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jueves, 8 de marzo de 2018

Mujeres: peores salarios, mejores desempeños



En un artículo publicado en JAMA en 2015 por Jena et al se demostraba que las mujeres era mucho menos probable que alcanzaran el nivel máximo de la carrera profesionalben medicina que los hombres (11,9% de ellas frente al 28,9% de ellos).La misma autora, demostró también en JAMA Int Med en 2016, que las mujeres médicas dedicadas a actividades académicas cobraban un 8% menos que sus colegas varones. Nada nuevo bajo el sol. Algo que ocurre en todos los continentes, en todas las profesiones, y ante lo cual muchos hombres ( y unas cuantas mujeres que votan a partidos de la derecha y el centro), creen que es tan inevitable como el ciclo del día y la noche : “no nos metamos en eso”, en palabras del presidente del gobierno español.
Entre las razones que se esgrimen para la diferencia salarial está el que las mujeres emplean con más frecuencia contratos a tiempo parcial, o permisos no remunerados, y por lo tanto su productividad global es mucho menor que la de los hombres.
Si mayoritariamente emplearan esa reducción laboral para cruceros locos por el Caribe aún podría considerarse un argumento  tan falaz, pero en su abrumadora mayoría la razón de esa reducción laboral está en que las mujeres siguen soportando el cuidado y la atención de la familia, ya sean niños, ancianos o enfermos.
Puesto a urgar en la productividad, mantra de la sociedad centrada en el mercado, o en los resultados finales de los sectores productivos, conviene no perder de vista lo que se sabe sobre el desempeño de unos ( hombres) y otras ( mujeres) en actividades clínicas.
Un equipo del departamento de Health Policy and Management de Harvard liderado por Yusuke Tusgawa, investigó la diferencia de resultados en pacientes ingresados en función de si la atención fuera realizada por hombres o mujeres. Analizaron la mortalidad a los 30 días de más de un millón y medio de hospitalizaciones en personas mayores de 65 años, una muestra representativa de usuarios de Medicare. Los resultados se publicaron en JAMA Internal Medicine en 2017, en uno de los trabajos más importantes del año.
Empleando un análisis de sensibilidad, solo examinaron la atención realizada por médicos o médicas focalizados en la atención hospitalaria, lo que en Estados Unidos corresponde a la figura de los llamados “hospitalist”, precisamente porque era donde la asignación de un paciente a un médico u otro es mucho más probable que sea aleatoria.
Los pacientes ancianos ingresados tratados por mujeres internistas tenían menor mortalidad y menor número de reingresos que los tratados por internistas varones; la mejora en la mortalidad fue mayor en los pacientes más graves,además. No es el primer estudio que demuestra que el estilo de práctica de hombres y mujeres es diferente. Roter et al, también en JAMA, ya demostraron que habitualmente las mujeres tienen un estilo de práctica más centrado en el paciente, y realizan visitas más largas que los médicos hombres. En nuestro país, Ana Delgado y Luis Andrés López Fernández llevan demostrándolo desde hace casi dos décadas, como muestra este trabajo en Gaceta Sanitaria.
Escucha, atención centrada en el paciente, consultas con el tiempo necesario, y no los 5 minutos que establezca la agenda. Elementos que obtienen mejores resultados en la salud, aunque quizá empeoren el cuadro de mandos de algún burócrata.
Leer hoy la web de El Diario permite apreciar “los huecos” que quedan en un periódico cuando las mujeres no están. Como se apreciarán las intervenciones quirúrgicas no realizadas, las clases no impartidas, las mil tareas domésticas que hoy no se realizan. Tanto trabajo que parece invisible, que queda difuminado en la vorágine de la vida cotidiana. Tan invisible como este trabajo de Yusuke Tusgawa que pone de manifiesto que, además, su atención es mejor para la salud de los pacientes que la que realizamos nosotros, los hombres.
Triste que solo mediante días como el dé hoy nos demos cuenta de una injusticia tan global, tan brutal.

