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martes, 21 de marzo de 2017

El Mapa (del registro clínico) no es el Territorio ( del Padecimiento Humano)



 (Publicado ayer en La Gestión Incierta de Diario Médico)

En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia.
Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.
Jorge Luis Borges.1960

En el Hacedor, Borges cuenta a través del libro de los Viajes de varones imprudentes de Suarez Miranda, el desmesurado propósito de construir un mapa del imperio que tuviera el mismo tamaño que éste. Aquel empeño fue inútil, y aún hoy deben quedar las ruinas de aquel mapa en algún lugar de aquel desaparecido imperio.
Stephen Martin, de Harvard, y Christine  Sinsky de la American Medical Association publicaron un trabajo en The Lancet hace unos meses apropiándose de la metáfora de Korzybski sobre las diferencias que existen siempre entre los territorios y los mapas que los representan, a propósito de las derivas a las que están llevando los registros clínicos electrónicos.
El inicio de su Punto de Vista no puede ser más contundente: “La documentación clínica está en riesgo de usurpar la atención real en términos de tiempo, enfoque clínico  e importancia percibida. Los registros médicos tal y como se están empleando, están contribuyendo en buena medida a la sobrecarga cognitiva, forzando la relación entre clínicos y pacientes y fomentando el síndrome del”quemado” (burnout). Un relato exacto del encuentro clínico no es ni posible ni deseable, y los intentos de producirlo son dañinos para pacientes, profesionales y para el sistema en su conjunto. En este trabajo proponemos una construcción alternativa de los registros clínicos que los reconduzcan a su propósito primitivo: ayudar en el proceso de cognición, comunicar, generar una sucinto reporte de lo realizado y soportar una atención longitudinal de las personas, en definitiva facilitar la construcción de relaciones, apoyar el proceso de toma de decisiones, disminuyendo a la vez la carga de trabajo”.
El prepotente aforismo del gurú de la calidad W Edwards Deming (“En Dios confío; los demás deben traerme datos”), tan jaleada siempre por los calidólogos, resume con concisión una forma de pensamiento que Martin y Sinsky no dudan en definir como “Tecnogobernanza”, un modelo burocrático en el que la conducta de los profesionales está moldeada y manipulada por estrictas políticas regulatorias.
Una muestra de ello es la queja de los pacientes (cada vez más generalizada) de que cuando se acude a un centro sanitario el profesional de turno apenas le dirige la mirada, obsesionado como está en satisfacer la insaciable voracidad de datos de ese Gran Hermano Institucional que se esconde tras la pantalla del ordenador. Otra, también importante, es el tiempo que consume de la jornada de trabajo de los profesionales de la salud. En otro trabajo, también del grupo de Sinski publicado en septiembre pasado en los Annals of Internal Medicine se describe el empleo del tiempo en el ámbito ambulatorio de 4 especialidades médicas en Estados Unidos: por cada hora de atención “cara a cara” (en la que se incluye también la conversación con colegas sobre los pacientes), se empleaban dos horas adicionales en trabajo administrativo fundamentalmente vinculada a la cumplimentación del registro clínico electrónico; y fuera del horario de trabajo, durante el supuesto tiempo libre, los médicos empleaban al menos entre 1 y 2 horas más en seguir alimentando el registro. 
Es decir, empleamos mucho más tiempo en escribir que en atender, entre otras razones porque de ello depende parte de nuestro salario: un conflicto de interés invisible para profesionales y organizaciones, y que está hurtando a los pacientes la atención que precisan y merecen. No es cierto, como señalan Martin y Sinsky, que ello esté dirigido esencialmente a mejorar la atención del paciente.Es posible que ese pudiera ser su fin en un principio ya demasiado lejano;pero hoy en día los Registros electrónicos sirven para una gran variedad de objetivos, desde dar respuesta a evaluadores de todo tipo y pelaje, hasta servir de acreditación y certificación de profesionales, centros e instituciones; desde cubrirse ante acciones legales hasta satisfacer las supuestas “ necesidades de información” de cada funcionario, departamento y director de la inmensa burocracia kafkiana en que se han convertido los servicios sanitarios. El propósito primordial de ayudar a tomar decisiones y facilitar una concisa comunicación se perdió en un magma de corta y pegas.
El fin último del encuentro clínico debe seguir siendo el de escuchar,establecer relaciones clínicas, y tomar decisiones juiciosas. Perder de vista ese propósito, aliena a los profesionales convirtiéndoles en meros oficinistas de una burocracia anónima. Registrar todo lo que el sistema demanda es imposible; para ello sería más barato colocar una caja negra en cada consulta y grabar todas las conversaciones. “Un pacientes es mucho más que un cuestionario de cuadros a clicar”, escriben Marin y Sinsky. No deberíamos olvidarlo nunca.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Oposiciones a siervo


Imagine que participa en un proceso de selección para entrar en Google y durante la entrevista le preguntan cual es la fórmula empleada en el algoritmo pare buscar hoteles que admiten perros. Suponga que en vez de Google , se encuentra usted  en un proceso de selección para entrar como profesor ayudante en Stanford, y sus evaluadores le interrogan sobre el procedimiento establecido en dicha universidad para comprar libros. O ya por último, suponga que se presenta a una vacante en el departamento de gestión de Ikea  y le preguntan cuantas columnas tiene el Excel que emplean para el control de precios de los proveedores.
Todas ellas parecen manifestaciones de la mente calenturienta de un alucinado, pero guardan muchas semejanzas con las preguntas incluidas en las pruebas selectivas para el acceso a plazas de medicina de familia convocadas por la Dirección General de Recursos Humanos del Servicio Madrileño de Salud.
Un primer ejemplo:

Pregunta: El Contrato Programa de centro 2014 de la Gerencia de Atención Primaria del Servicio Madrileño de Salud , incluye indicadores que monitorizan la Coordinación entre Atención Primaria y Atención Especializada. Señale cual de los siguientes se ha incorporado en 2014:
a)    Tasa de derivaciones con prioridad VPE ( valoración previa por especialista) por cada 1000 habitantes atendidos en el año.
b)    Seguimiento del paciente tras alta hospitalaria
c)    Tasa global de interconsultas atendidos año
d)    Tasa de  de derivaciones con prioridad SM ( sospecha de malignidad) por cada 1000 habitantes atendidos en el año.


Aún reconociendo la indudable aportación al progreso científico que supone haber inventado los acrónimos VPE y SM ( ausentes en la literatura científica hasta la fecha) , la pregunta demuestra que si esos son los indicadores del Servicio Madrileño de Salud, adolecen de cualquier tipo de evidencia científica. No estaría de más que se leyeran algunos de los trabajos de Martin Roland o David Wilkin  sobre la valoración de las tasas de derivación, en que los estudios realizados hasta la fecha no demuestran ninguna relación entre tasas de derivación ( altas o bajas) y calidad de la atención. Pero siendo eso grave lo es aún más preguntar por un documento supuestamente de carácter restringido, como es un Contrato Programa ( además del año vigente). Sin entrar en las posibles consecuencias derivadas de hacer  público un documento reservado,  una pregunta semejante vulnera los principios de igualdad, mérito y capacidad que deberían presidir cualquier proceso evaluador, porque difícilmente un candidato en el paro o que trabaje en el servicio canario de salud puede tener acceso al Contrato Programa de centros de la Comunidad de Madrid( al menos yo no lo encuentro en Google).
Segundo ejemplo:
Pregunta: Indique la respuesta incorrecta respecto a la gestión de episodios que se puede realizar  desde el “ formulario del episodio” en la historia clínica de AP- Madrid:
a)Para crear el episodio se accede al asistente de codificación diagnóstica y se utiliza ña clasificación CIAP-2 ( Clasificación Internacional de Atención primaria)
b) Se puede imprimir el episodio en todos sus componentes o solo con los comprendidos entre determinadas fechas
c) Se puede consultar el histórico del episodio
d) se puede crear la asociación entre el episodio CAP y la  CIE-9 (Clasificación Internacional de Enfermedades).

Tecleando hoy en Google la palabra  episodio aparece: parte de una obra dramática , los episodios de la Guerra de las Galaxias, o  la Vida Loca en la BBC  (  no viene en cambio el magnífico grupo musical del mismo nombre de los años 80). No hay rastro de la jerga pseudocientífica del Servicio Madrileño de Salud.
La situación sería cómica, si no fuera porque vivimos en un país en el que las generaciones de especialistas en medicina de familia posteriores a 2005 malviven con contratos precarios ( en el mejor de los casos) a la espera de oposiciones como ésta, en la que se ofrezca solo una parte residual de las plazas vacantes .
Es un drama que el acceso a un puesto de trabajo altamente cualificado se siga realizando exclusivamente por un examen de respuesta múltiple, que ni siquiera están correctamente formuladas. Pero aún es más grave que lo que se valore, puntúe y reconozca es el trabajar de forma dócil y obediente , conociendo a la perfección los procedimientos administrativo vigentes, con el mismo servilismo que no le queda más remedio que tolerar al operario que trabaja en una cadena de procesamiento textil en el sudeste asiático.
Algo tendrían que decir al respecto las llamadas organizaciones  profesionales, que tanto se llenan la boca con el concepto de profesionalismo. Poco sirve hablar de ello si lo que se promociona por parte de los contratadores ( públicos además) es tener trabajadores sumisos, pelotas y bien mandados

