Hablábamos ayer de la creciente tendencia en Inglaterra (
veremos cuanto tarda la moda en llegar a España) en incentivar específicamente
a los médicos generales por reducir directamente el número de derivaciones, en
un intento de reducir listas de espera y, supuestamente, costes en el sistema
sanitario (McKinsey calcula que el
coste derivado se aproxima a los 15 billones de libras en el National Health Service).
Precisamente sobre el análisis de la gestión de las
derivaciones , realizó el Kings Fund una magnífica revisión hace unos años (
Imison& Naylor.Referral Management, lessons for success, 2010).
En dicho trabajo sus autores complementaban la revisión de
la literatura existente con entrevistas a informadores clave y estudios de
caso. Partían de la evidencia existente al respecto y que es sobradamente
conocida : no todas las derivaciones son necesarias en términos clínicos, hay
pacientes que las precisan y no las reciben, muchas de ellas no se acompañan de
la información necesaria , y a
menudo no se han realizado todas las pruebas complementarias precisas antes de la derivación.
Imison & Naylor revisan el efecto que han tenido las
diferentes intervenciones introducidas en Reino Unido en un intento de
disminuir derivaciones: desde el uso pasivo de protocolos, a su combinación con
otro tipo de medidas ( por ejemplo el uso de planillas estandarizadas para
mejorar la cumplimentación); revisan también la realización de audit y feedback
, el empleo de incentivos financieros y en especial las más recientes innovaciones
como el triaje clínico y evaluación ( clinical trage and assessment) y sobre
todo los centros de gestión de derivaciones ( Referral Management Centre).
Estos últimos están siendo empleados no solamente en
Inglaterra sino en diferentes países de Latinoamérica aunque con nombres
distintos. Consisten en la introducción de un filtro más entre el generalista y
el especialista, generalmente un “controlador” que revisa la pertinencia de la
derivación y rechaza o prohíbe ésta si no la considera adecuada.
Afortunadamente aún no ha sido introducida en España.
Las conclusiones del informe del Kings Fund son congruentes
con la evidencia recogida a lo largo de más de tres décadas:
- - la estrategia de mejora del proceso de
derivación más efectiva y costo-eficiente es la realización de procesos de
revisión por pares y auditorías periódicas con feed-back a sus participantes,
sustentadas en el establecimiento de criterios claros de derivación.
- - Cuanto mayor sea el grado de intervención (
“centros de gestión de derivaciones”, por ejemplo) mayor probabilidad de que la
intervención no aporte valor añadido.
- - Existe muy poca evidencia que soporte el uso de
guías de práctica clínica aplicadas de forma pasiva ( simple difusión).
- - El uso de incentivos financieros para reducir de
forma global el número de derivaciones supone el riesgo de reducir tanto las
derivaciones innecesarias como las necesarias.
Es decir, una vez más parece que el
ejercicio clínico es más complejo de lo que los entusiastas del Management
desearían, y que aplicar medidas de éxito en sectores como el de la venta de Termomix no suele ser muy
efectivo, si de lo que se trata es de mejorar la atención sanitaria.
Como señalan Imison y Naylor “al
realizar una derivación, el médico de cabecera realiza un papel dual: por un
lado actúa como un agente clínico experto que actúa en el interés de un
paciente; pero a la vez actúa como un agente que raciona recursos en nombre de
un financiador de la asistencia, en este caso el Sistema Nacional de Salud” El
reto que tienen los servicios sanitarios no es nada sencillo: encontrar la
forma de incentivar el equilibrio entre esos dos agentes: el clínico y el
racionador.
Una derivación es adecuada si es
realmente necesaria, se produce en el momento oportuno, se realiza al lugar
adecuado e incluye toda la información necesaria para que el especialista pueda
realizar bien su trabajo. Algo demasiado complicado como para poder ser medido
con un simple estándar. Reducir derivaciones de forma
global y ciega podría ser costo-efectiva en un corto plazo, pero a largo plazo
es muy probable que genere muchos más costes. Solo un clínico convencido de que debe mejorar su práctica y esté
dispuesto a revisarla periódicamente puede enfrentarse a un problema tan
complejo como pedir consejo y consulta a otro colega.
(Imagen tomada de Mathers N, P Hodgkin The gatekeeper and The wizard: a fairy tale. BMJ 1989)