jueves, 15 de septiembre de 2016

Refutar la hipótesis nula ( 1ª parte)

“El gran Khan estaba hojeando los mapas de las ciudades amenazadoras de las pesadillas y las maldiciones: Babilonia, Yahoo,Brave New World. Exclama:
- Todo es inútil si el último fondeadero no puede ser sino la ciudad infernal, donde en una espiral cada vez más cerrada, allá en el fondo, nos sorbe la corriente.
Marco Polo responde:
- El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, el que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo: una es aceptar el infierno y volverse parte de él hasta dejar de verlo. La otra es riesgosa, y exige atención y aprendizaje continuo: buscar y saber quien y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio.
-       Las ciudades escondidas (Las ciudades invisibles). Italo Calvino.1972.

Afirmar que “no hay futuro” para la Atención Primaria no es más que una hipótesis nula. La esperanza está en que la realidad la refute. Sin embargo hay razones sólidas para mantenerla, derivadas tanto de la falta de voluntad en cambiar las cosas, como de la ausencia de un proyecto alternativo.
No parece existir una necesidad imperiosa de modificar la situación actual de la Atención Primaria; si así fuera, ya se habrían producido movilizaciones más allá de los recursos al pataleo ( como éste). La generación de cambios reales es un fenómeno social, no individual, y las diferentes generaciones que forman la comunidad de la Primaria no parecen tener móviles suficientemente potentes como para intervenir , aunque por razones diferentes.
La generación de los pioneros, aquellos que coparon administración y organizaciones sociales y profesionales  en los 80, y que consiguieron iniciar un proceso de reforma en la Atención Primaria en España, están “llamando a laspuertas del cielo”: jubilados o a punto de serlo, esta guerra ya no es la suya; tampoco tendría sentido que una posible reforma la lideraran los mismos que hace casi 40 años: el mundo ha cambiado demasiado.
La segunda gran generación , la situada entre los 40 y 60 años, tampoco encuentra incentivos suficientes para implicarse en un cambio; es cierto que aún les queda camino por delante, pero en una importante mayoría alcanzaron el particular Eldorado del profesional sanitario: la plaza en propiedad. Dentro del “particular infierno”  de baja intensidad de la Primaria ( como escribía Calvino), optaron mayoritariamente por aceptar ese pequeño infierno y dejar de verlo; afortunadamente no dura más de las 7 horas de consulta diaria, y el día es muy largo para permitir otras cosas.
La tercera de las generaciones presenta un componente que le diferencia sustancialmente de las dos anteriores: son nativos del mundo “líquido”: se encuentran inmersos en una condición en la que “las formas sociales se descomponen y derriten antes de que tengan el tiempo suficiente para solidificarse” ( Bauman, Tiempos líquidos). Al margen de que, salvo excepciones (afortunadamente en aumento), no eligieron trabajar en Atención Primaria como su primera opción de futuro, sus condicionantes fundamentales juegan en contra de los valores esenciales de la especialidad que ejercen. Trabajar en Atención primaria tiene muchas similitudes con el trabajo del jardinero: sembrar, esperar, perseverar. La base de su éxito estriba en establecer relaciones de confianza duraderas mantenidas a lo largo del tiempo. Sin embargo , “ mientras la vida premoderna era un ensayo diario dirigido a conseguir la duración infinita de todo, salvo la vida mortal, la vida moderna líquida es un ensayo cotidiano de fugacidad universal: lo que los habitantes del mundo líquido descubren en seguida es que no hay nada en ese mundo que pueda durar ( y menos aún para siempre)” ( de nuevo, Bauman). La tarea que tienen ante sí los profesionales de Atención Primaria de esta generación es colosal: nada menos que hacer compatible valores de vida premoderna ( continuidad, perseverancia), en una sociedad moderna centrada en la fugacidad. Nunca tuvieron un reto igual aquellos que les precedieron.: generar una nueva forma de vínculo duradero con los pacientes en un escenario que fomenta precisamente lo contrario. Algo que no es importante, paradójicamente , en el resto del sistema sanitario.
Para rechazar la hipótesis nula habría que aunar a tres generaciones tan diferentes ( al menos las dos últimas) en una empresa común. Que además no se sabe cual podría ser.

