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viernes, 21 de octubre de 2011

Emoción y ciencia

(Publicado ayer en Diario Médico)



Are you passionate? Are you livin' like you talk?
Are you dreamin' now, that you're goin' to the top?
Are you negative, in a world that never stops?,

Are you passionate? Neil Young. 2002.

Neil Young es quizá el mejor representante de la edad de oro de la música californiana, buena parte de la cual se grabó en un sello discográfico llamado Asylum, propiedad de  David Geffen, cuya pasión por la música le convirtió en millonario, y más tarde en  filántropo. Entre sus obras se encuentra la David Geffen School of Medicine, adscrita a UCLA, de la que es profesor Robert H Brook, también profesor de RAND
Brook es comentarista habitual de JAMA. Especialmente de una sección preciosa de esta revista llamada A Piece of my mind. Uno de los escasos oasis, junto al On Being a doctor de los Annals of Internal Medicine, en los que es posible encontrar otra mirada de la ciencia médica, la relacionada con la experiencia personal de ver y atender pacientes.
Hace unos meses Brook publicó un interesante comentario en JAMA, de elocuente  título (“A Physician = Emotion + Passion + Science”).  En su opinión, las revistas médicas están monopolizadas por artículos tan sólidos como insulsos, donde lo importante es “dejar hablar a los datos”, extirpando cualquier atisbo de pasión, de emoción, de humanidad. En palabras suyas, "la ciencia rara vez canta".
Brook recuerda que las grandes revistas no eran así cuando comenzaron. En aquel entonces cada paciente era un individuo especial, que requería un tipo específico de cuidados. Conforme fueron avanzando la ciencia y la tecnología sanitaria, la relación con los pacientes se volvió más estandarizada: no parecía necesitarse ningún “artista” que interpretara la información, ya lo hacía la máquina. Esta tendencia creciente a la protocolización se extendió también a la ciencia, convertida en algo sometido a normas y estándares cada vez más rígidos.
En un mundo en que cada vez más médicos utilizan Twitter o Facebook, para compartir desde ideas a fotografías, el lenguaje científico clásico puede parecer tan anacrónico como el inglés medieval, en opinión de Brook. La solidez metodológica de un artículo no tiene por qué ser incompatible con la expresión de las emociones de los médicos respecto a los resultados obtenidos, o las consecuencias que éstos implican.
Por desgracia, reflexiones de este tipo son inexistentes, en cambio, en las escasas revistas españolas. Y tal vez no estaría mal conocer los pensamientos o sentimientos de los médicos españoles sobre cualquier tema de análisis en un formato científico, como lleva años haciendo el BMJ. Por ejemplo, ¿por qué es imposible tener en España una revista que incluya un número anual dedicado a la investigación de “tonterías” (como las reflexiones del médico de cabecera de Papá Noel), como hace el British en su último número del año?
Como señala Brook la medicina necesita estar basada en la ciencia, pero los médicos necesitan también  expresar emociones. En definitiva, recuperar la pasión por lo que hacen y poder escribir sobre ello.

jueves, 16 de septiembre de 2010

El caza mitos ( The myth buster)

" Do not to get trapped into prior thoughts.
It´s perfectly okay to change your mind
as you learn more"
D. Redelmeier
 
