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domingo, 9 de octubre de 2011

El gen optimista

Richard Dawkins, el provocador profesor de Zoología de Oxford, y bestia negra de los creacionistas por sus denodados esfuerzos por cuestionar las creencias religiosas desde un punto de vista científico ( léase The Delussion of God ), relativizó mucho nuestra relevancia como especie, al formular su teoría del gen egoísta ( (The selfish gene), según la cual en el fondo no somos más que “ máquinas de supervivencia, autómatas programados a ciegas con el fin de perpetuar la existencia de los egoístas genes que albergamos en nuestras células”. En definitiva, aunque nos creamos llamados a grandes y altruistas empresas, parece que en el fondo no somos más que inocentes autómatas en manos de nuestros despiadados genes.
Para aliviar tanto desasosiego han llegado un grupo de investigadores de UCLA, en que “parecen” haber descubierto el llamado gen del optimismo, jaleado por los entusiastas del pensamiento positivo. Buena noticia para la industria del optimismo y sus gurús, una de las más prósperas en esta época tenebrosa.
Sin embargo, cuando se rasca un poco en el contenido del trabajo de Shimon Saphire-Bernstein y compañía en la prestigiosa PNAS, parece que aún queda algo de trecho para noticia tan ¿esperanzadora?.  Lo que defienden en su trabajo es haber descubierto una relación entre el receptor de oxitocina (OXTR) SNP rs53576 y los recursos psicológicos (optimismo, autoconfianza y autoestima), de forma que a los que el destino condenó a tener el alelo “A”, tendrán menores niveles de dichos recursos ( ya sean A/A o A/G) que los homocigotos G/G. Malas noticias para lo asiáticos, que parecen dotados con mayor frecuencia que los occidentales del temible alelo A.
Los autores definen el optimismo como “la extensión con que la gente tiene expectativas favorables con respecto al futuro”. Si nos atenemos a la misma, el pesimismo endógeno que se tiene en España respecto a la situación general del país, y especialmente la  económica, quizá se deba solamente al maldito alelo A, que posiblemente esté muy extendido entre nuestro material genético ( tal vez una prueba indirecta de que nuestro origen es asiático).
El grupo de Saphire-Bernstein establece el nivel de estas tres cualidades  (optimismo, confianza en uno mismo, autoestima) mediante el uso de otras tantas escalas ( Life- Orientation Test para el primero, la escala Pearlin Mastery para la segunda y la escala de autoestima de Rosenberg para la tercera). Según los autores las tres cualidades están estrechamente relacionadas con la salud ( especialmente la mental), hipótesis que sigue estando cuestionada. Los propios autores reconocen las evidentes limitaciones de su estudio: su diseño descarta una conclusión definitiva respecto a la asociación causal entre el polimorfismo del OXTR, los recursos psicológicos y la depresión.
Como señalaba Barbara Ehrenreich en su imprescindible Brighted Sided ( (how positive thinking is undermining America) , del que ya hablamos aquí, la carga de la prueba vuelve a estar del lado del que sufre las circunstancias adversas en su vida, que o bien nació con deficiencias genéticas o bien no se esfuerza lo suficiente en su optimismo.
Poco importancia tiene saber que en el periodo entre 1981 y 2003 30 millones de trabajadores americanos a tiempo completo pedieron sus trabajos por regulaciones empresariales diversas, según contaba Louis  Uchitelle en The Disposable American ( la América de usar y tirar). O comprobar que la brecha entre los más poderosos y los más débiles aumenta cada día: si el ratio de retribución entre  un consejero delegado y  un trabajador aumentó del 24:1 en 1965, al 300:1 en 2000 (como señalaba Robert Frank en su Richistan) ¿  cuanto habrá aumentado en esta última década, en la que los miembros de los consejos de administración se asignan indemnizaciones millonarias a pesar de dejar a sus empresas en la ruina?
Cuando es tan evidente, como hoy en día,  la importancia de las circunstancias ambientales en el optimismo de la gente, en su autoestima, o en su propia confianza en superar las adversidades, las permanentes llamadas a la necesidad de mejorar el optimismo (cuando no su dotación genética) no deja de resultar insultante. En estas circunstancias , como decía el personaje de Milan Kundera en The Joke no queda menos que pensar que el “optimismo es el opio del pueblo”.