martes, 23 de septiembre de 2014

Historia clínica electrónica: el diablo está en los detalles

Desde su cuenta de Twitter, Trisha Greenhalgh ( en la foto), quizá la persona que más y mejor ha investigado sobre la puesta en marcha de la historia clínica electrónica , recomendaba que cualquier sistema sanitario que quisiera implantar este tipo de innovaciones , echara un vistazo a la evaluación independiente que su grupo (Greenhalgh, Stramer, Bratan, Byrne, Russell, Hinder y Potts) realizaron a dos de las principales iniciativas realizadas en el National Health Service.
El informe lleva el título de The devil´s in the details y revisa la puesta en marcha del Summary Card Record y de los programas del HealthSpace, durante un periodo de dos años ( 2008-2010).
Este último era un novedoso sistema de esos que tanto gustan a los políticos innovadores, que permitiría a los ciudadanos introducir sus propios datos de salud y alcanzar ese tipo de metas tan modernas: empoderar a los pacientes, personalizar su atención, reducir los costes del NHS, o acabar con el analfabetismo en materia sanitaria.
Una evaluación de este tipo diferencia claramente lo que es un país desarrollado, capaz de analizar, debatir y criticar abiertamente las iniciativas de sus gobiernos, de aquellos países que siguen anclados en un legendario mundo feudal presidido por la sumisión ciega al jefe, la adulación al poder y la ausencia absoluta de cualquier tipo de capacidad crítica.
Greenhalgh y su equipo parte de las premisas establecidas por el NHS a mitad de la década pasada, en la que anticipaba el amplio conjunto de beneficios que se derivaría de la implantación de las historias electrónicas: mejor asistencia, atención más segura, cuidados más eficientes, y más equitativos ( en especial en los pacientes con dificultad para comunicarse por sí mismos), reducción en las tasas de derivación, y mayor satisfacción de los pacientes. En definitiva, lo mismo que llevan prometiendo los 17 sistemas de salud hispanos para sus variados e incompatibles sistemas.
La evaluación consistía en un estudio de caso a nivel nacional multinivel : estatal,   regional y local. Para ello analizaron las bases de datos de ambos programas, 237 estudios etnográficos de encuentros entre profesionales sanitarios y pacientes, más de 100 entrevistas con personas de muy diferentes perfiles, estudios etonográficos con más de 20 personas con condiciones crónicas , actas de más de 100 reuniones y eventos y  análisis de diferentes fuentes de información.
Con respecto al primero de los programas (Summary Card Record) las conclusiones fueron las siguientes:
-    no hay pruebas de que mejore la calidad  de las consultas ( especialmente aquellas en las que existen fármacos por medio), ni la seguridad ( aunque podrían reducir la realización de errores de medicación graves).
-    No existe relación entre la aplicación del programa y la duración de las consultas o la tasa de derivación
-    No hay pruebas de que mejore la comunicación de personas con déficit de comunicación
-    El impacto sobre la satisfacción de los pacientes es imposible de determinar.
Respecto al moderno HealthSpace las conclusiones son también llamativas:
-    no hay pruebas que demuestren mejora en la personalización de los cuidados
-    tampoco de que aumente el empoderamiento ni la capacidad de manejar mejor enfermedades crónicas.
-    Es imposible evaluar la rendición de cuentas, mejora de la calidad o seguridad
-    No se ha demostrado ninguna reducción de costes ni mejora alguna en el alfabetismo sanitario.
Ante estos resultados , el grupo de Greenhalgh considera que la pregunta clave no es ¿ por qué no se han alcanzado los beneficios de esta tecnología?, sino más bien ¿en que medida estos programas se basaron en  una inadecuada conceptualización de lo que es el conocimiento, priorizando cifras sobre valores, incapaces  de debatir lo que es realmente razonable , basándose en la existencia de expectativas muy poco realistas sobre lo que los recursos pueden producir en sistemas tan sumamente complejos como los sanitarios?
Mientras el resto del mundo progresa aprendiendo de sus errores, aquí seguimos varados en la orilla encantados de engañarnos a nosotros mismos con 17 historias electrónicas que nunca han sido ( ni serán evaluadas)

miércoles, 18 de junio de 2014

Frankestein en la consulta

 (Publicado hoy en Diario Médico)

“¿Acaso te he pedido, Hacedor, que de esta acción me hicieses hombre? ¿ Fui yo quien pidió que me alzases de las sombras?
El Paraíso Perdido. John Milton. 1667.

