¿Qué les queda por probar
a los jóvenes
en este mundo de paciencia
y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock?
¿escepticismo?
también les queda no decir
amén
no dejar que les maten el
amor
recuperar el habla y la
utopía
ser jóvenes sin prisa y
con memoria
situarse en una historia
que es la suya
no convertirse en viejos
prematuros
Mario Benedetti.
Sangre que no se desborda,
juventud que no se atreve,
ni es sangre, ni es
juventud,
ni relucen, ni florecen.
Cuerpos que nacen
vencidos,
vencidos y grises mueren:
vienen con la edad de un
siglo,
y son viejos cuando vienen.
Miguel Hernández.
Estos dos poemas (cortesía
de Miguel y Ana) enmarcan el debate
mantenido en este blog a raíz del último post. Si hay algo por lo que merece la
pena mantener un modesto blog como éste, es por la oportunidad que supone de servir de espacio para conversaciones
tan interesantes como las de esta semana., enlazadas como las cerezas que se
van enganchando según las vas cogiendo de la fuente. Al hilo de la supuesta
incompetencia de los ministros de sanidad españoles(sobre la que escribíamos
hace tres semanas) Ana Rico escribió un comentario que acabó convirtiéndose en
un nuevo post ( las reformas las harán nuestros nietos). Pero esa posibilidad
de desentendernos de nuestra responsabilidad y dejar el trabajo para las próximas
generaciones fue demasiado provocación para Valentina Martufi, una de nuestras
más brillantes participantes en la
edición de este año del Máster de Salud Pública. El comentario de Valentina, censurando
en cierta forma esa tendencia actual a arrojar la toalla y dejar que otros
luchen por cambiar el mundo, generó un interesante debate sobre el por qué, el
cómo y el cuando de la necesidad cada vez más acuciante de cambiar las cosas: Miguel
, Javier ,Valentina y de nuevo Ana Rico han acabado por cerrar el círculo sobre
un asunto esencial.
¿ES
imprescindible el hambre, como comentaba Javier, para hacer revoluciones? Y si
es así, ¿de que tipo de hambre hablamos? Por desgracia parece que el hambre de
alimentos no es algo lejano, limitado a países a los que mirábamos con horror
en el telediario a la hora de la cena. Ya se pasa hambre y mucha, en los países
desarrollados. Pero se precisa también otro tipo de hambre, “de justicia, de
ideas, de que no te insulten cada día, de que se reconozca tu valía para
conseguir un empleo y mantenerte en él”, de cambiar una situación que cada vez
es más insostenible.
Es difícil que ese cambio puedan acometerlo los que hemos
contribuido a estar donde estamos, por acción u omisión. Los que disfrutamos de
la comodidad que esta situación produce; en palabras de Javier “los que vieron
recompensadas sus carreras delante de los grises” . Puede ser comprensible ,
pero es sonrojan, comprobar el grado de pereza, desidia y “docilidad extrema”
( de nuevo Javier) a la que hemos llegado como generación.
El brutal cambio del contexto determina que ya no sirvan las
estrategias que tradicionalmente se habían venido utilizando. Como señalaba
Javier , qué papel pueden tener los sindicatos nacionales cuando salvo los
profesionales autónomos, la mayor parte de los que aún conservan su trabajo (
exceptuando los indolentes funcionarios) lo hacen en corporaciones
multinacionales que suelen emplear innovadoras técnicas de recursos humanos (
como el plato de lentejas, “o lo tomas o lo dejas , que ya encontraremos otro en alguna parte del mundo
dispuesto a humillarse más”) . Los partidos políticos devienen en innecesarios
( cualquiera sabe ya quien determina la toma real de decisiones políticas y
evidentemente no vive en Moncloa); y aunque su credibilidad desaparece como el
hielo de los polos (algo que por cierto ya no preocupa a nadie) siguen
empleando el mismo argumentarlo rancio y poco creíble. Como señalaba Valentina,
para este cambio no pueden servir tampoco los modos y maneras que utilizaron
generaciones pasadas , de ese 68
tan cansino que cantaba Ismael Serrano. Si el contexto es tan distinto
también deberían serlos las estrategias, por eso irrita tanto a la
tecnoestructura política todo aquello que suponga salirse de la foto ( del 15M
a los escraches, de la aparición de nuevos partidos a la de nuevos candidatos que
aparecen “cuando no toca”).
Quizá como conclusión sirvan los argumentos de Ana Rico
justificando una afirmación que encierra múltiples significados ( las reformas-
reformas las harán nuestros nietos):
1.- Cuando las cosas se estancan por bloqueo estructural
solo la fuerza de la juventud puede con ellas ( lo cual no exime de su
responsabilidad de facilitar esa tarea a las generaciones previas, en mi
opinión)
2.- No cabe el pesimismo una vez que se entiende que la
política es a 200 años . Si se preparan las cosas así si que es seguro el
cambio futuro
3.- Necesitamos urgentemente personas con capacidad de
soñar, o al menos con capacidad de ayudar a que otros sueñen en serio
Ana regalaba una joya de John Maynard Keynes, un visionario
cuya sabiduría siendo asombrosa, y que sigue indicando el camino a seguir. Uno
de sus párrafos dice así:
“el amor al dinero como una posesión ( que hay que
distinguir del amor al dinero en cuanto medio para el disfrute de la vida) se
acabará reconociendo por lo que es , una asquerosa morbilidad, una de esas
inclinaciones medio patológicas y medio criminales que uno entrega con pavor a
los especialistas en salud mental…
Y más adelante añade :”Nos veo libres por lo tanto de volver
a algunos de los más ciertos y seguros principios de la religión y las virtudes
clásicas: que la avaricia es un vicio, el ejercicio de la usura una estafa, y
el amor al dinero es detestable…capaces de dar más valor a los fines que a los
medios y preferir el bien a lo útil. De honrar a los que nos enseñan como
“arrancar” las horas al día virtuosamente, bien; la gente encantadora capaz de
encontrar gozo inmediato en las
cosas, esos lirios del campo que no trabajaron ni hacen que giren”