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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Un Índice de Bigotes

El bigote, a pesar de la tendencia creciente en los hombres a llenarse la cara de pelos, no está de moda. Salvo ciertos iconos que mantienen con prestancia tal aditamento ( Joan Carles March, sin ir muy lejos de mi despacho),  escasean los ejemplos, inversamente proporcionales en su prevalencia a los de las barbas, estas última muy impulsadas por los Hipster de variado origen y morfología.
Tan poco frecuente es, que un grupo de investigadores de universidades americanas ( Pennsylvania y Berkeley , siempre aficionada  a excentricidades) lo ha tomado como estándar de referencia para generar un nuevo índice, un índice de bigotes ( “the moustache index”).
Este se construye comparando la proporción de departamentos clínicos universitarios liderados por mujeres frente a la proporción de departamentos clínicos dirigidos por bigotudos. La hipótesis del estudio es comprobar si , siendo raro  hoy en día llevar bigote, la proporción de mujeres que actúan como líderes clínicos en las principales universidades americanas es aún más excepcional que ser líder clínico bigotudo.
Al margen de lo pintoresco del índice elegido, y la frikada que representa estudiarlo, lo triste es que se confirma la hipótesis. De 1018 departamentos analizados en todo el país, 190 eran dirigidos por bigotudos ( 19%). Sin embargo solamente 137 eran dirigidos por mujeres ( un miserable 13%). Algo aún más sangrante cuando estamos hablando de una profesión, la médica, no solamente feminizada, sino llamada a convertirse en una profesión abrumadoramente ejercida por mujeres.
Siendo raro el bigote, 19 instituciones de las 50 escuelas médicas analizadas tienen más de un 20% de líderes bigotudos. Pero solo 7 tienen más de un 20% de mujeres en tareas de máxima responsabilidad.
La mayor densidad bigotuda se da en Psiquiatría, Anatomía Patológica o Anestesia, mientras que las especialidades con mayor número de mujeres en puestos de dirección son Obstetricia ( 36%), Pediatría ( 31%), Dermatología ( 23%), Medicina de Familia ( 21%) o Emergencias ( 21%).
Con la habitual retranca que tienen los trabajos del número de navidades del BMJ, el trabajo del grupo de Mackenzie Wehner  pone de manifiesto un hecho que no por conocido deja de ser escandaloso: el liderazgo de las instituciones sociales ( en este caso las clínicas) sigue siendo  “cosa de hombres”.  Y las cosas no cambiarán mientras no se den pasos reales (y no efectistas y populistas), para permitir que lo que es real ( la mayoritaria presencia de las mujeres en las organizaciones, en este caso sanitarias), se corresponda con lo formal ( la dirección de las mismas por un equivalente número de mujeres). El trabajo apunta algunas de las iniciativas que deberían tomarse para avanzar en esa dirección: por ejemplo, establecer criterios explícitos, claros y transparentes que  eviten que al final los evaluadores reorienten su decisión ( consciente o inconscientemente) hacia la selección de candidatos masculinos. O  fomentar la flexibilidad temporal , desechando la idea de que el mejor jefe es el que se queda en el trabajo hasta la medianoche.
El problema sin embargo, parece mucho más profundo, extenso y complicado. Vivimos en un mundo en que es noticia que puedan presentarse mujeres como candidatas a elecciones ( Arabia Saudí), bonito ejemplo de cual es la situación de la mujer en un número importante de los países del mundo.
Y vivimos en un país en que ninguno de los candidatos a la Presidencia del gobierno , de los partidos que han alcanzado representación parlamentaria, es mujer, sea cual sea su orientación política o política.

Mejor no pasarles el Índice del Bigote. Saldrían peor que en los departamentos de Anestesia americanos.

( Imagen tomada del articulo del BMJ de Wehner)

martes, 22 de diciembre de 2015

Mandar mata. Ser parlamentario protege.