Mary Shelley reconoció desde el principio la influencia de Homero, Shakespeare o Milton en Frankestein. Una obra maestra que comenzó como un divertimento, una forma de pasar el rato en los alrededores de Ginebra en las tardes lluviosas en torno a un fuego,  en el verano de 1816, junto a  su marido Percey Shelley, Lord Byron y el  Dr. Polidory (médico personal de éste). De antiguas lecturas, largas conversaciones y alguna pesadilla surgió un monstruo que no tenía el más mínimo interés en ser creado, pero que una vez puesto en pie acaba rebelándose contra su creador: “Tu me creaste, pero ahora yo soy tu dueño”.
En su ensayo Humanismo en tiempos de mediciones, publicado en el BMJ, David Loxterkamp reflexiona sobre la creación de un nuevo monstruo que ha acabado ocupando buena parte de nuestras consultas y, lo que es peor, de nuestro tiempo. Como Frankestein, el nuevo monstruo (cuya cabeza es una pantalla de ordenador),  necesita continua atención y alimentación, dirigiendo el flujo y propósito de los encuentros clínicos que antaño estaban centrados en las necesidades del paciente. Si en Estados Unidos las consultas de un médico de atención primaria duran unos 11 minutos de media ( aquí ya sabemos que el tiempo es sensiblemente menor) , el tiempo que transcurre desde que el paciente comienza a hablar hasta que es interrumpido es solo de 22 segundos, según publicó  hace años Langewitz,  también en el BMJ: solo 22 segundos para acertar a describir con precisión lo que le ocurre a uno y a menudo ni entiende. En esos 5, 7  o 10 minutos,¿ a quien atiende el médico realmente? Por desgracia cada vez menos a quien entra por la puerta. Loxterkamp describe pormenorizadamente el largo listado de peticiones que exige el monstruo: medicaciones, protocolos o procesos de intervención, últimas cifras de presión arterial, glucemia o colesterol,  que centran la atención de los profesionales, porque de ello depende una parte importante de su salario. Como sostiene Loxterkamp todo ello ha moldeado inexorablemente la forma en que escuchamos y atendemos. Registrando cada vez más datos que nunca previamente habíamos atendido, pero que ahora reportan beneficios ( en dinero o reputación).
En un estudio precioso publicado en el BMC Family Practice, Chew- Graham y colaboradores describen a donde ha llevado el modelo de pago por desempeño implantado en 2004 en Reino Unido ( Quality Outcomes Framework), y que sirvió de inspiración a buena parte de nuestros sistemas de incentivos. Según ellos, los profesionales sanitarios utilizan la consulta como un medio de “vigilancia” de los pacientes. Éstos acuden pasivamente “para el escrutinio”, pero abandonan la consulta con muchas necesidades biomédicas, emocionales o de simple información sin resolver.  La reciente revisión de Roland y Campbell sobre el QOF en New England (sin duda dos de los mayores expertos en el mundo en la investigación sobre los efectos de los incentivos en los sistemas sanitarios) refrenda esa idea: el pago “por hacer” modifica la conducta de los clínicos; intensifica el uso de la historia electrónica porque es el único lugar en que se certifica el trabajo, uso  que adquiere un peso abusivo en el encuentro entre  paciente y  profesional. Las preocupaciones de aquel pasan a un segundo o tercer plano, porque al fin y al cabo no reciben compensación. Como escribe Loxterkamp,  los pacientes no son solo extensas plantaciones de datos que debe cosechar el médico; no son solo "acertijos en busca de soluciones". Ellos buscan también ayuda, y a través de sus gestos, posturas y andares nos indican donde y como proceder. Eso lleva tiempo, tiempo para mirarles a la cara  en lugar de a un reloj, una pantalla, un listado.
Aún puede que no sea demasiado tarde para recuperar el espacio sagrado del encuentro con los pacientes, que no ocupa evidentemente toda la agenda de un clínico, pero precisa de un respeto hoy devaluado (lo que Gervas llama “ las consultas sagradas”). Se precisa rescatar lo que hacían los viejos sanadores  de pueblo, en palabras del Dr. Oz: un lugar seguro para la conversación. Conversaciones que permitan descubrir las verdaderas preocupaciones de los pacientes en lugar de seguir contando judías con nombre de parámetros clínicos. Conversaciones que puedan concluir preguntando a los pacientes si sus narraciones han sido escuchadas, sus necesidades atendidas, nuestros hallazgos suficientemente explicados.
Aún hay tiempo para recuperar el control sobre el monstruo, antes de que acabe devorando la verdadera razón de ser de una consulta.

domingo, 29 de diciembre de 2013

De la atención centrada en el paciente a la Atención centrada en las Instituciones ( y sus historias electrónicas)

Trisha Greenhalgh es una de las mejores investigadoras sobre servicios sanitarios del mundo. No solo por los temas abordados,sino también por las metodologías utilizadas. En las organizaciones sanitarias no es factible realizar ensayos clínicos randomizados para comprobar la efectividad de una innovación, y Greenhalgh lleva años demostrando que se puede realizar muy buena investigación organizativa con métodos diferentes a los que se emplea en la clínica.
Una de sus principales áreas de investigación es la relativa a la utilización de la historia clínica electrónica, de escaso interés en España ,donde se considera mayoritariamente que todo lo electrónico es intrínsecamente bueno. Greenhalgh publicó junto a Deborah Swinglehurst y Celia Roberts un excelente trabajo en BMJ Open sobre la forma en que la estructura  de las historias electrónicas moldea la forma en que los médicos generales atienden a los pacientes crónicos. Para ello realizan un estudio de etnografía lingüística combinando el registro de notas sobre el terreno con el análisis de videos.
Priorizando la profundidad sobre la amplitud, analizan dos centros de atención primaria, desde el funcionamiento en las áreas administrativas hasta las consultas de 36 enfermeras.
Los resultados obtenidos deberían habernos hecho reflexionar: observan que “las consultas se centran de forma explícita o implícita en los protocolos basados en la evidencia que están insertos en las planillas de la historia clínica. Dichas planillas no solamente identifican las tareas a realizar, sino que contribuyen a moldear lo que se supone que son o deben ser las enfermedades crónicas, quçe cuidados deben ser prestados y lo que significa ser paciente o profesional en este contexto. Las historias de los pacientes se transforman en bytes, lo particular se generaliza, lo complejo se hace discreto, simple y manejable, la incertidumbre se categoriza y almacena. Muchas consultas parecen encuentros exclusivamente burocráticos, fundamentalmente orientados a la recolección de información”.
Concluyen insistiendo en que “a pesar de la amplísima utilización de las historias clínicas electrónicas muy poco se está investigando sobre los efectos que tiene el uso de sus herramientas en la práctica. Las planillas y formularios incluidos en ellas no se limitan a registrar los resultados de la gestión de las enfermedades crónicas, sino que están modificando profundamente la naturaleza del trabajo. Habiendo sido diseñados para garantizar el cumplimento de estándares de calidad están contribuyendo a la burocratización de la atención, pudiendo marginalizar aspectos de ésta que se encuentran fuera del foco de atención de dichos estándares. Se precisa de trabajo creativo para evitar priorizar la atención centrada en las instituciones a la atención centrada en el paciente”.
Como señala Greenhalgh el proceso de protocolización de lo que se considera la correcta atención a una patología concreta, con su consiguiente establecimiento de indicadores de control ( que son además, adecuadamente incentivados) permite identificar a través de los diferentes modelos de historia electrónica  a aquellos pacientes fuera de rango, “pájaros fuera de la jaula”
Un nuevo concepto de paciente emerge: “alguien cuyos datos son incompletos, o  están fuera de un rango”. Y sin embargo “desde la perspectiva del paciente, la enfermedad crónica es una experiencia personal única, que pede implicar dolor,  discapacidad, pérdida de estatus, pérdida de ingresos y una lucha heroica por mantener la dignidad, reconstruir su identidad y vivir una vida moral enfrentándose a la adversidad”. Para Greenhalgh et al  “ cada consulta es una oportunidad para cada paciente de contar su historia a alguien capaz de escuchar, quien a su vez puede dar forma a lo escuchado y actuar como testigo de ello, porque construir una narrativa en el contexto de una relación terapéutica es una de las formas de que un paciente puede encontrar un sentido a su padecimiento
Los registros electrónicos están determinando, como señala el trabajo de Swinglehurst et al, lo que es enfermedad, como debe ser prestada la atención, y lo que aún es más importante, lo qué es ser clínico o ser paciente.
No son efectos menores, de los que aquí parece que no somos conscientes. Pero aquí también las administraciones, a través de sus 17 historias electrónicas, están determinando lo que es la enfermedad, el buen médico y el paciente correcto. Con la colaboración de sociedades, colegios y buena parte de los profesionales sanitarios, que asisten y callan a cambio de seguir cobrando incentivos
Seguimos creyendo que la historia electrónica nos hace la atención más simple, cuando, como señalan Swinglehusrt, Greenhalgh y Roberts, es justamente lo contrario
(Viñeta de El Roto, en El Pais)

