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lunes, 24 de marzo de 2014

Blogs, redes sociales y aprendizaje



Otras veces hemos comentamos que este blog surgió como medio complementario de información sobre gestión sanitaria para los alumnos de nuestro Máster en salud Pública y Gestión Sanitaria /Europubhealth. Desde el año 2008, cada final de invierno aparecen , tan fugaces como las setas de primavera, los tres o cuatro blogs que elaboran los participantes en cada edición, siempre con el telón de fondo de la gestión sanitaria ( de una forma u otra).
No se pretende hacer proselitismo bloguero, algo absolutamente innecesario en estos tiempo,s donde cualquiera puede tener un blog sin ayuda o recomendación de nadie. Simplemente seguimos creyendo que un blog puede ser un recurso interesante para el aprendizaje, que permite analizar y sintetizar información compleja sobre algo tan poco sencillo como es la gestión sanitaria. La personal creatividad y originalidad de cada uno son las que confieren a cada post el atractivo necesario para ser capaces de destacar en el inabarcable panorama de la  información sobre salud y sanidad. Por otro lado, el carácter informal del formato permite también salirse y escapar de los habituales corsés que limitan el aprendizaje académico.
En cualquier caso la convivencia entre profesionales sanitarios y redes sociales sigue siendo objeto de amplia controversia, no solo en cuanto a su alcance sino también respecto a su idoneidad.
El Journal of the Royal College Physicians of Edimburgh publicó hace unos meses un interesante debate sobre la cuestión desde dos posturas antagónicas. Por un lado Mathew de Camp del Berman Institute of Bioethics de Johns Hopkins University; por otro la conocida Anne Marie Cunningham del Institute for Medical Education de la Universidad de Cardiff. El primer reconoce el uso creciente por parte de los pacientes de Internet a la hora de buscar información relacionada con su salud. Pero el acceso a Internet sigue siendo profundamente desigual en la sociedad, y el fomento de Internet como otro recurso sanitario, podría aumentar aún más esa brecha digital entre los más ricos y jóvenes frente a los más pobres y viejos. De Camp recuerda que los intentos de establecer estándares de conducta apropiada con respecto a las redes sociales han sido infructuosos: no hay acuerdo en la profesión médica respecto a si comunicarse con los pacientes a través de Internet es éticamente aceptable (¿aceptarías a un paciente como amiguo en Facebook?).Tampoco lo hay respecto a la recomendación de que un médico debería identificarse siempre que opinara sobre salud en las redes sociales, lo que para unos representa una intromisión en el derecho a la libertad de opinión, y para otros una obligación ética ineludible. Para él no está claro si el conocimiento clínico de alguien debería estar disponible online, ni tampoco si los riesgos de transgresión profesional que implican las redes, justifican su uso. Dos argumentos a considerar. Porque su tercer argumento en contra (si los médicos tienen tiempo y recursos suficiente para adquirir competencia en este medio) parece ser más bien una demostración del poco conocimiento que el profesor tiene del asunto.
Lógicamente Cunningham, una de las médicos generales británicas más activas en las redes sociales especialmente en Twitter, opina justamente lo contrario. Y da diez razones para usar como profesional las redes sociales: conectar, involucrarse, informar, reflexionar, compartir, liderar, inspirar, aprender, ser desafiado ( conceptualmente hablando) y a la vez ser apoyado. Concluye afirmando que si uno respeta a sus pacientes y colegas tienes poco que temer de las redes sociales. Por el contrario todo el mundo debería aprovechar la oportunidad de formar parte de una comunidad sin límite, que tal vez permita avanzar en el objetivo de ser mejor médico en un mejor sistema.
En este sentido, en ediciones anteriores tuvimos en nuestro Máster magníficas flores de un día, fogonazos de inteligencia que no se mantuvieron en el tiempo porque sus autores no consideraron interesante o necesario mantener la regularidad que requiere un blog, pero que fueron muestras perfectas de lo que sus autores son capaces de hacer (y más tarde demostraron). Otros no llegaron a tanto, pero sirvieron al menos para reflexionar de cuestiones relevantes sobre los problemas a los que se enfrentan los sistemas sanitarios.
La cosecha de este año incluye tres blogs: Gestión saludable, Salud en Pro-i- Visión  y Sostenibilidad cúbica. En ellos se puede encontrar desde información sobre la actual reforma del sistema brasileño de salud a la concepción de la sostenibilidad como sujeto político, de información sobre el sistema sanitario de Méjico o Colombia, a como los sistemas sanitarios están convirtiendo a las “personas “ en sujetos “crónicos”.
En este sentido parece poco discutible que el principio del carácter unidireccional de la formación (desde el profesor al alumno), ha sido definitivamente  sustituido por un nuevo modelo en que los alumnos tienen mucho que enseñar y los docentes mucho que aprender.
( Imagne tomada del blog de Harold Jarche)

