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jueves, 14 de enero de 2016

Equivocarse es de sabios…y de imprudentes

Supongamos que se impone la opinión del Dr. Chico de la Universidad de Sheffield en su recomendación de que deberíamos buscar siempre tener una presión arterial menor de la que tenemos en cada momento y que reflejaba el diario El Pais, tal y como se señalaba en los dos últimos post. Imaginemos que la búsqueda de tensiones bajas se establece como estándar de buena práctica,. Y que unos cuantos años después de su aplicación de forma generalizada en la población general, se demuestra que no solo no es efectiva para reducir la mortalidad por eventos vasculares sino que la incrementa. ¿Extraño? No tanto.
De esto trata uno de los libros más interesantes del pasado año 2015 “Ending medical reversal” ( algo así como “acabando con las revocaciones médicas), y que según el New York Times se debería llamar “ ¿Me estás tomando el pelo?”. Está escrito por el Dr. Vinayak K Prasad de la Universidad de Oregon y Adam S Cifu de la Universidad de Chicago, a partir de una carta de investigación que enviaron al JAMA Internal Medicine ( antiguos Archives). Precisamente en la crítica del libro en el  blog de esta revista, se dice que ningún médico debería dejar de leerlo. Los autores definen “Revocación médica “ ( Medical reversal) como la situación en la que un tratamiento ampliamente aceptado por la profesión médica como  estándar oro acaba demostrándose años después que es inútil ,o ( lo que es peor) dañino. Los ejemplos darían para un post diario hasta acabar el año. Uno de los más recientes ejemplos lo publicaba el BMJ hace unas semanas a propósito de los tratamientos intensivos de la diabetes tipo II . Durante años hemos convencido a los diabéticos de que tenían que hacerse determinaciones periódicas de su glucemia basal, gastando cantidades nada desdeñables en tiras reactivas que obligaron a los servicios sanitarios a realizar concursos públicos para intentar minorar el gasto que suponían. A estos pacientes se le ha estado recriminando por mantener cifras de Hb A1c  por encima de 7, a pesar del riesgo de hipoglucemias que implica mantener glicosiladas menores de dicha cifra. Ahora se empieza a saber además, a través de estudios observacionales en grandes muestras poblacionales, que el incremento de pruebas y controles no solo no mejora el resultado , sino que incrementa el riesgo de  recibir más tratamientos innecesarios y por ello sufrir efectos adversos,  representando además un gasto sanitario tan relevante como innecesario. No solo no es útil; es perjudicial y además caro. Un despilfarro.
El libro de Prasad y Cifu pone en evidencia una fuente de daño para los pacientes que preferíamos hasta la fecha ignorar. En él identifican al menos 142 revocaciones médicas en un periodo de diez años, considerando que cerca del 40% de las recomendaciones que habitualmente se realizan acaban en revocaciones a largo plazo.
Las causas del fenómeno son múltiples y los responsables diversos. A todos nos interesa el progreso de la ciencia: a los investigadores porque así salen en el Telediario y les reconocen sus vecinos; a los  periodistas porque así se apuntan el tanto de dar la buena noticia que (casi) nadie se atreverá a rebatir; los médicos por su parte recibirán incentivos por esa “buena práctica” que se incluye en los  objetivos de cualquier servicios moderno; los políticos ganarán puntos para las próximas elecciones, y la industria, que financia el estudio y vende los fármacos, hará caja y aumentará el precio de la acción. Todos ganan en esa implantación de la buena nueva...excepto el paciente. El poderos tridente de laboratorios-médicos de prestigio-obreros del protocolo resulta imbatible. El libro señala la importancia en esta forma de proceder de los líderes de opinión, en una profesión en la que a menudo el pensamiento sobre lo que hay que hacer es esencialmente grupal.
¿Cómo prevenir este problema? No es fácil. Prasad y Cifu insisten en la necesidad de disponer en cada estado de instituciones independientes y potentes, capaces de recuperar el control de los ensayos  hasta ahora en manos de la industria. Pero la responsabilidad mayor recae una vez más sobre la propia profesión médica: al igual que el sistema judicial debe basarse en la carga de la prueba más allá de cualquier duda razonable para realizar una acusación, la profesión médica no debería aplicar un tratamiento, o un procedimiento antes de estar completamente segura de que funciona. Algo que obligaría a cambiar en gran medida su esencia, desde lo que se enseña en la facultad, a la forma de trabajo, retribución y reconocimiento.
Por desgracia iniciativas que van en esa dirección, como fue  el fomento de una prescripción prudente, iniciativa de Gordon Schiff  que aquí fue difundida por Rafa Bravo, Cecilia Calvo, Carlos Oropesa, Enrique Gavilán y Asun Rosado son ignoradas a pesar de su inmenso valor.