jueves, 19 de enero de 2012

Historias clínicas electrónicas: ¿ a cuanto asciende la factura?

En estos tiempos de recortes y lamentos por la leche derramada, ¿alguien sabe cuanto se ha gastado el Sistema Nacional de Salud en historias clínicas electrónica? ¿Cuánto se sigue gastando? ¿Qué resultados, en mejora de la práctica clínica y en la salud de los pacientes, se han obtenido? ¿En qué medida ha contribuido a mejorar la comunicación entre atención primaria y los hospitales?.
Se que es difícil, pero otros sí lo saben. El Reino Unido se gastó 20.000 millones de libras entre 2003 y 2010 en el National Program for Information Technology (NPfIT). En Estados Unidos el Health Information Technology for Economic and Clinical health (HITECH) asignó 27.000 millones de dólares entre 2011 y 2015 para la adopción y uso de historias clínicas electrónicas. En Australia se invirtieron 473 millones de dólares solo para el periodo 2010/2011( PCEHR) y en  el Canadá’s Health Infoway 2.160 millones de dólares. Se llama rendir cuentas, algo que en España apenas se practica.
El éxito obtenido es sin embargo  muy limitado, incluso en estos países.  El Department of Health británico encargó y financió un informe respecto al proceso de implantación de los principales programas del citado NPfIT, que fue realizado por el equipo de nuestra admirada Trisha Greenhalgh a lo largo de tres años. La mayor parte de las recomendaciones de los evaluadores y expertos independientes, sin embargo no se aplicaron (en esto si somos parecidos). Por ejemplo la aspiración de “desmantelar programas como el citado NPfIT  dirigido por el gobierno, y sustituirlo por programas locales, de menor ambición centralizadora, que podrían ganar en agilidad  lo que perderían en interoperabilidad, dando mucho mayor énfasis al estrechamiento de la comunicación entre atención primaria y los hospitales en lugar de aspirar a construir una integración de los datos a nivel de todo el estado”.  De todo ello habla el grupo de Greenhalgh en el último número del Milbank Quarterly, en el que cuestiona la idea de los grandes decisores políticos (tan ingenua como atrevida), de considerar que las cosas irán mejor la próxima vez, tras cada fracaso obtenido.
Greenhalgh ( médico general y profesora  de la Universidad Queen Mary de Londres) lleva tiempo trabajando sobre la aparentemente indiscutible “ panacea” que representan las historias clínicas electrónicas. En otro trabajo previo en la misma revista llegó a decir: “los resultados sugieren que la historia clínica electrónica siempre requerirá de la aportación humana para recontextualizar el conocimiento. Aunque la explotación secundaria de datos ( facturación, investigación, audit) puede hacerse más eficientemente , el trabajo clínico puede hacerse de forma mucho menos eficiente con ciertos tipos de historia clínica electrónica; el papel puede seguir ofreciendo un grado único de flexibilidad ecológica”.
Y en una de los trabajos ( publicado en el BMJ) sobre las evaluaciones realizadas en Inglaterra del proceso de implantación de la historia clínica electrónica ( Health Space) señalaba: “ a menos que las historias clínicas electrónicas se alineen estrechamente con las actitudes de los profesionales , el contexto específico de cada consulta, e identifiquen las necesidades de información y los diferentes aspectos de la atención ( incluyendo las rutinas organizativas y los sistemas de incentivos para los clínicos), el riesgo de que dichos sistemas sea abandonados o no adoptados en absoluto son sustanciales”.
En este último trabajo del Milbank Quarterly, el equipo de Greenhalgh concluye: “ la complejidad de la atención sanitaria contemporánea , combinada con los  múltiples stakeholders existentes en las grandes iniciativas implantadas en materia tecnológica , sugiere que los programas nacionales de e Health requieren muchas mayor reflexión acerca de lo que ha ocurrido. Necesitamos menos grandes planes y más comunidades de aprendizaje”.
Una vez España es diferente. Nuestro país es, en esta materia, una balsa de aceite. 17 sistemas diferentes de historia clínica implantados, en los que aparentemente no hay problemas. Y en los que , por lo que se ve, no se precisa reflexión alguna.
El último trabajo de Trisha Greenhalgh alberga otro tesoro: el redescubrimiento del la filosofía en investigación de servicios. Pero de eso hablaremos mañana.