Leyendo estos días de atrás en Montreal el periódico The Globe and Mail, encontré un interesante artículo (extraido del New York Times News Review) sobre Donald Redelmeier , un brillante internista que trabaja en el Hospital Sunnybrook en Toronto, uno de los mayores centros traumatológicos de Canadá. Lo titulaban Canada's medical myth-buster, dada la afición que tiene Redelmeier a  investigar cosas peregrinas y tópicos preconcebidos. La atención las personas sin hogar ( bastante mejorable incluso en países con cobertura universal como Canadá) y los accidentes de tráfico figuran entre sus principales focos de interés. Sobre éstos, ha investigado de todo: desde el nocivo efecto que tienen las elecciones americanas para aumentar los accidentes de tráfico, al conocido peligro que representa el utilizar el móvil mientras que se conduce.  Hace un par de meses publicó un curioso trabajo sobre el tiempo que se pierde en los Estados Unidos por conducir rápido ( ¡ y eso que  allí es imposible conducir a más de 60 millas sin que te ocurra algo¡ que de eso doy fe). Pero mi favorito sobre el tráfico es sin duda  el que publicó en Nature en 1999 en que se demuestra que no sirve de nada cambiarte de carril en los atascos ( una de las mayores aficiones españolas por otra parte), lo que aumenta, además, las posibilidades de colisión.
Pero sus revelaciones no se quedan ahí :  en 1996 publicó en New England que la toma de decisiones sobre un paciente individual ( hipotético) hace que los médicos utilicen tratamientos más caros que si su decisión  afecta a un grupo hipotético de pacientes con los mismos síntomas. También refutó esa idea tan querida por las abuelas de que el dolor en las articulaciones es un indicador de que va a cambiar el tiempo. Pero en cambio, el tiempo si parece influir en los procesos de selección de las facultades de medicina canadienses:  examinando las entrevistas de admisión en el periodo 2004 a 2009 , los resultados de los aspirantes fueron sensiblemente más bajos si se examinaban en días lluviosos que si el tiempo era soleado, como publicó en el Canadian en 2009.
¿De donde le viene a un internista semejante afición? ël mismo reconoce que su carrera no hubiera sido igual si no hubiese sido alumno cuando era residente de , de Amos Tversky, el "padre" de la economía de la conducta, junto a Daniel Kahneman.
Es curioso, en cualquier caso, que los comentarios de los lectores tras aparecer la noticia en el periódico canadiense tenían que ver más con la condición de canadiense de Redelmeier ( previamente trabajó en Stanford muchos años y publica habitualmente en revistas americanas) que en el contenido de sus hallazgos. También allí parece que lo importante al final es saber si el artista es " de los nuestros".

sábado, 13 de marzo de 2010

Apostillas sobre Kahneman



En el último post comentábamos la conferencia de Kahneman en TED en relación  con las diferencias entre las experiencias y su recuerdo cuando hablamos de felicidad. Al acabar la misma, Chris Anderson , conductor de TED ( no confundir con Chris Anderson , el autor de The Long Tail y editor de Wired) le preguntaba sobre uno de sus últimos trabajos, una encuesta realizada para Gallup con una amplia muestra de norteamericanos ( alrededor de 600.000).
El dato más relevante de la encuesta es un número: 60.000 dólares.
Con respecto a la experiencia de felicidad, si el salario anual es menor de esa cantidad, la experiencia de felicidad dismiuye de forma proporional a los ingresos. Pero, sin embargo, por encima de la misma, no se observa un incremento proporcional en la experiencia de felicidad según aumentan los ingresos, sino una línea completamente plana.Como bien dice Kahneman " el dinero no compra tu experiencia de felicidad, pero ciertamente su ausencia si compra tu miseria".
Nuestro recuerdos respecto a la felicidad,en cambio, dice algo bien distinto: "cuanto más dinero ganes , más satisfecho estarás".
El que está dispuesto a mantener el salario o incluso a perder un poco de dinero  a cambio de una oferta de trabajo más estimulante o interesante, ha sido tradicionalmente tachado de idiota, cuando no de loco. pero al final parece que tal vez tenga razón..
Cuando en la maravillosa Les Enfants de Marais ( La Fortuna de vivir) Jacques Villeret le dice a Michel Sarrault: "A mi me encantaría ser rico" , éste último, millonario en los últimos años de su vida , le responde "nunca he sido tan rico como cuando vivia en el pantano".Un pantano en el que se pescaban ranas, se bebía vino, se reía mucho y se compartía todo.

jueves, 11 de marzo de 2010

La experiencia y su recuerdo (o de cómo nos engañamos sobre lo felices que somos)


" La vida es un recurso finito que gastamos durante nuestra estancia en la tierra"
 Daniel Kahneman