Cuando la prudencia sigue siendo la mejor consejera cuando lo primero de todo es no hacer daño.

viernes, 14 de marzo de 2014

El arte de la manipulación informativa



Cada día, millones de personas en todo el país siguen sus entrevistas, sus tertulias, su particular forma de informar y deformar la información. Ganan mucho dinero. En salarios, e indirectamente a través de la publicidad incluída en sus propios programas, siendo difícil diferenciar en muchas ocasiones donde acaba la información y empieza la propaganda. Aún así se permiten dar lecciones de honradez, moral y coherencia a todo bicho viviente. A menudo emplean un tono cercano, cordial, simpático, incluso sensual. No hay problema que no aborden, conflicto al que no acudan, tema que no desmenucen en compañía de sus contertulios, siempre los mismos, y casi siempre con el mismo nivel de conocimiento para abordar los temas, similar al que tengo yo respecto a la física cuántica. Son esa élite de los comunicadores, conductores de programas de radio ( a veces también de televisión) que son fichados a golpe de talonario: las Pepa Bueno, Julia Otero, Angels Barceló, Gemma Nierga o Isabel Gemio. Los Gabilondo, Herrera, Buruaga, Francino y compañía.
Tienen bastante más capacidad de generar o distorsionar la opinión pública que la mayor parte de los políticos, precisamente porque son ellos ( y ellas) los que deciden cómo y cuando darles paso. Pero a diferencia de éstos siempre salen indemnes. Son los demás los que se equivocan, engañan y manipulan.
Hace unos días Julia Otero revisaba en su programa la situación de las vacunas en España con tres “verdaderos expertos “ ( del tipo de los que comentábamos hace unos días): Alvarez, Salleras y Garcia. Con la excusa de la ausencia de un calendario vacunal común, el programa era esencialmente un alegato a favor de la ampliación del calendario vacunal a cualquier tipo de vacuna. La Sra Otero, de hecho, preguntaba incisivamente que comunidad autónoma era la que  más vacunas tenía incorporadas a su calendario, a la búsqueda quizá de Eldorado del mundo vacunal.
En ningún momento se mencionó en su programa, siquiera tangencialmente, que las vacunas pudieran tener en algún caso efectos secundarios, un coste excesivo, una influencia negativa sobre la epidemiología de la propia enfermedad.
Son intrínsecamente buenas, bonitas y baratas ( a largo plazo). Quizá por ello para la Sra. Otero no hay más razón que el coste para justificar que una vacuna no esté incluida en el calendario vacunal. Para uno de sus expertos no hay ninguna explicación científica por la que la vacuna de la varicela no deba ser incluída desde los primeros años de vida. Y para este "verdadero experto" siempre que se mantenga la cadena del frío ( algo que se soluciona según el experto con una neverita como la que se lleva uno de picnic los domingos), la alternativa de acudir a Andorra o Portugal a comprar una vacuna entra dentro de lo razonable.
A pesar de la controversia existente respecto a la Vacuna contra el virus del papiloma humano ( que llevó a varias sociedades científicas a pedir una moratoria en su implantación),  la Sra Otero considera que hay que ponerla en cualquier circunstancia. Y tilda la decisión de retrasar su introducción de los 12 a los 14 años de una decisión estrictamente ideológica. El problema no es que opine eso ( tan respetable como cualquier otro de sus vecinos de finca), sino que ella lo dice desde un púlpito que escuchan miles de personas.
En otra franja horaria su colega Dª Angels Barceló, experta en especiales informativos desde plazas en conflicto, realizó también la semana pasada un reportaje sobre el cáncer, tema que incrementa siempre la audiencia.  De nuevo los "expertos verdaderos" consultados se estremecían al pensar que en ciertas comunidades autónomas la cobertura de los programas de cribado de cáncer de mama no pasaban del 70%. El principio de  la autonomía del paciente a la hora de decidir sobre su salud no existe cuando hablamos de cribados. Aquí resulta de obligado cumplimento las recomendaciones que den los expertos ( los verdaderos por supuesto). 
Jorgensen y Goetzsche publicaron hace ya años en el BMJ un magnifico trabajo en el que revisaba las recomendaciones de los dípticos informativos entregados a las mujeres sobre el cribado de cáncer de mama. Ningún país europeo incluía información alguna sobre los posibles perjuicios del cribado: no existían referencias a los falsos positivos, el sobrediagnóstico, o las  mastectomías innecesarias.  El propio Goetzsche en su última revisión sobre la efectividad de cribado publicada por la colaboración Cochrane incluía una hoja informativa sobre las evidencias disponibles respecto al cribado con mamografía, con sus pros y contras para que cada mujer decida libremente. Teniendo toda la información y no solo una parte. Pero si son verdaeramente libres para elegir, la cobertura del cribado no puede alcanzar el 100% como les gustaría a los verdaderos expertos. Porque hay personas, incluídas médicos con un prestigio científico descomunal ( como la Dra Iona Heath, ex Presidenta del royal Collge of General practitioner birtánico) que consideran que "no es equivocado decir simplemente No" al cribado.
Para la gran comunicadora Otero, tener la osadía de limitar las vacunas incluídas en el calendario vacunal supone una intromisión en la vida de las personas . ¿Es solo ignorancia?,  ¿Es interés personal?  Dice la comunicadora que hagamos caso a la ciencia. Pero ¿ a que ciencia? ¿Solo a la ciencia que  interesa a la Sra Otero, a la Sra Barceló?
Es evidente que los periodistas siempre tienen patente de corso. La única profesión exenta de publicar sus conflictos de interés.