Imagen: Trisha Greenhalgh. Fuente: BMJ

viernes, 9 de septiembre de 2011

De tormentas perfectas

"I would call this a perfect storm for medicine. You have alignment of funding; a cultural change where doctors want to use devices to improve quality; you also have new devices and new software that is much easier to use.”
Dr. John Halamka, Beath Israel Deaconess Medical Center. 

Cuando Steve Jobs diseñó el i Pad parece ser que estaba pensando en la utilidad de un artilugio liviano, manejable, que permitiera cotillear con los amigos mientras se veía la televisión. Y aunque sin duda alguna sirve para ello, quizá entre las claves de su éxito está el hecho de su utilidad para desbordar el ámbito de lo personal y lúdico,y entrar en el terreno de lo corporativo y profesional. Un ejemplo: United Continental Holding, que incluye dos de las mayores compañías aéreas americanas ( Continental y United Airlines) comenzó a distribuir el mes pasado entre sus pilotos 11.000 i Pads, con la finalidad de sustituir los pesados y voluminosos manuales de vuelo por EFB ( Electronic Flight Bags)a las que se accede mediante los correspondientes Apps. Al potencial ahorro en papel (que estiman en 16 millones de hojas de papel al año) se añade una importante reducción de peso transportado (cada piloto carga con cerca de 20 kilos en cada vuelo de manuales de operaciones, checklist, cartas de navegación, o información meteorológica), cuya repercusión en el ahorro de combustible llegan a estimar en más de un millón de litros al año. Es sabido que estas estimaciones son casi siempre cuentos de la lechera, pero parece claro que a las ventajas en comodidad se podrían añadir otras quizá más relevantes en actualización de la información precisa para tomar decisiones en vuelo ( es poco discutible que el empleo de tablets para acceder a información clave acortará los prolongados plazos que hasta ahora existían desde que se produce una modificación en las instrucciones hasta que éstas llegan a los pilotos). 
Es bien sabido que la utilización de tablets con fines profesionales no es exclusivo del ámbito aeronáutico (como señala Mike Elgan en su club de fans de Apple), sino que desde estudiantes hasta ejecutivos, se utiliza cada vez más como soporte básico de trabajo. Por supuesto el terreno de la medicina no es ajeno a ello. Según la empresa de análisis Clilmark Research cerca de un 22% de los médicos americanos usaban un i Pad a finales del año pasado; y cuatro de cada cinco pensaban comprar uno a lo largo de este año. Sus utilidades son evidentemente múltiples: utilizarlo como un apoyo clínico más para el ejercicio de la medicina ( con la posibilidad añadida de grabar fotografías o videos), acceder a la mejor evidencia disponible, o explicar a los pacientes que enfermedad tienen, al margen de las posibilidades aún poco exploradas de uso como historia clínica electrónica. 
Pero más allá de la curiosidad que supone comprobar la conversión de un artilugio de recreo en un instrumento profesional, la aparición de las Tablets posiblemente implique consecuencias relevantes. En primer lugar, como señalaba la CNBC la rápida adopción de i Pads por los médicos americanos ha pillado por sorpresa a las grandes empresas dedicadas a las tecnologías de la información sanitaria, que llevan décadas viviendo del cuento con sus modelos perfectos de Tecnologías de la Información sanitaria que además de enormemente caros, casi nunca funcionan. 
En segundo lugar abre un nuevo campo de juego, absolutamente clave para la posible utilización de tablets de forma generalizada, y que no es otro que el diseño y aplicación de Apps, tanto desde el punto de vista comercial como institucional, algo en que deberían ponerse a trabajar ya nuestras perezosas administraciones.
Lo que, consecuentemente lleva consigo la necesidad de intervención de las entidades reguladoras para garantizar la seguridad en el uso de todos estos “gadgets”, como ya está haciendo la FDA. Como señala Moore, de Chilmark, "si se toma una fotografía con la cámara de un iPad este puede considerarse un instrumento diagnóstico?" Y si es así, ¿Dónde acaba el límite entre un instrumento profesional y personal? ¿O tal vez es que en el futuro se difuminará cada vez más esta frontera? 
Hace unos días una amiga, médico de familia, se lamentaba una vez más de que al volver de vacaciones siguen sin acceso a Internet en su centro. Todos estos instrumentos podrían cambiar radicalmente en el futuro próximo esta situación. Solo se precisará de acceso a wifi en cada centro, una inversión mucho más barata que las 17 historias electrónicas españolas, cada una de ellas única en el mundo.

