value healthcare)
Habló también el jueves de “stewardship”, y creo que por fin entendí bien su significado, y sobre todo por qué el término es tan importante. En su enfoque la responsabilidad de la gestión de los recursos, sean ambientales, financieros o sanitarios, que supone el “stewardship”, no se realiza por delegación de nuestras autoridades, nuestros jefes o nuestro gobierno, sino en nombre de nuestros hijos y nietos, de aquellos que nos reemplazarán más pronto que tarde. Entiendo por qué aquí es un término al que no se ha encontrado traducción. Somos un país experto en políticas de tierra quemada, en la que lo que les quede a nuestros hijos nos importa sencillamente un bledo. Se trata de salir del paso como se pueda; el que venga atrás, que arree.
Sin apenas oposición , una generación entera de españoles ha visto como se cerraban las puertas del paraíso en sus narices, en apenas cuatro años. Los que acabaron sus estudios universitarios en ese periodo vieron esfumarse sus opciones de futuro, con la completa indiferencia de los que les precedieron.
Desaparecieron las oposiciones para el acceso a los servicios públicos, pero también cualquier alternativa de contratación que tenga algún carácter indefinido. Y no se trata de creación de nuevos servicios, de ampliación de plantillas, sino simple y llanamente de sustitución de los que se fueron, jubilaron o murieron. Callamos todos de forma miserable. Al fin y al cabo, nuestra mezquindad nos lleva a pensar a los que “estamos dentro” que así tenemos más opciones de seguir vivos, sin que nos reduzcan demasiado el salario. Nos apena durante un rato lo que les ocurra a los estudiantes, los residentes, los “jóvenes médicos de familia”, pero en el fondo son ellos los que deberán sacarse las castañas del fuego…emigrando, emprendiendo la enésima especialidad MIR, o simplemente aceptando condiciones de trabajo degradantes. Los que tuvieron la desgracia de nacer en los años equivocados , poca presión pueden hacer desde fuera, más allá de ir a manifestaciones por lo que acabarán pronto en la cárcel, gracias a las medidas siniestras del partido del gobierno. Los que aún podemos hacer algo somos lo que estamos dentro, en las organizaciones sanitarias, las instituciones académicas, las sociedades científicas, los colegios y los sindicatos. Tenemos una buena parte de responsabilidad en la ignominia de ver como se acaba el futuro de gente excelente, comprometida y competente. La primera obligación moral de los que estamos dentro es pelear hasta el final por abrir la puerta a los que están fuera. Posiblemente el modelo funcionarial sea ya un recuerdo histórico, pero en el resto del mundo, un médico, una enfermera, un farmacéutico pueden aspirar aún a tener opciones laborales que no sean solamente contratos de siervos y trato de esclavos. Debemos ser mayordomos sí, pero de ellos; no de los que nos gobiernan.
(Proverbio de tribu india desconocida)
La primera vez que escuché hablar de “stewardship” fue a través de Richard Saltman, en una conferencia en mi escuela hace trece años. Recuerdo las dificultades de los traductores para encontrar un equivalente preciso en castellano. Me he tropezado desde entonces en reiteradas ocasiones con el término, siempre a través de autores de fuera de España, y siempre con la misma dificultad de entendimiento del concepto. El término original procede de la unión de “stig”( casa, vestíbulo) y "weard" ( guardia, custodia). Y casi siempre se acaba saliendo del paso, traduciéndolo simplemente por administración, o gobernanza en el mejor de los casos. Incluso “mayordomía”, aunque sin precisar claramente al “señorito” para el que se ejerce la funciones de mayordomo.
Tuve la suerte de participar en una mesa redonda esta semana con Alexander Kentikelenis, investigador de la Universidad de Cambridge y con Muir Gray en el Congreso anual de la SIMM ( Società Italiana de Medici Manager).
Sir Muir Gray , caballero del Imperio Británico, y actualmente Chief Knowledge Officer del Department of Health británico, ha sido durante las dos últimas décadas una de las personas más relevantes en la generación de conocimiento serio en torno a esa entelequia llamada gestión. Su "Asistencia Sanitaria basada en la evidencia" fue uno de los más interesantes intentos de construir organizaciones sanitarias “que hicieran correctamente las cosas correctas”, huyendo de las continuas improvisaciones y ocurrencias a las que suelen estar tan acostumbradas ( muy recomendable su último libro también, How to get better value healthcare)
Habló también el jueves de “stewardship”, y creo que por fin entendí bien su significado, y sobre todo por qué el término es tan importante. En su enfoque la responsabilidad de la gestión de los recursos, sean ambientales, financieros o sanitarios, que supone el “stewardship”, no se realiza por delegación de nuestras autoridades, nuestros jefes o nuestro gobierno, sino en nombre de nuestros hijos y nietos, de aquellos que nos reemplazarán más pronto que tarde. Entiendo por qué aquí es un término al que no se ha encontrado traducción. Somos un país experto en políticas de tierra quemada, en la que lo que les quede a nuestros hijos nos importa sencillamente un bledo. Se trata de salir del paso como se pueda; el que venga atrás, que arree.