martes, 4 de marzo de 2014

El embozado Experto



En abril de 2013 Enrique Gavilán y Javer Padilla publicaron en AMF una magnífica revisión sobre la vacuna del papiloma humano en AMF, la revista de la sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria ( semFYC). El trabajo llegaba, entre otras, a las siguientes conclusiones:
-      La infección por VPH es condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo de cáncer de cuello de útero. Otros factores de índole socioeconómico y de hábitos sexuales se han visto relacionados con el desarrollo tumoral. El preservativo es factor protector.
-   No existe aún ningún estudio que haya podido evaluar la posibilidad de que la vacuna disminuya la probabilidad de padecer cáncer de cuello de útero. Sí ha demostrado disminuir la aparición de CIN-1 y CIN-2, viéndose notablemente reducida la magnitud del efecto al analizar los datos de disminución de CIN-3.
-         Los datos de seguridad publicados de acuerdo con los ensayos clínicos aleatorizados (ECA) no han encontrado efectos adversos graves atribuibles a la vacuna. Sin embargo, los datos procedentes de registros de farmacovigilancia muestran un número de episodios adversos (leves y graves) notablemente superior al resto de vacunas comercializadas.
-     La relación coste-efectividad de la vacuna dependerá de la necesidad de revacunación, la disminución de los costes y el mantenimiento de buenos programas de diagnóstico precoz mediante citología y detección de VPH.
-     Existen múltiples incógnitas que despejar en torno a esta vacuna, especialmente en relación con la duración de su protección, los efectos en mujeres previamente infectadas y la posible inmunidad cruzada.
-  El coste de oportunidad de la introducción de la vacuna del VPH en el calendario de vacunaciones de España es elevado, especialmente en un momento de crisis económica en el que la «disponibilidad a pagar» del sistema sanitario puede verse reducida.

