Desde su cuenta de Twitter,
Trisha Greenhalgh ( en la foto), quizá la persona que más y mejor ha investigado sobre la puesta en marcha de la historia clínica electrónica , recomendaba que cualquier sistema sanitario que quisiera implantar este tipo de innovaciones , echara un vistazo a la evaluación independiente que su grupo (
Greenhalgh, Stramer, Bratan, Byrne, Russell, Hinder y Potts) realizaron a dos de las principales iniciativas realizadas en el National Health Service.
El informe lleva el título de
The devil´s in the details y revisa la puesta en marcha del
Summary Card Record y de los programas del
HealthSpace, durante un periodo de dos años ( 2008-2010).
Este último era un novedoso sistema de esos que tanto gustan a los políticos innovadores, que permitiría a los ciudadanos introducir sus propios datos de salud y alcanzar ese tipo de metas tan modernas: empoderar a los pacientes, personalizar su atención, reducir los costes del NHS, o acabar con el analfabetismo en materia sanitaria.
Una evaluación de este tipo diferencia claramente lo que es un país desarrollado, capaz de analizar, debatir y criticar abiertamente las iniciativas de sus gobiernos, de aquellos países que siguen anclados en un legendario mundo feudal presidido por la sumisión ciega al jefe, la adulación al poder y la ausencia absoluta de cualquier tipo de capacidad crítica.
Greenhalgh y su equipo parte de las premisas establecidas por el NHS a mitad de la década pasada, en la que anticipaba el amplio conjunto de beneficios que se derivaría de la implantación de las historias electrónicas: mejor asistencia, atención más segura, cuidados más eficientes, y más equitativos ( en especial en los pacientes con dificultad para comunicarse por sí mismos), reducción en las tasas de derivación, y mayor satisfacción de los pacientes. En definitiva, lo mismo que llevan prometiendo los 17 sistemas de salud hispanos para sus variados e incompatibles sistemas.
La evaluación consistía en un estudio de caso a nivel nacional multinivel : estatal, regional y local. Para ello analizaron las bases de datos de ambos programas, 237 estudios etnográficos de encuentros entre profesionales sanitarios y pacientes, más de 100 entrevistas con personas de muy diferentes perfiles, estudios etonográficos con más de 20 personas con condiciones crónicas , actas de más de 100 reuniones y eventos y análisis de diferentes fuentes de información.
Con respecto al primero de los programas (Summary Card Record) las conclusiones fueron las siguientes:
- no hay pruebas de que mejore la calidad de las consultas ( especialmente aquellas en las que existen fármacos por medio), ni la seguridad ( aunque podrían reducir la realización de errores de medicación graves).
- No existe relación entre la aplicación del programa y la duración de las consultas o la tasa de derivación
- No hay pruebas de que mejore la comunicación de personas con déficit de comunicación
- El impacto sobre la satisfacción de los pacientes es imposible de determinar.
Respecto al moderno HealthSpace las conclusiones son también llamativas:
- no hay pruebas que demuestren mejora en la personalización de los cuidados
- tampoco de que aumente el empoderamiento ni la capacidad de manejar mejor enfermedades crónicas.
- Es imposible evaluar la rendición de cuentas, mejora de la calidad o seguridad
- No se ha demostrado ninguna reducción de costes ni mejora alguna en el alfabetismo sanitario.
Ante estos resultados , el grupo de Greenhalgh considera que la pregunta clave no es ¿ por qué no se han alcanzado los beneficios de esta tecnología?, sino más bien ¿en que medida estos programas se basaron en una inadecuada conceptualización de lo que es el conocimiento, priorizando cifras sobre valores, incapaces de debatir lo que es realmente razonable , basándose en la existencia de expectativas muy poco realistas sobre lo que los recursos pueden producir en sistemas tan sumamente complejos como los sanitarios?
Mientras el resto del mundo progresa aprendiendo de sus errores, aquí seguimos varados en la orilla encantados de engañarnos a nosotros mismos con 17 historias electrónicas que nunca han sido ( ni serán evaluadas)