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martes, 28 de octubre de 2014

El Culto al Protocolo Activado

Entre las disparatadas historias que cuenta Richard Feynman en su indispensable ¿Bromea usted Sr.Feynman?, mi favorita siempre fue la que se refiere al culto a las aviones de carga , desarrollado en los mares del Sur tras la llegada y posterior retirada del ejército americano en su ofensiva final sobre Japón. Los habitantes de aquella lejana isla que nunca habían conocido a los occidentales, intentaron imitar a los gringos cuando éstos desaparecieron llevándose consigo cuanto les habían enseñado, desde el chocolate a los automóviles. Y para elloreplicaron sus gestos en la esperanza d que de esa forma volverían a aterrizar sus aviones: construyendo cabañas de madera que parecían torres de control, colocando hogueras en vez de luces en las pistas de aterrizaje o colocándose cocos en vez de auriculares. Feinstein llamó “culto-cargo-ciencia”, a la patraña de pretender obedecer a los preceptos científicos sin aplicarlos realmente. Ya nos hemos referido a ello en otras ocasiones , generalmente como ejemplo de lo que constituye el llamado Management ( La Gestión para modernos). Pero el último ejemplo de esta temible enfermedad no es otro que la aparición de un nuevo culto a raíz del diagnóstico de tres  casos de infección por el virus del Ébola en España: el culto sagrado al Protocolo.
Desde el Presidente del Gobierno de España al último de los políticos que nos (des) gobiernan pasando por las multitudes de periodistas que asolan el país con sus informaciones, todos los que de un modo u otro tienen algo que decir con la infección han encontrado el tratamiento infalible para contener, dominar y curar la infección y que no es otra que “la activación” del Protocolo.
Un protocolo sin embargo no es más que una serie de directrices elaboradas para asistir a un profesional sanitario en su proceso de intervención en la práctica asistencial, un papel en definitiva, cuya simple existencia no garantiza ni el resultado satisfactorio del procedimiento del que se trate , ni tan siquiera la simple aplicación del mismo. Desde hace más de 20 años, desde que los protocolos y las guías de práctica clínica comenzaron a emplearse para sistematizar la intervención de los clínicos y reducir la variabilidad y el error de sus intervenciones, dos han sido los permanentes caballos de batalla para conseguir que puedan cumplir realmente los objetivos para los cuales en teoría están diseñados: garantizar que estén sustentados en la mejor evidencia científica disponible ( y no solamente en la opinión de expertos más o menos cualificados), y conseguir que realmente sean implementados, es decir puestos en marcha. Algo que es sobradamente conocido desde los trabajos de Eddy o Deming en los 90.
 Y si eso es difícil para los llamados protocolos clínicos ( en los que el nivel de evidencia en el que se sustentan puede ser relativamente sólido , y la experiencia de aplicación larga) , aún lo es más para un proceso como la infección por el virus del Ébola, en la que la evidencia disponible respecto a la efectividad de los protocolos es  aún escasa , y en la que intervienen muchos otros factores si de lo que se trata es de prevenir, controlar y en la medida de lo posible recuperar a los pacientes afectados ( desde la planificación a la vigilancia epidemiológica, de la formación real a la sistematización del proceso de implantación).
Sin embargo, en este mundo infantilizado en que vivimos, no hay nada que tranquilice más al personal que saber que por fin “han llegado los Protocolos” ( recibidos como si fueran entregados por el mismo Moisés), que han sido adecuadamente “ Activados” ( a la manera de una granada de mano capaz de aniquilar cualquier bicho), e incluso  (en el colmo del delirio lingüístico) suficientemente agudizado. La responsable de semejante desatino no es ni más ni menos que la Delegada del Gobierno en Andalucía , Dª Carmen Crespo, quien ante la alarma surgida  respecto a la petición del Gobierno americano de utilizar las bases de Rota y Morón como paso intermedio para el envío de la logística y  posiblemente el personal necesario para atender a los países más asolados por la enfermedad, recalcó quelas fuerzas de seguridad y las ONG involucradas en procesos migratorios cumplen los protocolos, que se "han agudizado" y tienen medidas adicionales a los del resto de Europa”.
Los protocolos se están aplicando a conciencia, de lo cual cada vez estamos todos más satisfechos. Si la gente se contagia a pesar de su aplicación o los “camellos negros” se mueren por falta de atención no es asunto nuestro.  Aunque los auriculares de coco en forma de Protocolos Activados y Agudizados no consigan el objetivo que supuestamente pretendían ( la adecuada prevención y atención de los pacientes infectados) los abundantes lerdos de este país seguirán creyendo que estamos haciendo todo lo humanamente posible para controlar la situación.
(Fotografia: operarios del Miisterio de Sanidad activando el Protocolo)