En este blog hemos hablado en varias ocasiones de esta vacuna, de los riesgos que comporta, de su  elevado coste y de la absoluta indiferencia de todas las administraciones sanitarias españolas a las recomendaciones de múltiples expertos respecto a la conveniencia de establecer una moratoria hasta tener suficientes pruebas de que el cuantioso dinero invertido está suficientemente justificado. Resulta llamativo que en época de recortes  a menudo indiscriminados, por parte de todas las administraciones siga existiendo siempre financiación para una intervención tan discutible.
Uno de los autores de la revisión ( Javier Padilla) describe en su blog el curioso intercambio epistolar surgido, a raíz de su publicación, con un grupo de 18 “expertos” de grupos de trabajo del Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud ( PAPPS), de la Asociación Española de Vacunología y de la propia semFYC, quienes criticaban no el contenido del artículo, sino  el carácter “no experto” de sus autores. Sin embargo desconocemos aún la identidad de esos reputados expertos, firmantes de lo que (hasta la fecha) no deja de ser un anónimo.
Tema interesante sin duda este del Experto. Hasta la fecha, cuando he enviado un artículo a una revista científica, he sido requerido a cumplimentar detalladamente los datos de filiación, la entidad para la que trabajo, la titulación académica, o la declaración de los conflictos de interés de los autores. El trabajo ha podido ser aceptado o rechazado en función de sus fortalezas(o carencias metodológicas, o por desgracia por no ser de interés el tema investigado por la revista correspondiente. Los mismos criterios he empleado cuando me ha tocado actuar de revisor. Pero nunca me han pedido, ni por supuesto he requerido, que el autor o los autores, fueran “expertos” en la materia. Si fuera así, la mitad del conocimiento científico de cualquier disciplina no se hubiera producido.
Mucho más importante que saber si el autor de un trabajo científico es o no es "experto", es empezar a hacer explícitos de una vez, los posibles conflictos de interés que tienen, no solo los autores de trabajos científicos ( cualquier revista que se precie , lo incluye entre sus requisitos imprescindibles), sino de forma muy especial los integrantes de los grupos de trabajo de las sociedades científicas en general, y del PAPPS y semFYC en particular. Dada la influencia que éstas tienen deberíamos conocer de quien y como reciben financiación.
Como señala Padilla, el tema de la vacuna del VPH es de suficiente relevancia para mantener un debate científico, argumentado en pruebas y no en descalificaciones de Expertos embozados. En cualquier caso la categoría de “Experto” abre una interesante línea de negocio para las múltiples agencias de acreditación que nos certifican la vida.
(Reproducción del cuadro los Embozados de José Chavez Morado. Mexic-Arte Museo)

miércoles, 24 de abril de 2013

Algo huele a podrido en el mundo de las vacunas


 “Something is rotten in the state of Denmark”
Hamlet (Act I, scene IV) W.Shakespeare.

