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sábado, 31 de mayo de 2025

Veinte años de SIAP: ¿Quien da más?

 


 En el año 2005 Juan Gervas organizó por vez primera un Seminario de Innovación en Atención Primaria (SIAP). En aquella primera ocasión se organizó en torno a una única ponencia, impartida por Ana Rico en aquel entonces profesora en Noruega. Se trataba de revisar, argumentar y debatir sobre temas relevantes en Atención Primaria, habitualmente poco tratados en los congresos al uso e inexistentes en el currículo académico de las universidades. Era un escenario limitado , con apenas unos 20 profesionales, médicos, hombres, mayoritariamente mayores de 40 años, todos ellos hombres a excepción de Mercedes Pérez. Participaron entonces los presidentes de las tres sociedades profesionales de médicos de Atención Primaria, no muy cómodos en formatos semejantes.

Al acabar los seminarios de aquel 2005 Gervas puso como condición para poder continuar participando a aquellos asistentes el presentarse al año siguiente con un invitado de sexo y edad contrapuesta. Los Seminarios cambiaron, se equilibró la distribución entre mujeres y hombres, se fue llenando de jóvenes, muchos de ellos residentes de medicina de familia que con el tiempo algunos llegaron a alcanzar altas responsabilidades sanitarias en el país. A los diez años los SIAP dieron otra vuelta de tuerca más, y empezaron a convertirse en una especie de grupo de rock que entraba en gira. Y se fueron sucediendo ediciones en por ejemplo, Granada, Barcelona, Bilbao, Toledo, Asturias, Zaragoza, Menorca, Losar de la Vera, y  ya fuera de España en Lisboa, Porto, Río, Florianópolis, Santiago de Chile, Lima, Buenos Aires, … Difuminando fronteras. puesto que el ámbito de la Atención Primaria , con sus mil matices diferentes que la enriquecen y engrandecen en cada remoto lugar, tiene también fundamentos comunes y propios que conviene conocer, revisar y replantear.

Y de ser un espacio fundamentalmente médico, se fue ampliando a todas las profesiones que trabajaran o tuvieran algo que ver con la Atención Primaria, y a la ciudadanía en general, y se llenaron de niños pequeños, de artistas y cómicos, puesto que el arte nunca aquí estuvo reñido con la ciencia. Por ellos pasaron las que han sido probablemente dos de las referencias esenciales de lo que ha acabado siendo el sustrato conceptual de la Atención Primaria y a medicina de familia, Barbara Starfield e Iona Heath, además de un interminable listado de buena parte de los que han aportado algo interesante a la Atención Primaria de este país.

Desde el principio los SIAP se han basado en dos premisas: un espacio “donde todos tenemos algo que enseñar y mucho que aprender”, y  un lugar “donde se aprende lo que es esencial en la práctica diaria y no enseñan generalmente ni en el grado ni en la residencia”. Una fórmula de enseñanza-aprendizaje donde, según la revisión de la evidencia que en su día hizo David Sackett en Oxford, sí se producen cambios a consecuencia del proceso. Donde los ponentes no son elegidos por las cúpulas de las sociedades de turno, donde puede coincidir un catedrático con un estudiante donde lo que importan son los argumentos y no los trienios. Donde todo es discutible y todo es discrepable.

Los SIAP mantienen desde su origen una estructura que sigue siendo inédita en ningún otro foro de formación o conocimiento científico: donde se inicia por la elección de un tema matriz, al que sigue un largo periodo de discusión virtual basado en argumentos y evidencias, que aterriza en un encuentro presencial que se haca más allá de lo científico, humano, y que permite conocer mejor a la gente y el entorno que lo organiza. Y que culmina de vuelta casa, de nuevo a través de internet, sedimentando todo lo que se planteó y debatió, y que incluso puede continuar si el tema lo merece, durante años. Mucho de ese trabajo ha acabado en publicaciones científicas de esas que se llaman revisadas por pares, y otras muchas han acabado ilustrando literaturas grises y siempre los archivos de cientos de ordenadores que conservaron aquel documento extraño que algún participante aportó y que es una joya..