Sin apenas oposición , una generación entera de españoles ha visto como se cerraban las puertas del paraíso en sus narices, en apenas cuatro años. Los que acabaron sus estudios universitarios en ese periodo vieron esfumarse sus opciones de futuro, con la completa indiferencia de los que les precedieron.
Desaparecieron las oposiciones para el acceso a los servicios públicos, pero también cualquier alternativa de contratación que tenga algún carácter indefinido. Y no se trata de creación de nuevos servicios, de ampliación de plantillas, sino simple y llanamente de sustitución de los que se fueron, jubilaron o murieron. Callamos todos de forma miserable. Al fin y al cabo, nuestra mezquindad nos lleva a pensar a los que “estamos dentro” que así tenemos más opciones de seguir vivos, sin que nos reduzcan demasiado el salario. Nos apena durante un rato lo que les ocurra a los estudiantes, los residentes, los “jóvenes médicos de familia”, pero en el fondo son ellos los que deberán sacarse las castañas del fuego…emigrando, emprendiendo la enésima especialidad MIR, o simplemente aceptando condiciones de trabajo degradantes. Los que tuvieron la desgracia de nacer en los años equivocados , poca presión pueden hacer desde fuera, más allá de ir a manifestaciones por lo que acabarán pronto en la cárcel, gracias a las medidas siniestras del partido del gobierno. Los que aún podemos hacer algo somos lo que estamos dentro, en las organizaciones sanitarias, las instituciones académicas, las sociedades científicas, los colegios y los sindicatos. Tenemos una buena parte de responsabilidad en la ignominia de ver como se acaba el futuro de gente excelente, comprometida y competente. La primera obligación moral de los que estamos dentro es pelear hasta el final por abrir la puerta a los que están fuera. Posiblemente el modelo funcionarial sea ya un recuerdo histórico, pero en el resto del mundo, un médico, una enfermera, un farmacéutico pueden aspirar aún a tener opciones laborales que no sean solamente contratos de siervos y trato de esclavos. Debemos ser mayordomos sí, pero de ellos; no de los que nos gobiernan.
jueves, 21 de noviembre de 2013
Una tarde con Gervas
A las seis de la tarde del pasado martes el salón de actos de la Facultad de Sociología de la Universidad de Granada estaba lleno. Parte de los asistentes eran alumnos de la facultad, convocados por Juan Irigoyen ( imprescindible leer su blog en estos momentos). Sin embargo, la mayor parte de los asistentes eran una variopinta mezcolanza de profesionales sanitarios ( no sólo médicos), estudiantes y residentes de medicina, y curiosos varios, algunos de los cuales parecían haberse leído detenidamente Sano y Salvo, su último libro escrito junto a Mercedes Pérez. Es cierto que la entrada era libre, pero no es fácil tener semejante poder de convocatoria un frío martes de invierno (desde luego no lo tuvieron grupos tan exquisitos como los Teenage Fanclub en fechas similares y en horarios más accesibles)
No creo que exagere mucho al decir que Juan Gervas es posiblemente la persona más influyente en el campo de la atención primaria en España. Siempre despertó filias ( muchas) y fobias ( algunas), aunque me da la impresión que la balanza se inclinó hace ya tiempo definitivamente hacia el primer lado. La mejor muestra de su influencia es la que dio una residente al acabar la conferencia: según contó acababa de preparar su primera sesión en el centro de salud y la mayor parte de las referencias bibliográficas utilizadas eran de él.
Gervas habló de los riesgos que conlleva la práctica (cada vez más agresiva) de la medicina, del encarnizamiento preventivo ( en especial con las mujeres), de los riesgos indudables del sobrediagnóstico.
Pero especialmente abordó un tema, enormemente complejo, cuya importancia una vez más pasa desapercibido para buena parte de las autoridades sanitarias, los medios de comunicación e incluso las asociaciones profesionales. Es el asunto de las vacunas que, al igual que cualquier otro tipo de medidas preventivas, son aceptadas como algo intrínsecamente bueno por la mayor parte de la población: sin efectos secundarios, sin consecuencia alguna en materia de salud pública.