lunes, 29 de agosto de 2011

Historia clínica electrónica:primum non nocere

Aunque las iniciativas destinadas a la mejora de la  Seguridad del paciente se ha convertido en uno de los escasos puntos de acuerdo y consenso en materia sanitaria en los últimos años, generando un amplio espectro de observatorios, coordinadores y estrategias, los avances siguen siendo más bien escasos, diez años después de la publicación del ya clásico informe del Institute of Medicine To Err is human. Eso al menos escriben en el BMJ Leistikow, Kalkman y de Bruijn, tres reconocidos expertos holandeses en la materia, con el elocuente título de Why patients safety is such a tough nut to crack?.
Para estos tres autores el escaso avance tal ves sea debido a cuatro desafíos que deben afrontar las estrategias en seguridad: la necesidad de hacer visible el problema, su alto grado de ambigüedad ( no siempre es fácil establecer la relación entre causa y efecto), la complejidad del proceso clínico, y la necesidad de un importante grado de autonomía profesional para poder llevarse a cabo. Como ellos señalan, aunque la participación en este tipo de intervenciones pueda ser obligatoria, los profesionales clínicos deben tener la capacidad de interrumpir las intervenciones propuestas si creen que no funcionan; en sus palabras, “los profesionales sanitarios no deberían ser forzados a adoptar intervenciones en seguridad pre-diseñadas, sino más bien ser implicados en procesos interactivos de desarrollo de intervenciones en su propio contexto
En lugar de dar cancha a este enfoque se ha optado en numerosas ocasiones una vez más por la implantación de estrategias de arriba abajo, sustentadas a menudo en la aplicación de las tecnologías de la información en salud (Health Information Technology o HIP), como la eterna panacea que resuelve todo: de hecho, el propio Institute of Medicine(IoM) recomendó en dos de sus informes el uso de éstas como elemento fundamental para mejorar la seguridad y reducir los errores. Una vez más, la utilización generalizada de la historia clínica electrónica parecía llamada a solucionar el problema. Pero las cosas, una vez más, no parecen ser tan sencillas.
Sittig y Singh de la Universidad de Texas publican en los Archives of Internal Medicine una ilustrativa revisión sobre el papel que desempeñan las propias HIP en la generación de errores, a partir de la síntesis de la evidencia que realizó el propio IoM sobre la cuestión. En su opinión, el abordaje de los posibles errores en el funcionamiento de una HIP suele realizarse desde el punto de vista del fabricante, el vendedor o del personal responsable de su instalación, pero nunca desde el ámbito del usuario final ( incluido el propio usuario). De forma simplista se  suele considerar que, una vez habiendo adquirido la última historia electrónica, los únicos problemas serán los derivados del ajuste final de los técnicos encargados en el proceso. Pero como señalan los investigadores americanos, errores relacionados y producidos en el uso de las HIP aparecen siempre que el sistema no esté disponible ( no pueden introducirse, revisarse, transmitirse o imprimirse loa datos), funciona mal ( está disponible pero no hace lo que se supone que tendría que hacer), es usado incorrectamente , o cuando la HIP interacciona incorrectamente con otro componente del sistema, lo que puede resultar en pérdida de datos o erróneo almacenamiento o transmisión de los mismos. Sittig y Singh proponen un modelo “sociotécnico”  de revisión de ocho dimensiones que deberían revisarse en el proceso de implantación y funcionamiento de cualquier HIP con el fin de prevenir errores: comprobación de que el hardware y el software funcionan en todas las circunstancias, revisar el proceso de introducción, almacenamiento y transmisión del contenido clínico, analizar la interfase entre el ordenador y el profesional, valorar la capacitación de las personas implicadas en el proceso, así como los flujos de trabajo y comunicación, revisar la política y procedimientos organizacionales, las reglas externas regulaciones y “presiones”, y establecer sistemas de monitorización y evaluación. 
Aunque presumamos de tener las mejores historias electrónicas del mundo mundial, cuando el ordenador no funciona, el sistema se cae, o no se pueden recuperar los datos del paciente,  también se encuentra en grave riesgo la seguridad del paciente. 
(Viñeta de El Roto en El Pais)

sábado, 21 de noviembre de 2009

Cinco artículos de octubre


Además de los trabajos ya reseñados en el blog, puede resultar interesante echar un vistazo a algunos trabajos recientes que abordan temas tan diversos y relevantes como el screening, la seguridad, la formación, o la evaluación de las actividades en atención primaria .


En primer lugar, Esserman, Shieh y Thompson, de las Universidades de California y Texas, publicaron una comunicación especial en JAMA en relación con la necesidad de replantaer el screening del cáncer de mama y de próstata. Tras revisar los resultados de 20 años de cribado en estas patologías encuentran tres hechos significativos: tras la introducción del screening, la incidencia de este tipo de cánceres aumentó, pero nunca regresó a los niveles previos a la introducción del cribado; segundo, ha aumentado el porcentaje relativo de diagnósticos en la fase inicial; tercero, la incidencia de cánceres regionales no ha disminuido. Apuntan una posible explicación: el screening aumenta el peso de cánceres de bajo grado sin reducir significativamente la carga de cánceres más agresivos, con lo que no están consiguiendo una reducción precoz de la mortalidad por cáncer. En definitiva, en su opinión los cribados para este tipo de cánceres precisan de una revisión en profundidad .