Si, los SIAP también tienen puntos débiles, y posibilidades de mejora, y ocasiones para fustigarnos por no ser todo lo perfectos que nos gustaría que fueran. Pero son un milagro. Un milagro que en un país tan envidioso y mezquino como el nuestro, ha recibido el silencio, cuando no el menosprecio de los medios de comunicación (cuando los grandes comunicadores de mañana y tarde encumbran imbecilidades año tras año), de la mayor parte de las sociedades llamadas científicas (que no han sido capaces nunca de reconocer el inmenso aporte al conocimiento de los SIAP), y por supuesto de los políticos sanitarios de este país, que solo adulan lo que les adula a ellos. No hay una experiencia de aprendizaje colectivo, donde cada asistentes-ponente-participante se sufraga lo suyo, realizado en tan diferentes países y durante tanto tiempo en el mundo.

Hoy 31 de mayo de 2025 acaba de terminar el hasta la fecha último SIAP. Lleva por título SIAP futuro. Una esperanza de que puedan celebrarse tal vez otros 20 años más

Hace tiempo que dejé de creer esa falacia de que “nadie es insustituible”. Algo completamente falso. Hay gente que cuando marcha deja un agujero que nadie podrá rellenar. Solo hay que pensar en Barbara Starfield. ¿Quien ocupó su lugar? Estoy de acuerdo con Miguel Melguizo en que los SIAP deben pervivir, no sobrevivir. Porque son una innovación magistral. Pero nunca habrá que olvidar que son fruto de la idea brillante, perseverante y refractaria a cualquier obstáculo de Juan Gervas y Mercedes Pérez. Gracias a los dos.

Y como dice Mercedes siempre ante el futuro… Ciencia, conciencia y coraje.

miércoles, 28 de agosto de 2024

Desnudando al elefante universitario (III): los SIAP

 


Los Seminarios de Innovación en Atención Primaria (SIAP) son una experiencia tan excepcional que podría casi catalogarse de milagrosa, si no fuera porque ello implicaría la creencia en un dios superior, algo no compartido de forma generalizada. Pero quizá más asombrosa que su existencia es el velo de silencio que se extiende sobre ellos fuera de sus organizadores y participantes. Cada día, cada semana, los periódicos, radios, televisiones y redes sociales dan cuenta de multitud de experiencias insustanciales, disparatadas y ridículas. Nunca vióse al gran Francino, al engreído Alsina o demás comunicadores y comunicadoras de este país realizar entrevista alguna a Gervas sobre el desarrollo de la experiencia. Tampoco a colegios profesionales (más allá de alguna persona concreta), sindicatos de diverso pelaje o sociedades científicas de las múltiples que pueblan el territorio, y que sin embargo sí participaron en los primeros seminarios allá por el 2015 hace casi 20 años.

Tuve la suerte de poder incorporarme a ellos por invitación de Juan Gervas al último seminario de aquel año y desde entonces he procurado no faltar más del lo inevitable a lo largo de los más de 50 seminarios que se han venido sucediendo contra viento, marea, pandemias y obstáculos a lo largo de todo este tiempo.

Creo que en el marco de los elefantes en la habitación de la Atención Primaria que venimos comentando ( y la ausencia de referencias a la importancia de los SIAP lo es y de los más gordos), es muy ilustrativo contrastar el modelo de enseñanza-aprendizaje de los SIAP con el modelo universitario en el que sigue encontrándose sumamente cómodo el mundo catedrático hispano. Supongamos que existiera un claustro universitario tan abierto e innovador como para permitir que a Juan Gervas o Mercedes Pérez se les hubiera encargado una hipotética e imposible asignatura de Atención Primaria. Comenzaríamos diciendo que frente al modelo hegemónico aquí no hay asignaturas que recibir, apuntes que tomar y libros del cátedro que memorizar. Por el contrario, hay nada más (y nada menos) que temas de trabajo y discusión que desbordan el ámbito de la medicina, de la salud, de los servicios sanitarios, y para cuyo abordaje y debate no solamente están invitados  a participar grandes expertos (la lista de los que han participado es simplemente apabullante) sino personas quizá menos conocidas interesadas en el tema y que tienen mucho que aportar, incluidos aquellos que están iniciando su itinerario formativo. Tampoco hay aquí un proceso unidireccional donde unos saben y dictan, y otros ignoran y reciben como la hierba la lluvia. Todos enseñan algo, todos aprenden algo. Las aportaciones, nunca imbuidas de dogma, sino por el contrario siempre discutibles, subjetivas y breves ( no más de 1000 palabra, no más de 10 minutos) son difundidas a una comunidad  constituida por multitud de individuos de diferentes perfiles humanos y profesionales, lugares de formación y residencia, corrientes y creencias ,quienes deben presentarse como seres humanos completos ( y no receptores de curriculums) y opinar con criterio ( las ocurrencias se invalidan por si solas).  Tras plantear el tema a estudio, y una vez pasado el tiempo necesario para armar una discusión (construida de réplicas y contraréplicas, de documentos complementarios y bibliografía ad hoc) , se lleva a cabo el encuentro presencial, bastante alejado de lo que es una clase. Dura más que ésta, nada menos que un día y medio y se construye por una sucesión de intervenciones, de breves presentaciones y réplicas, donde es posible decir todo siempre desde el respeto al otro y sus argumentos. Un encuentro donde los que inician el encuentro son los más jóvenes, los estudiantes, los residentes que presentan casos en el satélite (iniciativa e invención de Gervas desde el SIAP de Granada de 2015,). Y al que siguen sin solución de continuidad ponencias y  debates junto a actividades culturales y artísticas.

