“Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus
harapos desprecia cuanto ignora”.
A orilla del Duero. Campos de Castilla. Antonio Machado
Hace un par de años , e invitado por Juan Irigoyen , Juan
Gervas dio una conferencia en el salón de actos de la Facultad de Sociología de
Granada. A pesar de ser día laborable y competir con otros eventos, la sala
estaba llena de una curiosa mezcla de estudiantes de sociología desconocedores
de quien era Gervas, profesionales sanitarios de variadas procedencias (
médicos y enfermeras, procedentes mayoritariamente de la atención primaria,
aunque no exclusivamente), e incluso ciudadanos sin vinculación alguna con el
sistema sanitario pero que, por variopintas razones, habían acabado allí.
Gervas fue, como es habitual en él, un espectáculo en sí
mismo. Sin recurrir ,como es su costumbre, a ningún soporte audiovisual, expuso
durante cerca de una hora su valoración personal sobre los más variados temas
del ejercicio clínico en nuestros tiempos, con énfasis en especial a la
creciente medicalización de todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida
cotidiana: de los excesos de la prevención al sobrediagnóstico, de la forma en
que las industrias relacionadas con la salud buscan enfermedades para sus
productos a la búsqueda permanente de la eterna juventud.
Sus opiniones eran evidentemente muy personales, pero
siempre estaban basadas en algún tipo de referencia, no eran las simples
ocurrencias de un aventado. En el momento del coloquio un médico,
preventivista, hizo una descalificación completa de Gervas, de lo que decía,
pero sobre todo de lo que era. No
era la exposición de una
discrepancia basada en argumentos, sino algo mucho más cercano al insulto,
quizá por poner en tela de juicio algunas de las falacias que se lleva
enseñando desde hace décadas en
las facultades de co de este país. Gervas, contra lo que quizá algunos
esperaban, no entró en modo alguno en el juego de los improperios: simplemente
reconoció su derecho a discrepar e insistió en que la forma de dilucidar las
cuestiones es tan sencilla como entrar en Internet y buscar los argumentos
científicos que sustentan una u otra tesis. Porque lo que él defendía o
sustentaba se basaba en gran medida en trabajos publicados en las revistas
científicas más relevantes, y no en charlas de patio de vecinas.
Me ha venido la anécdota a la cabeza leyendo un curioso
libelo publicado el 6 de octubre en Redacción Médica, publicación perteneciente
al grupo editorial sanitaria 2000,
y que regularmente publica noticias, opiniones y cotilleos sobre
nuestros sistema sanitario.
Como suele ser habitual en los libelos, la noticia-opinión era
anónima ( escudada en esa muletilla de Redacción Madrid), y en ella se descalificaba a la persona
, y no a sus planteamientos. Este es un país que gusta mucho del exabrupto,
cuando no del eructo, algo siempre más sencillo de hacer que rebatir con
argumentos aquello con lo que no estamos de acuerdo.
En cualquier caso, los grandes intelectos que se esconden
tras la redacción de la mencionada revista, aportan nuevas perlas a ese
periodismo de tasca que tanto se lleva en muchos medios de comunicación
españoles: decir de Gervas que es un antivacunas es como acusarme a mi de
antiandaluz porque no me gusta Camela: no hay más que leer los posicionamientos
de Gervas en sus dos últimos libros para comprobar que lo que discute es la
efectividad, inocuidad y eficiencia de ciertas vacunas, generalmente las últimas incorporadas
por una industria que ha redescubierto la rentabilidad de este tipo de
productos. Pero claro, para este tipo de periodistas el matiz de grises es tan
incomprensible como la poesía de Emily Dickinson. Pero entre todos, el acto
fallido que más me gusta es cuando dicen eso de “Disparan a todo lo que se
mueve desde una superioridad científica que sus currículos parecen no poder avalar”.
Es decir lo relevante en la discusión no son las pruebas que sustenten tus
argumentos ( aunque seas un miserable estudiante de 5º de ,medicina) sino el
curriculum que poseas. Y para ellos el curriculum no lo avalan las publicaciones,
sino la cartera de cargos del interlocutor.
Si ya de por sí es patética su defensa de la incompetente política
oficial mantenida por el Ministerio de Sanidad y los organismos internacionales
( dirigidos por la OMS) sobre la gripo A del 2009, llega al ridículo
cuestionando el parto en el domicilio, algo que se practica con asiduidad en
algunos de los que pasan por ser algunos de los sistemas sanitarios más
modernos y eficientes ( Holanda).
Señor, que atrevida es la ignorancia.
(Fotografia: Juan Gervas y Mercedes Pérez)