En otro ámbito, el "gurú" de la Seguridad Peter Pronovost ( ya reiteradamente comentado en el blog), junto a Robert Watcher ( de la Universidad de California) publican en New England una interesante reflexión respecto a la necesidad de obtener un equilibrio entre la cultura de "no culpar a los profesionales" en materia de seguridad de los pacientes, pero también "exigir que rindan cuentas" ( "accountability"). Es conocido que uno de los modelos de referencia de las estrategias de seguridad del paciente, siempre ha sido la seguridad aérea. Ésta se basa en buena medida en la declaración voluntaria y anónima de los errores por parte de los pilotos, sabiendo que éstos no determinarán castigos ejemplares. Pero , como comentan los autores, nadie toleraría ( empezando por el segundo de a bordo) que un piloto se negara a hacer el check list antes del despegue. Utilizando el ejemplo del lavado de manos aportan argumentos para el debate.



También en JAMA, Eric Campbell ( del Massachusetts General Hospital) y Meredith Rosenthal ( de la Escuela de Salud Pública de Harvard), abogan por la reforma de la Educación Médica Continuada en Estados Unidos con tres argumentos de peso: primero, su excesiva comercialización ( con márgenes de beneficio de hasta el 23.5%), segundo, la falta de curriculum estandarizados ( con lo que al final cada uno se forma en lo que quiere y no en lo que necesita, algo sobre lo que David Sackett ya hablaba hace quince años), y finalmente la falta de impacto de la formación en la salud de los pacientes ( conocido desde la publicación al respecto de las revisiones sistemáticas de la Cochrane ). Aspectos como la existencia de incentivos para la autoformación, la necesidad de los procesos de recertificación, y la importancia de la utilización de la experiencia clínica en el proceso formativo ( a menudo a través de portfolios) podrían estar en la agenda de soluciones.



Dos interesante artículos aoprtna luces respecto a la medida de la calidad en atención primaria: por un lado, el trabajo de Friedberg y colaboradores en los Annals de Medicina Interna establecen relación entre algunas capacidades estructurales de la atención primaria americana ( fundamentalmente la disponibilidad de historias clínicas electrónicas) y la obtención de mejores resultados en indicadores de calidad ( empleando los estándares HIDIS americanos). Es decir, parece que el uso regular y sensato de la historia electrónica, podría influir en lós resultados de los indicadores de calidad . En un entorno sustancialmente diferente, el grupo de Martin Roland publica en el BMJ un estudio de evaluación de la fiabilidad de utilizar como instrumento de medida para el pago de incentivos variables a los médicos generales algunos items de las encuestas de satisfacción realizadas a muestras representativas de la población inglesa. su conclusión es relevante: hay pocas pruebas que soporten las dudas de los generalistas respecto a la fiabilidad y validez del uso de estos instrumentos para evaluar la actividad de los médicos de Atención primaria. Asunto controvertido, que tal vez merezca más debate.

miércoles, 29 de abril de 2009

Mi vecindario y el JAMA


..." ahora todas las semanas lee en detalle las tres revistas médicas más importantes y de vez en cuando hace cursos de reciclaje de alguna técnica concreta. Pero los casos que le satisfacen son aquellos en los que se enfrenta a unas fuerzas para las que no existe una explicación previa, porque dependen de la personalidad concreta del paciente y de su historia".

Un hombre afortunado. John Berger. 1967.


Viene mi vecino a tomarse una cerveza y preguntarme por el significado de una calcitonina alta que le han detectado a su mujer. Me he convertido en una especie de asesor sanitario ante dolencias diversas (a la manera del que ayuda a hacer declaraciones de la renta del vecindario). Es una actividad cuasi delictiva, habida cuenta de que hace muchos años que no veo pacientes. El problema es que casi nadie hace, eso que antes hacía el médico: escuchar, explicar,tranquilizar... Me cuenta el vecino que su mujer lleva un año dando vueltas por síntomas diversos que nadie atiende: ganancia de peso, irritabilidad, diarrea crónica. La respuesta suele ser la misma: cosa de los nervios. Tras un año tuvo la suerte de topar con un tipo que le escuchó durante una hora y media y le hizo un estudio sencillo pero orientado de la diarrea. Le intento explicar como puedo lo que puede significar una calcitonina alta,mientras pienso en el médico. ¿Como quedará reflejada esa hora y media en su cuenta de resultados? Dudo que su sistema de objetivos valore la realización de diagnósticos complejos, la atención a sus dudas, el diagnóstico diferencial de otras posibles causas.Tampoco le da para una publiación con factor de impacto.
En el JAMA de esta semana James Harris de la Johns Hopkins rememora el célebro artículo de Francis Peabody en 1927 ( The care of the patient), ya comentado hace un mes por el amigo Julio Bonis. Peabody publicó su artículo a la vez que sobrellevaba la agonía de un leiomiosarcoma de estómago. Según Harris recuperar el enfoque centrado en el paciente es crucial para alcanzar asistencia médica... ¡de alta calidad¡. Comenta en su artículo las repercusiones que está teniendo en la relación entre médicos y pacientes la historia electrónica, así como las limitaciones de tiempo: éstas además de amenazar la relación médico paciente, promueven la simple recolección impersonal de datos basados en la enfermedad.Peabody sostenía excentricidades del tipo de "el cuadro clínico no es solo la fotografía de un hombre enfermo en la cama, sino la pintura impresionista de un paciente rodeado por su casa, su trabajo, sus esperanzas y temores". Ochenta años después el no menos raro Harris, considera que "la historia clínica no es solo diagnosticar sino entender el significado de la enfermedad para el paciente y establecer esperanzas realistas sobre su pronóstico y tratamiento". Por desgracia,me auguro un buen futuro.