Recién salido del horno, el TED ( la increíble plataforma virtual de conferencias que patrocina la BMW) acaba de publicar la conferencia que dio en Monterrey en febrero el Nobel de Economía Daniel Kahneman.
Kahneman es el padre de la Economía de la Conducta, y tal vez el psicólogo vivo más influyente. Cuando el Banco de Suecia le otorgó el premio Nobel, en cierta manera estaba reconociendo que gran parte de la teoría económica que había dominado durante gran parte del siglo XX, y que considera al ser humano una especie racional estaba en buena parte equivocada; buena parte de nuestras decisiones son irracionales, y en ellas influye de manera muy especial la emoción. Mucho debemos en el conocimiento de todo ello a los trabajos de Kahneman y Tverski.
La felicidad está de moda en los sistemas sanitarios; las más prestigiosas publicaciones sea en el ámbito de la salud o la economía sanitaria se plantean considerar a la felicidad como un resultado más de la actividad sanitaria. No es una idea nueva. El gran Tudor Hart ( The political economy of healthcare: a clinical perspective.2006) ya planteaba  que si la mayoría de las actividades del NHS no implican salvar vidas, sino hacerlas más felices y menos dolorosas, tal vez el aumento de la felicidad y la reducción del dolor fueran mejores medidas de producción ( del sistema sanitario).
La conferencia de Kahneman habla de las trampas "camboyanas" que esconde el hablar de la felicidad. Y la principal  es la confusión que solemos tener entre nuestras experiencias y nuestros recuerdos de las mismas: no es lo mismo hablar de si eres feliz EN tu vida o si eres feliz CON tu vida. En este sentido cuenta la experiencia de un colega que cuando asistía a una gloriosa sinfonía, ésta se vio empañada por un estruendo horrible al final de la misma: en su percepción el ruido arruinó toda la experiencia previa. Para Kahneman la experiencia  ya estaba ahí, con toda su gloria. Había pasado y se había disfrutado. Lo que se estropeó fue el recuerdo de la misma
Experiencias y recuerdos  son cosas diferentes. Nuestra memoria  es un magnífico cuentista. Su capacidad de seducción hace que nos creamos sus patrañas. Y nuestros recuerdos se construyen (según Kahneman), a través de los cambios que experimentamos en su vivencia, los momentos significativos que nos aportan, la forma en que finalizan. En una vida puede haber 600 millones de momentos, de las cuales la mayor parte no deja traza alguna. Si vamos de vacaciones dos semanas y las dos son igual de estupendas, la experiencia conjunta no es el doble de satisfactoria, porque no hay apenas cambios en la percepción de la experiencia.
Hace ya unos cuantos años Kahneman realizó un estudio muy interesante con pacientes a los que se sometía a una colonoscopia: cada 60 segundos se le preguntaba por la intensidad del dolor (también hay que ser un poco sádico). Los que pasado un tiempo tenían un recuerdo más doloroso no eran los que habían descrito mayor intensidad de dolor en el procedimiento, sino aquellos en los que la intensidad del mismo era mayor en el momento en que terminaba la prueba.
Habitualmente elegimos entre recuerdos, no entre experiencias. Incluso cuando pensamos en el futuro pensamos sobre recuerdos anticipados. No nos preguntamos sobre lo felizmente que vivimos, sino más bien  sobre lo  feliz  que nos sentimos cuando pensamos en nuestra vida.
El trabajo (sea de gestión, sea clínico, o sea una mezcla de los dos) es una sucesión interminable de experiencias en las que algunas dejan marca: las que significan cambios, las que aportan momentos significativos, las que terminan abruptamente (nadie olvida su cese) Sobre su recuerdo solemos  hacer el balance de si nuestro trabajo merece la pena, si es equilibrado el precio que se paga. y el beneficio que se obtiene. No conviene confundirnos entre lo que vivimos y los recuerdos que nos trae lo vivido. En especial cuando miramos hacia delante.