Hasta ahora conocíamos algunos de los privilegios de los que han venido disfrutando los “padres de la patria”, esos señores tan respetables que nos representan.A cambio de sus denodados esfuerzos por nuestro bien, reciben un salario acorde al mismo hoy, acompañado a menudo de la apertura de sustanciosas puertas giratorias mañana, garantizándose además una “digna” pensión cuando llegue el momento del retiro,  amén de disponer de diferentes “instrumentos” ( visas , seguros, aforamientos, aparatillos Apple) que hacen la vida más cómoda.
Lo que se desconocía hasta la fecha es que además tienen menor mortalidad que la población general, según se deduce de un trabajo publicado en el número de Navidad del BMJ de esta semana. En él un estudiante de doctorado de Exeter acompañado del “Chief Medical Advisor” de su departamento, analizan el ratio de mortalidad estandarizada de los miembros de las dos cámaras británicas y la comparan con la de la población general durante el periodo 1945-2011. Los miembros del Parlamento “nunca han estado también”, concluyen los autores, aunque como era de esperar la mortalidad es menor entre los partidos de la derecha ( los “Torys”) que en los de la supuesta izquierda ( "Los laboristas"). Las teorías del gradiente educativo y la correspondiente inequidad social parecen cumplirse: los diputados conservadores que estudiaron en “Oxbridge” ( Oxford + Cambridge) doblan ampliamente el número de sus colegas laboristas.
Sin embargo, mientras ser diputado es claramente bueno para la salud, ser primer ministro, presidente o dictador ( es decir , mandar) parece ser que  precipita el envejecimiento y adelanta la muerte. Ya el gran Donald Redelmeier ( el que demostró que cuando hay atasco es mejor no moverse de tu fila) había publicado en los Annals en 2001 que los actores con Oscar vivían más que los que se quedaron con la miel en los labios, aunque más tarde los de Columbia le dieron p’al pelo poniendo en evidencia las vergüenzas de su análisis estadístico. Escarmentados en cabeza ajena ahora un grupo de Harvard analiza la mortalidad entre gobernantes y opositores, en el mismo número del BMJ, aunque sin tener en cuenta como llegaron al poder , puesto que incluyen  en su estudio (por lo que se deduce de las fechas) a tipos tan recomendables como Mussolini y Franco aunque no a Hitler ( hasta ahí podíamos llegar).
La muestra de estudio incluía 540 candidatos, 279 ganadores y 261 perdedores. Los primeros vivieron cuatro años menos desde su última elección que los candidatos que nunca gobernaron. Es decir gobernar un país es un factor de riesgo para la salud ( no sabemos si lo incluirán en el REGICOR en la próxima actualización).
Por lo tanto, mientras dirigir un país ( ya lo hagas al estilo de Thatcher o de Zapatero) siempre supone un desgaste evidente, se confirma la impresión popular de que ser parlamentario es una forma de vida regalada, cuya holganza reiterada acaba beneficiando la salud del afortunado ( sobre todo los de las últimas filas del congreso, esos que solo van en las grandes ocasiones y salen despavoridos cuando interviene el de Coalición Canaria)
Por lo que se deduce del estudio, la menor esperanza de vida  de los grandes “conductores” parece que va ligada a un envejecimiento más acelerado. Sin embargo también aquí, España es diferente. Comparen si no el evidente deterioro del americano Obama en sus años de mandato, frente al estado casi inalterable del español Rajoy. Un tipo que se sabe de memoria la alineación del equipo de fútbol de Grecia en el Mundial del 82 , pero que evita el estrés de los debates a cuatro, sabe muy bien los riesgos a los que se enfrenta como Líder de la nación.

No se si han puesto al corriente, a los señoritos Sánchez, Iglesias o Rivera de los peligros que corren, sus esforzados asesores. Por si acaso aquí tienen la evidencia


sábado, 13 de diciembre de 2014

¿Por qué los hombre son tan idiotas?