La Asociación Nacional de Informadores de la salud (ANAIS) publicó recientemente  nada menos que un “Manifiesto por una comunicación responsable en vacunación”. Si uno quiere hacerse una idea sobre su objetividad  no tiene más que echar un vistazo a su página web y ver sus socios “protectores “ y “ colaboradores”. De la misma forma que, si revisan las entidades que avalan y colaboran el citado manifiesto, puede comprobar que no son otras que Sanofi Aventis MSD y GSK ( fabricantes de Gardasil y Cervarix, las dos presentaciones comerciales de la vacuna contra el virus del papiloma humano, VPH). En este sentido no estoy más que cumpliendo una de las recomendaciones de su “manifiesto” , que anima a “conocer los vínculos entre las fuentes de información y quienes las promueven, así como desvelar su identidad si fuera pertinente para su correcta interpretación”. Y mi interpretación al respecto es que la presencia de ambas empresas invalida la posible fiabilidad del manifiesto, simplemente por sus evidentes conflictos de interés. Pero eso no parece que preocupe lo más mínimo a la ANAIS.
Otra de sus recomendaciones habla de lograr altas coberturas en vacunación entre los profesionales sanitarios constituiría un ejemplo para la población”. Parece deducirse que de lo que se trata es de que los profesionales se vacunen, da igual de qué. Implícitamente da a entender que las vacunas son siempre buenas, efectivas y seguras. La cuestión del coste no debería tenerse en cuenta,puesto que “los argumentos de tipo clínico deben diferenciarse de otros como los económicos para evitar la confusión en la audiencia”.
Sin embargo las autoridades sanitarias españolas si han empleado con reiteración estos argumentos (económicos) para justificar la entrada en vigor del Real Decreto Ley 16/2012  (que modifica radicalmente los sujetos con derecho a prestación sanitaria y la cartera de servicios a la que éstos pueden tener acceso) , así como todas las medidas de recorte y racionamiento que han ido introduciendo los diferentes servicios de salud. Parece que las vacunas  quedan  fuera del debate político, admitido de manera unánime que siempre son seguras y efectivas, y que en estos casos “el dinero no importa”  . Como ejemplo de ello el último Consejo Interterritorial aprobó un nuevo calendario de vacunación unificado para todas las comunidades autónomas, que incluye la vacunación a todas las adolescentes españolas contra el VPH.
En el lejano noviembre de 2007 se constituyó una plataforma de profesionales sanitarios, promovida por Carlos Alvarez- Dardet , a la que se adhirieron más de 8.000 ciudadanos, ( entre los que se encontraba más de la mitad de los catedráticos de salud pública de España), y en la que se solicitaba una moratoria en la inclusión en el calendario de vacunaciones de la citada vacuna, ante la ausencia de evidencias indiscutibles respecto a su efectividad, seguridad y coste-efectividad. De las autoridades sanitarias solo se obtuvo silencio. La industria farmacéutica  por su parte utilizó una interesante campaña publicitaria  (con la ayuda cómplice de algunas sociedades científicas) , para fomentar su uso, a través de las redes sociales , la difusión viral en Internet y la comunicación boca-oreja ( formapartedelahistoria.org y cuentaselo.org) , cuyo cenit (muy a lo Bigas Luna en Huevos de Oro) fue la construcción de un monumento que representaba el fin del cáncer de cuello de útero.
Las razones para aquella solicitud de moratoria siguen estando presentes. La revisión que sobre el tema realizó Juan Gervas sobre la cuestión en 2008 sestá  plenamente vigente.La semana pasada Enrique Gavilán  revisaba de nuevo la cuestión en el blog de Miguel Jara. El propio Miguel publicaba hace unos días que, hasta el momento, y solo en Estados Unidos se han pagado cerca de 6 millones de dólares en compensaciones por los daños causados por la vacuna contra el VPH , a un total de 49 personas. Otras 92 están pendientes de resolver de un total de 200 casos presentados. En España el análisis de los efectos adversos de esta vacuna no existe. Uno no tiene más que intentar notificar un posible caso de efecto adverso para comprobarlo.
Se desconoce cual es la relación entre coste y efectividad de la vacuna entre otras razones porque desconocemos la efectividad de la misma a largo plazo, la duración de la inmunidad que pudiera producir y la historia natural de la enfermedad. Brisson en el CMAJ estimaba que a partir de una efectividad inicial del 95% , con solo una disminución de un 3% anual de la protección vacunal se precisaría vacunar a 9080 mujeres para prevenir un caso.
Dadas las dudas sobre su necesidad, efectividad, seguridad y elevado coste, en pocas intervenciones estaría más indicada la retirada de la cartera de servicios y su financiación pública. Si embargo el acuerdo de las autoridades al respecto es total. La repercusión y debate sobre la decisión del Consejo Interterritorial de una decisión de esta importancia, nula. Algo huele a podrido en el negocio de las vacunas.
Fotografia: "hermoso" Monumento que celebra el fin del cáncer de cervix ( Diario Las Provincias)

martes, 26 de febrero de 2013

¿Puede usted confiar en su médico?


