jueves, 7 de abril de 2016

El mejor modelo de atención a crónicos se llama Atención Primaria


Al llegar la primavera no solo florecen almendros y cerezos, sino también eventos varios dedicados a  ese invento tan moderno llamado “cronicidad”. En ellos, desde hace ya años, se reitera el mantra del creciente número de pacientes crónicos ( como si la vida no fuera de por sí una enfermedad crónica de muy mal pronóstico), repitiendo hasta la saciedad del elevado gasto que suponen para los sistemas sanitarios de todo el mundo, y que se convertirá en insostenible en muy pocos años.
En todos ellos se insiste en la imperiosa urgencia de “repensar” el sistema, puesto que el actual se considera incapaz de responder a los retos existentes. Las soluciones, como de costumbre , vienen del otro lado del Atlántico, acompañados de una excelente estrategia comercial que va convenciendo a sectores cada vez más grande de la profesión sanitaria de que nuestro sistema precisa abrirse a  nuevas modalidades de organización, en forma de radares, pirámides, estratificación de riesgos o clasificación de personas como si fueran objetos inanimados. Ya sea siguiendo las brillantes experiencias de Kaiser Permanente, las enseñanzas del Chronic Care Model de Wagner o cualquier otro moderno modelo de Cronicidad, la solución definitiva al problema existe, o siempre que el problema sea la hipertensión, la diabetes, la insuficiencia cardiaca, la hiperlipemia , o la conjunción de todas ellas. Porque si se trata de una enfermedad llamada pobreza ,tan crónica como todas éstas, pero  para la que aún no existe un tratamiento farmacológico, el interés decrece sustancialmente.
De poco sirven pruebas y evidencias. La última es de solohace unos meses. Un grupo de investigadores holandeses realizaron un análisis coste-efectividad de la adaptación del Chronic Care Model ( el Geriatric Care Model) a 35 centros de atención primaria en Holanda. Una vez identificado el paciente anciano como frágil por parte de su médico de cabecera se le incluía en el programa, que consistía en una evaluación completa,programada y regular en el domicilio por parte de la enfermera, a la que seguía el establecimiento de un plan de atención personalizado, la gestión y entrenamiento de enfermería clínica por parte de un equipo geriátrico experto,la coordinación de la asistencia a través de reuniones de la red comunitaria, así como establecimiento de un sistema de consultas para pacientes con necesidades complejas a equipos multidisciplinares. Los resultados se fueron midiendo cada 6 meses  durante 2 años a través de diferentes escalas ( calidad de vida relacionada con la salud, escalas de limitación funcional y años de vida ajustado por calidad). No se encontraron diferencias significativas ni en resultados ni en coste entre la aplicación del Chronic Care Model y el modelo rutinario y tradicional de atención, por lo que los autores no recomiendan, basados en su estudio de coste-efectividad, la diseminación e implantación del modelo.
El siempre recomendable FOCAP reflexionaba en su blog hace unos días sobre la atención domiciliaria, la hospitalización domiciliaria y las altas precoces en Cataluña,a propósito de una sesión técnica del Consorci de Salut i Social de Catalunya celebrada el pasado 17 de marzo . En él se señala el poder de las palabras para crear necesidades. Y en ese sentido, “sentimos constantemente, en palabras de los diferentes promotores de innovaciones en la gestión de pacientes con necesidades crónicas, que el escenario futuro de envejecimiento y cronicidad obliga a repensar la atención a pacientes complejos”. Pero, esa incitación a “repensar” siempre va en la misma dirección: nuevos servicios, con múltiples profesionales de especialidades de postín y dirigidos desde los servicios hospitalarios. Pero, ¿ y si repensar fuera (como comentan en el post), optar por aumentar de una vez los recursos en atención primaria para mejorar de verdad la atención domiciliaria, la atención a pacientes con enfermedades crónicas, o mejor aún la atención a personas?
La noticia de ayer fue la publicación en Lancet del incremento de la sobrecarga de trabajo en la atención primaria británica, especialmente entre los médicos, en cierta forma debido a la reducción de inversión y recursos, pero también al crecimiento de las demandas de la población en materia de salud. Los autores consideran que se está alcanzando el "punto de saturación". Lo que allí es motivo de escándalo, aquí lo llevamos considerando normal desde hace años, entreteniéndonos mientras tanto en proponer modelos de crónicos.
Hace ya unos años un grupo de prestigiosos investigadores entre los que se encontraban Jan de Maeseneer, Rick Roberts, Iona Heath o Michael Kidd publicaron también en The Lancet un relevante trabajo al respecto;concluían: "La Alianza para las Enfermedades No transmisibles calcula que serían necesario un compromiso anual de 9 billones de dólares por año para intervenciones prioritarias en este sentido. Nuestro consejo sería añadir otros 9 billones  para fortalecer los servicios locales de Atención primaria en los mismos países.”

