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lunes, 30 de julio de 2018

Los riesgos del cambio a cualquier precio


Como es bien sabido 2018 es el año del 40 aniversario de Alma Ata. Pero también del 70 aniversario de la creación del Servicio Nacional de Salud británico, el NHS, joya de la corona de la sociedad británica del siglo XX, y modelo de referencia para otros países de que es posible construir sistemas sanitarios basados en la atención a sus ciudadanos en función de sus necesidades y no de su nivel de renta o ingreso, sin coste añadido en el momento de la atención, y perfectamente sostenible simplemente con un sistema progresivo de impuestos en el que pague más quien más tiene.
La semana pasada Iona Heath publicaba en el BMJ un ensayo analizando precisamente lo que había sido (y dejado de ser) el NHS en esto 70 años , focalizándolo en el proceso de cambio. El cambio representa el nuevo tótem: todos debemos cambiar; la cualidad más valorada por empresas, medios de comunicación, políticos y electores es el cambio. “reinventarse a uno mismo”, “ el olvido como máximo valor", tal y como señalaba Bauman en su descripción de la sociedad líquida. Cambios que en algunos casos son simples fuegos de artificio: cambiamos de perfil en nuestras redes sociales, de puesto de trabajo o de función en la empresa, aunque en el fondo no sea más que simple apariencia, una manera de “cambiar para que nada ecambie” como escribía Lampedusa en el Gatopardo.
La historia del NHS es la historia de la reforma permanente del mismo; la de nuestro sistema sanitario, un pálido reflejo del mismo proceso. Cada cambio de gobierno, incluso aunque el partido de gobierno siga siendo el mismo, suele suponer la introducción de un nuevo modelo, la aportación de una innovación que pasará a la historia resolviendo definitivamente los problemas estructurales del sistema, y tal vez convirtiéndose en referencia para el mundo. Es extraño encontrar un responsable político que solo aspire a mantener y afianzar lo alcanzado, a corregir los errores y pasar desapercibido como los buenos árbitros de fútbol. Por el contrario, a menudo menosprecian lo que hicieron sus antecesores, se asombran de la incapacidad que tuvieron para resolver los problemas y creen estar iluminados por una clarividencia que les hará ser recordados durante generaciones.
Iona Heath escribe sobre “la peligrosa tendencia de ver todo cambio como progreso, sin considerar que todos los cambios suponen pérdidas y que cada ciclo de reformas recorta un poco más del núcleo esencial del servicio, la expresión de sus propios fundamentos”.
Gran parte del análisis que ella realiza es extrapolable a España: la postverdad ( ¿por qué no simplemente “la mentira”?) del turismo sanitario, la creación de un ambiente hostil a los extranjeros, el menosprecio de la continuidad frente al acceso a toda costa, la escandalosa aceptación de cualquier prestación de la industria de la salud, el exceso de regulación a costa del deterioro de la autonomía profesional, la excusa de la necesidad de rendir cuentas ante una insaciable burocracia que después paradójicamente nunca las rinde ante la ciudadanía. Por no hablar del problema creciente de dejar solos ante el peligro a los que aún se encuentran formándose como una forma de “abaratar” los costes , como vimos recientemente aquí.
Quizá uno de los más graves problemas que comparten ambos sistemas es la sustitución de la necesidad por la demanda como brújula que guíe el rumbo del sistema: en cuanto cambió el viento y las cosas se pusieron difíciles, la primera medida del gobierno Rajoy ( bien aplaudida por la Troika) fue expulsar del sistema sanitario a los que más necesidad potencial de asistencia podrían tener: los que huyen de la persecución, la muerte o el hambre y que suponen la amenaza potencial de varios millones de africanos, para el nuevo jabato de la derecha española . Como dice su mantra “no puede haber papeles para todos”, entre otras razones porque la reducción de las inequidades no es un objetivo en la agenda real, no lo ha sido y quizá nunca lo será. Por el contrario la demanda sí lo es, la máxima expresión del funcionamiento del mercado, donde a nadie importa si está justificada o no. La necesidad a menudo es invisible, y como bien dice nuestro inconsciente popular “ojos que no ven corazón que no siente”. La ley de cuidados inversos del admirado Tudor Hart adorna bien los discursos pero a la hora de la verdad es una tranquilidad saber que toda esa gente que más necesita atención seguirá preocupada de cosas más importantes que la salud, como simplemente encontrar que comer. 
Por el contrario, no satisfacer la demanda , aunque ésta sea innecesaria, superflua o abusiva, es inadmisible en el sistema. De nuevo Iona: “ los sucesivos objetivos de tiempos de espera para tratamientos electivos y para esperas en departamentos de urgencias han minado la capacidad de los clínicos para priorizar en función de la necesidad. El efecto ha sido privilegiar a los más demandantes y penalizar a los más necesitados”.
No todo cambio supone un progreso. En especial cuando deterioran los cimientos de lo que nos permitió alcanzar el mayor grado conocido de humanidad.