viernes, 25 de mayo de 2012

El ocaso del buzo

El éxito del surfero depende de su capacidad para cabalgar sobre la ola sin dejarse atrapar por ella. Para él, profundizar es fracasar. La pericia del buzo es de otra índole: es su capacidad de descender, resistir y descubrir, lo que le da sentido a su riesgo.
Durante los años 2008 y 2009 Zygmunt Bauman escribió una serie de artículos cada dos semanas en La Repubblica delle Donne, que aparecieron publicados en español hace menos de un año con el título de 44 cartas desde el mundo líquido. Análisis tan certeros como de costumbre, visiones desde diferentes puntos de vista sobre el mundo actual, caracterizado por su “liquidez”.
En una de ellas Bauman contrasta el mundo online con el que llama offline, el antes considerado mundo real, aquel en el que lo que prima es el contacto físico. En su opinión, la vida en el mundo online se asemeja mucho a la actividad del surfero. Supone tantas oportunidades de buscar, probar y olvidar, que la profundización en una “ventana” concreta es una rémora, una pérdida de tiempo. Concentrarse o detenerse en algo, implica perder oportunidades de seguir surfeando.
Hace un par de años Chronicle of Higher Education  publicó un estudio sobre usos de mensajes de texto entre adolescentes americanos, en el que se encontraban casos de más de 3000 mensajes al mes. Posiblemente si se revisa el número de whasapp de cualquier adolescente la cifra sería superior. Mi hija de once años no quiere quedar con sus amigas porque ellas tienen BlackBerry y se pasan la tarde enviando mensajes.
Bauman señala que tal volumen de actividad impide inevitablemente poder disponer de tiempo para poder estar “a solas consigo mismo”. Ese tiempo “de buzo” que antes tenía cualquier persona, incluido un niño, para pensar, imaginar, fantasear y aburrirse. En este contexto no deja  de ser ilusorio aspirar a que los surferos practiquen las viejas aficiones del buzo, aquellas antiguallas como leer un libro, pintar un cuadro o mirar por la ventana.
Aún cuando  esté con otros la ocupación predilecta del surfero es seguir navegando. Dedicar ese tiempo tan valioso a aprovechar la cercanía del otro para mirarle o hablarle, se convierte en un despilfarro, porque obliga a renunciar a otra oportunidades de interacción, por supuesto igual de superficiales. En opinión de Bauman, el mundo online hace posible y viable la multiplicación infinita de los contactos. Pero “lo logra mediante la mengua de la duración y en consecuencia el debilitamiento de los vínculos que propician y refuerzan la duración”. No es tan fácil en el mundo real utilizar las teclas de suprimir, desagregar o borrar. Porque el contacto físico implica fricción, malentendido, contradicción.
El brillante  David Foster Wallace, uno de los mayores novelistas americanos de la última década, escribía en 2005:
Aprender a pensar significa aprender a ejercer cierto control sobre qué y cómo pensar.
Significa ser suficientemente consciente para elegir a qué prestar atención, como construir significado a través de la experiencia”
.
La atención es la base del recuerdo y del olvido.  La tendencia creciente a realizar múltiples tareas a la vez, a no desconectar en ningún momento de ese mundo invisible de “amigos” dispuestos a entretenernos, inevitablemente disminuye la atención hacia los múltiples estímulos que recibimos.
Hasta la fecha la vida trataba fundamentalmente de construir ese significado del que hablaba Wallace. Pero es difícil hacerlo cuando surfear se convierte en el principal objetivo, y la actividad del buzo pasa a ser cosa  del pasado.