(Viñeta de El Roto en El País de hoy)

sábado, 8 de enero de 2011

Los riesgos del optimismo

(Publicado el martes 4 de enero en Diario Médico)

Some things in life are bad, They can really make you mad
Other things just make you swear and curse.
When you're chewing on life's gristle
Don't grumble, give a whistle
 And this'll help things turn out for the best...
And...always look on the bright side of life...
La vida de Brian. Monty Phyton.


En las librerías de los aeropuertos no suele haber clásicos (como El guardián entre el centeno o Tristan Shandy). Tampoco Shakey, la mejor biografía de Neil Young. Pero sí hay un expositor completo dedicado a libros de Management, sorprendentemente en la sección de No Ficción, a pesar de ser habitualmente excelentes cuentos: desde leyendas medievales, a ingeniosas aplicaciones a la empresa moderna de la forma de jugar de la Selección española de fútbol.
El negocio de los libros de autoayuda bajo el pseudónimo de “Management” es sin duda uno de los negocios florecientes, aún en tiempos de crisis. Como lo es también el número creciente de directivos que recurren a “entrenadores personales “ (Coachers), y cuyo trabajo va dirigido en buena medida a estimular el “pensamiento positivo” de los directivos: más de un tercio de las empresas del “Footsie 100” ( las 100 primeras empresas de la Bolsa de Londres) recurrieron a ellos en 2007.
En los últimos años la necesidad de ser optimista ante los retos diarios ha pasado a ser una obligación. El “buen rollito”, esa  permanente exigencia a poner siempre buena cara, sonrisa abierta (aunque sea falsa), y evitar enfrentamientos o discusiones, se ha convertido en un mantra de continua repetición por gurús, consultores expertos y directivos. Libros como La meta, ¿Quién se ha llevado mi queso?El Secreto o últimamente llegan a regalarse, por políticos y directivos, como medio de aparente motivación y estímulo del optimismo, a pesar de su escaso (por no decir nulo) valor literario (del científico, mejor no hablar: el incorregible Sánchez Ferlosio  llegó a tildar de “libro oligofrénico” al famoso libro del queso 
Tal vez por ello, un número creciente de subordinados sufre un deseo desenfrenado de dar a sus jefes buenas noticias a cualquier precio, algo que se reflejaba muy bien en Michael Clayton la película de Gilroy protagonizada por George Clooney. Ejemplo del síndrome de la burbuja ( Bubble- itis) , una pompa de constante y acrítico refuerzo para los jefes, y que no deja de ser una versión moderna del  emperador desnudo, reflejado en el cuento de Andersen.
Sobre los peligros inherentes al optimismo trata Bright-Sided, How Positive Thinking is undermining America ( El lado soleado. Como el pensamiento positivo está socavando América).  Está escrito por Barbara Ehrenreich, habitual colaboradora del New York Times o Atlantic Monthly, y en él realiza un interesante repaso a las falacias del optimismo (como la de pensar que una actitud optimista aumenta tus posibilidades de supervivencia ante un cáncer de mama), al increíble negocio que suponen las supuestas ciencias de la Motivación y la Felicidad, y, de forma especial, al importante papel que ha supuesto la ideología del optimismo en la actual crisis económica: la visión excesivamente positiva de los hechos, la confusión entre percepciones y emociones, a menudo invita a tomar más riesgos de los necesarios, con consecuencias catastróficas, como se ha visto. Según Ehrenreich, bajo la cultura moderna del optimismo subyace en el fondo una ideología, que lleva a invertir la carga de la prueba (uno es despedido por la falta de actitud positiva, más que por los problemas económicos de su empresa; al fin y al cabo, un despido debe entenderse como un regalo, dadas las infinitas oportunidades que se abren ante el parado).
Ninguna especie animal utiliza el optimismo como rutina. Bien al contrario, una actitud recelosa y vigilante es generalmente la base de la supervivencia. El que el grupo sobreviva depende de ver las cosas como son, y no como nos gustaría que fueran.
Atul Gawande es cirujano general en Harvard Medical School, y autor de una interesante línea de publicaciones en seguridad del paciente. Defendía hace unos años en el New York Times lo que llamaba “ el pensamiento negativo”: “Si uno está luchando contra un cáncer o un grave problema en el trabajo, la sabiduría dominante es que el “pensamiento positivo” ( “El Secreto” por ejemplo) es la clave. Pero yo creo que la clave, sin embargo  es el “pensamiento negativo”, buscar y vigilar la posible aparición del fallo”.
En lugar de tanto fomento del pensamiento positivo no estaría mal fomentar otro tipo de pensamiento, el crítico. En palabras de Ehrenreich: “los nuevos graduados deberían ser capaces de desafiar el pensamiento de la autoridad, cuestionar las opiniones de sus compañeros y defender nuevos puntos de vista".


