Una vez
que los modelos de estratificación han dado de sí todo lo que podían dar para
el bien del paciente (es decir, nada), la imparable maquinaria de la invención
de ocurrencias en servicios sanitarios acaba de lanzar su última novedad para
continuar con el despiece de lo que un día se llamó Atención Primaria: se llama
“segmentación”, y procede del sistema nacional de salud inglés, cada vez más
alejado de lo que un día fue la referencia como sistema nacional de salud.
El
intermediario es,en este caso el Nuffield Trust, que al igual que el Kings Fund
se han convertido en simples cajas de resonancia y justificación de las
políticas conservadoras británicas. Dicha institución acaba de publicar un
papel cuyo título es Divided we fall ( divididos fracasamos), y probablemente
el título ya incluye la conclusión, aunque ésta no sea precisamente lo que
defienden sus autores.
El
informe no oculta el objetivo de Jeremy Hunt, el máximo responsable sanitario
británico, con la medida: reducir la presión en los hospitales, por si a alguno/a
le quedaban dudas sobre donde está el centro del sistema.
El
argumento que justifica esta nueva forma de estratificación horizontal ( que
completa la iniciada con las pirámides Kaiser Permanente y su bonito sistemas
de castas ciudadanas) es aceptar el hecho de que hay gente que quiere que le
atiendan aquí y ahora, según sale del bar y antes de ir a casa, y que no puede
esperar a ser citado por su médico general cuando haya un hueco. El antecedente
del modelo , como suele ser habitual, está en Estados Unidos, imparable máquina
de difundir innovaciones desde el sistema más ineficiente del mundo. Allí se
implantaron hace años las “Minute clinics” en lugares comerciales, y que el NHS
ya implantó a finales de los 90 con las llamadas “walk in clinics”,
dispensarios instalados en centros comerciales y estaciones de transporte como
una forma de aumentar la accesibilidad ddel insaciable consumidor al sistema
sanitario. Rebecca Rosen, autora del informe del Nuffield, reconoce que no hay
evidencia hasta la fecha de que dicha iniciativa mejore resultados respecto al
modelo clásico de atención, pero eso no es impedimento cuando de lo que se
trata es de construir un nuevo modelo acorde de las expectativas generadas en
el siglo XXI.
Según
el modelo propuesto por el Nuffield para facilitar la implantación de la
estrategia de segmentación del gobierno británico es preciso dividir a cada cupo de
medicina general en tres sectores que
conforman una bonita imagen similar a los antiguos "casettes": por un lado
estarían los pacientes con problemas menores (una conjuntivitis, un catarro)
buena parte de los cuales puede ser atendidos en cualquier lugar incluso sin
contacto directo: para eso está el bonito Skype y el popular WhatsApp. Un
segundo segmento ( horizontal, por dios, no confundir con el segundo escalón de
la pirámide sagrada) estaría constituida por las exacerbaciones de enfermedades
ya existentes, síntomas indiferenciados o sin explicación médica o lo que Rosen
llama “ansiedades sanitarias” : para ellos el nuevo
sistema debería ofrecer “episodios de continuidad”, tecnología monitorizadoras
del trastorno ( si es que se encuentra), o incluso el anticuado modelo de ser
atendido por un médico de forma regular.
Por último están los que Kaiser Permanente situaba en la cima de su pirámide y el Nuffield
en el lado derecho de la casette ( según
se mira): los que sufren enfermedades complejas y múltiples para los que
lógicamente se necesitan equipos multiprofesionales con todo tipo de expertos.
Es
obvio que “el modelo cassette” rompe con la continuidad en la
atención que constituye posiblemente el instrumento más importante de la
Atención Primaria, y así lo reconoce la propia Rosen. Pero es un problema menor
ante el hecho incuestionable de que “ las consultas cara a
cara con un médico es considerada cada vez más como un enfoque equivocado a las
necesidades clínicas, en un momento en que las consultas a través de los nuevos
medios tecnológicos con una variedad de profesionales se erigen en nuevas formas
de valoración y tratamiento”. Incluso para reducir los efectos negativos en la
continuidad proponen "una forma más integrada de segmentación que aúne el acceso
inmediato con el “generalismo médico”, la forma con la que Rosen se refiere a
la continuidad.".
Este despropósito de modelo ( separar para luego intentar integrar) no aborda el problema de fondo: que faltan médicos generales y que cada vez más éstos abandonan la profesión hartos de la forma de trabajo existente.
La nueva ocurrencia no sería más que una anécdota si no fuera porque en ella
subyace la mayor amenaza a la Atención primaria y , en definitiva , a los
sistemas sanitarios basado en la solidaridad, de lo que hablaremos en el
próximo post.
Y
también porque muy posiblemente, los entusiastas de la innovación sanitaria,
distribuidos en todas y cada uno de los servicios de salud probablemente pronto
comiencen a defender las bondades del nuevo modelo, incluso con la realización de congresos “segmentarios”.