Cuestionar la efectividad, coste-efectividad o seguridad de cualquier vacuna suele llevar asociado el calificativo de anti-vacuna para el que lo realiza. Y hay que lamentar que un debate tan importante, sobre un asunto tan grave, haya quedado polarizado en dos bandos: los que defienden sin cuestionamiento la bondad intrínseca de las vacunas, y los que están radicalmente en contra de su uso. La complejidad de las consecuencias del uso de vacunas queda perfectamente reflejado en el último artículo de Gervas en su Mirador de Acta Sanitaria, sobre la aterradora historia de la vacuna de la poliomielitis.
En el que se pone de manifiesto la interrelación de factores políticos , sociológicos, biológicos y ecológicos que implica siempre.
Las autoridades sanitarias de medio mundo ( con especial participación de las nuestras ) perdieron buena parte de su crédito en la materia con sus decisiones respecto a la vacuna contra el virus del papiloma humano ( imprescindible leer el trabajo de Gavilán y Padilla) y la vacunación antigripal, bien secundadas siempre por los medios de comunicación, encantados siempre de medicalizar la vida y aumentar ( consciente o inconscientemente ) los beneficios de las compañías farmacéuticas.
La tarea que queda por delante es, una vez más, la más difícil: separar el "grano" de las vacunas seguras, efectivas e imprescindibles, de "la paja" de los productos comerciales destinados a engañar a los incautos.
Se requiere más conocimiento , honradez y capacidad de comunicación que nunca.Porque, además de mucho dinero ( aunque parece que en este caso no existe crisis), nos jugamos la salud de varias generaciones.
No creo que exagere mucho al decir que Juan Gervas es posiblemente la persona más influyente en el campo de la atención primaria en España. Siempre despertó filias ( muchas) y fobias ( algunas), aunque me da la impresión que la balanza se inclinó hace ya tiempo definitivamente hacia el primer lado. La mejor muestra de su influencia es la que dio una residente al acabar la conferencia: según contó acababa de preparar su primera sesión en el centro de salud y la mayor parte de las referencias bibliográficas utilizadas eran de él.
Gervas habló de los riesgos que conlleva la práctica (cada vez más agresiva) de la medicina, del encarnizamiento preventivo ( en especial con las mujeres), de los riesgos indudables del sobrediagnóstico.
Pero especialmente abordó un tema, enormemente complejo, cuya importancia una vez más pasa desapercibido para buena parte de las autoridades sanitarias, los medios de comunicación e incluso las asociaciones profesionales. Es el asunto de las vacunas que, al igual que cualquier otro tipo de medidas preventivas, son aceptadas como algo intrínsecamente bueno por la mayor parte de la población: sin efectos secundarios, sin consecuencia alguna en materia de salud pública.
Cuestionar la efectividad, coste-efectividad o seguridad de cualquier vacuna suele llevar asociado el calificativo de anti-vacuna para el que lo realiza. Y hay que lamentar que un debate tan importante, sobre un asunto tan grave, haya quedado polarizado en dos bandos: los que defienden sin cuestionamiento la bondad intrínseca de las vacunas, y los que están radicalmente en contra de su uso. La complejidad de las consecuencias del uso de vacunas queda perfectamente reflejado en el último artículo de Gervas en su Mirador de Acta Sanitaria, sobre la aterradora historia de la vacuna de la poliomielitis.
En el que se pone de manifiesto la interrelación de factores políticos , sociológicos, biológicos y ecológicos que implica siempre.
Las autoridades sanitarias de medio mundo ( con especial participación de las nuestras ) perdieron buena parte de su crédito en la materia con sus decisiones respecto a la vacuna contra el virus del papiloma humano ( imprescindible leer el trabajo de Gavilán y Padilla) y la vacunación antigripal, bien secundadas siempre por los medios de comunicación, encantados siempre de medicalizar la vida y aumentar ( consciente o inconscientemente ) los beneficios de las compañías farmacéuticas.
La tarea que queda por delante es, una vez más, la más difícil: separar el "grano" de las vacunas seguras, efectivas e imprescindibles, de "la paja" de los productos comerciales destinados a engañar a los incautos.
Se requiere más conocimiento , honradez y capacidad de comunicación que nunca.Porque, además de mucho dinero ( aunque parece que en este caso no existe crisis), nos jugamos la salud de varias generaciones.
viernes, 15 de noviembre de 2013
Tranquilo en tu sillón
Y si el campo se va a la mierda
y el poder huele a corrupción
Tranquilo, no te pongas nervioso, tranquilo
Tranquilo majete en tu sillón
Tranquilo majete. Celtas Cortos.1993.
El fiscal anticorrupción Pedro Horrach acaba de registrar un escrito en el juzgado de Palma que investiga el caso Urdangarín en el que sostiene que no existen indicios de delito en la actuación de Cristina de Borbón, no procediendo por ello su imputación. Horrach lo presenta antes de que el juez Castro, que investiga el caso, pida siquiera la opinión a las partes. Excusatio non petita, accusatio manifesta.