domingo, 21 de noviembre de 2010

Carpe diem: ¿las primeras evidencias?

'So in general, sir, would you say you were happy, unhappy or just a little bit depressed?
(Tomado de Daily Mail,16 nov 2010)

En estos tiempos oscuros, en los que Irlanda acaba de aceptar ser rescatado económicamente por el Sr. Scrooge y sus secuaces, la felicidad ( paradójicamente) sigue estando muy de moda. Tal vez como medida de despiste colectivo, investigadores de postín, divulgadores variados y políticos emergentes colocan a la felicidad entre los temas prioritarios de debate. Hace unos días el nuevo premier británico, David Cameron, pocos días después de anunciar el mayor recorte en el estado de bienestar británico desde 1950, proponía incluir a la felicidad en los aspectos analizados por el Office of National Statistics, posiblemente con información de retorno ya en la próxima primavera.
En esa línea, dos reputados psicólogos de Harvard, Matthew A. Killingsworth y  Daniel Gilbert ( el autor de unos clásicos divulgativos sobre el tema, Stumbling on Happiness) publicaban en Science la semana pasada un interesante trabajo sobre la percepción de la felicidad de 2250 adultos, eso si, usuarios habituales de i Phone:  como señala en su reciente libro In pursuit of happiness Derek Bok, el Iphone y los antidepresivos son los modernos equivalentes del soma de Goerge Orwelll en 1984).
Pues bien, los investigadores de Harvard, utilizando una aplicación específica para iPhone, encuestan a lo largo del día (hasta un máximo de tres veces, pactado previamente ), a los sujetos de estudio para conocer tres aspectos:
- el grado de felicidad que en ese momento tienen: "¿ que bien te sientes hoy en una escala de 1(muy mal)  a 100 ( muy bien?)".
- El tipo de actividad que estaban realizando ( " ¿qué estás haciendo en este momento?", entre un listado de 22 actividades, que incluían desde trabajar, ver la televisión o hacer el amor.
- Si estaban pensando en ese momento en la tarea que tenían entre manos o bien andaban prepocupados mirando al pasado o al futuro (  "¿estás pensando en ste momento en algo diferente de lo que estás haciendo?"
La tasa de respuestas, en una media de 50 peticiones de información, fue del 83%.En 45% de la ocsaiones la gente tenía " la cabeza a pájaros", es decir, andaba pensando en otra cosa., ya fueran fueran placenteras ( 43%) , neutras ( 31%) o desgradables ( 27%).
La única actividad donde la concentración en el asunto era alta ,era mientras andaban haciendo el amor , pero incluso un 30% de los tipos ni por esas ( también sería interesante conocer qué explicaciones darían a sus parejas cuando conestaran al iPhone en semejante trance)
Las personas que tenían la cabeza en otra cosa de la que estaban haciendo ( fuera desgradable o placentera) tenían un nivel más bajo de felicidad percibida que las que "estaban en lo que estaban ".
Como señalaban los autores " a human mind is a wandering mind, and a wandering mind is an unhappy mind'.Con lo que en cierta forma, la enorme cola de filósofos, pensadores y charlatantes ( que de todo hay) que recomendaron a lo largo de los siglos el centrarse en el momento, parece que tenían razón. 
Las limitaciones del estudio son múltiples, algunas señaladas en el trabajo: desde el sesgo del respondiente como en cualquier encuesta, al uso de un artilugio tan poco representativo de la población general como son los juguetes de Apple. También debe estar uno bastante predispuesto a estos temas para participar en un estudio de estas características. Pese a todo lo han publicado en Science. Imagino que no lo habrán enviado a nuestras revistas más "impactantes" ( tipo Gaceta o Medicina Clínica), porque lo hubieran rechazado por las limitaciones metodologicas y falta de seriedad evidentes.
Pero en cualquier caso, y al margen del interés que evidentemente tiene profundizar en el conocimiento de lo que nos hace la vida más agradable, el uso por primera vez a gran escala de los teléfonos inteligentes, abre interesantes perspectivas de investigación, otra línea para la que las redes sociales e instrumentos 2.0 pueden dar insospechados frutos.
Si alguien tiene interés en participar en el estudio, puede animarse a consultar la siguiente página.
Al final tenía razón James Taylor:
The secret of life is enjoying the passage of time
Any fool can do it
There ain't nothing to it
Nobody knows how we got to
The top of the hill
But since we're on our way down
We might as well enjoy the ride

