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domingo, 5 de marzo de 2017

Error diagnóstico y Atención Primaria: recuperemos la habilidad de pensar



Los compañeros de Sano y Salvo, sin duda alguna uno de los blogs de referencia en materia de seguridad del paciente a nivel internacional, me pidieron realizar una entrada comentando un reciente editorial publicado en la revista Atención primaria.
Para el que tenga interés en los procesos de toma de decisiones, el error y la incertidumbre ell contenido del mismo puede encontrarse aquí.

martes, 22 de noviembre de 2016

El conocimiento sigue siendo el Rey


“Cuando un médico acierta en un difícil diagnóstico sin apenas datos, le consideramos un brillante clínico; pero si su diagnóstico es erróneo, diremos en cambio que cometió un sesgo, el de cierre prematuro. Si ignoré un tumor cerebral en un paciente con cefalea en la última semana, es muy probable que hoy se lo pida a un paciente con síntomas similares: si ese escáner detecta un tumor, dirán que fue consecuencia de mi experiencia; pero si es normal dirán que utilicé el heurístico de disponibilidad. Si en un paciente con dolor en flanco y hematuria no te replanteas el diagnóstico de nefrolitiasis si su escáner abdominal es normal, dirán de ti que empleaste el heurístico de anclaje y ajuste…hasta que el paciente aparezca al día siguiente con la piedra en la mano”.
Quien esto escribe en el BMJ Quality and Safety es Gurpreet Dhaliwal, uno de los médicos más asombrosos que he visto en mi vida descifrando diagnósticos complejos, de quien hemos hablado otras veces en este blog.
Con el mismo grado de sensatez que emplea para aproximarse a un paciente enfermo, desmonta el tópico tan extendido actualmente, de que el uso de esas respuestas rápidas, esos atajos mentales llamados heurísticos nos conducen siempre al error, y que, por tanto, la mejor manera de evitarlos es detenerlos a tiempo y emplear nuestra forma racional, analítica y lógica de pensamiento ( hace solo unas semanas el interesante trabajo de Simpkin y Schwartzstein en New England reivindicando la importancia de la incertidumbre en la práctica clínica volvía a señalar a los atajos cognitivos como el principal responsable del error diagnóstico).
La llamada Teoría del Proceso Dual ( Dual Prrocess Theory) con su separación entre un sistema 1 ( rápido, intuitivo) y un sistema 2 ( lento, reflexivo) en el proceso de toma de decisiones humanas no solo le valió a Daniel Kahneman el premio Nobel de Economía y un gran éxito de ventas, sino que se ha convertido en uno de los nuevos axiomas irrefutables de la práctica médica. Como el mismo Kahneman señalaba el uso del heurístico trae de la mano al sesgo, y de ahí al error solo hay un paso, que afortunadamente puede ser prevenido si mantenemos en forma nuestro sistema 2, y su arsenal armamentístico de protocolos, checklist y algoritmos diversos.