Menos modelos de crónicos y mucha más Atención Primaria.

lunes, 4 de abril de 2016

"Por qué el cribado de cáncer no ha demostrado nunca que salve vidas" ( y por qué no hacemos nada al respecto)

“Debemos ser honrados respecto a lo que sabemos, a lo que no sabemos, y sobre lo que simplemente creemos”
Otis Brawley. Medical Officer. American Cancer Society

Ahora que la artillería mediática redobla su bombardeo destinado a reducir a cenizas cualquier cuestionamiento crítico de la falacia de que “ más vale prevenir que curar” , conviene volver una vez más a los hechos reales. Es lo que hacía recientemente Prasad, Lenzer y Newman en el BMJ con un título suficientemente contundente: “Por qué el cribado de cáncer nunca ha demostrado que salve vidas, y que podemos hacer al respecto”.
En la didáctica de los legendarios Epi y Blas, parece incontrovertible que  si uno se pasa el día revisando cada parte de su cuerpo acabará por detectar pequeñas lesiones cuya extirpación precoz siempre será mejor que esperar a que den problemas.  Argumento de simpleza semejante a la idea de que la forma de acabar con los problemas de coordinación entre Atención Primaria y Atención Hospitalaria es poner un solo jefe a gestionar los dos niveles.  Pero al fin y al cabo lo que queremos son soluciones simples, porque las complejas nos levantan dolor de cabeza
La realidad sin embargo sigue ahí, terca como una mula. Y no es otra en materia de cribado, que éstos pueden haber reducido la mortalidad por el cáncer escrutado ( y solo en algunos casos), pero no en relación con la mortalidad global, que en teoría es lo que de verdad nos debería preocupar.
“Usar la mortalidad específica por una enfermedad como proxy de la mortalidad global priva a la población de  información acerca de la principal preocupación: si existe una reducción en el riesgo de morir”, escriben Vinay Prasad ( oncólogo del Knight Cancer Institute de la universidad de Portland) y David Newman ( del departamento de Emergencias del Monte Sinaí).
En 2015 los Saquib et al realizaron una revisión sistemática  de metanálisis y ensayos clínicos sobre cribados en personas asintomáticas: en 3 de 10 encontraron diferencias de mortalidad específica en la enfermedad cribada , pero ninguno mostró reducciones en la mortalidad global.
Hay dos razones fundamentales que podrían explicar esta diferencia entre la mortalidad específica y la global, según Prasad y compañía: la primera es la falta de poder suficiente de los estudios para detectar diferencias en la mortalidad global; la segunda que los supuestos beneficios podrían ser contrarrestados por los efectos adversos del cribado.
Frente al primero de los argumentos suele argumentarse que para demostrar reducciones en mortalidad global el número de participantes en los ensayos debería ser gigantesco haciendo el estudio inviable; sin embargo realizar ensayos en registros observacionales nacionales podrían reducir sensiblemente su coste.
La segunda de las causas, los posibles efectos adversos que produce el cribado es algo que se ignora sistemáticamente por parte de profesionales defensores del cribado, por la industria que se beneficia de ellos y por la población general a la que se hurta parte de la información. Son muy escasos los ensayos en que se informa del posible sobrediagnóstico o sobre los casos de falsos positivos. Y no es menor.
En esa campaña de “sensibilización” sobre la próstata que señalaba tan acertadamente Javier Padilla en Médico Crítico, nadie informa a la población de que la determinación del PSA genera  numerosos falsos positivos , responsables de más de un millón de biopsias de próstata al año. Biopsias asociadas, como señala Prasad, a daños severos incluyendo ingresos hospitalarios y muerte. Aún más, Fang y colaboradores demostraron en 2010  que ser etiquetado de cáncer de próstata aumenta la probabilidad de sufrir un infarto de miocardio o muerte por suicidio.
No se trata de negar el cribado. Se trata de poner toda la información encima de la mesa, incluida por supuesto el daño que podría producir. Pero sin embargo Ministerio de Sanidad, servicios regionales y sociedades científicas siguen sin abordar las evidencias cada vez más contundentes contra los programas poblacionales de cribado. ¿Por qué? El cribado de cáncer de pulmón le supone a Medicare 6 billones de dólares; en Esapaña desconocemos  el coste de los programas de cribado. ¿Cómo es posible que no se cuestione algo tan costoso,habiendo dudas sobre su coste efectividad, cuando se están recodando gastos tan esenciales como los de personal?
La respuesta parece inevitable: hay demasiada gente que vive-y bien- de cribar los cánceres ajenos