Secret of life. James Taylor.1977            

viernes, 26 de marzo de 2010

Talk deeply, be happy


Here is a little song I wrote
You might want to sing it note for note
Don't worry be happy
In every life we have some trouble
When you worry you make it double
Don't worry, be happy......
Here I give you my phone number
When you worry call me
I make you happy
Don't worry, be happy
Bobby McFerrin.1988.



Hasta la aprobación a principios de esta semana de la reforma de Obama, una de las noticas estrellas del New York Times lleva el título de este encabezamiento: Habla de temas sustanciales y serás más feliz..Siguiendo con el tema dominante en estos últimos post ( felicidad) parece ser que hablar de cosas profundas, como el sentido de la vida, produce más felicidad que hablar del tiempo, según un estudio del grupo de Matthias Mehl de la Universidad de Arizona.
Lo que, de alguna manera, cuestiona la filosofía subyacente en la famosa canción de Bobby McFerrin, sobre la conocida frase de Meher Baba.
Dos son razones que podráin justificar semejante teoría: por una parte, los seres humanos parece que estamos programados para buscar sentido a la vida, como la vieja película de los Monty Python. Por otra, somos una especie social, interesada siempre en establecer lazos con otros seres humanos.
El trabajo es un estudio de observación naturalista con un escaso número de casos en que se investiga si las personas con un mayor o menor grado de felicidad tienen un mayor o menor número de conversaciones profundas. En definitiva pretende estudiar las circunstancias en que se desarrolla la vida cotidiana de las personas que, aparentemente, mayor grado de felicidad tienen.
La identificación de la   "profundidad" de las conversaciones se realiza por los evaluadores a partir del análsis del registro electrónico que graba 30 segundos de conversación cada 12 minutos y medio durante cuatro días . La evaluación del grado de felicidad a partir de un método múltiple que combina cuestionarios individuales (Satisfaction with Life Scale) con registros de la valoración de informantes externos.
Por supuesto, pocas conclusiones se pueden sacar de un estudio con tan pocos casos, en las que además los participantes son estudiantes. Pero si pone de manifiesto que sabemos muy poco sobre las cosas que nos hacen felices. Y que el tema genera cada vez más interés como objeto de análisis científico.
Al final va  a ser cierto que ser un atormentado también lleva a la felicidad

viernes, 19 de marzo de 2010

¿Resultado o Proceso?

Time is a lion when you are a lamb
The years see the best of intentions and greed
they come without shame, they'll leave you with some
Men become old 

when their hurt becomes need, 
but time is a lover and your time is young


Time is a lion.  
Civilians
Joe Henry.