No va a ser fácil refutarla.

domingo, 11 de septiembre de 2016

No hay futuro




“En la modernidad líquida, el secreto del éxito reside en no ser indebidamente conservador, en evitar convertir en habitual todo asiento particular, en ser móvil y estar siempre a mano, en probar que se es artículo genuino necesario para la flexibilidad, siempre a entera disposición, presto a empezar de nuevo, en lugar de apegarse a una forma una vez ésta ha cuajado.”
La ambivalencia de la modernidad y tras conversaciones. Z. Bauman y  K. Tester. 2002

Acabó la residencia de medicina familiar y comunitaria hace tres años. Como no tenía opciones de trabajo, más allá de esperar alguna llamada situada en uno de los puestos de cola de la bolsa decidió hacer  un máster en salud pública; otra muesca más en su cinturón de méritos académicos: excelente expediente, estancias en diferentes países , un erasmus que incremento aún más su versatilidad lingúística. Habla con nivel cercano a la excelencia dos lengua, y otras dos le permiten comunicarse con facilidad tanto por escrito como de forma oral.
Ese dominio le permitió resolver un buen número de problemas de comunicación con los pacientes (propios y ajenos) el año que estuvo realizando una suplencia de verano en la puerta de urgencias de un hospital de una de las zonas turísticas de España más visitadas por europeos. Sin embargo no recibió ninguna felicitación ni reconocimiento. Tampoco le renovaron el contrato al acabar.
Desde que acabo el Master viene dando tumbos por diversos puntos de la geografía de su comunidad, a donde quiera que le lleve esa ruleta llamada bolsa: hoy es un consultorio rural a cien kilómetros de la capital más cercana, mañana es un dispositivo de urgencias que atiende problemas no menores, sino inexistentes. Cuando no encuentran a nadie más le llaman de la puerta de algún hospital para seguir atendiendo naderías, pero con mucho mas aparataje tecnológico. Lo hace bien, y apenas pide pruebas, pero comprueba como sus compañeros no dudan en echar mano de todo el arsenal para resolver una tos, un dolor, una fiebre.
Al final ha tenido suerte y consiguió un contrato eventual de larga duración este año en un pueblo muy alejado de su domicilio habitual: no es un contrato indefinido, ni lo que antes se llamaba interinidad, concepto éste que las consejerías de Hacienda persigue con la misma virulencia que se persigue el sexo por parte de la iglesia católica, en su loable empeño de reducir el trabajo digno a su mínima expresión.
Su contrato es de apenas un año, si antes el destino no lo impide. Dado su brillante expediente y el nivel de sus compañeros, le han propuesto ser coordinador del centro. Sabe lo que implicaría decir que no.
Sus compañeros le miran con burla y suspicacia: otro enchufado de la dirección. Pero a la vez le consultan cuando se les plantean esos casos difíciles que en ocasiones los pacientes tienen la maldad de plantear: “oye, tu que lo tienes fresco, ¿que había que hacer cuando la TSH sale alta?”
Ese mismo individuo que pregunta está situado cien puestos por delante en la bolsa de trabajo; no hizo ninguna especialidad, no cursó ningún master, apenas habla un castellano ramplón, no lee revistas y menos en inglés, pero lleva veinte años trabajando en el sistema. Los sindicatos le protegen: al fin y al cabo la antigüedad es el mérito más objetivo y justo ( al margen de que ese tipo de perfil es el que predomine entre sus afiliados).
Tanto para los sindicatos como para la administración (dos caras de una misma moneda) la alternativa para este tipo de profesionales altamente cualificados) es esperar a la próxima oposición. Hubo suerte y este año se volvieron a convocar plazas, una convocatoria de muy escasa oferta que no alcanza ni el 10% de las plazas vacantes: la racanería de la consejería de hacienda no permite excesos aunque en este periodo se haya destruido un porcentaje muy importante del tejido productivo del sector salud.
Nuestro protagonista ha sacado un buen número en el examen de la oposición: está entre los veinte primeros.No  tendrá plaza . El sistema de baremación de méritos lo impide. Lo que prima es el tiempo de servicios prestados.
Seguirá por tanto de contrato precario en contrato precario, quizá acabe haciendo otra especialidad, tal vez emigrando.
Este es el presente y el futuro de nuestro sistema sanitario. Fruto de la política de una administración que encontró en la crisis la excusa perfecta para realizar un “lifting” al sistema pública que le va dejando en el hueso, un ERE masivo encubierto que no genera bronca porque se sustenta en no cubrir las plazas que van quedando vacantes; una administración cuya concepción de la objetividad y la transparencia no permite seleccionar a los mejores . Fruto a la vez de la política de unos sindicatos cuyo concepto de la igualdad de méritos no rebasa la frontera de la antigüedad, no sea que “los nuestros” vayan a salir perjudicados. Sindicatos cuya manera de defender lo público no va más allá de exigir más salario y menos trabajo. tolerando y auspiciando esa máxima tan española de “nos engañareis en el sueldo, pero no en el horario” Llevamos más de 30 años así. No existe ninguna esperanza de cambio. Aparentemente todo el mundo se resigna a este sistema, “uno de los mejores del mundo”.
El sistema público se desangra y deteriora, mientras despilfarra el dinero en formación de profesionales altamente cualificados, que el sistema no valora cuando llega el momento de su contratación. Negar el franco deterioro de los servicios sanitario públicos en esta última década es negar la evidencia.
Mientras tanto, el sector privado espera tranquilamente que caiga la fruta madura