jueves, 8 de marzo de 2018

Mujeres: peores salarios, mejores desempeños



En un artículo publicado en JAMA en 2015 por Jena et al se demostraba que las mujeres era mucho menos probable que alcanzaran el nivel máximo de la carrera profesionalben medicina que los hombres (11,9% de ellas frente al 28,9% de ellos).La misma autora, demostró también en JAMA Int Med en 2016, que las mujeres médicas dedicadas a actividades académicas cobraban un 8% menos que sus colegas varones. Nada nuevo bajo el sol. Algo que ocurre en todos los continentes, en todas las profesiones, y ante lo cual muchos hombres ( y unas cuantas mujeres que votan a partidos de la derecha y el centro), creen que es tan inevitable como el ciclo del día y la noche : “no nos metamos en eso”, en palabras del presidente del gobierno español.
Entre las razones que se esgrimen para la diferencia salarial está el que las mujeres emplean con más frecuencia contratos a tiempo parcial, o permisos no remunerados, y por lo tanto su productividad global es mucho menor que la de los hombres.
Si mayoritariamente emplearan esa reducción laboral para cruceros locos por el Caribe aún podría considerarse un argumento  tan falaz, pero en su abrumadora mayoría la razón de esa reducción laboral está en que las mujeres siguen soportando el cuidado y la atención de la familia, ya sean niños, ancianos o enfermos.
Puesto a urgar en la productividad, mantra de la sociedad centrada en el mercado, o en los resultados finales de los sectores productivos, conviene no perder de vista lo que se sabe sobre el desempeño de unos ( hombres) y otras ( mujeres) en actividades clínicas.
Un equipo del departamento de Health Policy and Management de Harvard liderado por Yusuke Tusgawa, investigó la diferencia de resultados en pacientes ingresados en función de si la atención fuera realizada por hombres o mujeres. Analizaron la mortalidad a los 30 días de más de un millón y medio de hospitalizaciones en personas mayores de 65 años, una muestra representativa de usuarios de Medicare. Los resultados se publicaron en JAMA Internal Medicine en 2017, en uno de los trabajos más importantes del año.
Empleando un análisis de sensibilidad, solo examinaron la atención realizada por médicos o médicas focalizados en la atención hospitalaria, lo que en Estados Unidos corresponde a la figura de los llamados “hospitalist”, precisamente porque era donde la asignación de un paciente a un médico u otro es mucho más probable que sea aleatoria.
Los pacientes ancianos ingresados tratados por mujeres internistas tenían menor mortalidad y menor número de reingresos que los tratados por internistas varones; la mejora en la mortalidad fue mayor en los pacientes más graves,además. No es el primer estudio que demuestra que el estilo de práctica de hombres y mujeres es diferente. Roter et al, también en JAMA, ya demostraron que habitualmente las mujeres tienen un estilo de práctica más centrado en el paciente, y realizan visitas más largas que los médicos hombres. En nuestro país, Ana Delgado y Luis Andrés López Fernández llevan demostrándolo desde hace casi dos décadas, como muestra este trabajo en Gaceta Sanitaria.
Escucha, atención centrada en el paciente, consultas con el tiempo necesario, y no los 5 minutos que establezca la agenda. Elementos que obtienen mejores resultados en la salud, aunque quizá empeoren el cuadro de mandos de algún burócrata.
Leer hoy la web de El Diario permite apreciar “los huecos” que quedan en un periódico cuando las mujeres no están. Como se apreciarán las intervenciones quirúrgicas no realizadas, las clases no impartidas, las mil tareas domésticas que hoy no se realizan. Tanto trabajo que parece invisible, que queda difuminado en la vorágine de la vida cotidiana. Tan invisible como este trabajo de Yusuke Tusgawa que pone de manifiesto que, además, su atención es mejor para la salud de los pacientes que la que realizamos nosotros, los hombres.
Triste que solo mediante días como el dé hoy nos demos cuenta de una injusticia tan global, tan brutal.

viernes, 2 de febrero de 2018

"Naderías"



"Sassall lleva 25 años practicando la medicina. Hasta la fecha debe haber tratado unos 100.000 casos. Se diría que es una buena marca. ¿Pero sería una marca peor si solo hubiera tratado 10.000? Este tipo de estimación parece absurda. Preguntémonos, pues:
¿Cuál es el valor social de aliviar el dolor?, ¿Cuál es el valor social de salvar una vida?
¿Cómo se compara el valor de cuidar una enfermedad grave con el mejor poema de un poeta menor? ¿Cómo se compara dar un diagnóstico correcto y extremadamente complicado con pintar un gran cuadro?"
Un Hombre afortunado. John Berger.