martes, 4 de abril de 2017

Congresos




Hace unas semanas una colega iberoamericana, que realizaba una estancia formativa en España, me manifestó su interés en asistir al Congreso Nacional de Hospitales, recientemente celebrado en Sevilla, y que en este año alcanzaba su edición número 20. El único problema era que el precio de la inscripción, 655 euros, estaba completamente fuera de su alcance. A pesar de las gestiones que intentó realizar no le fue posible asistir al mismo. Con cierta retranca me preguntó si en España podemos permitirnos pagar estas cantidades por asistir a un congreso.
La respuesta es obviamente no, a menos que uno sea familiar del gran filántropo Amancio Ortega o implicado en los papeles de Panamá.  Y sin embargo más de 2000 profesionales encontraron la forma de financiar, no solo la cuantiosa inscripción, sino los inevitables gastos de desplazamiento y estancia.
Esquilmados muchos de sus tradicionales “bancos de pesca” por las políticas de uso racional de medicamentos y control del gasto implantadas en las últimas décadas,la industria farmacéutica  ha encontrado nuevos caladeros que no van ligados a especialidades concretas, sino a entornos transversales que pueden interesar y atraer a múltiples profesionales de muy diferentes entornos: uno de ellos es sin duda el de la gran moda de nuestro tiempo, el croniquismo ilustrado, que tiene su momento cumbre anual en la celebración del Congreso Nacional de Atención al Paciente Crónico, y que ya va por su 9ª edición al módico precio de 500 euros, algo menos si uno pertenece a las dos sociedades impulsoras de la iniciativa, semFYC y SEMI, y algo más si uno se despista y se le echa el plazo encima.
La otra gran iniciativa transversal es este gran congreso de hospitales, que desborda las fronteras del “castillo hospitalario” (en la afortunada metáfora de Mathers y compañía) para impregnar la práctica totalidad de la sanidad, desde su sostenibilidad al big data, de la atención integrada a la gestión de patentes.
Es interesante observar la aparición de una nueva “colusión de intereses” de este modelo emergente, en que comparten inauguraciones, discursos magistrales de la máxima autoridad política correspondiente, canapés y cenas, políticos sanitarios de cualquier signo y gestores de cualquier modalidad de gestión, con la “industria farmacéutica” tan denostada por esos mismos políticos y gestores, pero que de una forma u otra paga el dispendio.
De nuevo se asistió en Sevilla a ese vistoso espectáculo que ya comentamos aquí, consistente en que cada mesa redonda lleve incorporado el logo del financiador de turno, de Novartis a Boheringer, de Roche a Abott, pero de la que no están exentos nuevos patrocinadores ávidos de buenos negocios, desde American Express a Siemens, de Medtronic a Elsevier.
En un sistema sanitario que falsea y oculta sus datos, sobre la que se cierne la amenaza de su desaparición en la forma en que la mayor parte de los ciudadanos prefieren ( un sistema público de calidad, gratuito en el momento de la prestación y financiado por impuestos), será difícil ganarse y mantener la confianza y el compromiso de los profesionales, y convencerles de la necesidad de utilizar criterios de evidencia y coste oportunidad en el uso de las tecnologías, si observan como aquellos que les dirigen se apuntan también al tentador carro de congresos masivos, fastuosos y cuyos precios desorbitados…pagan otros. Porque ya se sabe que al final, siempre el que paga manda.
En 2012 Ioannidis ya escribió en JAMA que no existe evidencia que soporte la utilidad de los congresos. Y además señalaba: “ A la inversa, algunas pruebas acumulativas sugieren que los congresos médicos pueden servir a un sistema de valores cuestionables que pueden ser dañinos para la medicina y los sistemas sanitarios". Las razones de ello eran múltiples para Ioannidis: el consumo de combustible de tanto viaje inútil, la ingente producción de comunicaciones y póster de escaso valor científico y aún menor control de calidad, la limitada utilidad práctica de lo comunicado,... Con su habitual capacidad de provocación Ioannidis sugería excluir de los comités de cualquier congreso a cualquier persona con vínculos con la industria en los últimos tres años, además de,¿por qué no?, realizar algún ensayo clínico controlado de congreso frente a control.
Las reuniones de profesionales posiblemente serán siendo necesarias a pesar de las inmensas posibilidades de intercambio y aprendizaje que ya ofrecen las nuevas tecnologías. Siempre será interesante conocer personalmente a alguien a quien admiras profesionalmente y con el que tal vez puedas acabar trabajando juntos. Y hay formas de hacerlo sin inscripciones obscenas, multitudes que vacían las salas y abarrotan las playas, y mesas redondas portadoras de carteles publicitarios como los futbolistas de hoy .
Solo unos días el I Congreso de la Cabecera demostró que se pueden acabar las inscripciones a más velocidad que se agotan las entradas del Boss ( con el consiguiente cabreo para los que se quedan sin entrada), para asistir a un congreso cuyos temas y ponentes lo deciden estudiantes y residentes, y donde no hay cuota alguna que pagar ni logo alguno que mostrar.
Conviene que nos vayamos decantando respecto a de qué lado estamos. 

