miércoles, 21 de diciembre de 2016

El desguace de la Atención Primaria (VIII): la despersonalización.

El pasado noviembre, ocho prestigiosos profesores de universidades, principalmente británicas, publicaron en el British Journal of General Practice un “ Manifiesto por la Atención Primaria”. Su título “Recovering the self”. Esta última palabra no tiene una traducción fácil al castellano: podría ser la forma de referirnos al yo, a nosotros mismos, en definitiva a lo que nos caracteriza y define.
El trabajo lo firma gente como Iona Heath, Christopher Dowrick ( el profesor de Atención primaria de la Universidad de Liverpool) o Stefan Hjörleifsson del Departamento de Atención Primaria y y Salud Pública Global de la Universidad de Bergen en Noruega.
En su análisis parten de un hecho bastante generalizado en la atención primaria de buena parte del mundo: la esencia de la consulta, el encuentro único (en ocasiones sagrado como escribía Juan Gervas) entre pacientes  y profesionales, se va desviando progresivamente hacia aspectos situados fuera de esa consulta, privando a ésta de su principal razón de ser.
Los profesionales “cosifican” cada vez más su atención, que se traslada de un sujeto (su paciente) a un objeto (la pantalla del ordenador), hasta el punto de convertir al primero en un mero suministrador de datos, actor necesario para alimentar la insaciable demanda de información de la organización para la que trabaja: datos precisos sobre los fármacos que emplea, sus presentaciones y  adecuación a los estándares, los parámetros que la analítica aporta, los criterios que las guías establecen…
Los comentarios de pacientes respecto a que “solo miraba el ordenador” resultan ya cansinos, hasta el punto de  imaginar que la alternativa quizá se encuentre en realizar consultas virtuales, puesto que de esta forma por fin el paciente estará “dentro” , y no fuera del objeto de atención.
La sustitución de la queja del paciente por la queja del ordenador ( en forma de chivatos variados  y vistosos que alertan sobre la necesidad de clicar determinada casilla) supone la despersonalización del ejercicio de la medicina , la enajenación del clínico, quien no dispone de tiempo para escuchar activamente, dar espacio al silencio, reflexionar y comunicar lo que sabe o ignora.
Los sistemas de clasificación de pacientes en función de su consumo de recursos, o la estratificación de los mismos en función de determinados artificios contables, implican  considerar al paciente como sistemas mecánicos, a sus enfermedades como puzzles , viéndose a si mismos como medios para resolver problemas, meros controladores de enfermedades”. Hablar en este contexto de autocuidado, toma de decisiones compartidas, o “el ciudadano como eje del sistema”, es simplemente un sarcasmo.
Los pacientes también sufren su personal forma de “extrañamiento”. Escriben los autores del manifiesto: “el sentido del yo de los propios pacientes puede verse seriamente afectado por el sufrimiento que experimentan, si el invalidante efecto de la deprivación socioeconómica, los efectos de la violencia doméstica sostenida, las catastróficas consecuencias de las enfermedades graves , o simplemente por la falta de proporción entre las demandas de la vida cotidiana y los recursos disponibles para abordarlos.”
Junto a ello ,los  propios pacientes acaban “cosificando” y fragmentando sus demandas, que no son tanto consecuencia de sus padecimientos como seres íntegros y únicos, sino en cuanto a  meros portadores de demandas inducidas por administraciones, medios de comunicación o la propia profesión: “ vengo por el colesterol ( un extraño en mis arterias), para la vacuna de este año, para la colonoscopia, que he oído que estoy en muy mala edad”. En ese entorno la demanda de inmediatez se convierte en prioridad, frente  a los "antiguos" valores de la espera, la auto-resolución de los problemas menores, o la búsqueda del consejo que aportaba "mi" médico, "mi" enfermero. 
Para recuperar esa integralidad  que constituye la esencia del profesional, del paciente y de su encuentro, los autores del Manifiesto proponen cinco intervenciones:
-asumir que los pacientes son seres activos, pero también víctimas pasivas de las circunstancias que les ha tocado vivir, y para los cuales el mensaje de moda de “autonomía”a toda costa, puede en ocasiones ocultar una “ peligrosa indiferencia”.
- Integrar la capacidad de ver a la vez como un objeto ( capaz de ser evaluado objetivamente) y un sujeto, dotado de una biografía propia y especial (expresable  a través de su propio e intransferible relato).
- Recuperar la autonomíaa del profesional por encima del control de sus organizaciones.
- Integrar su individualidad con la sociedad en la que se inserta y a la que pertenece
- Conjugar la biología con el humanismo,  la ciencia con la ¿por qué no? Poesía.

