miércoles, 15 de diciembre de 2021

Chile, Inglaterra, España: vasos comunicantes



Tras el brutal golpe de estado dirigido por Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973, Chile sirvió de laboratorio perfecto para experimentar con los hipotéticos beneficios de la aplicación de las teorías económicas y sociales de los "Chicago boys", los economistas norteamericanos inspirados por Milton Friedman. El experimento fue un éxito, no sólo por la aplicación implacable de la ideología neoliberal  en el país, sino sobre todo por la capacidad que tuvo de cambiar profundamente la forma de pensar de buena parte la población chilena. Como resultado, casi medio siglo después, Chile presenta una de las mayores desigualdades sociales de los países de OCDE, y lo que es aún peor, la gran dificultad de modificarla: no tanto por la falta de alternativas políticas que pudieran llevarlo a cabo, sino por la extendida cultura de individualismo y competencia, y sobre todo de amplio recelo  social contra todo lo que suponga esfuerzo colectivo o solidaridad entre ciudadanos, de rechazo intrínseco al fortalecimiento del estado como forma de equilibrar tanta desigualdad.

El domingo próximo se celebra el balotaje de las elecciones presidenciales en Chile. El modelo de referencia en materia de sanidad para uno de los dos candidatos (Gabriel Boric de izquierda), es el Servicio Nacional de Salud británico (NHS), como lo era para Don Berwick, el ideólogo de la Reforma Obama ( Affordable Care Act). Una propuesta que a Berwick le costó el puesto acusado de “rojo” por el partido republicano, y  que es desacreditada por los ideólogos del otro candidato a la presidencia de Chile ( el candidato neofascista José Antonio Kast), por su elevada deuda y lista de espera.

Paradojas de la vida: mientras el modelo de un sistema integrado de salud como el NHS sigue siendo para muchos países del mundo el mejor camino para conseguir un sistema sanitario barato, equitativo, y humano, en la propia Inglaterra se desintegra, socavado en sus cimientos por treinta años de políticas neoliberales, iniciadas por su principal representante( Thatcher) y profundizadas por todos los gobiernos británicos desde entonces, no sólo conservadores sino también laboristas. Los referentes ideológicos (mínimo estado, fomento de la competencia, salud como mercancía) son los que han inspirado desde el golpe el modelo económico, social y político chileno. Y que pretenden seguir imponiendo pero corregido y aumentado con todos los aderezos del populismo de la extrema derecha que avanza a buen ritmo en todo el mundo.

En 2012 ya dedicamos tiempo en este blog a analizar las consecuencias del Health and Social Care Act, la ley que modificaba radicalmente la esencia del NHS de la mano del gobierno de David Cameron: en ella se abdicaba de la responsabilidad del estado británico de proteger la salud de sus ciudadanos, limitando su papel al de la simple promoción. Ahora, diez años después, y una pandemia devastadora por medio, el gobierno de Boris Johnson no sólo no pretende revertir aquella ley, sino que se apresta a darle una nueva vuelta de tuerca que probablemente lleve a la definitiva demolición del NHS: registrada en la Cámara de los Comunes en julio de este año, ya en su tramitación por la Cámara de los Lores, the Health and Care Bill tiene como objetivo final mutar de un sistema nacional integrado de salud, (referencia durante todo el siglo XX para cualquier modelo de estado de bienestar), a un sistema similar al modelo norteamericano, donde la salud es un bien de mercado, cuya “mano invisible” permita que el acceso a la salud depende siempre de tu nivel de riqueza…eso sí con una pequeña ayuda para los pobres. 

En el punto de mira de la nueva ley están los principios básicos del NHS desde su fundación: su obligación de dar servicios sanitarios a cualquier habitante del país, la gratuidad en el momento de la prestación, la provisión del servicio en función de la necesidad (y no de la capacidad de pago), o la gobernación del mismo en delegación de los ciudadanos (que son sus principales financiadores a través de sus impuestos). En lugar de ello tendrán derecho sólo aquellos inscritos en alguna de las entidades más o menos difusas de nueva creación, los Integrated Care System (ICS NHS bodies), algo que ya hizo el gobierno Rajoy en España al sustituir el ciudadano por el asegurado como sujeto de derecho en 2012.

Las nueva ley da enorme poder al gobierno pero sin establecer los correspondientes sistemas de rendición de cuentas, haciendo cada vez más opacos los procedimientos y presupuestos de contratación con los proveedores ( crecientemente privados), como ya se puso de manifiesto en la adjudicación a dedo de la mayor parte de los contratos en los dos primeros años  de pandemia. El control sobre los proveedores se diluye cada vez más. Y el viejo rol de los médicos generales como profesionales independientes es cada vez mas vampirizado por las grandes compañías norteamericanas.

La profesora Allyson Pollock lleva meses describiendo este proceso. Las resistencias de la sociedad británica, desde personajes anónimos hasta artistas, intelectuales o profesionales reconocidos es cada vez mayor, al ver como se destruye una de las señas de identidad de la sociedad y la cultura británica.

La avaricia de las grandes multinacionales de la salud no tiene límite: una vez agotado el mercado norteamericano primero y latinoamericano después, su objetivo prioritario es destruir los modelos de bienestar europeo como también describieron Reynolds y McKee: la apertura definitiva de la ostra..

En Chile la razonable y admirable propuesta del candidato Boric de construir un sistema como el británico se enfrenta décadas de mercantilización de la salud en la que una intervención quirúrgica sencilla puede suponer esperar años de espera o pagar 20000 euros. En España la locura colectiva de “fervor ayusiano” ignora de manera suicida lo que está ocurriendo en esa comunidad autónoma: la aplicación sistemática de una de las medidas esenciales para desmantelar los sistemas sanitarios públicos: reducir y reducir y reducir su financiamiento, depauperar las condiciones laborales hasta que llegue un momento que no haya más remedio que contratar un seguro privado porque el sistema público simplemente se desmoronó. Y lo que es aún más preocupante es que la alternativa política a ese modelo en España sigue ciega ante la necesidad acuciante de apuntalar , reforzar y proteger el sistema sanitario público. La urgencia se convirtió  en emergencia.  Y una vez destruido un sistema público ( como ocurrió en Chile en los 70) recuperarlo se convierte en una tarea casi imposible.

Chile se juega su futuro el domingo. España lleva ya tiempo jugándoselo. E Inglaterra ve cómo se viene abajo uno de sus pilares esenciales.


Imagen: Rikki Blanco en El Pais

No hay comentarios:

Publicar un comentario