A vueltas con la felicidad, se ha publicado en el TED, la conferencia que impartió en el foro danés de Arbejdsglæde ( algo así como " Disfrutar trabajando"), el profesor de la Universidad de Columbia Srikumar Rao. El profesor Rao fue profesor en Columbia Business School y en Berkeley, siendo un experto en creatividad y liderazgo.
Y como todos los gurús en la materia, se pregunta sobre qué es lo que hay que hacer para ser más felices.Y paradójicamente la respuesta es... que no hay que hacer nada. El problema es que , en su opinión, estamos programados para ser infelices.
La base de ese aprendizaje malévolo es lo que él llama el modelo If...Then.  Es decir si yo tuviera, fuera , ganara, viviera, dominara, ...esto, eso o aquello,.entonces yo sería feliz. En definitiva, un modelo mental de logro, centrado en la consecución de algo: dinero, influencia, prestigio, sexo, amor..Entre unos y otros solo diferimos en el foco de nuestro deseo. Siempre la ansiedad de las expectativas. Pero luego las expectativas no se corresponden con la realidad. 
Ya veíamos hace unos días  a propósito de la conferencia de Kahneman que no se encuentra la  correlación que suponíamos entre más salario ( por encima de una cierta cantidad) y más experiencia de felicidad. 
A diferencia de estas expectativas,Rao comenta que, al recordar aquellas situaciones en las que uno se sintió feliz,generalmente se comprueba que suelen son momentos en los que simplemente aceptamos  las cosas como fueron, sin pedirle valores añadidos.
La orientación a resultados, otra de las modas de nuestro tiempo, no suele tener en cuenta el hecho de que buena parte del resultado al que aspiramos puede estar fuera de nuestro control. Y sin embargo, solemos interpretar éste en términos de éxito o fracaso: "si consigo la meta, he  triunfado, y si no, he fallado.
Para Rao, la alternativa sería invertir más en el propio proceso y no tanto en el resultado. Centrarse en la tarea que uno está haciendo, procurar  hacerla lo mejor posible, y disfrutar al máximo de ello.
Es inevitable caer en un cierto escepticismo cuando se escuchan estas cosas. Es verdad que ,además, abordan cuestiones resbaladizas, de muy dificil investigación. Pero cuando los modelos de evaluación de las organizaciones y del desempeño de sus profesionales se orienta tanto a los resultados finales, de muy dificil medida y con tal cantidad de factores que intervienen en los mismos, puede estar bien ser prudente, y pensar en las bondades de hacer bien lo que cada día toque. Sin muchas más aspiraciones. 
Lennon decía que "Life is what happens to you while you're busy making other plans". Para Henry "mientras que tu eres un cordero el tiempo es un león". Al final saben más los cantantes que los dirigentes.

sábado, 13 de marzo de 2010

Apostillas sobre Kahneman



En el último post comentábamos la conferencia de Kahneman en TED en relación  con las diferencias entre las experiencias y su recuerdo cuando hablamos de felicidad. Al acabar la misma, Chris Anderson , conductor de TED ( no confundir con Chris Anderson , el autor de The Long Tail y editor de Wired) le preguntaba sobre uno de sus últimos trabajos, una encuesta realizada para Gallup con una amplia muestra de norteamericanos ( alrededor de 600.000).
El dato más relevante de la encuesta es un número: 60.000 dólares.
Con respecto a la experiencia de felicidad, si el salario anual es menor de esa cantidad, la experiencia de felicidad dismiuye de forma proporional a los ingresos. Pero, sin embargo, por encima de la misma, no se observa un incremento proporcional en la experiencia de felicidad según aumentan los ingresos, sino una línea completamente plana.Como bien dice Kahneman " el dinero no compra tu experiencia de felicidad, pero ciertamente su ausencia si compra tu miseria".
Nuestro recuerdos respecto a la felicidad,en cambio, dice algo bien distinto: "cuanto más dinero ganes , más satisfecho estarás".
El que está dispuesto a mantener el salario o incluso a perder un poco de dinero  a cambio de una oferta de trabajo más estimulante o interesante, ha sido tradicionalmente tachado de idiota, cuando no de loco. pero al final parece que tal vez tenga razón..
Cuando en la maravillosa Les Enfants de Marais ( La Fortuna de vivir) Jacques Villeret le dice a Michel Sarrault: "A mi me encantaría ser rico" , éste último, millonario en los últimos años de su vida , le responde "nunca he sido tan rico como cuando vivia en el pantano".Un pantano en el que se pescaban ranas, se bebía vino, se reía mucho y se compartía todo.

jueves, 11 de marzo de 2010

La experiencia y su recuerdo (o de cómo nos engañamos sobre lo felices que somos)