( Fotografías:imágenes de los dos congresos citados)

jueves, 23 de marzo de 2017

El Reino de las dos caras ( Primera parte)




“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos directos al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto.”
Historia de dos ciudades. Charles Dickens.

Érase una vez un extraño lugar en el que, al igual que en la novela de Dickens, todo lo poseíamos pero no teníamos nada; alternaban días de tiniebla y noches de luz,  prontos de locura y fogonazos de sabiduría. En aquella distinguida corte convivían un viejo hospital, situado en las eras del Cristo, y un complejo hospitalario más moderno conformado por un hospital general, un centro materno-infantil y otro traumatológico.
Un buen día, hace cerca de veinte años, se llegó a la conclusión de que el viejo hospital necesitaba con cierta urgencia buscar nuevo acomodo donde albergar a los “magos”, los que con bolas de cristal y manos de acero solventaban las graves dolencias de la mitad del reino. El viejo Rey decidió construir un nuevo centro, en la parte sur de la ciudad, donde no existía nada que pudiera parecerse; y así fue surgiendo entre planos y planes funcionales, una nuevo concepto de atención a los enfermos imbuida de las últimas tendencias en procesos asistenciales, tan de boga entonces. Pasaron los años, el centro fue tomando su forma, llegó la crisis y cuando ya se acercaba el deseado momento de su puesta en marcha, la nueva reina,bajo la influencia de sus consejeros, tomó una decisión insólita : en lugar de trasladar un hospital de lugar, se recolocarían todas las estructuras hospitalarias de la ciudad. Tocaba barajar las cartas y repartir de nuevo. Y así el flamante centro sería ocupado por un nuevo hospital quirúrgico y traumatológico, el viejo hospital traumatológico por el futuro centro materno-infantil, y el viejo hospital materno-infantil por un moderno centro dedicado a la oncología y la hematología de primer nivel. El nuevo reparto de cartas implicaba fusionar servicios y culturas, no pareciendo que estuvieran muy por la labor los afectados por la ocurrencia. Pero como la opinión de los súbditos solo es tenida en cuenta cuando coincide con los designios del monarca, se siguió adelanto con el proceso que (a falta de cifras oficiales), parece ser que fue de todo menos barato.
Y así cerca de quince años después de colocar la primera piedra del nuevo centro, éste comenzó a funcionar para un uso distinto a su uso inicial. Sin embargo el juego de las sillas no funcionó como se esperaba, y la muchedumbre empezó a mostrarse francamente descontenta, puesto que se precisaban ciertos estudios para saber a dónde acudir en función de la dolencia que a uno le afligiera. El malestar necesitaba su cauce, y así, un buen día apareció un caballero andante que emprendió su particular revuelta contra aquel estado de cosas: la mecha prendió un verano particularmente seco, arrasando cuanto a su paso encontraba: sucesivas manifestaciones multitudinarias en que participaban juntas señoras con abrigos de piel y músicos ambulantes, se llevó por delante a dos gerentes, un vice-consejero y el máximo responsable del servicio de salud, de forma que su alteza se rindió incondicionalmente entregando armas, bagajes y argumentos: primero fue la promulgación de la orden que derogaba la fusión de los centros hospitalarios, y hace dos días la rendición final con lo que implica: como en la viejo clásico de los Hermanos Marx, se procederá a rellenar el hoyo que se había escavado, de forma que el nuevo y flamante hospital quirúrgico volverá a ser un hospital general, el nuevo y flamante hospital materno-infantil ( dotado de modernos paritorios preparados para toda modalidad de parto y habitaciones infantiles) volverá a ser traumatológico, y  el futuro hospital del cáncer regresará a su pasado como centro materno-infantil.
La muchedumbre aplaude alborozada.
¿Y el coste? En el Reino de la abundancia eso no importa.
 ¿Y el coste de oportunidad? En esta parte del Reino de las Dos Caras eso no existe.

Fotografía: El Dr. Jesús Candel ( Spiriman) a lomos de un Policía Local en el juzgado de paz de Albolote.Agencia Efe