Foto: Francisco Machalskys

viernes, 12 de agosto de 2011

La dificil salida de la secta

Hace unos días, aprovechando el silencio de la noche, acepté la invitación a visitar el Facebook de alguien a quien había perdido la pista hacía tiempo. A pesar de la nocturnidad y alevosía del acto, no estuve en el mundo Facebook más allá de treinta segundos. Tiempo suficiente para dejar rastro, y despertar al ojo de Sauron que nunca duerme. Al volver a mi correo tenía ya el mensaje pegajoso de la secta de Zuckerberg , dándome de nuevo la bienvenida por volver al redil perdido. Hacía meses que me había negado a entrar, borrando sistemáticamente esas llamadas recriminatorias de que tengo 120 amiguitos pendientes de que les “ajunte” ( término ya obsoleto que se empleaba en mi niñez para autorizar peticiones de amistad pre”facebookianas”). Pero basta un minuto de debilidad, aunque sea nocturna y veraniega , para que vuelvas a sentir detrás de ti el aliento de la bestia.
No soy el único que detesta Facebook. Los hay mucho más poderosos e influyentes. Por ejemplo, el responsable de la interesante línea de Innovación del Washington Post, Emi Kalawole, quien publicaba hace un par de semanas un jugoso comentario con el título elocuente de “ Facebook , why can´t I quit you?. Kalawole había decidido eliminar su página de Facebook. Pero conociendo el posible desconcierto que pudiera generar en amigos, familiares, ex compañeros de colegio, novias abandonadas, y ancianas parientes estafadas, decidió avisarlo en su muro con una semana de anticipación. Pero nadie le tomó en serio; al fin y al cabo hasta hay una buena colección de páginas en Facebook que lleva el anacrónico título de “I Hate Facebook”. El periodista del Post lleva años utilizando Facebook; mantiene perfectamente salvaguardadas las condiciones de seguridad. Algo que todo creemos que hacemos también, pero no suele ser así: ya comentamos hace tiempo el interesante trabajo publicado en Medical Education por el grupo de Joanna McDonald en el que una cuarta parte de los médicos neozelandeses usuarios de Facebook no mantenían la privacidad de los contenidos de sus páginas, lo que permitía a cualquier paciente tener acceso a la disipada vida de muchos de ellos, sin el más mínimo problema.
Dejar tus datos expuestos a la curiosidad de cualquier mirón no es una cuestión baladí. Según cuenta Kalawole el trabajo de reportero en busca de noticias, comienza hoy buscando el Facebook del personaje en cuestión, ya seas Amina Arraf ( la supuesta lesbiana de Damasco que mantenía un blog) o el último imputado en el caso de News of The World ( que imaginamos utilizaría el rastreo en Facebook como rutina diaria).
Pero si al final uno decide abandonar la secta el procedimiento tampoco resulta fácil. Kalawole cuenta en su artículo la sucesión de trabas que va colocando Zuckerberg y sus amigos para evitar que huyas: primero te sugiere que simplemente la desactives, luego te pregunta por qué, más adelante te comunica que una vez” eliminada” quedará esperándote un tiempo, por si te arrepientes...
Para muchos la salida está en mudarse a la acera de enfrente, en este caso Google +. El tiempo dirá si es el mismo perro, pero con distinto collar.

martes, 4 de mayo de 2010

¿Usan los hospitales españoles los instrumentos 2.0?