jueves, 18 de febrero de 2010

Jugando con el enemigo

(Publicado hoy en Diario Médico )
“Hola, soy Nelson Mandela.
Si alguno de ustedes prefiere acogerse al convenio,
es libre de marcharse.
Váyanse. No hay problema.
Pero se lo pido, ¡quédense¡
Cinco años nada más .
Ustedes conocen esto.
Necesitamos ese conocimiento.
Necesitamos esa experiencia que tienen”.
Playing the Enemy (El Factor Humano).
John Carlin.2008

La última película de Clint Eastwood, Invictus, basada en el relato del prestigioso periodista inglés John Carlin , va camino de convertirse en una referencia de estudio en el entretenido mundo del Management, siempre ávido de nuevas sensaciones. En las últimas semanas se han realizado diferentes actos de análisis de la película y sus enseñanzas en reputadas escuelas de negocio.No es, en mi modesta opinión, una de las mejores películas de Eastwood, que parece mucho más dotado para reflejar “el lado oscuro” del ser humano, que “el triunfo del humanismo” ,como comentaba recientemente el crítico Carlos Boyero.
Carlin describe los años del ascenso al poder de Mandela en la Sudáfrica del ignominioso Aparthaid, desde la cárcel en la que permaneció más de veintitrés años, hasta su retirada de la presidencia del gobierno tras ganar las primeras elecciones democráticas en el país. A buena parte de los entrevistados en el relato les asombra la capacidad de ignorar las graves afrentas a las que fue sometido por los blancos, de perdonar, de renunciar a la venganza. Es cierto que es asombroso. Pero si no fuera porque lo ocurrido es historia, aún sorprendería más, que fuera capaz de conseguir lo que consiguió (fundar una nueva democracia, superar el odio racial, evitar la creación de un estado “afrikaner” dentro de otro), con unos instrumentos tan débiles como los que empleó.
Al menos en la gestión sanitaria, no se usan habitualmente, y si se usan rara vez parece que funcionen.Este comentario se abre con las palabras que dirigió Mandela al personal de la Presidencia surafricana el día que tomó posesión de su cargo como presidente. ¿Imagina alguien algo semejante, cuando se producen los relevos de responsables políticos en los servicios sanitarios, incluso ante cambios con el mismo partido gobernante? Es cierto que “Necesitamos ese conocimiento, necesitamos esa experiencia”, y sin embargo la perdemos a menudo, para volver a inventar la rueda.
Mandela tenía claro cual era su objetivo, y no permitía que los detalles le hicieran perder de vista el fin último: en cambio a menudo perdemos el tiempo, los esfuerzos, la ilusión, en peleas por nimiedades, que poco representan en el conjunto. Su idea de utilizar un campeonato de rugby para unir a un país partido en dos, es un ejemplo de la importancia de “salirse del marco”, de utilizar algo menor, casi frívolo, como instrumento para alcanzar un objetivo mayor.Su viaje no comenzó cuando es nombrado presidente, sino en la cárcel, cuando nadie pensaba en él, empeñado en aprender todo de su enemigo, desde su idioma a su historia. Los cambios, para Mandela, son cuestión de tiempo, de paciencia y perseverancia, a pesar de las adversidades, en los que se requiere un infinito respeto al adversario y sus símbolos, la renuncia a todo aquello que no sea esencial, y la confianza casi insensata en la palabra del enemigo.
Principios éstos (respeto, confianza, renuncia,…) escasamente arraigados en nuestras organizaciones. Podría pensarse que Mandela es la excepción a la regla de la condición humana, una mezcla de Jesucristo, Evita Perón y Beckham, en palabras de Carlin. Sin embargo, éste sostiene que su estrategia no se basaba en la bondad, sino en el pragmatismo: estaba convencido que era mucho más útil. Era consciente de que destruir al enemigo no era posible: su baza era “jugar con él, cuidarlo, persuadirlo”. Nosotros parece que tenemos otras tácticas.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Fear Inc: La sociedad temerosa

C'est ce dequoy j'ay le plus de peur que la peur.
Aussi surmonte elle en aigreur tous autres accidents".
Michel de Montaigne Essais. Cp XVII. De la peur.