Pero la realidad,como siempre, se empeña en ser algo más compleja. Como Dhaliwal señala no es nada sencillo encontrar ejemplos en el proceso diagnóstico paradigmáticos de un sistema u otro: “ el análisis de cada caso muestra que algunos aspectos del razonamiento clínico son intuitivos ( la generación de hipótesis por ejemplo), mientras que otras fases son predominantemente analíticas ( la verificación de hipótesis)", por lo que más bien habría de hablarse de un continuo ( una “escala de grises”) entre razón e intuición.
Tampoco es posible enseñar a los estudiantes a “pensar más lento” en lugar de rápido ( como proponía Kahneman) , puesto que ni novicios ni expertos pueden elegir a qué velocidad pensar sino que emplean una velocidad u otra dependiendo de lo familiar o desconocido que sea el reto.
Si intentar “enlentecer “el pensamiento cuando estamos valorando hipótesis es tan difícil como poco útil, aun lo es menos pretender identificar y abortar nuestro uso de heurísticos. En un estudio a través de casos el equipo de Laura Zwaan demostró que los médicos es mucho más probable que “vean” errores cognitivos cuando saben que el diagnóstico es erróneo que cuando es correcto, y en cualquier caso no se ponían de acuerdo entre ellos a la hora de decidir cuando se había empleado un heurístico y cuando no.
“Es muy duro para mi reconocer que no puedo entrenar a mi cerebro”, reconoce Dhaliwal. Una nueva cura de humildad para la tradicional arrogancia médica.En vez de formar a estudiantes, residentes y médicos en la busca y captura del uso de heurísticos deberíamos seguir perseverando en la generación de médicos que sepan hacer bien su trabajo, ya usen el sistema 1 o el sistema 2. Como escribe Dhaliwal “ el conocimiento sigue siendo el Rey”.
De la misma forma que veíamos ayer que un piloto es capaz de salvar la vida a 155 personas gracias a su experiencia ( y suerte por supuesto), los trabajos experimentales del grupo de Monteiro,Sherbino y Norman demostraron que en la urgencia hospitalaria los médicos más experimentados eran los más rápidos y precisos en sus decisiones.
Si el mismo Kahneman reconocía en su best seller que después de 30 años de estudio no es mejor en detectar y evitar sesgos que cuando comenzó a estudiarlos, deberíamos ser más prudentes a la hora de iniciar una nueva cruzada contra el uso de nuestra intuición. Tan imprescindible y necesaria como nuestra razón. Porque, parafraseando a Lapido, es en la escala de grises entre una y otra en donde nos movemos.