( Foto: Epi y Blas explicando por la radio los beneficios del cribado)


jueves, 31 de marzo de 2016

Alianza contra el cáncer de colon: Medias verdades, verdad a medias



Hoy 31 de marzo se celebra el gran día mundial contra el cáncer de colon, siguiendo esa hermosa costumbre no explícita de dedicar cada día del año a una enfermedad (en lugar de a un grupo de rock’n roll o un músico de jazz, lo que sería mucho más sano). Aunque uno quiera abstraerse de tan magno evento resulta tarea casi imposible: el telediario de TVE le ha dedicado los correspondientes cinco minutos de rigor para hablar de las incuestionables bondades del cribado, y la inefable Asociación Española contra el Cáncer ocupa cada espacio publicitario de la radio alertando de las terribles consecuencias de no seguir las recomendaciones de someterse al cribado por encima de los 50 años. Afortunadamente no he visto hasta el momento, la repugnante imagen con la que esta asociación animaba la campaña del año pasado (ese nauseabundo “ Truñito” que podía salvarnos la vida, como se aprecia en la imagen).
Una vez más parece que solo existe una versión respecto al tema: prevenir es siempre mejor que curar, y cualquier prueba de cribado tiene ventajas y solo ventajas. El coste que suponga en este caso ni se menciona, en un sistema sanitario que lleva ya siete años de recorte en prestaciones y recursos esenciales. Pero a pesar de mensajes tan optimistas y simplistas (¿quién quiere matices en este mundo tan complejo en que vivimos?), la cuestión incluye algunas luces y bastantes sombras
La clásica revisión Cochrane sobre el cribado de cáncer colorrectal de Hewiston, Glasziou y compañía concluía que el cribado mediante la prueba de detección de sangre oculta en heces “puede suponer una modesta reducción en la mortalidad por cáncer colorectal, una posible reducción en la incidencia de cáncer a través de la detección y eliminación de adenomas y, potencialmente, una menor utilización de cirugía invasiva. Los efectos dañinos del cribado incluyen las consecuencias psicosociales de recibir un resultado falsamente positivo, las consecuencias potencialmente negativas de recibir una colonoscopia o un resultado falsamente negativo, la posibilidad de sobrediagnóstico ( que implican investigaciones y tratamiento innecesarios), y las complicaciones asociadas al tratamiento”.
Algunas luces; muchas sombras.