Diez años de investigación judicial sobre la mayor catástrofe ambiental ocurrida en España en la última década ( el hundimiento del Prestige) concluye absolviendo a todos los acusados.
España es la décima potencial mundial en fraude fiscal, que representa más del 22% del PIB. No parece que el gobierno español tenga el más mínimo interés en perder tan privilegiada posición.Las SICAV (Sociedades de Inversión de Capital Variable), principal medio de inversión de las grandes fortunas y las familias de mayor poder en España ( Koplowitz, del Pino, Ortega, Entrecanales,…), cuyo capital asciende a cerca de 24.000 millones de euros, seguirán tributando solamente el 1%. El Ministro de Hacienda español, Montoro, estima que no es el momento de intervenir sobre ellas, ante el riesgo de “deslocalización” de las fortunas. Sí que es el momento en cambio para que el tribunal constitucional suspenda de manera cautelar la ley de la Comunidad Foral de Navarra que permitía expropiar fincas a la Banca, y que iba destinada a frenar el drama de los desahucios. Dicha norma fue probada por el parlamento navarro con los votos en contra del Partido Popular español y la Unión del Pueblo Navarro. La maquinaria político-económica-.judicial funciona como un reloj suizo ( nunca mejor dicho)
Como decía Paul Krugman el pasado fin de semana refiriéndose a Estados Unidos estamos en plena guerra contra los pobres, nueva modalidad bélica en que el bando de los ricos y sus gobiernos afines conquistan cada día nuevas posiciones sin la más mínima oposición de sus adversarios. Los demás miramos desde el sillón.
El pasado sábado, según informa David McCoy desde su blog en el BMJ, más de 250 personas se reunieron en Londres en la conferencia Medact sobre las interfases entre salud, políticas, ecología, economía y violencia. Entre los oradores algunos de los más prestigiosos ( y beligerantes) expertos en políticas sanitarias como Richard Horton , Allison Pollock, Iain Chalmers, John Lister o Andy Haynes. Junto a ellos gente como Jim Welsh (Amnistía Internacional) o Charlie Kronick ( Greenpeace).
La conferencia estaba dirigida en primer lugar a recabar la atención sobre tres crisis interconectadas sobre las que apenas existe control, y que están significando una involución de las mejoras en salud alcanzadas en las últimas décadas: la guerra y la militarización creciente, el cambio climático y el incremento de la desigualdad y la pobreza. Aunque cada una de esas tres crisis tiene su propio desarrollo las tres guardan puntos en común relevantes.
Por ejemplo, los devastadores efectos del tifón que recientemente asoló Filipinas (y que rápidamente desvincularon de los “presuntos efectos del calentamiento” los medios de comunicación conservadores europeos), son buen ejemplo de cómo los efectos sobre el clima acaban generando más miseria y pobreza, cuando no muerte.
Así mismo la conferencia aspiraba a hacer explícitos los factores sociales y políticos que han posibilitado estas crisis: la desigualdad, la evasión de la democracia y el avance del neoliberalismo. La desigualdad extrema supone una “patología estructural” que forma la base de un conjunto de políticas, leyes y normas que dañan tanto al planeta como a la mayor parte de sus habitantes. La evasión de la democracia es una “patología política” que refuerza la injusticia y perpetua los fallos del gobierno. El neoliberalismo es una “patología ideológica” que sustenta tanto la desigualdad como la evasión de la democracia , inhibiendo nuestra capacidad de pensar que otro mundo es posible. Como decía Mark Fisher es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del neoliberalismo.
Quien así opina,David McCoy, comenzó trabajando de clínico, continuó dedicándose a salud global y asistencia al desarrollo , pero cree que ahora resulta imprescindible trabajar de forma integrada en los campos de la economía, la política, la ecología y la salud.
Med Act es una organización de y para profesionales sanitarios que pretende abordar las causas subyacentes de la enfermedad, la violencia, el conflicto, y el colapso ecológico. Sus principios son la evidencia científica, la justicia social yl os derechos humanos . Pretende analizar, investigar , informar , educar pero también constituirse en "grupo de presión”.
En Reino Unido los profesionales sanitarios son cada vez más conscientes de que la política es cada vez más una prioridad. Pero que es preciso abordar al margen de los partidos políticos, porque éstos hace tiempo que dejaron de representar a buena parte de la población. Aquí la situación no es diferente, ni menos crítica. Pero seguimos sentados tranquilamente en nuestro sillón.
(Viñeta de El Roto en El Pais)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