La cosificación de la asistencia, susceptible de ser parcelada y medida, supone una muestra más del lento, progresivo y por lo que parece inexorable desguace de la Atención primaria

sábado, 17 de diciembre de 2016

El desguace de la Atención Primaria (VII): el calentamiento de la rana.



“El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro: el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento”
Maestro Yoda. La Guerra de las Galaxias.

El Ministerio de Salud británico estableció como objetivo en 2015 que la mitad de los graduados en medicina se especializaran en medicina general; sin embargo casi un 20% de las plazas ofertadas quedaron vacantes. El coste de la formación de un médico general asciende a cerca de 250.000 libras en Reino Unido,inversión improductiva puesto que un porcentaje creciente de ellos están abandonando el ejercicio profesional, ya sea para emigrar a otros países en busca de mejores condiciones de trabajo (37%), realizar otro trabajo clínico (13,3%), dejar de realizar cualquier actividad clínica (15,4%), o dedicarse al cuidado (18%). Un 10% deciden abandonar definitivamente la profesión.
En 2013 dos instituciones oficiales, NHS England y Health Education Program, encargaron la realización de un estudio a la Universidad de Bath para averiguar las causas de la desafección. Los resultados del mismo se publicaron este año en elBritish Journal of General Practice.
Cuatro factores determinan allá la generación de una nueva cultura caracterizada por la culpa, el clicado y el “bullying profesional:
-          1. Los cambios organizacionales en Atención primaria suponen el incremento de la demanda derivada tanto del incremento de expectativas y exigencias ciudadanas en salud, como a la traslación continua de procedimientos que antes se realizaban en medio hospitalario, al primer nivel de atención. Ello sin embargo no se ha visto acompañado de un incremento de fondos, sino por el contrario, por una la reducción continuada de presupuestos. El cambio organizacional además, se caracteriza en esencia por el reemplazamiento progresivo de las tareas clínicas (escuchar, tocar y reflexionar) por tareas administrativas.
-          2. La colisión de valores: el resultado de lo anterior supone establecer tiempos de atención poco realistas ( y allí son 10 minutos por consulta), la exigencia de objetivos incumplibles, y un modelo de atención cada vez menos  centrado en el paciente que choca frontalmente con las obligaciones deontológicas de los médicos.Éstos se transforman en meros empleados encargados de recoger datos,clicando sin descanso casillas en la historia que no se sabe bien para que sirven.
-           3. La sobrecarga continua e insoportable. “no cambia el tiempo de consulta sino lo que se espera que hagas en ella”, responde un entrevistado. Eso supone un cambio radical en la relación médico-paciente, puesto que se reduce el tiempo disponible en atender pacientes ante la necesidad de reportar a la organización.
-          4. La valoración en prensa del trabajo en Atención primaria es inexistente o negativa
-         5.La ausencia de apoyo en el trabajo por parte del NHS que genera un progresivo aislamiento de cada profesional.
Según el trabajo citado del equipo de Natasha Duran, estos cinco factores son los responsables de ese cambio de cultura en Atención primaria, dominada ahora por el sentimiento de culpa respecto al trabajo, el predominio del clicado de datos y la creación de lo que denominan “ bullying institucional” en la gestión del servicio (la sensación de desdicha con el trabajo alcanza el 61%, y el 44% reportan sentirse sin autonomía ni control alguno sobre su propio trabajo). 
Esa cultura impacta en el grado de satisfacción con el trabajo de forma muy negativa (el 38% citaba sentir algún grado de burnout).Y esa insatisfacción es probablemente (en opinión de los autores) la causa del abandono profesional en medicina general.
Parafraseando al maestro Yoda,podría decirse que la organización lleva a la culpa, la culpa a la desdicha, la desdicha al abandono.
Los autores concluyen empleando la conocida fábula del calentamiento de la rana para explicar la situación: en lugar de meter a la rana de la Atención primaria en un caldero hirviendo, las administraciones han ido calentando lentamente el caldero en que esta rana vive. Las ranas de la AP de otros países perciben una situación muy similar.
Excepto España por supuesto: aquí ni las administraciones encargan estudio para conocer el malestar de la profesión, ni las exiguas revistas publican estudios semejantes, ni los profesionales de Atención primaria parecen excesivamente preocupados por la situación de la charca, si nos atenemos a las preocupaciones de sus sociedades, o al grado de protesta existente. Pero, aunque no lo parezca, también aquí, están calentando la charca con la Atención primaria dentro.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