En Francia dos acontecimientos recientes han puesto en cuestión la confianza de los pacientes en la medicina. El primero tiene que ver con la demostración  de la existencia de un mayor riesgo de sufrir un accidente vascular por la administración de los anticonceptivos llamados de 3ª o 4ª generación ( especialmente Diane) en comparación con otros contraceptivos más antiguos. El segundo está relacionado  con el éxito obtenido en Francia por el libro del profesor Philippe Even sobre el fraude de los tratamientos contra el colesterol titulado “La vérité sur lecolesterol” ( “no hay ningún ejemplo en toda la historia de los medicamentos de un patinazo científico y ético semejante, así como de una cascada de engañifas tan moralmente chocantes”). Even considera al colesterol un enemigo imaginario a la manera de Molière, contra el cual millones de personas llevan peleando desde hace años a través de unos medicamentos ( las estatinas) que no sirven de nada. Se trataría simplemente de “una enfermedad de charlatanes, inventada por la industria farmacéutica para acumular beneficios colosales”. Esto último parece difícil de discutir puesto que solo en Francia más de 5 millones de personas toman estatinas, lo que supone un gasto de 5 millardos de euros , aproximadamante una cuarta parte del déficit del seguro de enfermedad ( en el mundo se calcula que 200 millones de personas toman estatinas con un coste estimado de 25 millardos de euros).
Martin Winckler ( Marc Zaffran) , el autor de la imprescindible la Enfermedad de Sachs) reflexiona en su blog sobre semejante paradoja: el hecho de que cada mañana cientos de miles de personas descubren que han estado tomando durante años pastillas sin conocer sus peligros o cuya utilidad no está demostrada , y cuyos efectos secundarios  a largo plazo son desconocidos.
Para Winckler llueve sobre mojado tras el inmenso descontrol que supuso la gestión de la epidemia por el virus de la gripe A (H1N1). Porque desde hace tiempo vienen siendo denunciadas en Francia los silencios , embustes y manipulaciones en materia de medicamentos ( de lo cual los trabajos en Prescrire son buen ejemplo) sin haber tenido hasta la fecha demasiado éxito.
En estas circunstancias  ¿es posible seguir confiando en los médicos? La respuesta para Winckler es simple y complicada a la vez . La clave de la cuestión no es tanto si su médico le prescribió en su día un tratamiento hoy controvertido, sino la actitud que tenga ante esa noticia.
Hay un tipo de médicos en los que un paciente siempre puede confiar, según Winckler. Son aquellos que escuchan las preocupaciones de los pacientes y responden de la forma más precisa y honesta posible. Aunque esa respuesta sea simplemente decir, “ no lo se, pero me voy a informar”. Los que una vez informados presentan sus argumentos y dejan al paciente tomarse su tiempo antes de decidir; los que no pasan por alto lo que el paciente ha leído, sino que lo examina con él; al que no le duelen prendas por revisar sus hábitos de prescripción si hay pruebas de que pueden no ser adecuadas . Estos  médicos son capaces de generar confianza.
El  resto precisa reciclaje. Este concepto tiene para Winckler dos acepciones: una es la habitual de  ponerse al día; la otra es cambiar de oficio. Porque “ las responsabilidades de un médico son demasiado importantes como para dejarlas en manos  de cualquiera”. 
(Fotograma de la película La maladie de Sachs de Michel Deville)