" La vida es un recurso finito que gastamos durante nuestra estancia en la tierra"
 Daniel Kahneman


Recién salido del horno, el TED ( la increíble plataforma virtual de conferencias que patrocina la BMW) acaba de publicar la conferencia que dio en Monterrey en febrero el Nobel de Economía Daniel Kahneman.
Kahneman es el padre de la Economía de la Conducta, y tal vez el psicólogo vivo más influyente. Cuando el Banco de Suecia le otorgó el premio Nobel, en cierta manera estaba reconociendo que gran parte de la teoría económica que había dominado durante gran parte del siglo XX, y que considera al ser humano una especie racional estaba en buena parte equivocada; buena parte de nuestras decisiones son irracionales, y en ellas influye de manera muy especial la emoción. Mucho debemos en el conocimiento de todo ello a los trabajos de Kahneman y Tverski.
La felicidad está de moda en los sistemas sanitarios; las más prestigiosas publicaciones sea en el ámbito de la salud o la economía sanitaria se plantean considerar a la felicidad como un resultado más de la actividad sanitaria. No es una idea nueva. El gran Tudor Hart ( The political economy of healthcare: a clinical perspective.2006) ya planteaba  que si la mayoría de las actividades del NHS no implican salvar vidas, sino hacerlas más felices y menos dolorosas, tal vez el aumento de la felicidad y la reducción del dolor fueran mejores medidas de producción ( del sistema sanitario).
La conferencia de Kahneman habla de las trampas "camboyanas" que esconde el hablar de la felicidad. Y la principal  es la confusión que solemos tener entre nuestras experiencias y nuestros recuerdos de las mismas: no es lo mismo hablar de si eres feliz EN tu vida o si eres feliz CON tu vida. En este sentido cuenta la experiencia de un colega que cuando asistía a una gloriosa sinfonía, ésta se vio empañada por un estruendo horrible al final de la misma: en su percepción el ruido arruinó toda la experiencia previa. Para Kahneman la experiencia  ya estaba ahí, con toda su gloria. Había pasado y se había disfrutado. Lo que se estropeó fue el recuerdo de la misma
Experiencias y recuerdos  son cosas diferentes. Nuestra memoria  es un magnífico cuentista. Su capacidad de seducción hace que nos creamos sus patrañas. Y nuestros recuerdos se construyen (según Kahneman), a través de los cambios que experimentamos en su vivencia, los momentos significativos que nos aportan, la forma en que finalizan. En una vida puede haber 600 millones de momentos, de las cuales la mayor parte no deja traza alguna. Si vamos de vacaciones dos semanas y las dos son igual de estupendas, la experiencia conjunta no es el doble de satisfactoria, porque no hay apenas cambios en la percepción de la experiencia.
Hace ya unos cuantos años Kahneman realizó un estudio muy interesante con pacientes a los que se sometía a una colonoscopia: cada 60 segundos se le preguntaba por la intensidad del dolor (también hay que ser un poco sádico). Los que pasado un tiempo tenían un recuerdo más doloroso no eran los que habían descrito mayor intensidad de dolor en el procedimiento, sino aquellos en los que la intensidad del mismo era mayor en el momento en que terminaba la prueba.
Habitualmente elegimos entre recuerdos, no entre experiencias. Incluso cuando pensamos en el futuro pensamos sobre recuerdos anticipados. No nos preguntamos sobre lo felizmente que vivimos, sino más bien  sobre lo  feliz  que nos sentimos cuando pensamos en nuestra vida.
El trabajo (sea de gestión, sea clínico, o sea una mezcla de los dos) es una sucesión interminable de experiencias en las que algunas dejan marca: las que significan cambios, las que aportan momentos significativos, las que terminan abruptamente (nadie olvida su cese) Sobre su recuerdo solemos  hacer el balance de si nuestro trabajo merece la pena, si es equilibrado el precio que se paga. y el beneficio que se obtiene. No conviene confundirnos entre lo que vivimos y los recuerdos que nos trae lo vivido. En especial cuando miramos hacia delante.


lunes, 31 de marzo de 2008

FELICIDAD Y SISTEMA SANITARIO: ¿ALGO MÁS QUE UNA MODA?