El desguace de la Atención primaria (VI): el "coste cero"



 “Toda decisión política que no vaya manifestada en forma de presupuesto no es una decisión política”.
Rubén Torres. Ex-Director de la división de Servicios y Sistemas de la Organización Panamericana de la Salud. Rector de ISALUD (Argentina).

En la introducción a “El laberinto español”, un libro imprescindible para entender las causas de la Guerra Civil española, Gerald Brenan sintetiza las características fundamentales que definían nuestro país hace un siglo: el reino de la patria chica (donde la pequeña parcela en que hemos nacido es siempre infinitamente mejor que lo que hay más allá), la irresistible tendencia a la corrupción que tienen sus habitantes, y el optimismo patológico que demuestran a la hora de hacer previsiones. Especialmente en el ámbito político este se manifestaba en la peculiar tendencia a realizar todo tipo de proyectos “a coste cero”, resultado de la combinación de un reconocimiento inconsciente del despilfarro existente y de la insensata creencia de que, con buena voluntad, todo acaba saliendo bien. Han pasado casi cien años de su publicación y es difícil discutir que aquellas premisas no sigan estando plenamente vigentes.
Especialmente en el sistema sanitario, desde la década de los 90 del siglo pasado, “A Coste cero” es un mantra que se repite sin descanso por todos y cada uno de los brillantes decisores políticos que hemos tenido la fortuna de padecer: ya sea abrir un nuevo centro de salud, poner en marcha un ambicioso programa de acreditación o implantar un “novedoso” modelo de gestión, todo es posible realizarlo sin recursos adicionales, puesto que nuestro “nivel de ineficiencia” es de tal envergadura que permite eso y mucho más.
Y es cierto que existe ineficiencia. Pero ninguna de las supuestas reformas actúa contra las verdaderas razones de ésta: la imposibilidad de acabar con el “café para todos” hagas lo hagas, puesto que es intocable el modelo funcionarial del XIX, los hospitales que se construyen para garantizar votos en lugares en que ningún estudio elemental de coste-efectividad sustentaría su necesidad o idoneidad, o la puesta en marcha de servicios altamente tecnificados y especializados pero sin suficiente casuística atendida para que su desempeño sea efectivo, son algunos ejemplos de esa ineficiencia.
Ya comentamos hace un mes cuales podrían ser las consecuencias de la facilitación por parte de Coalición Canaria, Ciudadanos y PSOE,(además del PP) de la formación de un nuevo gobierno de Rajoy: entre los compromisos en materia económica con la Comisión Europea, se incluye una reducción del gasto sanitario público del 6.17 de 2015 al 5,74 prometido para 2019: un descenso del 7%, cuando en los años duros del recorte “solo” bajamos un 4,5%. Es decir habrá que recortar casi medio punto del PIB (un 0,43% ), algo menos de cincuenta mil millones de euros, lo que (volviendo a Brenan) solo puede significar una de estas dos alternativas: o estamos ante un nuevo caso de optimismo delirante a la hora de establecer compromisos de nuestros gobernantes , o se desguaza definitivamente, ya no la Atención Primaria, sino el sistema nacional de salud , puesto que alcanzar esa cifra del 5,74% sería completamente incompatible con mantener un sistema público con garantías de calidad y sostenibilidad ( según laos estándares  OMS).