jueves, 11 de octubre de 2012

A propósito de un caso

Hace más de tres años apareció por este blog el caso de mi sobrina. Sin haber tenido antecedentes previos de sintomatología neurológica alguna, acudió en los inicios de aquel 2009 en tres ocasiones sucesivas a urgencias por episodios de cefalea intensa, confusión y crisis comicial. El único punto en común de los tres episodios era que en las 48 horas previas a cada uno de ellos se le había administrado una dosis de Gardasil, la vacuna contra el papilomavirus humano. Los neurólogos que le atendieron inicialmente no lo consideraron relevante (las vacunas ya se sabe que son inocuas por definición), se le etiquetó de epilepsia mioclónica juvenil y se inició el correspondiente tratamiento con Keppra (levetiracetam). No se le advirtió de los efectos secundarios de esta medicación (entre las que se incluye confusión, amnesia, irritabilidad, cambios de humor y aumento de las pulsiones suicidas, según la FDA).
Como medidas suplementarias e indispensables para el tratamiento se le insistió en la prohibición absoluta de conducir, trasnochar o tomar cualquier tipo de bebida alcohólica. Limitaciones que no son menores en una joven de 18 años.
Durante estos casi cuatro años mi sobrina siguió rigurosamente las indicaciones de sus neurólogos. Sufrió episodios relativamente frecuentes de mal humor, hostilidad y ansiedad que fueron achacados a su mal carácter (por supuesto a nadie se le pasó por la cabeza que el Keppra tuviera algo que ver). Presentado finalmente el caso en sesión clínica se reconoció que la administración de Gardasil había sido un factor precipitante de la crisis, pero no la causa principal del cuadro, al entenderse que debería existir alguna predisposición latente.
Las consultas y notificaciones que se hicieron al Ministerio de Sanidad español recibieron siempre la respuesta de que la vacuna era muy segura y que no tenía apenas efectos secundarios. Visto lo acontecido ante el fallecimiento de una joven en Asturias  que había recibido la vacunación parece que  la opinión del Ministerio respecto a las bondades de la vacuna no parece haberse modificado sustancialmente.
Hace un año mi sobrina acudió a consulta de revisión donde, tras la buena evolución del cuadro, se le notificó que en la consulta de control del año siguiente (septiembre de 2012) se retiraría el tratamiento y paulatinamente podría volver a llevar la vida de una mujer de 21 años normal. Durante este año mi sobrina soñaba con la llega del deseado septiembre: podría sacarse el carné de conducir e incluso trasnochar como los amigas.
Cuando acude a consulta han vuelto a cambiar de neuróloga. La nueva le indica que aunque todo va bien, para asegurarse definitivamente debería continuar tomando un año más Keppra ( y guardando las precauciones consiguientes). Mi sobrina le indica a la neuróloga que hace un año le comunicaron que se retiraría la medicación en esa cita si todo iba bien, como así ha sido. La neuróloga responde con su mejor tono funcionarial: en la historia deberían haberlo apuntado pero no lo han hecho, y el protocolo es lo que estipula. Las limitaciones de la vida cotidiana que implica seguir con un tratamiento que en modo alguno es inocuo, a la neuróloga le traen sin cuidado. Los pacientes siguen estando para obedecer a los médicos, que muy pocas veces sufren las limitaciones a las que condenan. Pero tras la insistencia de la paciente decide mantener el tratamiento con Keppra por 6 meses en vez de un año. Al salir, mi sobrina comprueba con sorpresa que la neuróloga indica en el informe que se reduce el tiempo de tratamiento “a petición de la paciente”.
Interesante el modelo de medicina hacia el que nos dirigimos. Somos refractarios a la argumentación lógica respecto a los efectos secundarios de vacunas y fármacos. Se sigue recomendando con entusiasmo la administración de la vacunación contra el papiloma humano (incluso en varones) por parte de ciertas sociedades científicas,  pese a las evidencias cada vez mayores de su falta de efectividad e importantes efectos secundarios, como señalaba Carlos Alvarez-Dardet . Los fármacos que empleamos son tan seguros que no merece la pena perder el tiempo en informar sobre sus efectos secundarios, aunque el tiempo en el mercado del fármaco sea aún escaso y los efectos adversos evidentes. Y para cuando el enfermo discuta, siempre tenemos la muletilla de que lo hicimos “a petición del paciente”, que nos permite caer en el “seguro” del parchís y evitar que prospere cualquier reclamación.
Administraciones desaprensivas, laboratorios sin demasiados escrúpulos y médicos con evidentes conflictos de interés contribuyen a que este modelo de medicina predomine. No Gracias explicaba perfectamente hace unos meses el entramado en que se mueven los actores. Pero parece que a nadie importa.
(Viñeta de El Roto en El Pais)