(Fotografía: Gurpreet Dhaliwal)

sábado, 19 de noviembre de 2016

El vuelo 1549



“Fuimos contratados por nuestros juicios. Y ahora estamos siendo evaluados por nuestra conformidad”.
Un capitán de línea en el momento de la jubilación. Flying.

"Sully" no es una de las mejores películas de Clint Eastwood. Sin embargo, describe muy bien el complejo proceso de toma de decisiones en condiciones de incertidumbre y extrema presión. La historia es sobradamente conocida: un frío día de enero de 2009 despegó a las 15.25 del aeropuerto de La Guardia (en Nueva York)  elvuelo 1549 de US Airways con destino Charlotte en Carolina del Norte. Llevaba a bordo 150 pasajeros y 5 tripulantes. Solo cinco minutos después el avión aterrizaba sobre las aguas del río Hudson. Se salvaron todas las personas a bordo, con solo algún herido leve. Se perdió una aeronave que costaba 60 millones de dólares.
El siniestro fue debido a algo relativamente habitual en aviación, pero excepcional con tal nivel de gravedad: la colisión con una bandada de pájaros, que inutilizaron los dos motores. Este hecho se produjo apenas 2 minutos después de despegado el avión. Y en menos de un minuto después de identificar la colisión y la pérdida de fuerza de los dos motores, el comandante Sullenburger tomó su decisión después de valorar las tres opciones posibles: regresar al aeropuerto de donde habían despegado, intentar un aterrizaje de emergencia en alguno de los aeropuertos más cercanos al otro lado del río, en Nueva Jersey, o aterrizar en el agua. Ningún protocolo, checklist o manual de emergencias le daba la solución a un problema semejante (además de que no hubiera habido tiempo material para revisarlos, en caso de haber existido).
En la declaración ante la Junta Nacional de Seguridad de Transporte (NTSB), tanto los representantes de la propia compañía como de Airbus, fabricante de su avión, cuestionaron que esa fuera la decisión más adecuada; alegaban que la emergencia permitía regresar al aeropuerto de la Guardia o intentar el aterrizaje en el aeropuerto de Teterboro en Nueva Jersey, tal y como habían demostrado las pruebas de simulador. Pero había un pequeños detalle de diferencia: las pruebas en simulador habían sido realizadas por pilotos experimentados tras más de 15 intentos, sabiendo de antemano a que incidencia se enfrentaban y con la decisión ya tomada ( ir a la Guradia o Teterboro respectivamente). “Olvidaban” que una decisión así debían tomarla seres humanos enfrentadas bruscamente a lo imprevisto, y con un alto nivel de incertidumbre respecto a qué alternativa era mejor. La repetición en simulador dejando “solamente 30 segundos” para pensar qué hacer, demostró que en ambas casos el resultado hubiera sido la destrucción del avión, el pasaje y probablemente una gran tragedia en alguna zona residencial de Nueva York o sus alrededores.
La decisión del comandante no fue una ocurrencia. Llevaba cerca de 30 años de vuelo, y había sido miembro de múltiples comisiones de seguridad aérea, participando en la investigación de diferentes accidentes aéreos. Sabía que aterrizar  (que no amerizar) en el agua no era la mejor alternativa, pero existían precedentes exitosos en la historia de la aviación, desde la toma en  el río James en Virginia en 1944 por dos pilotos que sobrevivieron al choque, al accidente en 1956 del vuelo 6 de Pan American  desde Honolulu a San Francisco  que también acabó aterrizando en el mar al perder dos motores , sobreviviendo todos sus ocupantes.
El comandante Sullenburger reconoce que no tuvo tiempo de hacer complicados cálculos de velocidad y altura para tomar la decisión. Simplemente “intuyó” lo que debía hacer. Detrás de esa “intuición” están años de trabajo, experiencias vividas y capacitación. Como escribe Trisha Greenhalgh la intuición es  un método para tomar decisiones que es utilizado inconscientemente por médicos experimentados, pero que es inaccesible a los novicios”
El grupo de Geoffrey Norman de McMaster acaba de publicar un artículoimprescindible sobre las causas del error en el razonamiento clínico. La conclusión a la que llegan es que las estrategias educativas destinadas a reconocer sesgos y heurísticos no son efectivas, pero que el incremento de la pericia y la “expertez” disminuye sustancialmente la probabilidad de cometer errores.
Tres conclusiones destacan en el accidente del vuelo 1549: la necesidad de disponer de alguien experimentado que tome las decisiones a partir de su conocimiento y su intuición, el papel imprescindible del equipo ( sin el trabajo coordinado de toda la tripulación no se hubiesen salvado), y la inevitable necesidad de sacrificar metas cuando hay que tomar decisiones ( en este caso destruir una aeronave de 60 millones de dólares para conseguir salvar 155 vidas humanas).
Sin duda necesitamos lavados de manos, checklist y AMFES variados para mejorar la seguridad del paciente. Pero la mejor inversión en seguridad no es otra que la de disponer de profesionales altamente cualificados, con el tiempo de trabajo suficiente para generar experiencias educativas, con conocimientos adecuadamente actualizados y capaces de tomar decisiones propias. Aunque vayan en contra del protocolo.
Pero a todo esto los políticos hacen oídos sordos. Cuesta mucho. Y es más sencillo entretenernos con algoritmos

lunes, 22 de febrero de 2016

¿Es la investigación cualitativa de baja prioridad?