Ya esta aquí el numero de Navidad del BMJ, del que iremos informando puntualmente, como todos los años. En esta ocasión tiene toda la pinta de que el articulo del año será el del estudiante Ben Alexander Lendrem y sus mentores del Instituto de Medicina Celular de la Universidad de Newcastle, en el que pretenden testar la teoría del MIT ( no del Massachussetts Institute of Technology, sino la llamada Male Idiot Theory o Teoria de imbecilidad masculina), a través del análisis de los premios Darwin.
El llamado riesgo idiota ( idiot risk) viene determinado por la realización de actividades sin sentido que no suponen beneficio, y cuyo riesgo es cierto y en ocasiones fatal. Según el MIT la razón ultima de estas diferencias en materia de conductas impropias y mortalidad se debe sencillamente a que los hombres son idiotas o  al menos mucho mas idiotas que las mujeres ( algo que ya postuló McPherson en su famoso “ Las mujeres vienen de Venus y los Hombres son idiotas”, Andrews McMeeel, 2011).
Por su parte, los prestigiosos premios Darwin fueron instaurados para reconocer los esfuerzos de personas asombrosamente imbéciles, cuyas ansias por hacer majaderías les lleva a la muerte.
Este ultimo es requisito ineludible para acceder al premio. Los memos que quedan malheridos o salen milagrosamente ilesos no son acreedores a la distinción, pero si a un accesit.
Los requisitos son muy estrictos. Se resumen en cinco: muerte , estilo, veracidad, capacidad y auto-selección. Es decir, el candidato debe tener una muerte cierta, debe demostrar una sorprendente falta de aplicación del sentido común, el hecho debe poder ser verificable ( excluyendo “leyendas urbanas”), debe realizarlo en pleno uso de sus facultades mentales y debe ser causante de su propio fallecimiento.
Por ejemplo si un memo se coloca una pistola en la sien y dispara para demostrar que no está cargada , no es candidato a un premio Darwin; sí que lo es, por el contrario, el que lo hace para demostrar que está cargada. Es decir, no sirven pequeñas tonterías, sino que hay que ser rematadamente imbécil.
Los premios Darwin son conscientes de la aportación al progreso de la humanidad que supone la muerte de sus galardonados ( de ahí su nombre en honor del autor del Origen de las especies, puesto que " contribuyeron a mejorar la dotación genética de la especie humana al quitarse la vida mediante procedimientos increíblemente estúpidos"). Un pequeño paso para el idiota, pero un gran paso para la humanidad.
Entre los excelsos ganadores se encuentra el tipo que enganchó un carrito de la compra a un tren para ir a casa, el que se tiró desde un avión para  hacer fotos a los paracaidistas olvidando ponerse el suyo, o el afamado terrorista que envió una carta bomba sin sellos suficientes y que cuando recibió el paquete devuelto por correos no dudo en abrirlo.
Lo relevante del estudio de Lendrem y compañía no es el despliegue de estupideces que el ser humano es capaz de hacer, sino el hecho, poco cuestionable de que cerca del 90% de los premios fueron otorgados a hombres, lo que parece corroborar la teoría de la imbecilidad masculina.
De los 332 casos confirmados, 14 fueron compartidos entre hombres y mujeres ( generalmente casos en que la muerte les sorprendió en delicadas posturas), y de los 318 casos restantes, 282 fueron realizados por hombres (88.7%).
Las diferencias en mortalidad entre hombres y mujeres ha sido demostrada en múltiples estudios, por ejemplo en relación con ingresos por accidentes, en especial tras la realización de actividades deportivas o accidentes de trafico.
Pero hasta la fecha no se había estudiado la mortalidad por actividades rematadamente estúpidas. Entre las limitaciones del estudio se señala que los hombre podrían haberse encontrado bajo los efectos del alcohol. Pero nadie explica por qué las mujeres cuando beben no atracan tiendas de arma con el coche de policía en la puerta ( cosas que sí hacen los hombres). Aún así los autores recomiendan realizar estudios observacionales especialmente indicados en estas épocas del año , en que la gente sale y coge cogorzas.
Desde luego en la casuística de mi entorno ( por no decir en el mío propio) son bastante más frecuentes las idioteces protagonizados por hombres que por mujeres. Por algo será.