Objetivamente nunca la humanidad ha estado en una situación mejor: no solo en los países desarrollados (en el Reino Unido la esperanza e vida pasó de 46 en 1900, a 76 en 1980) sino también en los que no lo son ( la mortalidad infantil disminuyó 47% en China o 36% en India entre 1990 y 2006) . Y esa tendencia parece que continuará en los próximos años.
Subjetivamente en cambio, las sociedades occidentales se sienten permanentemente amenazadas por innumerables peligros que generan un clima continuo de temor: temor al terrorismo, al cambio climático, a los alimentos contaminados, a los transgénicos, a la gripe aviar, a los pederastas, a la obesidad, a los asesinos en serie, al cáncer, a la crisis económica mundial, al envejecimiento, a la gripe A…En definitiva, una "Sociedad en Riesgo " definida por Anthony Giddens ( inspirador del término junto al Ulrich Beck, profesor de la London SchoAnol of Economics) como “ una sociedad cada vez más preocupada por el futuro, ( y también por la seguridad, que genera la noción de riesgo").
Intentar analizar esta paradoja, la de sentirse permanentemente amenazados en la época en que nunca ha sido mejor estar vivo, es el objetivo del libro de Dan Gardner Risk, publicado en este año por Virgen Books ( de momento sin traducción al castellano). Gardner es periodista del Ottawa Citizen, donde mantiene un blog, y su libro ha sido definido por The Economist como “ un excelente y divertido correctivo a la paranoia moderna”.
Es cierto que el miedo nos ayuda a estar vivos, a prever situaciones de amenaza a nuestra integridad, y a responder con éxito ante ellas. Pero el temor irracional es otra cuestión. Gardner señala las consecuencias del temor irracional que generó el atentado contra las torres gemelas en Nueva York: 1595 personas murieron en accidentes de tráfico, derivados de la sustitución del avión por el coche ante el temor a nuevos atentados.
¿Por qué triunfa el miedo? Gardner identifica tres causas principales que se retroalimentan en un círculo tan vicios como continuo: el cerebro, los medios de comunicación, el marketing del temor (the Marketing of Fear).
Nuestro cerebro sigue funcionando en gran medida con los rudimentos del hombre primitivo. En los últimos cuarenta años, gracias a los trabajos iniciales de Paul Slovic y posteriormente de Tversky y Kahenman se ha avanzado mucho en el conocimiento de cómo los humanos perciben el riesgo, cuando considerar que el riesgo es amenazante y cuando no. Mientras que todos creemos que utilizamos normalmente el que Gardner llama llamado “ Sistema 2” ( la razón, el pensamiento apolíneo de los griegos), habitualmente recurrimos al “Sistema 1” ( el emocional, dionisio según aquellos). Mientras que el primero es lento, sopesa las pruebas, y explica sus razones, el segundo es tan rápido como inefable. Gracias a él la humanidad puede vivir hoy su mejor momento. Pero es también responsable de vivir tan condicionados por nuestras emociones. Sobre éstas se ha hablado reiteradamente en este blog.
La segunda causa para Gardner son los medios de comunicación. El temor vende, sea justificado o no; siempre ha sido así y siempre lo será. El miedo genera historias: “ el ingrediente esencial de una buena historia es hablar de las personas y sus emociones, no de números y razones”. Las consecuencias de la información ( como la impresionante historia de Betty que contaba Bonis hace unos días), no importan a la prensa más allá de poder generar a su vez otra buena historia que contar.
Por último, Gardner señala el papel del que llama Marketing del Miedo: las industrias ( en el ámbito de la salud especialmente las farmacéuticas), las empresas , los políticos, las ONGs, en muy diferente forma y manera, se benefician de la generación de temor en la sociedad: sea justificado o no, el temor aumenta las ventas, las donaciones, los votos...
Ser consciente de ello ya es un avance.


domingo, 7 de junio de 2009

Fuego en el cuerpo


At night I wake up with my sheets soaking wet
And a freight train running through the middle of my head
Only you can cool my desire
Oh baby I'm on fire
Bruce Springsteen,I'm on fire. Born in the USA,1984.