Imagen: "No future girl balloon" de Bansky

jueves, 8 de septiembre de 2016

Los tratados del "Wasichu": del TTIP al CETA

“Cuando se dice que el precio de la libertad es la eterna vigilancia esto es lo que significa. Esta lucha habrá de continuar a lo largo de tu vida. Tenemos que ganar cada batalla. Nunca bajar la guardia. Nunca dejarles ganar”.
George Monbiot. The Guardian.

Así terminaba el artículo de Monbiot anteayer en The Guardian a propósito de la aparente derrota del Tratado Transtlántico de Libre Comercio ( TransAtlantic Trade and Investment Partnership o TTIP) tras el conocimiento de la posición alemana informando del fracaso de las negociaciones con los americanos, y del anuncio del primer ministro francés de que su país solicita el fin de las negociaciones, posición que también comparten Austria o Bélgica. España , como de costumbre, permanece callada, entretenida en sus juegos de manos-juegos de villanos, pensando que este asunto es de escasa importancia, aunque tanto el Partido Popular como el Partido Socialista o Ciudadanos se han posicionado claramente a favor del tratado.
Los más ingenuos considerarán esto una victoria del pueblo, dadas las movilizaciones contra el TTIP que llevan produciéndose desde hace tiempo en buena parte de los países europeos ( aquí no, por supuesto, que no va con nosotros), y dado que el 97% de las 150.000 respuestas recibidas cuando la Comisión Europea abrió a regañadientes un periodo de consulta, fueron hostiles al acuerdo.
Los medios de comunicación que defienden un mundo en poder de las grandes corporaciones , andan irritados con semejante muestra de ignorancia por parte de los ciudadanos , manipulados por unos cuantos populistas; no hay más que leer los editoriales de El Pais sobre el tema, tras años de silenciar el asunto cuando no convenía.
Pero los interesados en convertir el mundo en un gigantesco mercado en el que los ciudadanos dejen de tener voz y los estados abdiquen de su soberanía son suficientemente inteligentes como para no jugar la partida a una sola carta.
La primera de las alternativas está ya solo pendiente de aprobarse habiendo agotado de forma subrepticia todas las etapas previas. Se llama CETA (Comprehensive Economic Trade Agreement) cuyo nombre lo dice todo: Acuerdo Económico y de Comercio Integral. Aparentemente es un acuerdo exclusivo entre Canadá y Estados Unidos; ¿en que "paranoico" sentido podría afectarnos a nosotros? Pues simplemente por el hecho, como explica Monbiot, de que permitiría que cualquier corporación que opere allí, independientemente de donde tenga su sede, podría demandar a los gobiernos que consideren que perjudican sus intereses. De tal manera que las leyes nacionales que protegen hasta la fecha los intereses de sus ciudadanos podrían verse sensiblemente amenazadas, puesto que no está claro que los parlamentos nacionales pudieran vetar este tratado.
Dos aspectos afectan especialmente a los servicios sanitarios, aunque algunos sigan sin quererlo ver: el primero permitiendo que las corporaciones multinacionales puedan demandar a los estados si consideran que los gobiernos nacionales vulneran sus intereses. Ante la noticia del fuerte crecimiento de la sanidadprivada en España, y la compra de Quirón por el grupo alemán Helios para formar el mayor grupo hospitalario de Europa no es un problema menor. El segundo supone que , al igual que el TTIP , el CETA salvaguardaría los procesos de privatización ya iniciados impidiendo su vuelta atrás por parte de gobiernos que quisieran hacerlo.
Es decir, todo esta red de acuerdos va más allá de ser un estímulo para la competitividad (como torticeramente justifica El Pais) a ser un instrumento para “circunscribir la democracia por parte del poder de las corporaciones”, en opinión de Monbiot; cualquier intento de revertir o cambiar políticas neoliberales se vería así imposibilitada desde un punto de vista legal; por ejemplo, los tratados impedirían que ningún gobierno permitiera que un banco adquiera un tamaño tan grande que su quiebra pudiera poner en riesgo la economía del país. Simultáneamente a la negociación el CETA, Europa está negociando con otros 21 países el Trade in Services Agreement (TSA) de similares características.
"Wasichu" es el término Dakota que define a la persona no india; tiene una segunda acepción: “ el que se lleva la mejor parte de la carne”. La historia de Estados Unidos se construye sobre cientos de tratados firmados, en el que las personas afectadas por los mismos nunca supieron lo que se firmaba, y que cuando no beneficiaron a sus promotores fueron vulnerados sistemáticamente; para ver el resultado final de ese proceso no hay más que ver la situación de los que sufrieron aquellosacuerdos: el pueblo nativo americano. La forma de negociación de los tratados de libre comercio guarda bastantes similitudes con los tratados indios: El CETA por ejemplo, tiene tal nivel de transparencia, que únicamente cuando las negociaciones hayan concluido  será publicado.