El BMJ ha recibido más de 20.000 hits en una semana, todas ellas respuestas rápidas positivas, a un trabajo publicado en la revista. En apenas unos días se ha convertido en uno de los 25 artículos más vistos en la historia del British Medical Journal. Un caso sin precedentes, según señalaba en su cuenta de Twitter Trisha Greenhalgh. Sin embargo la revista da la callada por respuesta. Incluso algunos de los editores de la misma han dejado de seguir en Twitter a la investigadora británica, quizá evitando tener que debatir con ella ¿La razón?
Greeenhalgh es la primera autora de una carta abierta a la revista respecto al lugar de la investigación cualitativa , firmada por 76 profesores de centros académicos de 11 países. Muestran su preocupación por la escasa valoración que otorga el BMJ a la investigación cualitativa, a la que sus editores consideran de “baja prioridad”, entre otras razones por la “baja probabilidad de ser citado” qua aparentemente tiene un artículo de estas características. Ya sabemos que en el mundo de “cuantofrenia “ que vivimos ( en palabras de Vicent de Gaulejac), solo lo que se mide y expresa numéricamente importa, y eso sirve tanto para la investigación ( la  buena es la que genera dígitos) como para la valoración de la misma ( cuyo único criterio es su factor de impacto y el número de veces que se cita). Por lo que describe la carta la revista adorna el rechazo de manuscritos de este tipo de comentarios del tipo “ no tiene interés para nuestros lectores” o “ carece de utilidad práctica”. Otro de los tótems de nuestro tiempo: la aplicabilidad inmediata. Hace unos años una agencia de financiación de investigación del sur de España nos rechazó un proyecto por esa misma razón. Lo que no se convierte en un fármaco, un instrumento, o una patente no sirve. Va siendo hora de eliminar la filosofía de nuestros estudios y nuestras vidas por su nula utilidad práctica.
Sin embargo esa valoración tan negativa de lo cualitativo es radicalmente falsa. Hace un año se publicó en la misma revista un excepcional artículo sobre los 20 artículos más relevantes para otros tantos investigadores, revisores o editores del BMJ. Nombre tan relevantes como la propia Greenhalgh, Iona Heath, Iain Chalmers, o Richard Smith. Entre ellos se encontraban 3 ensayos clínicos aleatorizados, y otros 3 estudios cualitativos, dos encuestas y un artículo metodológico ( además de 11 editoriales y comentarios diversos). Los ensayos habían sido citados por 321, 78 y 38 artículos. Los cualitativos por 572,197,y 114 respectivamente.
Por supuesto no se trata de entrar en guerras pueriles sobre que método de investigación es bueno y cual es malo. Como en todo, hay mucho trabajos de investigación que emplean metodologías cualitativas que son malos. Como lo son muchos ensayos clínicos.
La misión del BMJ es la de “ dirigir el debate sobre salud, implicando, informando y estimulando a todos los médicos, investigadores y otros profesionales de la salud de forma que les permita tomar mejores decisiones y mejorar los resultados en sus pacientes”. Algunas cuestiones en medicina y política sanitaria se responden mejor con metodologías cuantitativas, pero otras solo pueden averiguarse a través de métodos cualitativos
Los autores de la carta ponen un ejemplo paradigmático. Hace unos años un trabajo de Haynes et al en New England puso de manifiesto que la aplicación de checklist quirúrgicos antes de las intervenciones reducía la mortalidad perioperatoria y la tasa de complicaciones.Sin embargo intentos posteriores de aplicarlo no obtuvieron los mismos resultados ( publicados también en NEJM o en JAMA Surgery). La razón de ello fue aportada por estudios cualitativos, en especial una revisiónsistemática de la literatura que demuestra que el quirófano es un lugar sumamente complejo con jerarquías y rutinas específicas. Un simple instrumento como es un checklist, si no va acompañado de nuevas formas de colaboración y comunicación entre cirujanos, enfermeras y anestesistas puede convertirse en un instrumento de distorsión en lugar de ayuda. Y eso solo puede detectarse mediante estudios cualitativos que si en medicina son necesarios, en el ámbito de la investigación sobre servicios y sistemas sanitarios resulta esencial.
Los autores de la carta instan al BMJ e indirectamente a revistas como JAMA o New England que también consideran la investigación cualitativa de baja prioridad a reconsiderar sus políticas editoriales. Incluso a resaltar una vez al año investigaciones realizadas mediante el uso de dichas metodologías.
Una demanda que no debería ser privativa una vez más de las revistas de mayor impacto ni de profesionales de fuera de España. Porque la epidemia de ceguera que lleva a considerar que solo los números generan ciencia y conocimiento  también está muy extendida en nuestro país, según marcan las prioridades de investigación de las escasas agencias que la financian.