Cada Consejería de Economía y Hacienda de cada comunidad autónoma, del gobierno que sea, hará sus fuegos de artificio para demostrar que (a diferencia del resto), ellos no recortan; algunos incluso hablarán de su firme decisión de reforzamiento de la atención primaria, pero dejando las cifras reales de esa decisión política para más adelante: solo serán creíbles las que asocien esa prioridad a inversiones reales, contantes y sonantes, destinadas de forma finalista al primer nivel.
De momento los signos no pueden ser peores: Juan Simó ya demostró cómo se ha repartido el pastel en estas dos últimas décadas: desde 1995 a 2013 el gasto en atención especializada ha ido aumentando hasta ser más de 4 veces el gasto de atención primaria, produciéndose el mayor incremento de la brecha paradójicamente desde el inicio de la crisis.;el crecimiento de plazas de medicina de familia ha sido de un 13% aproximadamente desde 2004, mientras el de plazas de especialista ha alcanzado el 63% de incremento. Todo ello ante el silencio, entre resignado y cómplice, de los profesionales de la AP.
La política del coste cero está más vigente que nunca: no hay más que estar un poco atentos a las decisiones que se tomen en cada servicio de salud ante la generación de una vacante en Atención primaria, ya sea por jubilación, excedencia o muerte. Desde el inicio de la crisis, por decisión del gobierno y con la aceptación de las consejerías de hacienda del país, la tasa de reposición de efectivos se redujo al 10%; actualmente algunos responsables políticos aseguran que en su comunidad se recuperará la tasa del 100% en sanidad, pero como de costumbre no aportan datos de ello. Sin embargo en muchos centros de salud de España cada día desaparece otra plaza de medicina o enfermería, llegándose al despropósito de pedir al responsable del centro un informe para justificar la necesidad de cobertura de la plaza vacante.
Cada ausencia que no se sustituye es una amenaza a la accesibilidad, continuidad y calidad de la asistencia: acumular las demandas al compañero de al lado solo significa más tiempo de espera y menos tiempo digno de atención.
Cada plaza que se pierde en Atención primaria es un nuevo aldabonazo en el desguace de la misma: el argumento de que por ratios de población no es necesaria, no es cierto: dados los datos de actividad si en una zona básica no es necesaria, sin duda lo será en otra.
Algún día habrá que poner fin a este optimismo insensato que considera que todo es posible a coste cero.



(Imágenes tomadas del blog de Juan Simó)

domingo, 11 de diciembre de 2016

El desguace de la Atención primaria (V): la coordinación



”Durante los últimos años he visitado tantos médicos que necesito a otro médico para que lo organice todo”
Barbara Starfield. Atención Primaria:equilibrio entre necesidades de salud, servicios y tecnología.