No acaba ahí la “clase”, que se prolonga con la interacción personal durante los dos días de encuentro y después durante semanas reposando, madurando y sintetizando lo discutido hasta entonces. Y que puede acabar en una o varias publicaciones científicas, que se han venido sucediendo durante caso veinte años.

Hace ya más de una década Jane Hart describía el inevitable tránsito que se está produciendo en los mejores centros de aprendizaje educativo desde un aprendizaje formal (intencional, consciente, intermitente, desgajado de la actividad habitual) a un aprendizaje informal (no intencional, inconsciente, continuo, entrelazado con la actividad cotidiana). Las universidades españolas siguen en su modelo arcaico, encantadas de haberse conocido, pero incompetente ante los desafíos actuales. Los SIAP por el contrario, suponen una forma nueva de aprendizaje que atraen en cada edición a cientos de asistentes. Donde todos los asistentes, ponentes y escuchantes pagan de su dinero los gastos que el evento implica. Donde lo que se lee y escucha impregna tu forma de pensar y trabajar, y donde se establece una gigantesca red de personas de todos los ámbitos de trabajo.

No existe una experiencia semejante en el mundo. Una experiencia que además de haber recorrido buena parte de la geografía ibérica (de España y Portugal) se ha extendido por América en países como, Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Perú, Uruguay, o Reino Unido

Cuestionar la autoridad y la jerarquía, permitir cualquier discusión por disparatada que parezca, ampliar las perspectivas más allá de lo que establece el conocimiento vigente de la propia disciplina, sustentar los argumentos en pruebas, enlazarlo con la vida en general y en la de cada participante. Elementos que constituyen la única vía para un futuro tan complejo como el que tendremos.

Es posible que a pesar de su excepcionalidad y de su carácter único si se enviara esta experiencia a alguna de las revistas de élite sería rechazado. No cumple los estándares de las revistas científicas: no lo publica un editor o un amigo o becario del mismo, no incluye un ensayo clínico o metanálisis, no fomenta el empleo de una prueba diagnóstica, un cribado, una píldora milagrosa. Pero no importa. Su capacidad para haber generado otra forma de aprender y establecer vínculos es irreversible.

 

Fotografía. Juan Gervas en el último SIAP celebrado en Granada

viernes, 14 de septiembre de 2018

El SIAP de Chile: "ayudar a mirar"

"Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. 
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. 
Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura. 
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre: 
—¡Ayúdame a mirar!
Eduardo Galeano