Se cumplen las bodas de plata de la publicación del considerado por la BBC "mejor album de la historia del rock", del que se han vendido más de 15 millones de copias. Aunque siempre será discutible la elección de mejor disco de la historia, sí que parece al menos que Springsteen ya puso entonces el dedo en la llaga respecto a la la influencia de la excitación sexual en nuestras decisiones: desde el chantaje brutal sufrido por Sussane Klatten, una de las mayores fortunas del mundo según Forbes, hasta el circo berlusconiano tan de actualidad,el sexo puede modificar el futuro de cualquier carrera brillante. Aquella magnífica película de Lawrence Kasdan, Body heat, ponía de manifiesto como la pasión puede arruinarte la vida.
Dan Ariely, el brillante investigador del MIT (Massachussets institute of Tchnology) lleva tiempo estudiando el asunto.En 2006 publicó un rompedor artículo en Journal of Behavioral decision making titulado " The heat of the moment: The effect of Sexual Arousal on Sexual Decision Making". Un artículo semejante sería casi imposible publicar en una de nuestras serias revistas, aunque solo sea por la metodología utilizada ( para más información consultar el artículo).Como bien comenta Ariely el sexo sigue siendo tema tabú como materia de investigación. Pero, ¿alguien piensa que no influye? En su libro del pasado año Predicatably Irrational, centrado en el estudio de nuestras irracionalidades da otra vuelta de tuerca al tema. Algunas de sus charlas están disponibles desde hace poco en TED En sus trabajos Ariely analiza la respuesta a determinadas conductas y situaciones en función del nivel de excitación sexual en cada momento: mientras que en un estado frío y racional la mayor parte de los encuestados se movían siempre en el terreno de la moralidad, respetaban a las mujeres y estaban convencidos de usar el preservativo en cualquier ocasión, las cosas cambiaban sustancialmente en plena excitación.Las personas, que se consideran buenas por naturaleza, cambian sustancialmente cunado se ven arrastradas por una pasión. Y el honesto Dr. Jeckill se convierte en desenfrenado Hyde. Pero Ariely añade algo a lo que la literatura una vez más había anticipado: indepdientemente de lo buenos que seamos o nos consideremos, nos quedamos cortos a la hora de predecir el efcto de la pasión en nuestra conducta. Por eso puede explicarse que la heredera de BMW atractiva, brillante y de futuro esplendoroso ponga todo en peligro en medio de la tormenta. En ese momento el cerebro de reptil que todos llevamos dentro, toma el mando. El cambio de opinión respecto a múltiples cuestiones que presenta el trabajo de Ariely merece un vistazo; dos muestras: alentar a beber a alguien para aumentar las probabilidades de tener relaciones sexuales sería un práctica utilizada por solo el 46% de los encuestados, pero sube al 63% al sentirse excitados. Otro ejemplo: mientras el 88% utilizaría siempre el preservativo si no conociera la historia sexual de su nueva pareja, desciende al 69% al estar excitado. ¿Conclusiones? Que hay que reconsiderar los modelos de comportamiento humano. posiblemente seamos una suma de "yos", algunos poco conocidos por nostros mismos. Ser conscientes de tener un Hyde ( de nuevo la matacognición) ya es un primer paso.Otra sugerencia sería huir de las situaciones en que Hyde pueda tomar el control ( antes de mandar el email al jefe pásalo por la carpeta de borrador). En definitiva, en vez de seguir al brillante Wilde ( "la mejor manera de vencer la tentación es sucumbir a ella") , evitar la tentación es más fácil que luchar contra ella.

lunes, 31 de marzo de 2008

FELICIDAD Y SISTEMA SANITARIO: ¿ALGO MÁS QUE UNA MODA?