La revisión sistemática posterior de Holme , Brettahuer y colaboradores en que comparaban dos pruebas de cribado ( prueba de sangre oculta en heces y sigmoidoscopia flexible) concluía: “ Existen pruebas de alta calidad que muestran que ambas pruebas reducen la mortalidad por cáncer colorrectal.Hay pruebas indirectas de baja calidad de que una prueba es más efectiva que otra. Complicaciones graves asociadas con ambos métodos requieren validación de estudios con un más completo reporte de daños”. En esta revisión Cochrane se confirmaba que la mortalidad por todas las causas era prácticamente igual en los cribados con prueba de sangre oculta o en los cribados con sigmoidoscopia con respeto a la población que no recibe cribado. Es decir, el cribado no reduce la mortalidad global.
Algunas luces, muchas sombras
El capital libro de Welch, Schwartz y Woloshin sobre Sobrediaagnóstico aporta también importantes orientaciones al respecto: los cribados de cáncer de colon se llevan realizando desde hace tres décadas. Al menos en Estados Unidos no han significado un aumento del número de cánceres de colon diagnosticado, por lo que en principio no hay evidencia clara  de sobrediagnóstico de cáncer de colon. Una buena noticia, cuando además ha ido disminuyendo el número de muertes por la enfermedad. Pero ese declive es previo a la aplicación generalizada y repetida de los programas de cribado, por lo que no puede imputarse a ellos dicha reducción. La razón más probable de ello posiblemente sea, para Welch y compañía, que se han producido menos cánceres, posiblemente debido a mejores hábitos y estilos de vida.
Lo que sí se ha producido es un sobrediagnóstico claro de pólipos: “ uno de cada tres adultos tiene pólipos. La mayor parte nunca desarrollarán cáncer. El cribado de cáncer de colon conduce a un tremendo número de personas a eliminar sus pólipos. Y una vez que a alguien se le detectan pólipos, será inevitablemente explorada con mayor frecuencia. Lo que llevará a resecar nuevos pólipos, aunque la mayor parte de ellos nunca serán cancerosos”.
Algunas luces muchas sombras que, sin embargo, siguen sin explicarse en toda su complejidad, con todos sus matices a los pacientes, que desconocen que las pruebas de cribado pueden significar intervenciones ( y daños ) innecesarios. Que pueden reducir la mortalidad por un tipo específico de cáncer pero no la global
La Sociedad Española de Medicina de Familia se adhiere con entusiasmo a la Alianza contra el Cáncer de colon y la promoción del cribado, incluso difundiendo unevento en que no participa ningún médico de familia ni se matizan todas estas cuestiones Como he pretendido argumentar el cribado puede suponer beneficios, pero también riesgos. Una vez más parece que preferimos seguir la estela de los “especialistas” intervencionistas, que convertirnos en auténticos consejeros de los pacientes protegiéndoles de la medicalización creciente de la sociedad. Mejor ser cola de león que cabeza de ratón