El doctor Alcaine es “sólo” un médico de familia. Ha dedicado su vida profesional a atender pacientes en un centro de Atención Primaria de la provincia de Málaga, en España. Tal vez por la naturaleza de su trabajo probablemente nunca será entrevistado por Julia Otero o Carles Francino, no saldrá en ningún telediario ni se le dedicará las páginas de ningún semanario dominical, ni por supuesto recibirá la Medalla de Andalucía, distinción reservada para los que “de verdad” hacen un trabajo relevante, los que realizan trasplantes espectaculares o descubren el increíble efecto de supresión de una proteína de un extraño gen en ratones coloraos. El doctor Alcaine simplemente atiende “naderías”.
Respecto a éstas, envió un comentario a este blog hace unis días donde  escribía lo siguiente: “Respecto a las "naderías" quería comentar como son muchas veces la "parte flotante del iceberg" , la parte del problema que utiliza el paciente como "tarjeta de presentación", problema que no está dispuesto a compartir con el profesional si este no puede desplegar una mínima empatía, herramienta clave en el desempeño de nuestra profesión, con frecuencia ignorada por los gestores que han de facilitar nuestro trabajo y que incluso pueden acabar bloqueando por los objetivos que imponen. Esta empatía es el requisito imprescindible para "abrir la puerta" de acceso al motivo real de consulta ( duelos, acontecimientos vitales estrésantes, disfunciónes familiares,., terminología basada en las tipologías de las demandas y no en la CÍE 10 ni en el DSM IV, más objetivas pero menos prácticas para nuestro contexto”.
La impresión generalizada de políticos, periodistas, gestores y ciudadanía  es que la Atención Primaria se dedica exclusivamente a atender problemas sin importancia. No es extraño por ello que buena parte de esos ciudadanos se pregunten por qué deben pasar por la “ventanilla” de una estación, si lo importante es subir al tren que lleva al hospital, donde están  los que “saben de verdad”.  Al fin y al cabo casi cualquiera podría resolver esas “naderías”: el catarro, la diarrea, el dolor de cabeza, la ansiedad. No es de extrañar por ello que las medallas y los distintivos se le otorguen a los que “ de verdad” salvan vidas, y no a esta especie de desocupados que entorpecen el natural flujo del ser humano hacia su destino natural: la cama hospitalaria, a ser posible en habitación individual.
Admiramos en la novela negra y en las serie de HBO las habilidades del detective que, como Sherlock Holmes, ve lo que nadie ve, en lo que todo el mundo ha mirado sin ver nada. Encontrar la pista que lleva a desentrañar un enigma precisa de mucho esfuerzo, paciencia, perseverancia y, por supuesto, inteligencia. La misma que realiza el doctor Alcaine y, como él, muchos profesionales en Atención Primaria, para indagar lo que se esconde detrás de esa nadería, una detrás de otra, un día tras otro, año tras año. Esperando que el paciente adquiera la confianza suficiente para “abrirle la puerta” a lo que se esconde tras su particular nadería.
Sin embargo este tipo de pesquisa, tan apreciada cuando la vemos en una pantalla, es sistemáticamente despreciada por los que deberían supuestamente facilitarla y protegerla, los que se benefician de todos esos tipos y tipas anónimos, que nunca recibirán premios, ni saldrán en los medios ni serán reconocidos por la calle, pero que son imprescindibles para que el sistema sanitario no se desmorone definitivamente.
En “ La maladie de Sachs” escribe Martin Winckler: “Hoy en día se incita a los médicos a meterlo todo en un ordenador con fines epidemiológicos, estadísticos, contables. Pero nadie parece querer grabar en su memoria el nombre ni la cara de la gente, recordar el primer encuentro, las primeras emociones, las sorpresas, los detalles cómicos, las historias trágicas, las incomprensiones…”.

Algo sin la más mínima importancia. El arte de atender “naderías.”