Tras la provocadora clase de Pepe Martín la semana pasada es manifiesta la vigorosa aparición de la Felicidad como tema a discusión en el terreno de la salud y, por qué no, en los sistemas sanitarios. Sea en el campo de la Salud Pública o en el de la Economía, la Felicidad se convierte en un nuevo objetivo a investigar, valorar, perseguir, alcanzar…Ya no solo es materia de estudio desde el ámbito de la filosofía, la psicología, la pseudo-ciencia de los libros de autoayuda. Investigadores prestigiosos, universidades de referencia, revistas como Science o Nature dan pábulo a trabajos en este ámbito.
Pero, ¿es posible definir una variable de estudio tan compleja como la felicidad? Si fuera posible,¿deben preocuparse los sistemas sanitarios de la felicidad de sus ciudadanos? ¿Y de sus profesionales? Y una vez más, ¿puede incluir también entre sus prestaciones un sistema sanitario la aspiración a la felicidad de sus ciudadanos?
Difícil sí, pero no descabellado si recordamos la definición utópica de salud de la OMS.
Algunas aportaciones: la felicidad aparece como una conquista debida a la prolongación de la vida de la especie humana. Solo comienza a pensarse en ella cuando la perspectiva de vida abarca más allá del tiempo preciso para perpetuar la especie. Algo que comparte con la aparición de la salud como objetivo. Ante la perspectiva de vivir ochenta, noventa, cien años, surge la necesidad de ocuparlos en algo: más salud, más calidad de vida, más felicidad. ¿Es entonces fruto del envejecimiento? ¿De la opulencia?
La felicidad parece influir en la salud. Y viceversa (como en la poesía de Benedetti): la salud parece influir en la felicidad. Un estudio sobre países de la OCDE encuentra correlación negativa entre prevalencia de la Hipertensión y nivel medio de felicidad. En la otra dirección, parece existir una relación estrecha entre salud y felicidad, estadísticamente más robusta que entre ingresos y felicidad. Tener una buena salud está asociada a mayores niveles de felicidad, así como adversos efectos sobre la salud tiene consecuencias negativas ( a veces demoledoras) sobre la felicidad. Sin embargo, la relación entre ingresos y felicidad no es lineal a partir un determinado nivel de ingresos ( la llamada paradoja de Easterlin), confirmando la vieja suposición que el dinero no da la felicidad :¿ por qué Bolivia con el mismo ingreso per capita que China o Nigeria tiene un nivel de satisfacción media con la vida sustancialmente menor?
Indirectamente relacionados con ellos están los trabajos de Robert Sapolsky, neurólogo de Stanford en Estados Unidos: existen enormes diferencias entre índices de salud y posición en la jerarquía social, y que no son debidas ni a la dificultad de acceso al sistema sanitario, ni a los hábitos menos saludables de vida, sino posiblemente a aspectos psicosociales, de forma significativa el estrés, y más aún, el estatus socioeconómico subjetivo: no es solo ser pobre, sino sobre todo sentirse pobre (en relación con los otros). En definitiva, el reparto inequitativo de riqueza.
Muchas interrogantes, pocas respuestas, más allá de simplificaciones y lugares comunes. Parece en cualquier caso, que la preocupación sobre el tema nos acompañará unos cuantos años (tal vez hasta ser sustituida por una nueva moda). Hasta entonces, se aconseja leer a los más interesantes: Sapolsky ( “ ¿ Por qué las cebras no tienen úlceras?”, Alianza 1995), Frey ( “ Happiness and Economics, Princeton University Press, 2002)), Seligman ( Authentic Happiness, Free Press, 2002), Kahneman ( Choices, values and frames, Cambridge University Press, 2000) , Gilbert ( Tropezando con la felicidad , Destino 2006). Para abrir boca os recomiendo el magnífico trabajo de Carol Graham., profesora de la Universidad de Maryland publicada en Health Economics hace apenas un mes ( Graham. C. Happiness and health: lessons-and questions-for Public Policy. Health Economics 2008;27:72-87). Lo tenéis en la documentación de la mentalidad colaborativa.