miércoles, 30 de marzo de 2016

La carrera espacial hacia la luna...del cáncer



La vida familiar del vicepresidente norteamericano, Joe Biden no ha sido fácil. Hace años perdió a su esposa y a una de sus hijas en un accidente de tráfico en el que también viajaba su hijo Beau. Este último murió en mayo del año pasado de un tumor cerebral a los 46 años. Cualquiera puede entender lo que supone la muerte de un hijo, los remordimientos sobre si se hizo todo lo necesario, si se acertó en el tratamiento, si quizá pudiera haberse evitado de poner todos los medios necesarios. La diferencia entre Biden y el resto de los humanos es que éste es el vicepresidente del país más poderoso del mundo, y la reacción que puede tener ante una tragedia semejante es proporcional a ese poder.
Desde la muerte de su hijo Biden anda embarcado en una misión cuyo nombre da idea de su ambición: “A Moonshot to cure cancer" ( una misión espacial para curar el cáncer). Y como en el caso de la carrera espacial no se para en medios para conseguir el objetivo, y que el propio Biden cifra en alcanzar los avances que podrían conseguirse en una década en solo cinco años. Es lógico que Biden desconozca los fundamentos de la investigación científica; lo que no lo es que por el hecho de ser quien es, imponga un modelo de hacer las cosas que quizá sirva en la carrera espacial, pero muy difícilmente en medicina.
Por supuesto una iniciativa de este tipo es alabada por todo el mundo: es raro que en España aún no haya tenido impacto en las páginas de salud de nuestros periódicos, tan aficionados a este tipo de delirios. La iniciativa en cualquier caso no es nueva. En los 70 se puso en marcha una iniciativa semejante, “La guerra contra el  cáncer” aprovechando  el tirón que tiene siempre abordar estas enfermedades en términos bélicos. Entonces ya se dijo que el cáncer podría superarse en el 2015 con la módica inversión de 600 millones de dólares al año.
En tono transcendente Biden expuso su plan a principios de año: un encargo del presidente Obama que se toma como algo personal. Parte de la base de que la investigación científica está atrapada en silos sin contacto, impidiendo que los avances en un campo como la genómica se aprovechen en otros como la inmunoterapia por ejemplo. Argumenta que menos de un 5% de los pacientes con cáncer acaban participando en un ensayo clínico. Y propone no solo aumentar drásticamente los presupuestos destinados a investigar sobre el tema, fomentando la colaboración entre instituciones públicas y privadas ( incluyendo por supuesto la industria farmacéutica), sino que además propone acabar todas las barreras entre los “silos” , para “ acabar con el cáncer tal y como lo conocemos”. Y de hecho dedicó buena parte de su participación en Davos a implicar en su cruzada a líderes de las empresas y países más influyentes del mundo.
De nuevo fue Vinay Prasad,( el autor del ya comentado Ending  Medical Reversal y que también analizó con su brillantez habitual No Gracias) quien ha puesto los puntos sobre las íes en esta nueva “ cruzada”.
Comoescribía en The Washington Post, las medidas propuestas por Beaden y sus seguidores caen por su propio peso: por ejemplo, la propuesta de que la Food and Drug Administration (FDA) acelere los procesos para aprobar la utilización de nuevas combinaciones de fármacos es tan ingenua como creer que podrás correr más deprisa comprándote un nuevo cronómetro. Prasad se hace eco de un estudio sobre los 71 fármacos aprobados para el tratamiento de tumores sólidos entre 2002 y 2014 y que demostraba que el aumento de la supervivencia apenas supera en dos meses a la supervivencia con tratamientos previos, eso sin entrar a valorar la toxicidad y efectos adversos de los nuevos fármacos.
Tampoco parece funcionar especialmente bien la gran esperanza de la gestión del Big Data, y que podría permitir conocer las características de los pacientes que tienen un mejor respuesta a los tratamientos: pero como demostraron el mismo Prasad y Vandross, en estos casos resulta muy difícil saber si se basa en características exclusivas de los pacientes o al lento crecimiento del tumor, algo tan ingenuo como si la NASA estudiara los viajes náuticos de la antigüedad para planificar sus viajes espaciales.  
Aún menos fundamentado es el énfasis en potenciar la inmunoterapia como panacea para el tratamiento de los cánceres.
Como señala Prasad el verdadero problema es ignorar completamente como se produce el progreso médico, algo muy difícil de predecir y sometido habitualmente a los caprichos de la serendipia. Más razonable sería proteger la investigación en un amplio campo de disciplinas cuyos avances pueden ser de gran utilidad para las demás ( de la investigación básica a la aplicada, de la genómica a las ciencias sociales) y mantener el apoyo financiero a lo largo del tiempo, que lanzar cohetes espaciales para aterrizar en planetas desconocidos.
A todos nos apena perder a alguien a quien queremos. Pero por desgracia forma parte de ese azar del que nadie está libre, consustancial a la vida, y que (como escribía Skakespeare en Macbeth), “ no es más que una sombra que pasa, un pobre cómico que se pavonea y danza una hora sobre la escena antes de  desvanecerse”

( Foto: Biden recién aterrizaado)