sábado, 25 de octubre de 2014

Afortunadamente el negro era culpable

Hace unos días volviendo de Tenerife en un avión de la compañía Ryanair , una de las pasajeras del vuelo sufrió un episodio de mareo con pérdida breve de conciencia justo en el momento en que se informaba al pasaje de que podía iniciarse el desembarque por la puerta trasera. El personal no entendía bien el mensaje , puesto que habitualmente se desembarca por la puerta delantera, o en todo caso por la delantera y trasera en el caso de que el avión quede muy alejado de la terminal o no disponga de “fingers” como es el caso de Granada. Pero es sabido que Ryanair no para en barras a la hora de ahorrar costes que entiende superfluos, incluido abandonar a los pasajeros en mitad de la pista si con eso evita el gasto que supone utilizar el finger.
Ante la alarma generada por la pasajera enferma, los pasajeros más cercanos reclamaron la asistencia de un médico , a la que acudimos dos médicos de familia. Atendimos la incidencia ( afortunadamente leve) mientras el pasaje abandonaba el avión y sin que en ningún momento la tripulación se acercara con la intención de facilitar la atención de la paciente o brindar ayuda, como sin en el fondo la atención a los pasajeros enfermos fuera una responsabilidad de los pasajeros sanos, entre los que ( ya se sabe) siempre existirá un médico. De hecho, cuando a regañadientes accedieron a solicitar la asistencia solicitad de los equipos médicos del aeropuerto, justificaron su absoluta indolencia en que si tuvieran que molestarse con cada paciente que “dice” que está mareado no darían a basto.
Tras un buen rato de espera, aparecieron por el finger ( para esto si funciona) los profesionales sanitarios del servicio de emergencias del SERMAS, quienes atendieron a la paciente con la profesionalidad habitual, de forma que mi colega y yo pudimos abandonar el avión una hora después sin que nadie nos agradeciera nada. El servicio médico del hospital ni estaba ni se le esperaba.
Hace una semana, en la misma terminal de Barajas, un ciudadano nigeriano comenzó a sufrir temblores y convulsiones según desembarcó del avión. Aunque procedía de Estambul. el hecho distintivo era que , a diferencia de la paciente de nuestro vuelo (una mujer española de 60 años), era negro. Y ya se sabe que todo negro africano , en su fuero interno puede esconder el Ébola. De forma que , con muy bien criterio, se decidió aplicar el santo protocolo, que establece que la Guardia Civil se ponga de lado, se llame a Sanidad Exterior, y al paciente se le deje a su suerte hasta que éstos aparezcan. Al menos 50 minuto sin que lo atendiera nadie.
Cuando llegaron los efectivos de Sanidad Exterior, descartaron que el negro nigeriano tuviera ningún tipo de enfermedad infecto-contagiosa, por lo que decidieron derivarlo a un hospital, aunque no hubo necesidad porque murió en el mismo aeropuerto. La autopsia nos ha tranquilizado a todos, puesto que parece que la muerte se debió a la rotura de alguna de las bolas de cocaína que el negro llevaba alojada en su organismo. Efe  reflejaba bien ese alivio social con la forma en que iniciaba la noticia: “un nigeriano murió el pasado sábado en el aeropuerto de Barajas por la ingesta de bolas de cocaína , aunque los síntomas que presentaba hicieron activar el protocolo por Ébola y que se esperase a la llegada de Sanidad Exterior para valorarle y trasladarle a un hospital lo que no llegó a ocurrir”. Aunque podría haberse salvado de derivarse con celeridad, lo importante era aplicar el protocolo.
De hecho, la Delegación del Gobierno ( de quien depende sanidad Exterior) “ha asegurado que no hubo fallos ni dejación de funciones en este caso”. Que el negro nigeriano muriera es otra cuestión, derivada de su mal comportamiento , justamente castigado por la providencia. Lo importante es que el protocolo , el divino protocolo, funcionó perfectamente, y ese protocolo establece que ante síntomas alborotadores en paciente negro lo que debe hacerse es dejarle solo hasta que llegue el Equipo A de la Sanidad Exterior. Algo que nunca habría ocurrido si el viajero procedente de Estambul con un episodio de convulsiones hubiera sido rubio, alto y nacido en Baviera , aunque también tuviera el intestino lleno de cocaína.
Según informaba El Mundo, el servicio médico del aeropuerto de Barajas lo forman un médico y una enfermera en funcionarial horario de mañana de lunes a viernes ( como para la renovación del DNI). Fuera de ese horario hay un médico y una enfermera de guardia que pueden estar en su casa o en cualquier otro sitio, eso sí localizados.
Posiblemente esté equivocado, pero parece que para ser el aeropuerto con mayor número de viajeros de España y uno de los mayores de Europa, con cerca de 4 millones de pasajeros en el último septiembre , una dotación sanitaria semejante parece algo  insuficiente, especialmente si se es negro o se viene de lugares sospechosos.
En los próximos años los aeropuertos de convertirán inevitablemente en un punto clave de la asistencia sanitaria en todo el mundo: tan importante es detectar precozmente los casos susceptibles de convertirse en una amenaza para la salud pública, como seguir atendiendo a los pacientes con cualquier contingencia, por negros que sean. Pero estemos tranquilos. Los protocolos funcionan.
(Imagen:  El Periodico)