Tras la provocadora clase de Pepe Martín la semana pasada es manifiesta la vigorosa aparición de la Felicidad como tema a discusión en el terreno de la salud y, por qué no, en los sistemas sanitarios. Sea en el campo de la Salud Pública o en el de la Economía, la Felicidad se convierte en un nuevo objetivo a investigar, valorar, perseguir, alcanzar…Ya no solo es materia de estudio desde el ámbito de la filosofía, la psicología, la pseudo-ciencia de los libros de autoayuda. Investigadores prestigiosos, universidades de referencia, revistas como Science o Nature dan pábulo a trabajos en este ámbito.
Pero, ¿es posible definir una variable de estudio tan compleja como la felicidad? Si fuera posible,¿deben preocuparse los sistemas sanitarios de la felicidad de sus ciudadanos? ¿Y de sus profesionales? Y una vez más, ¿puede incluir también entre sus prestaciones un sistema sanitario la aspiración a la felicidad de sus ciudadanos?
Difícil sí, pero no descabellado si recordamos la definición utópica de salud de la OMS.
Algunas aportaciones: la felicidad aparece como una conquista debida a la prolongación de la vida de la especie humana. Solo comienza a pensarse en ella cuando la perspectiva de vida abarca más allá del tiempo preciso para perpetuar la especie. Algo que comparte con la aparición de la salud como objetivo. Ante la perspectiva de vivir ochenta, noventa, cien años, surge la necesidad de ocuparlos en algo: más salud, más calidad de vida, más felicidad. ¿Es entonces fruto del envejecimiento? ¿De la opulencia?
La felicidad parece influir en la salud. Y viceversa (como en la poesía de Benedetti): la salud parece influir en la felicidad. Un estudio sobre países de la OCDE encuentra correlación negativa entre prevalencia de la Hipertensión y nivel medio de felicidad. En la otra dirección, parece existir una relación estrecha entre salud y felicidad, estadísticamente más robusta que entre ingresos y felicidad. Tener una buena salud está asociada a mayores niveles de felicidad, así como adversos efectos sobre la salud tiene consecuencias negativas ( a veces demoledoras) sobre la felicidad. Sin embargo, la relación entre ingresos y felicidad no es lineal a partir un determinado nivel de ingresos ( la llamada paradoja de Easterlin), confirmando la vieja suposición que el dinero no da la felicidad :¿ por qué Bolivia con el mismo ingreso per capita que China o Nigeria tiene un nivel de satisfacción media con la vida sustancialmente menor?
Indirectamente relacionados con ellos están los trabajos de Robert Sapolsky, neurólogo de Stanford en Estados Unidos: existen enormes diferencias entre índices de salud y posición en la jerarquía social, y que no son debidas ni a la dificultad de acceso al sistema sanitario, ni a los hábitos menos saludables de vida, sino posiblemente a aspectos psicosociales, de forma significativa el estrés, y más aún, el estatus socioeconómico subjetivo: no es solo ser pobre, sino sobre todo sentirse pobre (en relación con los otros). En definitiva, el reparto inequitativo de riqueza.
Muchas interrogantes, pocas respuestas, más allá de simplificaciones y lugares comunes. Parece en cualquier caso, que la preocupación sobre el tema nos acompañará unos cuantos años (tal vez hasta ser sustituida por una nueva moda). Hasta entonces, se aconseja leer a los más interesantes: Sapolsky ( “ ¿ Por qué las cebras no tienen úlceras?”, Alianza 1995), Frey ( “ Happiness and Economics, Princeton University Press, 2002)), Seligman ( Authentic Happiness, Free Press, 2002), Kahneman ( Choices, values and frames, Cambridge University Press, 2000) , Gilbert ( Tropezando con la felicidad , Destino 2006). Para abrir boca os recomiendo el magnífico trabajo de Carol Graham., profesora de la Universidad de Maryland publicada en Health Economics hace apenas un mes ( Graham. C. Happiness and health: lessons-and questions-for Public Policy. Health Economics 2008;27:72-87). Lo tenéis en la documentación de la mentalidad colaborativa.