Llevo acudiendo a los Seminarios de Innovación de Atención Primaria desde 2005, el año en que comenzaron. Solo circunstancias muy especiales me impiden participar en ellos, se cual sea el tema que aborden y el lugar en que se celebren ( en la medida de mis posibilidades, obviamente). Y la razón es simplemente que no existe en el mundo una experiencia de aprendizaje entre iguales similar en el mundo.
Hay algo de lo que las instituciones académicas del mundo ( ese territorio en el que apenas entra la luz del sol de la transparencia) no quiere enterarse: el modelo de aprendizaje hace ya un rato que cambió y ellos siguen creyendo que el saber y el conocimiento están en sus ridículas cátedras, a las que a menudo llegaron pro procedimientos de arribismo y docilidad. Desde que internet socializó realmente el conocimiento, desde el momento en que no necesitas la benevolencia de la bibliotecaria para conseguir el artículo ansiado, desde el instante en que “las hormigas tienen megáfono” ( como escribía Chris Anderson) y donde la argumentación de una estudiante de medicina ( pongamos que hablo de Maribel Valiente) puede ser mucho más interesante que la de todos los catedráticos que le dieron clase, nunca el aprendizaje volverá a ser como antaño: unidireccional, pasivo, indiscutible.
A esa nueva forma de aprendizaje Jane Hart llama aprendizaje informal y es el que año tras año, (y de forma abrumadora cuando uno se libera del campo de concentración académico) domina en todo el mundo. Ese aprendizaje es no intencional ( no pretendemos aprender pero lo hacemos), inconsciente, bajo el control del que aprende ( y no del cátedro omniscente), continuo, durante el propio transcurrir del tiempo y basado en el que nos aporta cualquier persona, sea quien sea y venga de donde venga, que tenga algo interesante que decir.
Todas estas condiciones las cumplen los SIAP. El único espacio de aprendizaje en que el único requisito para participar es haberse incorporado previamente a múltiples líneas de discusión simultáneas con personas (cada vez más) de muy diferentes partes del mundo, en los que el conocimiento surge de la interacción entre todos ellos y no de la sabiduría de ningún gurú. Lugares de encuentro que no acaban en el momento de la reunión, sino que se prolongan a lo largo del tiempo, en ocasiones ,mucho tiempo después de cuando fueron convocados, lianas de las que cuelgan y cuelgan ideas, documentos, artículos y reflexiones, una maravillosa maraña selvática por la que uno va transitando cual mono…sabio.
Forma de aprendizaje para la que no se necesita financiación de la industria farmacéutica, tecnológica ni de las administraciones, en ocasiones compañía tan peligrosa como la de los primeros.
Si los Seminarios celebrados en España son interesantes, los que ocurren en América son simplemente deslumbrantes. Estamos tan metidos en nuestros cotidianos problemas (los 5 minutos por consulta, los innumerables pacientes por día, la ausencia de suplentes, la atención de naderías y tonterías, la desmotivación continuada y el refugio fuera del trabajo), que escuchar la realidad de colegas de otras partes del mundo nos pone en nuestro sitio, un lugar que en modo alguno es el centro del universo. Escuchar a los que tienen que recorrer kilómetros a lomos de una burra para llegar a un poblado donde atender a la gente, o ejercer la medicina en lugares donde no es difícil que te alcance un disparo perdido, a los que buscan comprender a poblaciones nativas cuya forma de entender la salud y la enfermedad, cuya forma de expresión y lenguaje es completamente diferente , pero no por ello menos sabia.
El Seminario de Chile tuvo mucho de ello: te hace sentir muy pequeño escuchar como atienden allí la diversidad de género, como integran el arte y la literatura en el ejercicio de la medicina, como trabajan con las comunidades originarias. El seminario nunca acaba en el aula; se extiende por los bares y los garitos, genera lazos impensables y formas de trabajo conjunto sin ¡necesidad de convocatorias ni constitución de grupos de trabajo elegidos por el listo de turno. Algo que no  hubiera sido posible sin un compromiso mucho más allá de lo razonable del equipo coordinador chileno con Camilo Bass al frente.

A los creadores de este milagro, Juan Gervas y Mercedes Pérez, nunca se les reconocerá lo suficiente , no solo el conocimiento generado, sino lo que es mucho más importante, la tela de araña de relaciones humanas que trascienden tiempo y espacio.
Una de las magníficas presentaciones del Satélite terminó con esa pequeña obra maestra de Eduardo Galeano. De eso precisamente van los SIAP: de ayudar a mirar. 

sábado, 26 de agosto de 2017

35 Seminarios de Innovación en Atención Primaria: enre la leyenda y la epopeya



"Podía haber sido una leyenda. O una epopeya, si nos juntamos varios"
Amanece que no es poco. Jose Luis Cuerda.1989