Ahora la partida de juego no es sobre un territorio con oro, un país, ni un continente, sino el mundo entero. Y los tratados siguen siendo igualmente efectivos para que unos cada vez tengan más  y otros cada vez menos.

(Fotografia: negociaciones para la firma del tratado de Fort Laramie de 1868)

viernes, 2 de septiembre de 2016

La caza del búho vago

“El infierno son los otros”
Jean Paul Sartre

La capacidad del ser humano para hacer el necio es afortunadamente ilimitada. Si ayer eran los atolondrados ciudadanos que perseguían las ilusiones visuales que generan sus teléfonos, hoy dan buena muestra de ello una especie mucho más peligrosa y dañina: los altos directivos de las empresas y los gurús que les iluminan.
La noticia más vista ayer en el diario El País es un artículo que alienta a comenzar a trabajar a las 4 de la mañana. Pero no por aplicación de nuevas normas de explotación de los trabajadores, sino por  propia elección de los directivos de las empresas más “cool”  del mundo. Según argumentan los defensores de la idea, de esta forma se es mucho más productivo puesto que ( tras arduos estudios de investigación sumamente complejos) , han descubierto que  a semejantes horas casi todo el mundo está dormido, y no molestan con sus correos, whatsapp, llamadas o verborrea vacua.  Grandes timoneles de nuestra sociedad moderna, como el jefe de Apple o de Starbucks parecen ser entusiastas seguidores de la nueva moda ( en el caso de este último tiene una cierta justificación, al tener que levantarse a preparar el café de medio mundo). Prestigiosos gurús como Daniel Ariely, el catedrático de Economía y Socielogía de Duke, (y del que hemos hablado por aquí unas cuantas veces) le da la pátina científica a la idea . Empleando la tradicional división de la humanidad en alondras ( partidarios de madrigar) y búhos ( amantes de trasnochar) , llega a la conclusión de que los búhos son mucho menos “eficientes”. "Todos los estudios indican lo mismo: que la dos horas más productivas son las primeras del día, nada más llegar al trabajo, que suele ser de 9 a 11”.
Y ya que ese tramo horario se ha convertido en un infierno de distracciones, interrupciones y propuestas de cafés con donuts, lo mejor es adelantarlo al tramo de 4 a 6. La idea debería servirle a Ariely para ganar el premio Nobel:  trabajar fuera del horario laboral, porque en el horario laboral no es posible trabajar.
La prueba del algodón  de su eficacia nos la aporta nada menos que Berto Pena ( debe ser amigo de Nestor Tilla), director de la mítica Think Wasabi ( ya saben la que tiene como lema “Con mi blog conseguirás ese plus  que te falta. Empieza con mi pack gratuito “Despega” y pin tu vida en piloto automático”). Según nos cuenta personalmente Berto, “ cuando la mayoría de la gente se incorpora al trabajo yo casi he cubierto la mitad de mi jornada”.
Uno pensaría que con semejantes nuevos hábitos la gente dejaría de trabajar a las 12 para poder volver a casa y poder dormir algo, pero adecuaciones consiguientes del horario laboral no se menciona en ningún momento.
Los grandes científicos del “Management” parece que han decidido acometer la conquista del último territorio virgen de la holgazanería humana: las horas de sueño. Es cuestión de unos años que se empiecen a aplicar reformas laborales que limiten las horas de sueño a un pare de horas con un complemento generoso de 5 minutos para dar una cabezada a medio día.
En definitiva , queda demostrado que la mejor forma de solucionar el problema de la continua interrupción en el trabajo no es otra que esconderse. Y dedicar nuestro tiempo libre a  realizar el trabajo que los demás no nos dejan hacer.  Por desgracia parece que Sartre tenía razón

Puestos a elegir necedades la de Pokemon me parece mucho menos dañina.