Como comentaba aquel paciente con cuya declaración iniciaba su capítulo sobre Coordinación Barbara Starfield , poner un cierto orden en el recorrido de los pacientes por los recovecos del sistema es otra de las obligaciones esenciales de la atención primaria, cuyo incumplimiento siempre parece que es responsabilidad únicamente suya.
Las grandes ocurrencias que tuvieron los servicios de salud españoles para “mejorarla” en la década de los 90 fueron vigilar la cumplimentación del parte de interconsulta y reducir las tasas de derivación desde Atención Primaria a los hospitales. Precisamente en 1993 Martin Roland y Angela Coulter, dos de los mayores investigadores sobre servicios de salud de los últimos 30 años ( el primero en Cambridge, la máxima autoridad mundial en evaluación de modelos de incentivos, y la segunda en Oxford y Boston, quien dedicó su última etapa a estudiar el rol del usuario en el sistema sanitario) , publicaron el mejor libro hasta ahora escrito sobre el proceso de derivación entre Atención primaria y los hospitales: se llamaba Hospital referrals, y lo llevo comentando, difundiendo y recomendando desde su publicación ( sugerencia de mi tutor, Luis García Olmos).
En el citado texto se demuestra, a través de múltiples estudios, que no existe ninguna relación entre derivar más o menos y realizar una mejor o peor práctica clínica. De hecho hay experiencias de especialistas que por diversas circunstancias acabaron por trabajar de médicos generales que paradójicamente derivaban más a las especialidades que habían ejercido durante décadas. Establecer objetivos de reducción pura y dura del número de derivaciones, ya sea totales o a ciertas derivaciones, como hacen múltiples comunidades autónomas, no solo es una simple medida de recorte sanitario que puede poner en peligro la vida de los pacientes, una medida que vulnera los principios éticos más elementales, sino que además no sirve en modo alguno para mejorar la calidad de la atención si no se acompaña de un análisis de la adecuación de las mismas. Ningún médico digno debería tolerar que le impusieran un indicador de esas características.
Y sin embargo, la dócil y sumisa Atención Primaria, la que tanto apostola por la evidencia científica, sigue aceptando sin rechistar este tipo de despropósitos.
Pasada la moda de pactos de derivación, tasas y cumplimento de pactos de interconsultas apareció en el panorama la solución definitiva a los problemas de coordinación: vino de la mano de un palabro horrible, “cronicidad”, y de la clasificación de las personas como si fueran tomates de diferente tamaño, mediante su “estratificación” en pirámides de diferentes formas y colores, de nuevo sin ningún fundamento científico. No solo es que las revisiones de la literatura no han demostrado hasta la fecha que el Modelo de atención a crónicos o la pirámide de Kaiser Permanente haya obtenido mejores resultados que otras modalidades de atención, sino que aquellos que tanto emplean el nombre de Barbara Starfield,en vano, deberían recordar lo que escribió pocos meses antes de morir: “ el concepto de atención a enfermedades crónicas es antitético con el de atención primaria al focalizarse en enfermedades y no en personas…las enfermedades crónicas y agudas comparten etiologías comunes; las enfermedades crónicas tienen exacerbaciones agudas y hacen a las personas susceptibles a enfermedades agudas, así como las enfermedades agudas recidivantes pueden comportarse como enfermedades crónicas”. Al final, como decía Osler en aquella cita tan repetida por todos, muy a menudo para sustentar lo contrario “ es mucho más importante saber qué clase de enfermo tiene una enfermedad que no qué clase de enfermedad tiene un enfermo”. Y para atender enfermos (y no enfermedades) se necesita una atención primaria fuerte y convencida de sus fundamentos y no el seguidismo de las modas procedentes de países donde la atención primaria apenas significa nada, y que asombrosamente apoyan las sociedades profesionales de atención primaria españolas.
Una prueba del avance real en coordinación de un sistema sanitario consiste simplemente en leer el tono de las comunicaciones de los especialistas hacia los generalistas: en Francia por ejemplo, suelen comenzar así: “Querido colega: gracias por haberme permitido examinar a tu paciente”. Aquí por el contrario, preferimos cebar a las unidades de insuficiencia cardiaca con los pacientes que más les interesan.

(Foto: mi apolillado libro de Roland y Coulter)