En el primer Seminario de Innovación en Atención Primaria al que asistí en Madrid, hace ya 12 años, participaron apenas una veintena de personas, ninguna menor de 40 años, y sola una mujer, una de sus creadoras Mercedes Pérez Fernández. Asistían entonces los altos cargos de las sociedades científicas de Atención Primaria, quienes poco después desparecieron para no volver.
En el último SIAP celebrado en Lima la semana pasada participaron 192 personas de forma virtual, y 111 de forma presencial, con amplia mayoría de jóvenes y mujeres. Durante los dos meses previos se vino debatiendo simultáneamente sobre 22 temas diferentes . En la sesión presencial de 15 horas se dedicaron 5 a las presentaciones de 23 ponentes, y 8 a 112 intervenciones de asistentes (52% mujeres) procedentes de Perú, Chile, Brasil, España, Cuba, Argentina, Uruguay, Mexico y Bolivia, además de realizarse tres demostraciones culturales y artísticas.
El de Lima hace el número 34 de los Seminarios, y ya está en marcha el número 35 que se celebrará en Lleida en noviembre; estando programados otros dos en 2018 (en Río de Janeiro y Zaragoza), y otros dos en 2019 (en Alicante y Quito).
A lo largo de estos 12 años, en Madrid y Barcelona, Granada, Río, Oxford, Bilbao, Murcia o Lima, han venido participando en ellos buena parte de los que son o han sido referentes esenciales para entender lo que es y significa la Atención primaria y la medicina de familia o general, y cuya enumeración sería interminable, pero comenzando por la persona que todos seguimos considerando la referencia fundamental de nuestro trabajo: Barbara Starfield.
Los temas tratados han sido de tal variedad, profundidad y originalidad que darían para más de un tratado: desde la organización de los servicios de Atención Primaria a la coordinación asistencial, de la accesibilidad a la longitudinalidad, de la atención domiciliaria a la equidad, pasando por aspectos tan poco abordados en los congresos al uso como la incertidumbre y la complejidad, el error, la inteligencia sanitaria o los pacientes que lloran.
Pero más allá del contenido los SIAP representan algo absolutamente diferente a cualquier otro tipo de actividad formativa profesional existente: una forma de aprendizaje colaborativo real, que se va construyendo con el paso de los días, entre personas que a menudo no se conocen , proceden de contextos y profesiones muy diferentes y en el que la relevancia del participante no la da su nombre, curriculum ni cargo sino su aportación.
No son bien recibidos en un SIAP los figurones, los que pretenden participar solo en la sesión presencial, creyendo que el resto se va a rendir a sus credenciales por haber acabado teniendo un cargo o un puesto relevante. Por el contrario acaban siendo buscadas, como si se tratara de la última sensación del Primavera Sound, esas personas de las que jamás escuchaste hablar  y demostraron durante el debate previo a la sesión presencial un conocimiento, un talento y una originalidad deslumbrantes: muchos de ellos están aún estudiando medicina o enfermería, o empezando su periodo de residencia. Si hay una sesión especialmente sorprendente para mi es la del Satélite, una forma peculiar de actividad “pre-congreso” inexistente en ningún tipo de congreso de esos de 3000 inscritos a 500 euros la inscripción.En los Satélites ( que van por su 6ª edición) los ponentes son siempre estudiantes o residentes, por donde han pasado parte de lo más brillante que he escuchado en los últimos años.
Hay veces, tras escuchar a alguna de ellas,que compruebo mi elevado nivel de ignorancia respecto a cuestiones fundamentales, que en cambio dominan personas que apenas están comenzando su carrera profesional: que no solo saben infinitamente más de lo que yo sabía a su edad, sino de lo que se ahora. Personas que además de haber leído mucho, han reflexionado, meditado y creado nuevo conocimiento sobre ello.
Si este milagro se hubiera producido en un país anglosajón, hubiera sido materia de análisis en las revistas más relevantes de medicina. Si hubiera estado bajo el control o dominio de un organismo público o sociedad científica hubiera recibido todo tipo de premios y reconocimientos, de esos a los que son tan aficionados todas ellas. Pero lo organizan y coordinan dos personas tan incontrolables e independientes como Juan Gervas y Mercedes Pérez, y la independencia en este país sigue siendo sospechosa.
Tampoco creo que les interese a ninguno de ellos ningún tipo de reconocimiento. Mucho más importante que éste es comprobar cómo se extiende una red cada vez mayor de personas, de cualquier edad, procedencia, experiencia y profesión, interesadas simplemente en leer, escuchar, reflexionar, argumentar y debatir.
Entretenimientos cada vez más extraños.

Fotografia: participantes en el SIAP de Lima. 15 y 16 de agosto de 2017