¿Utilizan los centros sanitarios los instrumentos web 2.0 para su trabajo cotidiano? Pues parece que no tanto como sería deseable.
Edward Bennett es el director de la estrategia Web de la University of Maryland Medical System. Experto en las tecnología de la información y comunicación ( especialmente respecto al uso de internet), lleva años investigando sobre el uso de las redes sociales por parte de las instituciones sanitarias , especialmente hospitales.Algunas de sus presentaciones son accesibles aquí.
Periódicamente publica su lista de uso de instrumentos ligados a redes sociales por parte de los principales hospitales americanos. Su última actualización es del 20 de abril. Identifica 660 hospitales americanos ; el instrumento más usado es Twitter (507) seguido de Facebook ( 458) y canales en You Tube ( 308). Solo 85 empleaban blogs.
Bennett considera que la tasa de adpción de este tipo de instrumentos es alrededor del 52% . Hace sus cuentas excluyendo a los hospitales de menos de 100 camas ( aproximadamente la mitad del total), en los que una persona habitualmente tiene que encargarse de todos ( la relación con los medios, el marketing, hasta la floristería). Para un sector tan conservador como el sanitario no le parece una mala tasa.
Nuestro grupo de Internet y Salud en la Escuela Andaluza de Salud Pública, formado por Jose Francisco García, Jaime Jimenez y Clara Bermudez  ha replicado el estudio en centros españoles. El número total de hospitales es, lógicamente, mucho más reducido: 804. Facebook es el prinicpal instrumento utilizado (35). Los canales en You Tube ( 19), blogs (18) y Twitter se usan de forma similar.
Las comunidades que utilizan más estos recursos en sus centros hospitalarios son Madrid, Cataluña y Baleares, mientras que Ceuta , Melilla y La Rioja son las que menos las emplean .La mitad de los centros tienen web (52%). En general los hospiateles grandes y los privados los utilizan un poco más que los pequeños y públicos. Se usan las redes sociales en un 14% mientras que el uso de canales de podcast o microblogging es prácticamente testimonial.
Muchas oportunidades de mejorar, en definitiva.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Manifiesto por los derechos fundamentales en internet.


El infierno está empedrado de buenos propósitos. De nuevo un buen propósito ( el reconocimiento de los derechos de autor) naufraga cuando el procedimiento para alcanzarlo ( en este caso una modificación normativa en un anteproyecto de ley) no es suficientemente meditado, ajustado y negociado. A consecuencia de ello un amplio número de blogueros, cradores de internet, usuarios y profesionales se han adherido al Manifiesto por los derechos fundamentales en internet.

La utilización de internet genera escenarios no concebibles hasta ahora, para muchos de los cuales no existen respuestas. Y para algo tan complejo, una vez más no sirven las respuestas simples. Por ejemplo, en un problemas de este tipo, en un lado se sienta el gobierno, pero ¿ quien se sienta al otro lado?. No hay una parte homogénea y cohesionado al otro lado sino una multitud de pequeñas ( o grandes) voces individuales. Como se ha comprobado, el sistema habitual de acción al que estaban habituados los actores protagonistas dominantes ( políticos, periodistas, autores) ya no sirve. Y no va a ser fácil encontrar uno.

Hasta entonces conviene ser prudente con lo que se dice. La Ministra González-Sinde al defender la actividad de la Sociedad General de Autores de españa (SGAE) utilizó el caso de los potenciales derechos de autor de Mozart: " si los hubiera tenido, él y su familia habrían vivido mejor y él habría sido más libre para crear" ( ¿aún más?).
Enric González en un magistral artículo en El Pais ya le avisó de que el venerado Mozart fue autor de uno de los actos de piratería intelectual más célebres de la historia.
Con internet hay que tener cuidado. Por desgracia,todo se sabe.